curas, raros, y maricones…

Es muy difícil y sé que sin cobrar, no hago del todo bien escribiendo en bruto sobre temas tan escabrosos, políticamente no ya incorrectos sino cuasi prohibidos, y que entran en conflicto incluso, con algunas de mis propias convicciones. Espero que curas, maricones, raros y otros, tengan el cuajo necesario para terminar de leerme sin juzgarme, ya que yo sí intento tenerlo en la precisión y en el cuidado al escribir. Tanto es el cuidado que cuando leáis “cura”, y para respetar este lenguaje inclusivo de mierda, digáis: “y monja…”

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El Dios, que mis padres con bondadoso ahínco pero con poco éxito pretendieron inculcarme, fue el cristiano; y éste amaba a todos sus hijos por igual y sin hacer distinción alguna. Ninguna.

Y recuerdo que por pura bondad, fue la beatífica fe de mi madre la que probó durante algún tiempo a ver si yo me animaba, llevándome tooodos los domingos de visita a ver a mi primo al seminario de Orihuela.

De nada sirvieron aquellas cándidas jornadas catecumenales, o los fervorosos ejercicios espirituales en el colegio Estella Maris; tampoco los obligatorios y cansinos rosarios de los miércoles; ni su tierna insistencia materna. Y es que yo -su gozo en un pozo- ni era ferviente ni maricón; era raro éso sí. Sensible e introvertido, cabezón, y confieso que algo viciosillo. Ya entonces había empezado a fumar, y a otras cosas.

Desde siempre casi todos aquéllos de familias pudientes, y otros muchos de familias solo acomodadas, terminaban consintiendo el ser curas; y si eran muy pobres monjes. Así tomar los hábitos era una forma digamos que de búsqueda de escondite o de amparo, o de simple futuro. En aquellas sociedades pacatas, puritanas y atrasadas, muchos maricones que podían se refugiaban bajo la sotana y el presunto celibato, pero para que no los clavaran -pobres de ellos- por el culo en una estaca por sodomitas. Es duro pero era prácticamente así. Y eran la sotana y los cachivaches eclesiásticos, símbolos escondites, tras los que sin duda a veces se camuflaban ciertas inclinaciones.

Para ser maricón al igual que para ser cura, necesariamente tienes que poseer algo raro y especial. Y tienes que esconder cosas. Eso de los curas de consagrarse a Dios y renunciar a los placeres del mundo, o a todo lo contrario en el caso de los maricones, debe de ser duro, muy duro… Sólo se concebía el cura bien para consagrarse al amor de una verdadera vocación y a una fe, bien para disimular unos malditos instintos bujarrones; o para enclaustrar otras enfermizas rarezas, también instintivas. Siempre había sido lo normal y la usanza; era un hecho incontrovertible: curas, raros, y maricones.

Hace años no había muchas veces nadie mejor que un cura para escucharte, acogerte, y entender tus rarezas... Deseos, piedad, compasión y onanismo; vicios veniales y secretos íntimos; pero seguro también que mucho y verdadero amor. El cura, al igual que el maricón, siempre se ha hecho muchas pajas; pero no tiene porque haber nada malo en un sexo cohibido, íntimo, ocultado. Amor, simplemente amor; tanto en el cura como en el maricón.

A mí he de confesar que en el fondo, ambas me parecen tiernas rarezas muy similares: unos dicen enamorarse de sus semejantes, y los otros dicen enamorarse de Dios. ¿Hay alguna diferencia…? ¿Dónde meten la polla, dónde ponen su empeño…?

Ser maricón te convertía antes, y ser cura te convierte ahora, en víctima por un amor secreto, denostado, incomprendido.

Por ello, no acierto a entender el porqué se llevan hoy tan mal, los maricones y los curas si siempre han ido de la mano y dormido juntos. Y tampoco entiendo el porqué la sociedad hoy, es tan indulgente con los maricones, y sin embargo, le tiene tanta tirria revanchista a los curas candorosos. Los vicios y virtudes de ambos colectivos siempre han sido muy parecidos: amores ocultos y secretos de confesión; mucha paja, y sensibilidad especial ante la belleza y la bondad; y una enorme capacidad para entregar amor.

Deberían ser los maricones ahora que no son perseguidos, quienes se apiadaran compasivos de la gente a la que se persigue por una fe justa, sea cual sea el tipo amor que la inspira. A lo mejor, los maricones siempre han estado más cerca de Dios.

Y si los maricones actuales escarbaran en el clero -que no en la Iglesia- encontrarían seguro hermosísimas historias teresianas de amor maricón, con las que ilustrar su dignidad y su lucha a lo largo de la Historia.

Siempre ha habido curas, maricones, y raros. Y ninguna de las tres condiciones tienen porqué ser malas per sé. Solo son meras formas de amor.

Pero hoy en día, parece ser que la Fe, el culo y el cerebro, no se llevan bien…

eeen fin…

Antonio Rodríguez Miravete… Juntaletras.

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