QUEMADOS

Historias de Paco Sanz ✍️

Eso de que haya tanto joven quemado por trabajar demasiado y tanto joven quemado por no trabajar, da cuenta de que es posible que lo del trabajo no nos lo estemos montando bien. Es un poco como el que haya tanta gente viviendo menos de lo que pudiera vivir por comer demasiado, y tanta por no tener bastante para comer. Hemos pasado de la sociedad de libertad a la de seguridad, de la de tener hambre a la de tener miedo. De la de la escasez a la del riesgo. De la sólida a la líquida. Son maneras de hablar, de andar inventando nelogismos, etiquetas, metáforas o subtítulos, a ver si así nos aclaramos, y si podemos ir más allá del comprender.

Se ha pasado en opinión del filósofo “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa es culpa tuya… “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo, que culmina en el síndrome del trabajador quemado”.

Y la consecuencia es todavía peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

Desde que las bacterias llenaron de oxígeno la atmósfera han ardido muchas cosas. Nuestro planeta azul está lleno de agua, de algo quemado. El agua es resultado de una combustión muy potente, la del hidrógeno, que se combina con el oxígeno para formar agua. Se podría decir que el agua son las cenizas de una combustión, y como es algo ya quemado tras combinarse con el oxígeno, no es fácil quemarlo más, es decir, combinarlo con más oxígeno. Antes bien, el agua es una sustancia muy estable en condiciones habituales, y justamente porque es difícil combinarla con más oxígeno se usa por lo común para apagar el fuego ya que no puede quemarse más.

Mi nieto mayor está en este momento de vacaciones en Las Maldivas, la primera nación que cuando suba el nivel del mar desaparecerá… La pandemia nos ha dado una idea de lo que haremos cuando haya menos que quemar. También de cuáles son aquellas actividades que han encontrado alternativa, y probablemente no formarán parte ya del futuro de nuestras vidas. Y hago una lista: trabajo 100% presencial, salir los fines de semana, las vacaciones en crucero, volar de forma generalizada, producir como chinos y cobrar como si no lo fuéramos, ir a Las Maldivas, etcétera.

Nuestro destino es ser quemados, pero tampoco es como para quemarse en vida. Los cadáveres pueden como los libros ser quemados. Los seres vivos y las cosas de papel son mis depósitos de carbono favoritos, el agua es el mejor de oxígeno. Yo soy un incendiario porque no he olvidado la oración de San Remigio: “Quema lo que has adorado, adora lo que has quemado”. También recuerdo perfectamente, cómo en la noche más corta del año nos pasábamos quemando cosas.

Los combustibles favoritos de nuestra civilización son los fósiles, el crecimiento es una costumbre incendiaria, nos tiraniza. El monstruo siempre se devora a sí mismo. Vamos a bordo de una nave en la que se empieza a quemar hasta lo vivo, para poder seguir teniendo gobierno cuando se ha acabado ya de quemar todo lo muerto… En el mar, sin poder avanzar no llegas a puerto, sin poder gobernar acabas de lado, y una mala ola siempre acaba contigo. A unos marineros gallegos hace poco les pasó eso mismo en el mar de Terranova: una oración por ellos. 🙏

Historias de Paco Sanz ✍️

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