¿QUÉ HAY EN LA OTRA ORILLA…?

Historias de Paco Sanz.

Historias de Paco Sanz.

A mi cuñado, el médico le dijo que mejor que anduviera más. ¿Para ir dónde? preguntó… No tenía donde ir. Ni por qué ir a ninguna parte. Así que se compró una cinta de esas sobre las que puedes andar sin cambiar de lugar. Es posible que la usara… Han pasado muchos años y me encanta cuando vuelvo a su casa, nos vemos en su hermosa biblioteca con escaleras, y me doy cuenta de que en un rincón está todavía la cinta aquélla mirando al cielo… No la ha tirado.

Mi cuñado es como yo, minimiza los residuos. En fin, como dijo el poeta: “Del salón en el ángulo oscuro/ De su dueño tal vez olvidada/ Silenciosa y cubierta de polvo/ Veíase el arpa / ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,/ como el pájaro duerme en las ramas,/ esperando la mano de nieve/ que sabe arrancarlas!”

Sobre esa cinta es difícil que alguien arranque un solo paso. ¿Movilidad? De acuerdo, ¿pero para ir dónde? ¿Para qué fin? ¿Lectura? De acuerdo. ¿Pero para qué sirven los libros? Nos dicen Penélope y Sherezade mientras intentan aplazar astutamente el momento de su muerte que para ganar tiempo... Es decir para perderlo, vivir es perder el tiempo, los únicos que no tienen tiempo para perderlo son los muertos.

He vuelto a la montaña, conozco algunos altos del valle en el que he crecido, de joven tenía tendencia a subirme hasta ellos. ¿Qué buscaba allí? Me daba la sensación que era la manera de ir más lejos. Supongo que si hay mucha paz en la cumbre es porque desde ahí se puede mirar a lo lejos. Lejos de casa, tan lejos como pudiera. Como en el cuento de Kafka “La Partida”, que al protagonista, el criado que le prepara la montura, ¿para ir dónde? pregunta: Weg von hier. Das is mein Ziel. Lejos de aquí, ésa es mi meta.

Nunca llega uno tan lejos como cuando no sabe adónde va. Es al exterior hacia el que nunca deja de encaminarse la libertad. Largarse, cuando el suelo arde bajo tus pies y no te preguntas el tiempo que hace fuera, es lo que pretenden los emigrantes. Ir a otra parte.

En Europa a partir del siglo XVI hubo una sobrepoblación que llevó a 50 millones de personas a abandonar voluntaria e involuntariamente el Viejo Mundo como merchants adventurers y como desperados, como huidores de la desgracia, como buscadores de nueva fortuna, en su mayoría sin perspectivas de retorno, no pocos imbuidos en la creencia de la supremacía de la otra orilla. El mundo pertenece ahora al hambre de éxito de los hijos segundos, que no tenían sitio en casa -en España se les llamaba “segundones”-para hacer fortuna fuera o para irse a pique.

Los que en realidad se van son los viejos. Cuando ya no están se dice que se han ido. Ahora desgraciadamente los ancianos, como los emigrantes clandestinos, generalmente quedan en manos de esos especiales “propietarios de pateras” que son los dueños de las residencias desde donde esperan su último viaje. Y que como al gaucho que al ver el mar preguntó qué había en la otra orilla: en el otro lado no hay orilla, le dijeron.

Historias de Paco Sanz.

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