Y dale con el pasado…

Historias de Paco Sanz ✍️

Me fastidia tanto que me vengan con otro pasado y que pretendan imponerme una historia como verdadera, como que cambien el lenguaje con el que pienso y con el que me comunico. Creo que es tan utilizado para manipularnos lo uno como lo otro. Detesto el papanatismo de la corrección política tanto, como que me digan que es mejor decir tablet que tableta… Si digo las cosas como quieren, acabaré haciendo lo que me digan. Quieren hacerme creer que las cosas fueron como ellos dicen, del mismo modo que quieren decirme que hay que decir las cosas de otra manera. Para ver qué sacan, para ver cómo pueden sacar algo más de mí. No les quiero nada. Además, no les admiro en absoluto.

Soy lo que soy, lo que recuerdo, lo que puedo contar; no me fío de la historia que me cuentan, prefiero la que me cuento yo. No sólo la historia es contemporánea, todo el pasado también lo es. Especialmente el mío.

Existe un ser verdadero y un ser falso en cada uno de nosotros. La diferencia se percibe si pretenden quitarte el pasado en que te reconoces. Cuando te han desprovisto de algo tan completamente que no sabes qué es, si no puedes recordar siquiera qué es lo que te falta pero sabes que te falta algo, entonces la diferencia no puedes pillarla. A menos que te montes un pasado de encargo, y así, el ser falso que hay en tí no te haga hacer tanto el tonto… Hay algo de lógica en la actitud implícita de que “el medio me debe algo” que adopta el psicópata, el delincuente, y el niño antisocial.

La paradoja más profunda de la memoria: El pasado es “contemporáneo” del presente que ha sido.

Si el pasado tuviera que aguardar a no ser ya, y si ahora y desde ya no fuera “pasado”, nunca podría llegar a ser lo que es, nunca sería ese pasado… Si no se constituyera inmediatamente, no podría ser reconstruido después a partir de un presente ulterior. Nunca el pasado se reconstruiría si no coexistiese con el presente cuyo pasado, es.

Tomamos consciencia de un acto sui generis por el que nos distanciamos del presente, para situarnos primeramente en un pasado general y después en una determinada región del pasado: una operación de tanteo análoga a la puesta a punto de un revelado fotográfico. Cuando nuestro recuerdo permanece todavía en estado virtual; de este modo, nos disponemos simplemente a recibirlo adoptando una actitud adecuada. Poco a poco, aparece como una nebulosidad, que se condensa y pasa del estado virtual al real en el papel fotográfico.

Las tres dimensiones de la existencia traducidas temporalmente son: Pasado (consideración), presente (atención) y futuro (intención). La gente siempre estamos gritando que queremos un futuro mejor. Pero no es cierto. El futuro es un vacío apático que a nadie le interesa lo más mínimo. El pasado está lleno de vida, le gusta irritarnos, provocarnos, insultarnos, nos tienta a destruirlo o recordarlo. El único motivo para que la gente desee adueñarse del futuro es para cambiar el pasado. Anda que si fuera por eso porque me he quedado sin futuro, por lo que cada vez recuerde más vívidamente cosas del pasado y peor las que acaban de suceder.

¡Ehhh…! Que tan viejo no me siento… Así, que mejor que no me vengan con otro pasado ni con otro modo de decir las cosas; plis, darlin.

Historias de Paco Sanz ✍️

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