MENTIRAS EN SAN VALENTÍN

Por la mañana temprano le mandé un güasap furtivo, sin que mi Señora se enterase… Y me hizo esperar. San Valentín era hoy y quería, debía, tenía que verla antes. Tuvo a bien el responderme pasada bastante más de una hora, y lo hizo como con prisas, tajante aunque cariñosa. La conozco bien.

— Nene tengo mucho trabajo, pero ven esta tarde a las cinco. ¿Me dejas a mí, que decida yo, como hacemos siempre, vale…?
— Claro Nena. ¿Cuánto…?
— Sesenta pavos.

Ya a mediodía, paseábamos de la mano por el mercado cuando mi Señora vio un ramillete de fresillas frescas, recién cogidas y justo en ese punto de floración en el que tanto le gustan, cuando los tallos están bien tiesos y las flores casi cerradas; porque así, se abren y se lucen luego en casa… Y como no podía ser de otra manera, pagué yo; para regalárselo: es San Valentín. Y se lo entregué tierna y ceremoniosamente, haciéndole una especie de reverencia pícara, y plantándole después un besazo de tornillo en medio de la calle y de todo el mundo. Le ha gustado, y a mí también.

Pero eran ya casi las cinco… Y como para poder despistar a mi Señora y escabullirme al menos media hora necesitaba de una buena excusa, claro, le tuve que mentir… Le dije, que como era San Valentín y como otros años hacía mi hermana, me había pedido que la ayudase esta tarde en la floristería con lo de las entregas a domicilio de los ramos y tal… Y tardaría algo más de media hora.

Casi no había terminado de contarle la trola, cuando caí en la cuenta de que en cualquier momento, mi bonito plan se podría ir al garete ya que podría decirme, como casi siempre que yo cogía el coche, aquello de “me voy contigo y así no vas solo…” Y a ver qué coño hubiera tenido que contarle; me habría pillado.

Por ello, volví a mentirle matizando mi embuste inicial, y como un buen actor, sutilmente le dejé caer que me había dado la sensación al hablar con mi hermana, de que quería decirme también algo personal. Así, como mi Señora es siempre tan correcta, tan elegante y tan sensible, era seguro que ya no diría lo de venir conmigo, para respetar la discreción de nuestra conversación fraternal y privada. Ya tenía coartada, vía libre… Poco a poco fue llegando la hora. A menos cinco, cogí mi bolso de mano y le di un beso. Vengo ya Nena… Siempre se me escapa lo de Nena cuando me pongo cariñoso, pensé.

Una vez satisfecho mi secreto negocio, volví a casa, y en vez de abrir con mi llave y para engañarla, llamé al timbre de una forma que no tengo la costumbre; así, no sabría que era yo el que esperaba tras la puerta. ¿Quién es…? La abrió, y tras un par de segundos de silencio y sorpresa, rápidamente saqué el ramo que escondía a mis espaldas y que para ella, había encargado a mi hermana por la mañana temprano… Quería darle yo la sorpresa a mi Señora de entregarle el ramo personalmente, y sí, tuve que mentirle.

💕 Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .