Paco Sanz, hoy.

Historias de Paco Sanz ✍️

Nos han dejado a los nietos… Les hemos desapuntado de una actividad de esas que se hacen en verano con otros niños por las mañanas. El argumento del portavoz ha sido determinante: «hemos venido para estar con los abuelos, no para que nos metáis en un cursillo.» Manda carajo. Así que a jugar a juegos de mesa, a volver a los caminos, a los cuentos que recorrimos con sus padres. A ver cuánto aguantamos antes de que les pongamos de nuevo ante las pantallas.

¡Ay! ¡Esos días azules y este sol de la infancia…! Si alguien es poesía son los niños y sólo poéticamente habita el hombre. Decía Baudelaire que “la genialidad es la infancia recuperada a voluntad”. Creo a veces, al considerar la diferencia hedionda que existe entre la inteligencia de los niños y la estupidez de los adultos, que tal vez somos acompañados durante la infancia por una especie de espíritu de la guarda que nos presta su inteligencia astral y que después, tal vez con pena pero debido a una alta ley, nos abandona; como las madres animales a sus crías crecidas: a la ceba, que es nuestro destino.

Recuerdo la advertencia de Kant: «Caballeros, me estoy haciendo viejo y empezando a caer en la infancia”. La madurez se renueva con la frescura de una infancia que no deje de crecer nunca en la medida en que uno se aleje de ella… ¡Qué vulnerables somos los niños!

Convertirse en una persona vulnerable no altera la profundidad de la mente, que sigue su propia trayectoria. Francisco de Asís nos pidió que “hiciéramos nuestras infancias” es decir, que nos mantuviéramos cerca de nuestros primeros años, que rompiéramos los límites del viejo yo sumergiéndolo constantemente en un baño lustral. Hay siempre un momento en la infancia en que se abre una puerta que deja entrar el futuro… La verdadera patria del hombre es su infancia.

Es curioso cómo estando con ellos me acuerdo de mis padres, porque paseaba hasta la plaza del pueblo con ellos como estoy haciendo ahora con mis nietos… ¡Ah, los muertos! Los muertos que me amaron en mi infancia. Cuando los evoco, toda el alma se me enfría y me siento desterrado de unos corazones que ya no están más que en mi memoria; sólo, en la noche de mi mismo, llorando como un mendigo el silencio cerrado de todas las puertas.

Sólo existe un fracaso: dejar de ser niños. Como los amantes, los niños tienen el presentimiento de los límites de la felicidad. Mis nietos son de ésos que llaman «tío» a todos los amigos de sus padres: son de esos niños que aún creen que todos los hombres son hermanos… El que me llamen por mi nombre y no “abuelo” no ha sido nada fácil. Seguramente, es que me he hecho con una de esas caras a la que no es fácil llamar de tú.

Me va a costar un Congo no ser permisivo con ellos, que es lo que me pide el cuerpo. Voy a tener que recordarme que la permisividad, es el principio consistente en tratar a los niños como si fueran adultos y la táctica para asegurarse de que nunca lleguen a esa etapa… Si bien se mirase al contrario, irónicamente, la permisividad aconsejaría tratar más bien a los adultos, como si fueran niños.

Historias de Paco Sanz ✍️

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