Alma…

Historias de Paco Sanz ✍️

Alma, región luciente ¿quién te conoce? La palabra alma ha caído en desuso, suena a poesía, a viejo, a cerrado y sacristía. Incluso el espíritu ha perdido su aire de santidad. Decía Jung que la causa de muchas neurosis en la segunda mitad de la vida, pueden encontrarse en un debilitamiento de la naturaleza del alma como creadora de imágenes de contenido religioso. Ahora cunden mente, razón, consciencia, inteligencia… con palabras así creer en algo se ha vuelto casi una patología, son cosas de la cientifización del vocabulario.

Sin embargo, una vez más durante esta mañana de invierno, “bajo el sol viejo y ardiente. La luz ciega, muerde, aplana. El alma duerme… y consiente”. Y es que siento “Abajo el río, orla y música del paisaje/ para que el alma juegue, para que el alma viaje/ y sueñe tras los montes con las vegas y el mar”.

Marco Aurelio, el Emperador, decía que “se buscan retiros en el campo, en la costa y en el monte. Tú también sueles anhelar tales retiros… Pero todo ésto es de lo más vulgar, porque puedes en el momento que te apetezca retirarte en ti mismo. En ninguna parte se retira el hombre con mayor tranquilidad y con más calma que en su propia alma; sobre todo, aquél que posee en su interior bienes tales, que si se inclina hacia ellos de inmediato consigue una tranquilidad total…”

A veces para recordar que la tengo pienso en mi vida como un todo, busco su común denominador, me engolfo en él. Pienso, por ejemplo en los que ya no están conmigo, en los buenos ratos que compartí con ellos, en mi infancia. ¡Ah! ¡Los muertos! Los muertos que me amaron en mi infancia. Cuando los evoco, toda el alma se me enfría y me siento desterrado de unos corazones, solo en la noche de mí mismo, llorando como un mendigo el silencio cerrado de todas las puertas.

Una manera de volver a encontrarla es escuchando música, la música sabe elevar el alma por encima de sí misma, hace que se engrandezca ante su sujeto y crea una región donde, libre de toda ansiedad, puede refugiarse sin obstáculos en el puro sentimiento de sí misma. Otra manera de no cansarme de recordar que todavía la tengo -el alma- es ver cómo sigo queriendo a la gente que quiero. Decía Santa Teresa que el alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa.

Dicen que las noticias deprimen. Incluso hay psicólogos que recomiendan a los entristecidos que dejen de hacer por saber cómo va en realidad el mundo. También nosotros, los filósofos, tenemos ante todo necesidad de que se nos deje en paz con lo de «la actualidad…» Veneramos todo lo que es silencioso, frío, noble, todo lo que está pasado y lejano; en fin, todo lo que por su aspecto no obliga al alma a defenderse y a cerrarse, todo de lo que se puede hablar sin hablar fuerte.

Ahora disfrutamos de la tranquilidad mediante nuestras extensiones mecánicas, electrónicas. Horror que reconocemos en nuestras cosas, en nuestra bici, en nuestro coche, en nuestro equipo de cocina, en nuestro móvil, tras nuestras pantallas… ¡Ay!, pobre alma mía, ¿quién te conoce?

Historias de Paco Sanz ✍️

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7 comentarios en “Alma…

  1. El Alma es nuestra conexión al Universo, si siempre prescindimos de ella y de sus impulsos y causalidades, terminaremos por no poder reconocernos a nosotros mismos, pues sólo veremos la máscara que hemos creado para este teatrillo.

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