PRUEBA Y ERROR

Historias de Paco Sanz ✍️

Me he movido menos veces por ensayo y error de las que hubiera debido, y demasiadas por adicción a descargas de dopamina; quiero decir que además de no haber aprendido casi nada de mis errores, en mi vida no ha habido pulsión a la repetición más allá del principio del placer. Saber no saber, intentar intentar, como dijo Beckett en Cascando: terrified again/ of not loving/ of loving and not you/ of being loved and not by you/ of knowing not knowing pretending/ pretending.

En general leo ensayos. Los de Montaigne dieron nombre a un género. Muchas veces olvido que el significado de ensayo (essai) es intento. En mi trabajo he usado muchas veces tubos para eso, tubos de ensayo. Creo que con ellos lo que pretendo es comprender. Unirme a las cosas… si no por amor al menos por espanto.

Esta mañana cuando vuelva a averiguar qué dicen que está pasando, intentaré una vez más comprender. En plan Spinoza: “No burlarse, no llorar, no detestar, sino comprender”. La historia es un ensayo de comprensión imaginativa del pasado, el periodismo es un ensayo de comprensión imaginativa del presente.

¿Cómo es que dejé mi religión, la que tuve de niño? Porque no funcionaba. ¿Cómo es que dejé de pretender jugar a ganar o de aprender por ensayo y error? Por lo mismo. Y ¿cómo es que sigo en mi pecera, en mi charco de costumbres? Porque no tengo otro remedio. Cuando terminaba de estudiar para aprobar exámenes me dio por el yoga. Poco después me casé y sigo con los mismos numeritos y la misma amante. ¿Por qué? Porque han seguido en cierto modo funcionando siempre.

Nos casamos de cualquier manera, es decir por la Iglesia, sin apenas conocernos. Pensando un poco como las parejas de ahora, por probar. Hoy los jóvenes enseguida “viven juntos”, sin casarse, sin promesas de porvenir común, sin compromisos recíprocos. Son matrimonios en fase de ensayo, de cohabitación ligera, sin dejarse aprisionar por el “cuadro institucional” del matrimonio, pudiendo siempre dejar la relación sin demasiados problemas. Son parejas efímeras, sostenidas por compromisos leves, sin riesgos, modificables a voluntad.

Sin embargo las separaciones duelen, suelen entenderse como un fracaso, a partir de ese fracaso empieza a entenderse la soledad como un alivio y la libertad en materia de relaciones se transforma en miedo a una relación. Vivimos entonces más la insoportable levedad del ser que el peso de la soledad del ser. La ligereza y movilidad ganan, la ligereza interior no tanto. ¡Ay, la leche, volverse un pesado por dentro!

En un pasaje que ahora no recuerdo dónde está, dice San Agustín que todo cavilar sobre lo que hubo antes, no sirve para otra cosa que para llenar los manicomios; y Umberto Eco afirma, en un ensayo que estuve releyendo en la mañana de hoy, a no sé cuántos de Enero del 22, que toda tentativa de averiguar el sentido del mundo conduce al absurdo, y le arrebata su misterio al mundo.

“Sobre lo edificante en la idea de que siempre estamos equivocados con respecto a Dios”. Kierkegaard titulaba así un ensayo. Escribiendo me encuentro con problemas que no suponía. Decía Bill Gates acerca de los ordenadores, “que resuelven problemas que tenemos gracias a ellos”. En otras palabras: la actividad de la mente enfrentándose a una hoja de papel y el lápiz, o a la pantalla y el teclado, entraña siempre una especie de operación de ensayo y error. De intentar e intentar pensar menos mal.

Historias de Paco Sanz ✍️

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