EL TACTO

Historias de Paco Sanz
No pude sentir, así que intenté tocar… Vemos más, oímos más; olemos y gustamos más o menos como siempre; pero tocamos menos. De una persona demente se dice a veces que ya no toca. El diccionario dice que tocar es ejercitar el sentido del tacto. El tacto se llama así porque toca (tangere) y tacta (pertractere). Dos son las clases de tacto: una procede del exterior, como cuando nos hieren; otra tiene su origen en el interior mismo del cuerpo, es lo propioceptivo, como un embarazo.

“Cuando el dulce Cazador/ me tiró y dejó herida,/ en los brazos del amor/ mi alma quedó rendida./ Y cobrando nueva vida/ de tal manera he trocado,/ que mi amado es para mí/ y yo soy para mi amado”. Santa Teresa escribía cosas como éstas… Sentirse tocado por Dios hace que lo sintamos dentro.
Ahora que cada vez tocamos menos entre nosotros, entramos en contacto cada vez más con máquinas. Apenas quedan restos de intercambio recíproco de información, sino que son las máquinas las que cada vez más interactúan entre ellas, sirviéndose de nuestras mentes y cuerpos humanos, como una suerte de inconsciente háptico, cuya mediación hacia el mundo de las e-cosas, vendría servida por las manos (o, más exactamente, por la punta de los dedos) de cada usuario terminal.

El término “háptico” viene del verbo griego háptomai, que significa “entrar en contacto con”, “tocar”, “agarrar…” La simultaneidad del afectar y ser afectado. Tocar es ser tocado. Sentir es sentirse.   
En las relaciones humanas también tiene el tacto un sentido metafórico. Es algo así como la prudencia para proceder en un asunto delicado. Por ejemplo: hace falta mucho tacto para decir que no, sin herir. Es una especie de más allá de la buena educación. Si entras en un baño y ves una mujer desnuda bañándose, y cierras la puerta diciendo ¡Uy perdón Señora! éso, es buena educación; si dices ¡Uy perdón Señor! éso, es tacto.

Las personas que tenemos la suerte de tratar con gente con mejor educación que la nuestra, tenemos que prodigar el tacto. Ellas me han enseñado que el ser bueno con aquél a quien no agradas, exige no sólo mucha bondad, sino también mucho tacto.

Creo que los animales pueden sentir, yo siento cuando les toco. Las máquinas no. Las máquinas solo saben de “cuanta” no de “qualia”. Las propiedades fenoménicas, sentimientos crudos tales como el olor de la menta o el tacto de la piel amada, son rasgos de la experiencia sensorial. También se les llama “qualia”. Todos los organismos sensibles experimentan algún tipo de “qualia”. En cuanto a las máquinas, no las poseen; ni siquiera los robots, ni los zombis si es que existen. Las cosas no sensibles sólo poseen y detectan propiedades físicas (o químicas, biológicas, o sociales…)Ahora que estamos más en contacto con máquinas que nunca, me doy cuenta de que en lo de tocar no ayudan gran cosa. Los potenciales de la tecnología con respecto al cuerpo humano, se desarrollan de acuerdo con los siguiente apartados: La visión teleobjetiva, el oído telefónico, el movimiento automático, el tacto telemanipulado, la inteligencia artificial, y la presencia virtual.
 
En amorosas situaciones, el tacto es vital; a ciertas personas las quisiera tocar, pero no puedo, son audiovisuales. Aún y así no paro de decirles cosas… Incluso, he llegado pensar que la palabra nace para el amor, y se hace necesaria cuando el tacto es insuficiente.

Historias de Paco Sanz

2 comentarios sobre “EL TACTO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .