MANOLO Y EL VINO

Comentábamos al respecto de la botella de txacoli que me estaba regalando. Es éste un caldo que normalmente se bebe siempre joven y frío, pero esa botella tenía ya un par de años y como buen conocedor (él) de vinos, Manolo me lo advirtió e insistió en el detalle: “pero no hagas caso. Pruébalo…”

Como mi tío Miguel siempre decía que el mejor vino blanco era el tinto, he de reconocer mi falta de empatía a priori con los blancos, ya que a diferencia de con los tintos, me gustan o no mucho o casi nada. Pero en general, como me gusta mucho el vino y mucho más todavía las sensaciones que pueda provocarme un vino en particular, me bebo casi cualquier cosa decente que me sirvan en una copa borgoña… A ver qué pasa.

¡Qué maravilla…!

Como me la regaló muy fría, y puesto que el día anterior hice sushi de sobra para mis hijas, en cuanto llegué a casa destapé esa botella para combinarla con aquel sushi de víspera, resultando de todo ello una mezcla portentosa, armónica, raratouíllica… Me gusta tanto el sushi que nunca lo compro sino que siempre me lo hago yo: busco el mejor pescado fresco, lo limpio, lo macero, lo maduro, y le doy el corte final… Y la combinación del sabor dulzón a albaricoque y pera, la poquísima acidez y el color ambarino claro, propio del par de años de aquel caldo, resultaron perfectos: encajaron como llave y cerradura, vino y comida, picha en breva. Pescado, ácido, sal… azúcar.

Empecé en el mundo del vino haciéndole caso a mi padre. Yo hacía negocio con las sisas que él me permitía hacerle, acarreando atadas en el portaequipaje de mi bici las marrajas de cinco litros que llenaba de graneles en la bodega de Jaime “el plátano”.

— Don Jaime, que dice mi padre que por favor me llene Usted esta marraja. Y se la cobre.

Entraba en tan antigua bodega, y la densidad del alcohol evaporado que se respiraba en el ambiente creo que me atontaba un poco. Mientras, caminaba entontecido y curioso entre enormes telarañas pareciera que centenarias, abrazadas a aquellas barricas gigantes de cientos si no miles de litros, viejas de puro viejas, grises, y usadas desde hacía tanto tiempo que… El lugar imponía. Todo era muy viejo en la bodega, y casi todos eran muy viejos, los que se sentaban en las maderas de aquellas cajas de tercios de cerveza ladeadas cual si fueran sillas bajas, y que situaban alrededor y a la sombra de la entrada… Yo tendría once años y tenía la sensación de que me miraban los viejos, de que era observado por lo viejo, por lo antiguo.

Aquel vino no tenía denominación de origen ni falta que le hacía, pero había algo que no fallaba cuando mi padre quería saber si el caldo era realmente bueno: dárselo a probar a mí tío Miguel. Repito, no fallaba. Éste solo emitía dos veredictos: “vaya una mierda” o “ésto es caldo…”

Pero un día, después de trabajar toda la mañana en el huerto y cerrar con unos murcianos el trato de venta de la cosecha de limones, nos llevó mi tío a un restaurante elegantón de los que luego me enteré que frecuentaba, y pidió un Vega Sicilia; tras lo que se produjo un extraño silencio traspasado de miradas de asombro entre los cinco comensales que nos sentábamos a la mesa. Yo no entendía nada, pero recuerdo que el camarero al ver la pinta despeinada, polvorienta y sudorosa de mi tío, entre desconfiado y precavido le preguntó si tenía alguna preferencia… Tras lo que éste, socarrón, lo espetó vivo tras comprobar que solo había una referencia en la carta:

— Proceda Usted a servirnos y déjese de ruegos y preguntas.

Las pocas veces en las que Manolo no acierta del todo nunca se equivoca, pero porque siempre te da calidad y no se puede acertar siempre. La dictadura del “me gusta” es en realidad una tiranía: un día me gusta un vino, pero otro me puede gustar uno distinto. Y Manolo casi siempre atina con mi gusto sea cual sea el día. Comer y beber bien no es cuestión de gastar sino de confiar en quién y en qué te recomienda, en cómo te lo sirve.

Y desde que yo lo conozco, Manolo siempre ha servido sólo para cosas buenas, para buenas causas.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

……..

2 comentarios sobre “MANOLO Y EL VINO

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