LA MUÑECA HINCHABLE ðŸ˜³

EL MITO… 😎

Al igual que ahora cambiamos lo de tener hijos por adoptar mascotas y lo hacemos con naturalidad y por comodidad y economía, llegaremos a cambiar la compañía por la conveniencia; preferiremos lo que nos gusta, a lo real.

Acabo de ver la película «El hombre perfecto» y me ha llevado a la de «Inteligencia Artificial». Y a la misma conclusión que saqué cuando vi la de Kubrick: la clave, es el amor… Los problemas surgen cuando lo que quieres es follarte al robot, o sustituirlo por algo a lo que amar: un gato, hijas, compañía, o profundidad…

Todo aquél que ame a una máquina es tonto perdido; el que se pudiera amar a una máquina es en sí mismo un oxímoron, un contradiós; pero el que puedas tomarle mucho cariño a un artefacto, a un chisme, es algo que nos podría pasar a todos.

Quiero a mi Renault Megane casi como a un hermano; muchísimo, porque hemos hecho juntos cuatrocientos y pico mil kilómetros durante casi veinte años y los ha hecho sin rechistar. ¡Con dos cojones…! Me ha proporcionado al volante momentos de placer indescriptibles. Y ahora, he empezado a cambiarle piezas al pobre: que si los amortiguadores, los manguitos de presión y no sé qué del turbo; jamás había tocado frenos, balancines, cojinetes, bielas, soportes de motor, ni nada parecido… Por otro lado, pendiente de cómo sonaba, siempre he estado atento a si aparecía un ruidito por aquí o una vibración extraña por allá. Lo cuido tanto, que tengo una pesadilla recurrente en la que pierdo ese coche y vago como un loco buscándolo; lo chocante, es que siempre lo pierdo estando de juerga y en ciudades que conozco bien… Son cosas de los sueños y el amor, y siempre, y solo cuando despierto, veo que mi coche sigue ahí, junto a mí.

Un día me sorprendí dándole unas palmaditas cariñosas en el salpicadero: ¡Buen chico…! creo que le dije.

No sé si follármelo, pero creo que podría tomarle cariño y hasta hacer amistad, con algo, que estuviera siempre pendiente de mí, atento a lo que quiero, que aprendiera de lo que enseño; que me ayudara a ir al baño si me cago y no puedo ir sólo; o que tuviese siempre una respuesta que me apañe… Algo así como una mezcla de «Alexa» y del barman imaginario de la película «El Resplandor». Por cierto, también de Stanley Kubrick.

Los japoneses han constatado que su tan tecnológica sociedad, ha empezado a tomarle cariño a los robots que les atienden. Se inclinan ceremoniosos ante ellos dándoles las gracias cuando reciben un servicio adecuado. Yo, espero no hacer jamás algo así, peeeero… Nunca se sabe, acordaos de las palmaditas en el salpicadero de mi coche.

…eeen fin.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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