ALICANTINO, BORRACHO Y FINO

Ahora, parece ser que el bicho raro soy yo.

Si la próxima batalla parece ser que será la del lenguaje, el español ya la tiene ganada de antemano porque se puede hablar mucho, muy claro, y con mucho tino en ésta nuestra lengua… Te puedes hasta cagar en la puta madre que parió a algunos políticos con una facilidad pasmosa, y a la vez, puedes explicar tus porqués con una precisión lingüística que ya querrían para sí casi todas las otras lenguas principales del mundo.

Tan solo soy un alicantino ubicado tan al sur de la provincia que le pilla más cerca la ciudad de Murcia que la de Alicante, pero que ama su tierra natal porque tiene el privilegio de haber nacido y de vivir todavía, en Almoradí: pueblo principal y corazón de la hermosísima Comarca de la Vega Baja del Segura, sita al sur de la provincia… Por todo ello, convendréis conmigo en que soy tan alicantino como lo puedan ser el Castillo de Santa Bárbara, el Peñón de Ifach o la isla de Tabarca. Que tan alicantino soy yo como lo son las calas de Jávea, los rascacielos de Benidorm, las cuevas de Canalobre o las playas de Torrevieja… ¿No…?

Alicantino, borracho y fino.

Al menos yo, desde siempre he entendido muy bien el valenciano aunque nunca lo he hablado. Es éste un idioma simpático, gracioso y muy amable al oído porque si bien es verdad que se come muchas de nuestras terminaciones sonoras, tiene a la vez la virtud de ser entendible por cualquier hablante latino con sólo que se le ponga un poco de cariño y algo de oído… Algo así también le pasa al italiano o al gallego, o al portugués: son idiomas amigables, amables y cercanos, reconocibles y que se hacen entendibles, comprensibles… No así el francés, ahora tampoco el catalán, y no digamos nada de la barbarie léxica del alemán o del euskera.

Los giros y vericuetos expresivos que nuestro lenguaje proporciona imagínatelos en euskera… ¡Jáaajaja…! Serían imposibles. Fíjate en cómo hablan de mal ahora los vascos cuando otrora fueron cumbre manejando el español: se han convertido en bárbaros lingüísticos empecinados en hablar como trogloditas serbios… Como también han hecho los catalanes, se han empeñado tanto en diferenciar sus fonemas para que no suenen a nada español, que para cerrar sus acentos y así parecer como extranjeros cuando hablan, lo que parecen ser son gilipollas hablando… Hablan en realidad, para que no les entendamos. Y sí, ya sé que gilipollas podemos parecer todos en un momento dado, pero no me negareis que ellos lo parecen muy especialmente y con demasiada frecuencia. ¿No…?

Recuerdo cuando trabajaba al norte de Castellón y me tenía que hacer entender sí o sí, charlando con cualquiera en valenciano, en español o en catalán, y lo hacía con total normalidad, cordialidad y amabilidad. No como ahora. Luego, empecé con lo del inglés…

Por eso, siendo como soy tan del sur de Alicante, no entiendo ésto de que ahora deba yo de hablar un idioma distinto al que se habla en Murcia, y que encima tenga que hacerlo sólo porque me lo impongan desde Valencia.

— ¡Manda huevos…!

…eeen fin.

No sé si se me entiende… 🤔

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

….

1 comentario en “ALICANTINO, BORRACHO Y FINO

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