PACIENTES DE LA PANDEMIA

Historias de Paco Sanz

Hay cosas que no cambian ni con la pandemia. Supongo que son nuestras cosas esenciales. ¿Qué es lo mejor que puedes vivir en la vida? Alegría, hermano. Y ¿cuál es el enemigo de siempre? La tristeza. Entristece ver como el enemigo avanza con la enfermedad, con la pobreza, con el rencor… con el desamor.

Decía Freud que el que no pierde la cabeza en ciertas circunstancias es que no tiene cabeza que perder. Me gusta creer que con el corazón pasa algo parecido, que no basta con querer no perderlo en ciertas circunstancias, se trata de recuperarlo cuanto antes. Un personaje de una novela de Sartre paseaba indignado por las calles de Nueva York, porque estaba llena de carteles que decían: “Not to grin is a sin”. Mientras, había guerra en España.

Ahora con la mascarilla las sonrisas falsas, ésas sólo con los labios, no se ven. Me dicen mis amigos, con los que todavía me hablo, que los pueblos parecen tristes. Les cuento que como paseante compulsivo que soy, me doy cuenta, de que cada vez buscan menos mis ojos los de la gente con la que me cruzo. Hasta qué punto proyecto nunca lo sé. Por decirlo en verso: “Esta tristeza del campo/ en que el alma se aposenta/ ¿es una tristeza suya/ o es una tristeza nuestra?/¿Son sus soledades tristes/ como las de las estrellas/ que nos parece a los ojos/ que están vivas y están muertas?”

Hay que recordar quienes somos, que somos mejores de lo que creemos, por pura coherencia. Ese es el frente al que hay que acudir, donde presentar batalla. Con palabras de Spinoza: “Experimentamos alegría cuando un cuerpo se encuentra con el nuestro y se compone con él, cuando una idea se encuentra con nuestra alma y se compone con ella, o, por el contrario tristeza, cuando un cuerpo o una idea amenazan nuestra propia coherencia”.

Ahora que no puedo abrazar a mis amigos, ni a mis hijos ni a mis nietos, ahora que todavía no me ha pasado lo que le pasó a Machado cuando perdió a su amada: “Nos quedamos solos mi corazón y el mar”, dar con ideas que compongan con mi alma es más necesario que nunca. La pandemia me lo pone especialmente difícil.

Joäo Gilberto no contrapone la tristeza a la alegría sino a la felicidad, son las suyas de esas palabras que, cuando las recuerdo, me pongo a cantar: lo canta así: “Tristeza não tem fim/ Felicidade, sim/ Tristeza não tem fim/ Felicidade, sim/ A felicidade é como a gota/ De orvalho numa pétala de flor/ Brilha tranquila, depois de leve, oscila/ E cai como uma lágrima de amor”.

¿Buscas la felicidad en las palabras? Combate la tristeza donde la encuentres, vuelve a Spinoza, me digo. Él llevaba tan lejos su lucha que hasta en la “esperanza” y en la “seguridad” encuentra ese poco de tristeza, que basta para hacer de ellas, sentimientos de esclavos. La verdadera ciudad, propone a los ciudadanos más amor a la libertad que esperanzas de recompensa o seguridad de los bienes; pues “a los esclavos y no a los hombres libres, es a quienes se promete seguridad o se recompensa por su buen comportamiento”.

Hasta entonces: Paciencia y barajar. Paciente es no el que huye del mal, sino el que no se deja arrastrar por su presencia a un desordenado estado de tristeza. La paciencia preserva al hombre del peligro de que su espíritu “sea quebrado por el abatimiento y pierda su grandeza”. Pacientes de esta pandemia, lo somos todos.

Historias de Paco Sanz

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