NO HABLES, NO LEAS, NO ESCRIBAS…

Historias de Paco Sanz

No hables, no leas, no escribas. “No hables, si puedes leer. No leas, si puedes escribir. No escribas, si puedes pensar” Hanna Arendt dejó escrito algo parecido. El problema es que sólo podemos pensar con las palabras que tenemos a mano, a consciencia. Y sin ponerse a hablar, leer o a escribir, cuesta encontrarlas. En general sólo se puede pensar, hablar o escribir, más, que con las palabras que les da por aparecer. Creo que sigo leyendo por eso.

Ya de niños jugamos con lo que tenemos a nuestra disposición. A lo largo de la revolución industrial los científicos, fueron los beneficiarios de la nueva tecnología mucho más que sus benefactores. Dedujeron sus teorías del comportamiento de los nuevos aparatos que iban teniendo a su disposición, más que inspirarlos. El trabajo de los científicos es realmente acompañar y explicar los hallazgos empíricos, de quienes juguetean con la tecnología y terminan por descubrir algo.

A veces creo que primero pensamos y luego hablamos. O que primero estuvo el cerebro y luego la mano. O que antes estuvo la inteligencia y luego la memoria; pero la verdad es que para cuando el primer escriba garabateó y pronunció las primeras letras, el cuerpo humano ya era capaz de actos de escritura y de lectura que pertenecían al futuro. Es decir, el cuerpo estaba en condiciones de almacenar, recordar y descifrar toda clase de sensaciones, incluidos los signos arbitrarios del lenguaje escrito que aún estaban por inventarse.

A base de estar leyendo tanto uno termina por escribir. A base de hablar tanto uno termina por no tener nada que decir. Parece que para poder escribir hay que empezar a callar. Eso de hablar sin nadie que te escuche, es más patético que escribir sin que nadie te lea; en cuanto a lo de pensar sin palabras, como buen escribidor, me cuesta un huevo. En el scriptorium debía realizarse la actividad en silencio: “Calla; el escriba no sufre junto a sí a nadie que hable. Nada tienes que hacer aquí, garrulo, hablador: vete fuera”.

A mi edad sigo leyendo más por costumbre que porque quiera aprender nada. O porque no tenga nadie a quién decir nada. Aunque creo que un motivo plausible para que los mayores sigamos leyendo, es la creencia de que no somos verdaderamente viejos hasta que no empezamos a sentir que ya no tenemos nada que aprender. De hecho, a los viejos, la disminución del volumen prefrontal que aparece junto a las dificultades de aprender y ejecutar nuevas tareas, y la larga duración de distracciones invalidantes, se debe más a la pérdida de sinapsis y reducción de espinas dendríticas, que a tener menos neuronas porque éstas ya se hayan muerto del todo.

Muchas veces me he preguntado porqué sigo leyendo. No he olvidado las palabras de Platón: “¡Esclavo, toma el libro y lee!”. Me doy cuenta de que puedo hacerlo de muchas maneras, a veces porque no tengo otra cosa que hacer, pero en general es porque lo prefiero a cualquier otra cosa. Nuestra actividad de lectura está dirigida por los objetivos que mediante ella pretendemos; no es lo mismo leer para ver si interesa seguir leyendo, que leer cuando buscamos una información muy determinada, o cuando necesitamos formarnos una idea global del contenido para transmitirlo a otra persona. No nos perturbará del mismo modo percibir lagunas en nuestra información en un caso, que en otro.

Dice Nietzsche que “sólo debemos leer libros que nos muerdan y nos arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como con un mazazo en el cráneo ¿a qué molestarse en leerlo? ¿para que nos haga felices, como dices tú…? ¡Cielo santo, seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hacen felices podríamos escribirlos nosotros mismos si no nos quedara otro remedio”. He llegado a pensar que, en general, escribo por eso. También dice que “Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros mismos”. También lo hago por eso.

Historias de Paco Sanz

4 comentarios sobre “NO HABLES, NO LEAS, NO ESCRIBAS…

  1. Dice Nietzsche que “sólo debemos leer libros que nos muerdan y nos arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como con un mazazo en el cráneo ¿a qué molestarse en leerlo? ¿para que nos haga felices, como dices tú…? ¡Cielo santo, seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hacen felices podríamos escribirlos nosotros mismos si no nos quedara otro remedio”. He llegado a pensar que, en general, escribo por eso. También dice que “Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros mismos”.
    Genial.
    Un saludo.

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  2. “… pero en general es porque lo prefiero a cualquier otra cosa.” No sé ya cuanto tiempo llevo sin ver la tele.
    Leer, escribir algo, escribir a mano otro algo, leer (¡incluso en internete!), volver a sentarse y escribir… hacerse una tortillas de espárragos… volver a escribir, bueno, o hacer un monigotillo…

    Le gusta a 1 persona

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