Abandonar la infancia

Historias de Paco Sanz

Muchas veces hago como que abandono mi infancia pero es sólo por jugar; tengo muchas infancias, más que adolescencias y por supuesto más que madureces o vejeras. Los viejos no es que volvamos a ser niños, ni siquiera que nos dé por ser como niños, es que no hemos dejado nunca de serlo… Con el paso de los años perfecciono, multiplico, revivo, reinvento incontables infancias. Hago, como si no supiera del pajarraco ése que muchas veces me da por ser; y como si no tuviera que revivir toda la historia que él siempre me chilla que ya he vivido.

Mis hijos viven lejos y no sólo geográficamente. Me doy cuenta de que con los años cada vez están más y más lejos. ¡Cómo les sigo queriendo…! Pobre de mí. ¿Pero, y los padres…? ¡Ah, los padres…! A los padres no quisiera sacármelos nunca de la cabeza, siempre vuelvo a golpear aquella puerta de su habitación:

“On réveillait matin, on se levait joyeux/ La lèvre affriandé, en se frottant les yeux…/ On allait, les cheveux enmêlés sur la tête,/ Les yeux tous rayonnants, comme aux grands jours de fête,/ Et les petits pieds nus effleurant le plancher,/ Aux portes des parents doucement toucher…/ On entrait ! … Puis alors les souhaits… en chemise,/ Les baisers répétés, et la gaîtée permise!”

Los tres estados de nuestra vida son el de la infancia, el del pueblo, y el de la muerte. ¡Ay, los muertos…! Los muertos que me amaron en mi infancia. Cuando los evoco, toda el alma se me enfría y me siento como desterrado de unos corazones que siempre fueron míos. Sólo, en la noche de mí mismo, llorando como un mendigo el silencio cerrado de todas las puertas.

Recuerdo como si me hubiera pasado, como si me estuviera pasando a mí, lo que le pasaba al que ha sido para mí el más inolvidable moribundo: “Vuelto contra la pared, sólo en la gran ciudad, en medio de parientes y amigos, sólo como no puede estarse ni en las profundidades submarinas ni en ningún otro punto del globo; Iván Illitch se transportaba por medio de la imaginación a su pasado. Las visiones surgían una tras otra. Ésto tomaba normalmente origen en lo actual, se remontaba hasta la infancia, y ahí, se paraba…”

El regreso a la infancia no es el redescubrimiento de la inocencia, sino una perturbadora inmersión en el origen de la confusión y el absurdo propio de los adultos.

Nada como ellos, cuando consigo contarles un cuento, para darme cuenta de lo niños que somos. Aprendemos los cuentos de memoria solo porque queremos encontrar en los ojos de los niños fe suficiente, como para empezar a creérnoslos también a medida que se los vamos contando… Queremos salir de la irrealidad del solo leerle algo a alguien, para movernos al son del verdadero cuento cambiando nuestros gestos, el volumen, la entonación… Deseamos, volver al jardín de nuestros recuerdos para entrar así, agarrados de sus manos, de nuevo en el verde paraíso de nuestros amores infantiles.

La verdadera patria del hombre es su infancia. “¡Esos días azules y este sol de la infancia…!” fue lo último que escribió Antonio Machado. Quienes lo enterraron, lo encontraron en el bolsillo de su chaqueta escrito a lápiz en un papel… ¿Se puede decir más con menos…?

La genialidad, es la infancia recuperada a voluntad.

Historias de Paco Sanz

2 comentarios en “Abandonar la infancia

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