REDES ASOCIALES

Al principio, allá en 2007, era algo realmente cojonudo, nuevo y divertido, tecnológico, enriquecedor. Y gratis… Cuando algo se expande como se expandió feisbuc a nivel mundial, es porque ése algo era realmente bueno. Esa red, tu red, se comportaba difundiéndose de forma puramente viral, es decir, tenías acceso directo y completo a todos tus contactos, y aparecía en tu línea de tiempo todo lo que publicaban. El lío, lo tenías tú para ir discriminando toda esa información que recibías, y claro, ellos decidieron hacerlo por tí… Ésa, fue la cuestión clave.

Recuerda siempre eso de que, si es gratis el precio eres tú: tus datos, tu vida. Vale. ¿Pero a que no creías que fuese tan caro…? Un precio altísimo éste de las redes sociales, porque mira la mierda en la que se han convertido, y mira la mierda en la que están convirtiendo al mundo: bandos, trincheras, ideologías, mercados.

…aaanda y que les den.

Las redes sociales permitían el acceso a una forma totalmente nueva de relacionarte con el prójimo. Algo revolucionario, un salto adelante brutal en tu capacidad de comunicar. Unas herramientas, en apariencia gratuitas, que te proporcionaban una potencia extraordinaria para expresarte en sociedad, en público. Las personas con algo meritorio, talentoso o interesante que contar, tenían más éxito, más seguidores… Así de sencillo.

Llevo tiempo mascullando la idea, de que las redes sociales se convierten en redes asociales, justo, en el momento justo, en que se monetizan descarada y salvajemente y se proveen de esos algoritmos tan listos, que sibilinamente nos van convirtiendo en mercancía, clasificándonos para vendernos luego por ahí… Y tengo también la teoría de que si nos dejasen a los usuarios tranquilos, si no hurgaran como lo hacen esquilmando nuestra intimidad y tergiversando nuestras preferencias, las redes se autoregularían por el simple principio de la prevalencia, de la preferencia de los contenidos de calidad frente a los contenidos basura… La gente no es tonta.

Porque la tontería frente a el talento no tiene nada que hacer; porque la verdad es mucho más potente que la ideología; porque la bondad es a la larga más rentable que la maldad, y la lealtad más que la perfidia.

Justo al darse cuenta de la potencia del juguete que nos habían proporcionado, en ese momento, comprendieron que podían empezar a enredar y a joder traficando con nuestros datos; y claro, ahí la cagaron, nos cagaron, la cagamos… Y la hemos cagado, porque nos han tangado, cambiándonos aquel juguete original tan potente y placentero, por otro impotente y castrado, aburrido e inútil; y encima, seguimos pagando sin rechistar aquel mismo precio tan caro de nuestra intimidad… Mal negocio.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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