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MEMORIA HISTORIA

Historias de Paco Sanz ✍️

La historia siempre es contemporánea. Es un mal asunto recordar con ella, para recordar tenemos la memoria; es más humilde, es mejor. Ahora la memoria ha perdido esa virtud, ya no quiere recordar. Es el efecto Google: sabiendo dónde lo puedes encontrar no haces nada por recordarlo. Sabiendo que tienes la información a tu alcance limitas el esfuerzo por incorporarla a tus recuerdos. No vas a poder usarla para pensar, o decidir, nada.

El fin último de nuestra memoria no es recordar el pasado, sino usar los recuerdos para mejorar el presente y el futuro. De modo que no pretendamos su fidelidad; no la antepongamos a su utilidad. Nos estamos quedando sin futuro por dejar de modificar el pasado, y para modificarlo, debe formar parte de nuestros recuerdos. ¿Que cómo se pierde el pasado…? mediante la disociación: una especie de división horizontal de la vida mental; sabes que pasó una cosa pero prefieres creer que pasó otra. Luego la represión y la inhibición. La potenciación de un olvido activo, de una desconexión que se contagia a redes neuronales cada vez más amplias, y que están más o menos relacionadas con lo que uno no se complace en recordar.

La gente estamos siempre gritando que deseamos un futuro mejor. No es cierto. El futuro, es un vacío apático que a nadie le interesa lo más mínimo. El pasado está lleno de vida, le gusta irritarnos, provocarnos, insultarnos, nos tienta a destruirlo o recordarlo. El único motivo para que la gente desee adueñarse del futuro es para cambiar el pasado. La pericia requerida en el futuro no consistirá en recordar hechos, sino en evaluar de modo crítico una gran cantidad de datos, discernir la señal del ruido, sintetizar contextos, y emplear la síntesis para abordar problemas del mundo real… Los educadores deberían proponer a los cerebros adolescentes ese tipo de tareas, y entrenar su plasticidad para lo que va exigirles la era informática.

A mí no me gustan tanto los hechos como las palabras, no sé pensar sin ellas y a veces con sentir no basta, uno debe poder soñar. Y sólo hay sueño donde hay lenguaje para recordarlo… Hay un sueño para olvidar y otro para recordar. Con el sueño se suelen olvidar mejor las emociones que las informaciones. Excepto si las emociones son muy importantes. Porque el olvido ligado al sueño tiende a retener lo importante y a olvidar los detalles.

Estimulando transcranealmente las ondas lentas del sueño (0’75 Hz) el recuerdo de las palabras memorizadas antes de irse a dormir, mejora.

El azar y la inercia mueven el mundo, y particularmente al mundo vivo. Nos suponemos intención, porque ayuda a recordar y a hacer predicciones con la ficción de introducir sentido a lo vivo de nuestra vida.

Bebemos de las aguas de la fuente de Mnemosine para recordar, para saber quienes somos; la memoria se une así a la identidad… Y luego las bebemos del río Leteo si esperamos olvidar, reencarnarnos en otro; si aspiramos a dar tregua a nuestras preocupaciones; o si a volver a empezar…

Historias de Paco Sanz ✍️

VACACIONES

Historias de Paco Sanz ✍️

De la vacación de los grandes valores, nace el valor de las actuales vacaciones. No me han gustado nunca las vacaciones, ni siquiera cuando trabajaba; ahora menos. Y no sólo porque a todo el mundo nos da por ir de un lado a otro, sino porque perdemos de vista las relaciones enriquecedoras y nos dedicamos a estar lejos de casa por ver cosas nuevas, para ver si así, seguir siendo los de siempre nos duele menos. El turista quiere olvidarse temporalmente de su identidad, quiere descansar de ella. Por eso le resulta excitante en grado sumo tener aventuras en un país en el que no le conoce nadie.

“Las vacaciones son un conjunto de ocupaciones a las que puede entregarse un individuo para descansar, divertirse o desarrollar su personalidad, después de haberse librado de sus obligaciones profesionales, familiares o sociales”. Al menos según la Unesco en 1957. A mí lo que me gusta no es ir de vacaciones, sino veranear. El veraneo es otra cosa. Es cosa de viajeros, no de turistas. ¿Cuánto de lo que hacemos lo hacemos por hacerlo y cuánto para contarlo? ¿Cuánto de auténtico viaje hay en nuestra vida y cuánto de turismo?

Cuando los viajes empezaban a parecer curas y los viajeros peregrinos, los hospitales y los monasterios se separaron de los hostales. Más tarde aparecerían los hospicios, que acogerían a los peregrinos del último viaje. Ahora los turistas ocupan el lugar de los monjes en los centros de vacaciones, en los que los entretenedores, ejercen de maestros espirituales. Se degrada el uso de las cosas convirtiendo los santuarios en museos, los museos en tiendas, y las tiendas en grandes superficies comerciales. La peregrinación en viaje turístico. Cuando uno deja por fin su trabajo para ir no sé dónde, se da cuenta de cuánto tenía de terapia.

En pos de la auto-realización, los seres humanos hacemos turismo por todos lo rincones de la tierra, rompemos los mejores matrimonios, y entramos rápidamente en nuevas relaciones. Nos arrancamos a nosotros mismos de la tierra para averiguar si nuestras raíces está sanas.

Ahora nos vienen con coches eléctricos: el concepto clave no es “electromovilidad”, es menos movilidad. Con “turismo responsable”, pues no, menos turismo. Con “economía verde”, tampoco, se trata de contracción económica de urgencia. No es “desarrollo sostenible”, es decrecimiento.

Vamos de vacaciones, viajamos para ver cosas. Un optimista diría que abra los ojos y que vea lo muy bello que es el mundo en sus montes, plantas, animales, etc… Ciertamente esas cosas son bellas de ver; pero otra cosa completamente distinta es serlas. ¿Es que acaso es el mundo un caleidoscopio? Para los turistas haciéndose fotos, haciendo fotos de todo, se diría que sí. Es un poco como los padres fotografiadores:

–¡Uy, qué niño tan mono!

–¡Pues si lo viera usted en foto!

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LA PEDIDA…

Estoy más nervioso que cuando mi primera comunión. De verdad. Mañana traes a mi yerno para presentármelo. ¡Qué graciosa…! ¡Qué graciosos los dos…! Te quiero 💕 Antes, lo llamábamos ‘La Pedida…’

Él es muy joven y tú eres muy muy joven; nada nuevo bajo el sol. ¡Qué envidia empezar de nuevo el Mundo…! Peeero, a ver qué digo yo mañana.

¡Ufff, que nervios…!

No me puedo poner muy trascendente porque es la primera vez que veo al chico, y no vaya a ser que se me asuste o me tome por un pesado. Por otro lado, tú, no me has dicho ni mucho ni gran cosa del zagal: que es muy trabajador, eso sí; y que te trata como a una reina.

Y no está mal, y no es poco…

…Y la verdad, que el resto son zarandajas o pajas mentales que yo me hago, porque las últimas palabras de mi madre, fueron: «la cuestión, es que vosotros estéis bien…» Y es un tópico, típico, o lo parece, o una frase hecha, pero en el fondo es lo único importante. Hacer feliz al otro: procurar que el otro sea feliz… La felicidad, o mejor dicho, los pocos y efímeros momentos de felicidad auténtica de los que a veces podamos disfrutar, nunca lo serán si no son compartidos… No hay felicidades solitarias salvo la masturbación, escribir, contar dinero, y poco más.

Yo solo querría decirle a Romeo que ya que se lleva del brazo una señorita tan bien amueblada, corresponda, portándose siempre como un caballero… O le parto una pierna.

Bueno, eso último no. 🤣😂

Es broooma.

Tu padre… 💕

LO SENCILLO

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Pretendo elogiar la sencillez porque a la sencillez vamos, me alegran el alma las cosas sencillas, como el hogar, como el fuego del hogar, allí: “Encendido en palabras puras/ el fuego conversa conmigo./ Como un abuelo labrador,/ de cenizas encanecido,/ llamea en su boca barbada/ un consejo de campesino./ Y tiene sencillez de campo,/ sencillez de ropa de lino,/ sencillez de pan de centeno,/ sencillez de ataúd de pino./ Un poco de cielo desciende/ al humoso ademán tranquilo”.

Vamos hacia una sencillez de vida, no del sentido de la vida. No me gusta la pobreza, y menos cuando empieza a parecerse a la miseria; cuando el hambre es de pan, no tiene maldita la gracia. Tenemos que aprender a vivir sencillamente para que los demás, sencillamente, puedan vivir. Mejor encontrar sentido a verlo así. La simple vida no debería preferirse a las razones para vivir, sencillamente porque nada garantiza que en la vida hallemos razones suficientes para exigir que dure.

Si desconfío de la bondad, de la ambición o la codicia, todavía desconfío más de los que vienen con milongas de que es mejor vivir más sencillamente. Los llamamientos a una «vida sencilla» realizados sin desafiar la producción y las relaciones sociales capitalistas, significan potencialmente salarios más bajos, consumir menos y una mayor explotación laboral, pudiendo acelerar de este modo tanto la acumulación capitalista como la degradación ecológica. La injusticia, a muchos niveles.

Soy un pensador, es decir, me dedico a tomar las cosas por más sencillas de lo que son. “Mis gustos son sencillísimos: siempre estoy satisfecho con lo mejor”. Sarcasm is the lowest form of wit, but the highest form of intelligence. Por cortesía hay que expresarse con claridad. La claridad es la cortesía del filósofo. Con el paso del tiempo uno aspira a lograr no la sencillez, que no es nada, sino una humilde y secreta complejidad.

Einstein matizaba diciendo que había que explicar las cosas tan sencillamente como pudiera, pero no más. Einstein era partidario de un ideal de vida que él llamaba “el ideal de la pocilga”, de una existencia caracterizada por la sencillez, la modestia y la frugalidad; movida por el conocimiento de que nuestro hacer se apoya siempre en el trabajo de otros, respetuosa de las tradiciones y orientado hacia la belleza, es decir, hacia la bondad y la verdad.

“Toda situación difícil tiene una solución sencilla… y equivocada”. ¿Qué es un discurso cuyas características principales son la sencillez, la rapidez y la distracción-emoción? La respuesta aparece muy clara: un discurso infantilizante.

Renunciaremos a la tontería del lujo, la renuncia no quita, la renuncia da. Da la fuerza inagotable de lo sencillo. Su fórmula espacial es la profundidad de la distancia. Como San Francisco, que en la desnuda y despojada sencillez de su vida, no quiso desprenderse de su único jirón de lujo: las buenas maneras de su excelente educación.

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ENFERMEDADES MENTALES

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En los países ricos cada vez se curan mejor todas las enfermedades excepto las mentales. Además, han proliferado. Afectan a más gente y más pronto. Las hay incluso en las aulas infantiles. Lo de darles Ritalin a los que no atienden porque no pueden quedarse quietos es algo que sigue escandalizándonos a todos. Hay incluso medicamentos para las enfermedades mentales de los agonizantes. Cuesta no ser mal pensado a este respecto.

Uno de los libros más vendidos en EEUU era el de la DSM, el manual de diagnóstico y estadísticas de los desórdenes mentales. ¿Cómo es que se vende tanto este tocho de casi mil páginas? una vez le pregunté a un entendido. «El quid de la cuestión es que el sector farmacéutico ha estado comprando el DSM en grandes cantidades, para distribuir luego gratuitamente los ejemplares entre los profesionales clínicos de todo el país—me dijo—. Por eso se han disparado las ventas». En su opinión, la motivación de la industria era evidente: «Dado que el DSM abarca casi cualquier tipo de sufrimiento, su difusión es un buen negocio: aumenta las tasas de diagnóstico, y con ellas, las recetas…»

Ahora que los locos están desapareciendo los enfermos mentales son multitud. Supongo que cada vez hay menos locos porque cada vez vivimos, nos sentimos, más solos. Porque a ver, ¿cómo sabe uno que está loco…? Eso nunca se sabe; depende de cuánta gente cree que lo estás. También pudiera ser que las enfermedades mentales ni fueran enfermedades ni fueran mentales, pero cualquiera lo dice en voz alta.

Decía Robert Musil hace mucho tiempo que «la diferencia entre una persona normal y una que está loca es que la normal tiene todas las enfermedades mentales, mientras que la loca tiene solo una». Ahora, ni los investigadores controlan lo que investigan, ni los ingenieros creen que se pueda aplicar al mercado lo que se acaba aplicando, ni los médicos son capaces de recetar con suficiente criterio… La manera más fácil de volvernos a todos locos es aumentar el diagnóstico de enfermedades mentales, y para conseguir que todos estemos enfermos, no hay nada como hacer que nos estemos haciendo constantemente revisiones y chequeos.

Si se permite tratar químicamente a enfermedades que se han diagnosticado como alteraciones químicas del cuerpo o del cerebro, estamos haciendo una especie de profecía autocumplida. Ahora ya no hay duda: nuestro cuerpo, nuestro cerebro, tienen un desequilibrio químico…

Desengancharse de las drogas o de los medicamentos precisa nuevos tratamientos, aparecen nuevas enfermedades, nuevos síndromes de abstinencia. Necesitaremos nuevos fármacos para curarlos. La promoción farmacéutica, los anuncios de medicamentos, son parte de las tendencias autodestructivas de la sociedad. La promoción comercial de coches, dispositivos, servicios… son también otras formas que tenemos de acabar de una vez con nosotros. Con todo lo que signifique nosotros.

Paranoicos con el fuego. Obsesivos con la tierra. Esquizofrénicos con el agua. Histéricos con el viento. Las enfermedades mentales derivan de que renunciamos a gran parte de nuestra seguridad, en beneficio de un reino de libertad sin protección; y no estamos acostumbrados.

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NO SABER…

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Atrévete a no saber… Los que andan mirando el móvil siempre, supongo que pasan de ese viejo precepto religioso. Sapere ne aude, ese latinajo de Tertuliano yo siempre lo entendí como saber no atreverse, aunque por lo visto quiere decir atreverse a no saber. Paso por las imágenes de las noticias con estas dos ideas cruzándose en mi cabeza: no quiero saber qué pasa y no me atrevo a no saberlo.

Es que mis ojos se van donde no quiero, como en las tiendas, como en los museos. Los eye-tracker de los museos, revelan que los ojos de los visitantes van más a las caras de las víctimas que a las de los verdugos, a las imágenes que a los textos, a las imágenes en movimiento más
que a las fijas. Y que si los ojos saben de algo pasan del texto, pero si no lo saben van a buscarlo. La imagen debería ser así, más capaz de concitar buenas preguntas que de dar una respuesta cualquiera al que preferiría no saber más del tema… Pero no siempre lo hace.

A veces lamentamos el no saber ya lo que significa el temor religioso. ¡Si al menos pudiéramos hacer renacer en nosotros el estremecimiento ante lo desconocido, el pánico ante lo indescifrable..! Otras, es mejor no saber lo tontos que podemos llegar a ser… Es el efecto Dumming-Kruger: establece que cuanto más incompetente es una persona menos cuenta se da de ello. No saber efectuar una tarea de forma correcta (trátese de inferencias lógicas, multitarea o planificación laboral) incrementa a la vez las posibilidades de que se ignore la propia incapacidad.

Por ello, hay que ser prudentes en ésto del saber, sobre todo en situaciones amorosas. Se pierde, conociendo demasiado bien a los amigos y a los amantes, lo mejor de la vida… Además del palo de tener que descubrir por este sistema quien es tu amigo y quién no lo es… El mero hecho de conocer mejor a alguien no presagia -al igual que conocer su estado de salud- nada bueno.

A mi amor me aplico activamente a desconocerla, su presencia a mi lado es todo un regalo, pienso que todo su exquisito es una dádiva del azar, y lo mejor de la vida es siempre gratuito. ¿Acaso no es el amor un no saber dónde empieza la locura, beber juntos la copa del cada día, hacer de la costumbre una aventura…?

Cada año el número de conocimientos se multiplica, cada vez disponemos de más cosas que ignorar. Si entendemos como ignorancia el no saber de las cosas que nos afectan, entonces cada vez somos más ignorantes. Se está haciendo real aquella broma de Nietzsche acerca del porvenir de nuestros establecimientos de enseñanza. Pensaba, que en el futuro las universidades existirían para restablecer la antigua ignorancia: la curiosidad elemental que convierte a los niños en metafísicos.

A la barbarie del especialismo, hay que oponer ahora la audacia de los aficionados. Con ésto, la tontuna del amateurismo nos hará ignorantes al cubo. Opondremos fecúndamente al no saber de qué va la cosa, el no saber que vaya de cosa alguna. Pensaremos que lo simple es falso y lo complejo inutilizable. Y nos quedaremos tan panchos, tan contentos no sabiendo; sin dudas, como los creyentes.

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Y dale con el pasado…

Historias de Paco Sanz ✍️

Me fastidia tanto que me vengan con otro pasado y que pretendan imponerme una historia como verdadera, como que cambien el lenguaje con el que pienso y con el que me comunico. Creo que es tan utilizado para manipularnos lo uno como lo otro. Detesto el papanatismo de la corrección política tanto, como que me digan que es mejor decir tablet que tableta… Si digo las cosas como quieren, acabaré haciendo lo que me digan. Quieren hacerme creer que las cosas fueron como ellos dicen, del mismo modo que quieren decirme que hay que decir las cosas de otra manera. Para ver qué sacan, para ver cómo pueden sacar algo más de mí. No les quiero nada. Además, no les admiro en absoluto.

Soy lo que soy, lo que recuerdo, lo que puedo contar; no me fío de la historia que me cuentan, prefiero la que me cuento yo. No sólo la historia es contemporánea, todo el pasado también lo es. Especialmente el mío.

Existe un ser verdadero y un ser falso en cada uno de nosotros. La diferencia se percibe si pretenden quitarte el pasado en que te reconoces. Cuando te han desprovisto de algo tan completamente que no sabes qué es, si no puedes recordar siquiera qué es lo que te falta pero sabes que te falta algo, entonces la diferencia no puedes pillarla. A menos que te montes un pasado de encargo, y así, el ser falso que hay en tí no te haga hacer tanto el tonto… Hay algo de lógica en la actitud implícita de que “el medio me debe algo” que adopta el psicópata, el delincuente, y el niño antisocial.

La paradoja más profunda de la memoria: El pasado es “contemporáneo” del presente que ha sido.

Si el pasado tuviera que aguardar a no ser ya, y si ahora y desde ya no fuera “pasado”, nunca podría llegar a ser lo que es, nunca sería ese pasado… Si no se constituyera inmediatamente, no podría ser reconstruido después a partir de un presente ulterior. Nunca el pasado se reconstruiría si no coexistiese con el presente cuyo pasado, es.

Tomamos consciencia de un acto sui generis por el que nos distanciamos del presente, para situarnos primeramente en un pasado general y después en una determinada región del pasado: una operación de tanteo análoga a la puesta a punto de un revelado fotográfico. Cuando nuestro recuerdo permanece todavía en estado virtual; de este modo, nos disponemos simplemente a recibirlo adoptando una actitud adecuada. Poco a poco, aparece como una nebulosidad, que se condensa y pasa del estado virtual al real en el papel fotográfico.

Las tres dimensiones de la existencia traducidas temporalmente son: Pasado (consideración), presente (atención) y futuro (intención). La gente siempre estamos gritando que queremos un futuro mejor. Pero no es cierto. El futuro es un vacío apático que a nadie le interesa lo más mínimo. El pasado está lleno de vida, le gusta irritarnos, provocarnos, insultarnos, nos tienta a destruirlo o recordarlo. El único motivo para que la gente desee adueñarse del futuro es para cambiar el pasado. Anda que si fuera por eso porque me he quedado sin futuro, por lo que cada vez recuerde más vívidamente cosas del pasado y peor las que acaban de suceder.

¡Ehhh…! Que tan viejo no me siento… Así, que mejor que no me vengan con otro pasado ni con otro modo de decir las cosas; plis, darlin.

Historias de Paco Sanz ✍️

METAVERSO Y METAFÍSICA

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Lo del Metaverso es como lo de Avatar, lo de Matrix, un lugar al lado, en el que en cierto modo ya estamos, y siguen llegando. Los metafísicos sabemos que hay, que ha habido siempre mundos al lado. Algo así como los números imaginarios poniendo en ridículo a los reales, y como si con los irracionales no hubiéramos tenido ya bastante. En matemáticas, como en metafísica, el esfuerzo de invención consiste en suscitar el problema, en crear los términos en los que se planteará.

Planteamiento y solución de problemas están muy cerca de ser equivalentes: los verdaderos grandes problemas sólo son planteados realmente cuando son resueltos. Marx diría que la humanidad sólo se plantea los problemas que es capaz de resolver. Y Gates, que los ordenadores resuelven problemas que ellos mismos han planteado. No sólo hay respuestas acertadas y equivocadas, los problemas reales e imaginarios las han precedido.

¿Hijo mío, has hecho hoy alguna buena pregunta en el cole…?

Los falsos problemas son de dos tipos: “problemas inexistentes” que se definen por el hecho de que sus términos implican una confusión del más y del menos; y “problemas mal planteados” que se definen por el hecho de que sus términos están mal analizados. El error más general del pensamiento, de la ciencia y de la metafísica, es el concebirlo todo en términos de más o menos, el ver sólo diferencias de grado o intensidad, allí donde más profundamente hay diferencias de naturaleza.

“Sería conveniente reflexionar sobre qué se quiere decir en realidad cuando se observa que la teología, la filosofía y la metafísica han llegado a un final; ciertamente, no que Dios ha muerto, algo sobre lo que se puede saber tan poco como de su existencia, sino que la manera en que Dios ha sido pensado durante milenios ya no es convincente; si algo ha muerto, sólo puede ser el pensamiento tradicional de Dios. Y algo similar ocurre con el fin de la filosofía y la metafísica, no es que las viejas cuestiones que acompañan al hombre desde su aparición sobre la tierra hayan devenido “carentes de significado”, sino que el modo en que fueron formuladas y resueltas ha perdido su validez…” Arendt lo dijo.

La cuestión no es si además de a las redes de ahora, nos vamos a acabar también conectando a las de las de las criptomonedas o a las de los metaversos, o… La cuestión de enchufarse o no a estas máquinas de experiencias deviene de dos preguntas emparentadas: una epistemológica (¿como saber si no estamos ya enchufados…?) y una metafísica (¿las experiencias de la máquina quizá no constituyan un mundo real…?) La pregunta no es si enchufarse es preferible a otras posibilidades sombrías de vida, sino si enchufarse, constituiría la mejor vida o la mejor vida al menos accesible, porque todo lo que importa de una vida es cómo se siente desde dentro. ¡La entelequia! Situación, lugar que solo existe en la imaginación.

Si nuestra conexión a las redes aumenta, y se concita así la noche mundial del olvido del ser… ¿Estaría uno autorizado todavía a seguir mirando los últimos resplandores del sol que se ha puesto, o podría volverse y empezar a escudriñar los primeros atisbos de su retorno…?

Bueno… ¡Qué basura metafísica mis propósitos todos!

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DESIERTOS

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Están todos sentados de cara al sol, mirando el móvil. Retirados a la paz de un desierto de bolsillo. El desierto crece, ¡ay de aquél que en sí albergue desiertos! Dejamos la celda y el convento, volvemos a la madriguera y al desierto. ¡Vivir en una ciudad de no sé cuántos miles de habitantes, y pensar como si viviera uno en una gruta del desierto!

El desierto es lo bastante hostil y penoso como para incitar a los individuos a un permanente compromiso con el combate, y es lo bastante desolado e inhumano como para acabar con toda efusión de lo efímero. Como lugar al borde del mundo habitable, puede hospedar las paradójicas emociones de aquéllos, que en el mundo no desean ningún otro status salvo el de desaparecidos.

El desierto, no es más que otro nombre para la sombra del mundo en la que se encuentran los hombres, desde que no quieren interpretar ni transformar el mundo sino solo abandonarlo. Vuelve mi caprichosa memoria a las famosas líneas de Tácito: Ubi solitudinem faciunt, pacem apellant: «hacen un desierto, y lo llaman paz”. En el desierto se dice: más vale estar sentado que de pie, más vale estar tumbado que sentado, dormido que tumbado, y muerto que dormido. La paz perpetua.

Esos chicos que he visto esta mañana de invierno, el domingo al sol mirando el móvil, vienen de fuera. La ausencia de domicilio y la existencia en peregrinación, crean espacios excéntricos para la huida de tal manera que aquél que abandona la casa, el peregrino, el extranjero del mundo, lleva constantemente con él su propio desierto, su ermita, su coartada, su excusa… Una estancia, la permanencia sobre el lugar de los hechos, es imposible para esos marginados señalados. Cuando uno tiene permanentemente un espacio de huida alrededor ya no le es necesario huir psíquicamente. La literatura edificante, cuando transformó los pesados volúmenes y códices en pequeños libros, permitió al lector llevar siempre con él su huída a un lugar desierto de bolsillo. Quinientos años más tarde el móvil es un no-lugar, nuestro desierto personalizado.

Para los clásicos, el desierto es el lugar de recogimiento de los profetas, de donde vuelven con su carga de visiones y llenos de energía para sus intemperancias, y consuelan a sus acólitos haciéndoles ver que las celdas proporcionan las mismas ventajas que el desierto a los profetas: «Hoc praestat carces Christiano, quod eremis prophetis…» En el desierto no hay nadie, luego uno mismo desaparece, descansa.

Es un lugar sin sí-mismo. Como las paradigmáticas regiones de la tierra no habitadas por seres humanos: los desiertos blancos (mundo polar), los grises (altas montañas), los verdes (selvas vírgenes), los amarillos (desiertos de arena) y los desiertos azules (océanos)… O todos los lugares de tránsito en los que se juntan seres humanos sin querer o sin poder ligar su identidad a la localidad, a veces concurridos a veces despoblados: estaciones, puertos, aeropuertos, autopistas, calles, plazas y centros comerciales, ciudades turísticas o albergues nocturnos.

¡Cuantos problemas para instalarse en el desierto…! Más espabilados que los primeros ermitaños, nosotros hemos aprendido a buscarlo en nosotros mismos. ¿Hasta dónde podemos caminar con el espíritu de la ciencia sin ir a parar a algún desierto…? La curiosidad científica al principio, es indudablemente refrescante, vivificante y liberadora. Pero las verdades a las que nos hemos acostumbrado carecen de alegría.

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rosa y espina

Recuerdo aquella anécdota al poco de enamorarme de tu madre, cuando, para hacerme un poco el chulico y no perderla mucho de vista, me dio por pegarme el farol de ir a hacer pilates con ella día sí y día no.

…eeen fin. Cosas del amor.

Sonaba de fondo sugerente Lorena Mackinnet, sería mi segunda o tercera clase, y aquella noche hacía frío aunque yo sudaba como un panadero en agosto con la novedad aquella del pilates… Ahí estaba yo, tirado en el suelo con las piernas en lo alto, e intentando que no me entraran los tembleques de la muerte de tanto que me dolían no sé qué músculos que se ve que tengo en la barriga.

¡De repente, un apagón de luz nos pilló a todos a medio ejercicio…! Se produjo un silencio de extrañeza en completa oscuridad, que luego como que se fue acostumbrando a la penumbra, a la medialuz… Y fue en ese momento y con una voz como que de ángel, cuando una alumna no recuerdo cuál le dijo, le pidió, le rogó a tu madre aquéllo tan bonito y que me resultó tan atractivo, de ‘…no te preocupes por la música Manuela. Tú, sólo sigue hablándonos…’ Estábamos a oscuras.

La voz de tu madre es curativa.

A Billie Holiday le preguntaron una vez a traición porque estaba borracha como una cuba, que qué opinaba de ésas letras tan moñas de la mayoría de las canciones de su repertorio… Y tuvo la osadía de responder aquéllo de «fuck the song, I play…» de cantar nada, yo toco… Casi nadie la entendió.

He estado escuchándote a tí y a tu canción y solo de lo bello vive realmente el hombre… Cuando alguien canta algo así de bien como tú lo cantas o la Holiday lo tocaba, da igual lo que digas o lo que cuentes, lo que toques o lo que cantes: siempre será bello.

¡Felicidades por tu canción! Carla.

Pulsa el enlace para escuchar 👇👇👇

rosa y espina 🎶🎵🎶

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA «INFO» CANSA.

Historias de Paco Sanz

Lo “info” cansa. La infoxicación de la infodemia me tiene harto. La primera función de la información que siembran los media, y la razón última de la recolección que llevan a cabo en nosotros, es la de controlarnos. ¿Cómo se consigue una celda de Matrix en una celda de monje? Mediante la tecnología, claro. El papel de la disuasión nuclear durante la Guerra Fría, lo han retomado hoy las nano-bio-info-cogno tecnologías. Si Cogno puede saberlo, Nano puede construirlo, Bio puede mejorarlo, e Info controlarlo. La esperanza que sale del fondo de la caja de Pandora de la tecnología, es un verdadero monstruo.

Atreverse a no saber ¡Qué logro! Hoy estamos todos apestados por la infobasura que los expertos no se preocupan nunca en recoger. Los expertos, ésa gente que no necesita pensar porque “ya sabe”. Averiguan lo que queremos saber y nos lo ofrecen. Votamos por lo que queremos oír y nos lo dicen. Como dicen que ser demócrata es bueno, pensamos que no está mal que la verdad se decida por mayoría de votos… ¡Dios, qué olor a almacén!

A la barbarie del especialismo, hay que oponer hoy la audacia de los aficionados. Con ésto, la barbarie del amateurismo nos hará tontos dos veces. Opondremos fecundamente al no saber de qué va la cosa, el no saber que vaya de cosa alguna. Lo simple es falso y lo complejo inutilizable. Una de las mayores pasiones de los hombres es la pasión de no saber -reprimir o mistificar- lo obvio. Así, hay una especie de conspiración, entre personas que desean no saber y que quieren permanecer estúpidas, y entre expertos que les mentirán y harán profesión de idiotizarlos.

Los que me conocen saben que no quiero saber nada de sus secretos. Que si ellos no saben guardar un secreto yo tampoco. Así que mejor que no me los digan. En cuanto a los míos, si me dejan, no van a tener otro remedio que oírlos.

A veces lamentamos no saber ya lo que significa el temor religioso. ¡Si al menos pudiéramos hacer renacer en nosotros el estremecimiento ante lo desconocido, el pánico ante lo indescifrable! Para recuperarlo, lo mejor es estudiar la mecánica cuántica, la evertiana, o la de los universos paralelos en particular. Que el colapso de la función de onda, la decoherencia y la no localidad, sean con nosotros. Amén.

Cada década el número de conocimientos se multiplica, los individuos cada vez disponemos de mayor información. Sin embargo, si entendemos como ignorancia el no saber de las cosas que nos afectan, entonces cada vez somos más ignorantes. Mejor no saber tantas cosas, me repetían mis padres cuando se dieron cuenta de que me iba a quedar para siempre estudiando.

En los sucesos me porto virilmente, pero en su preparación con puerilidad. El horror de la caída me duele más que el golpe. Me gusta no saber exactamente lo que tengo para sentir menos mis pérdidas. Espero siempre lo peor, y procuro llevar lo peor con placidez y paciencia. Ante un peligro, no pienso en cómo escaparé sino en lo poco que me importa escapar; aunque si en él pereciese, ¿qué más daría?

La voluntad del no saber, entendida no como antítesis de la voluntad de saber, sino como su expresión más refinada… Vuelvo a la tierra cada vez que levanto los ojos, y te veo a ti, que “casi anónima sonríes/ y el sol dora tu cabello./ ¿Porqué, para ser feliz,/ hace falta no saberlo…?”

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ENVEJECER. MORIRSE.

Historias de Paco Sanz

No sabemos vivir mucho más tiempo que el de ir envejeciendo. Es más: el que no acierte a morir joven casi seguro acabará siendo un viejo. Para evitarlo, vive deprisa y muere joven. Sería bueno tomar de los griegos su juicio sobre la vejez: detestaban el envejecimiento más que la muerte, y preferían morir cuando cuando sentían que empezaban a volverse tan razonables y tan viejos, como para haber perdido toda esperanza y toda paciencia.

Les he repetido a mis viejos pacientes, que si quieres envejecer sano envejece temprano. Ahora que el viejo soy yo no lo tengo tan claro. Sigue sin gustarme hacerme el joven a cierta edad, pero lo de adelantar el envejecimiento para vivir más me parece poco deportivo… Creo que es más importante luchar contra el envejecimiento que contra la muerte. Un maltrecho y caduco soldado de la guardia de César, interpeló a éste en la calle pidiéndole licencia para hacerse matar. Y César, viendo el aspecto decrépito del hombre díjole con algo de zumba: “Pero ¿piensas estar vivo?”

”Envejecer, morir, eran tan sólo las dimensiones del teatro./ Pero ha pasado el tiempo/ y la verdad desagradable asoma:/ Envejecer, morir/ es el único argumento de la obra” dijo Jaime Gil de Biedma.

Cuando le invitaban a seguir escribiendo más poesía -con una inolvidable mirada al personal en la que pese a la fatiga, el odio al tópico y una nerviosa insolencia, trataba sin embargo de mantener el decoro- comentó más allá del bien y del mal: “Es que, sabes, para mí es ya como si hiciera los deberes del colegio”. Poco después se suicidaría… Seguramente pensaba como un poeta de otros tiempos, que “… aquella libertad esclarecida,/ que en donde supo hallar honrada muerte,/ no quiso tener más larga vida./ Y pródiga de l’alma, nación fuerte,/ contaba por afrenta de los años/ envejecer en brazos de la suerte”.

Los científicos que persiguen extender los límites de la vida humana se preguntan ¿a cuál de las dos estrategias debemos destinar los recursos científicos y económicos en investigación: a frenar el envejecimiento o a luchar contra las enfermedades? En otras palabras ¿fallecemos la mayoría de nosotros porque envejecemos o porque enfermamos? Desde un punto de vista convencional nadie se muere de viejo.
La convención que designa las causas médicas de la muerte, es, que la causa es aquello sobre lo cual podemos influir si nos fijamos como objetivo luchar contra la enfermedad o la muerte. La CIE (Clasificación Internacional de las Enfermedades) decidió suprimir la vejez de la lista de causas de defunción en 1948.

Un servidor siempre se ha quedado a punto de cumplir veintitrés años. Antes de hacerlo todavía me esforzaba. Era ya oficial del ejército, licenciado en medicina, y podía patronear legalmente un barco muy lejos de la costa. Sin habérmelo propuesto me doy cuenta de que en cierto modo siempre me he quedado a punto de cumplir veintitrés. Así de simple he sido, sigo siendo. Cuanto más simple sea el organismo, más difícil será aplicarle las definiciones de envejecimiento y de muerte. En el caso de priones y virus incluso es difícil decidir si viven o no.

Hace tiempo que cuando llego a una puerta al mismo tiempo que una jovencita, ella pretende que pase yo primero, incluso me da las gracias cuando la dejo pasar. Debería cambiar de aspecto. El hombre que quiera saber cómo ha cambiado cuando empieza a envejecer, puede consultar en los ojos de una mujer joven a quien se acerque y en el tono en que ella le hable: así aprenderá lo que teme saber… Dura escuela.

Como Valéry, no he retenido lo mejor ni lo peor de las cosas: queda lo que ha podido quedar. Esta aritmética me ahorra el asombro de envejecer. Deberíamos estar agradecidos a la lentitud del proceso de envejecimiento, gracias a la cual podemos olvidar que estamos terminando nuestro paseo por este mundo. “En un día soleado, han salido a dar un paseo… luego los alcanzaremos nosotros”. Escribe el poeta Rickert en las “Canciones para los niños muertos” inmortalizadas luego por Mahler.

Historias de Paco Sanz

EL TOCADISCOS

a María José Gascón.

Gracias a mi cuasi hermana María José, recuerdo como si fuese ahora, la primera vez que dispuse de un tocadiscos… Se lo había regalado su padre hacía poco y lo trajo a mi casa. Teníamos quince o dieciséis años, y solo tres cuatro o cinco discos: Kaya de Bob Marley, Luna de Víctor Manuel, otro no sé cuál del Dúo Dinámico, y algunos otros petardos musicales que tampoco recuerdo.

Era un pic-up de aquéllos. Amarillo, flamante, y del tamaño y forma de una maleta; con un altavoz incorporado, que lo convertía en aquella época en la leche, lo más, para organizar saraos y montar guateques. Lo enchufabas, ponías el disco, y listo: sonido en mono, ni siquiera estéreo; pero era una maravilla ya que ellas movían el culo y yo también… El primer disco que puse en un plato de música, tengo el honor, de que fue el Kaya de Bob Marley: una pasada que diríamos hoy. Empecé bien. Salvo la música de la banda de mi pueblo, la de alguna verbena, o la que se emitía por la radio y la televisión de aquella época, yo no había oído nada igual salvo en el cine. Nunca había oído música con precisión.

Me he criado mirando como un dibujante y escuchando como un melómano. Y he visto en directo a grupos nacionales como Tequila, Leño, Baqueta, Asfalto o Medina Azahara; y un poco a mi pesar hasta a Mecano y a los Héroes del Silencio… Y he asistido a conciertos tan impresionantes como los de los legendarios AC/DC, Queen, Supertramp o Dire Straits. También fui a ver a Police, a la Creedence, a Eric Clapton, o a U2. Aunque también se me han escapado muchos otros: los Rolling, Status Quo, Ramones, Guns and Roses.

He ido a conciertos de Stan Getz y Manhattan Transfer; a escuchar pianos como los de Oscar Peterson y Tete Montoliu; a recitales eclécticos como aquél de Van Morrison en Barcelona, y uno legendario al que asistí de Jorge Drexler en Elche. O a otro directo brutal de Bill Evans que tuve la suerte de ver en Sant Feliu de Gíxols. Tampoco nunca podré olvidar a Sabina ni a BB King en la plaza de toros de Alicante.

La música de hoy así nos va… Entre raperos, perreros, flamenquines, cantautorillos, televitontos y famosetes, los mafiosos de la industria han hecho de nuestro panorama musical un erial aburrido, solo apto para mañacos musicales. Vale que no se vean por ahí pianistas de jazz ni virtuosos del violín; vale, pero tampoco se ven guitarristas, compositores, bateristas con alma y mérito musical. En mi época nos interesábamos por quién era el bajo, el guitarra y el batería, y de quién eran los arreglos; de si éstos eran realmente buenos musicalmente o si solo eran marchosos; de si la música que oíamos era fruto solo de la industria, o lo era del mérito musical. Y es que la música tiene mucho mérito; es la carrera con estudios más largos; más que la medicina, las ingenierías o el derecho.

«Es música de maricones…» El jazz. Recuerdo que al principio esa frase retumbó en mi mente, hasta que empezó a sudármela. Cuando había que pagar por la música, a veces, lo alucinante de uno solo de aquellos temas, hacía merecer el gasto del disco entero… Al principio yo tampoco entendía el jazz, aunque, extrañamente ya que nunca he tenido formación musical alguna, sí apreciaba el mérito musical de los que interpretaban esa música. Sólo tengo oído. Era una música difícil cuando se ponía profunda; como deben de ser las cosas.

a María José Gascón.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

TORTILLAS EN CALDO

a Jesús De La Llave.

El otro día hice por vez primera, y no sé porqué, este guiso que hoy llamaríamos vegano; y colgué de él una foto en el güasap. Recuerdo de niño cuánto detestaba esa comida; era una de aquéllas que yo calificaba sin duda como comida de viejas. También recuerdo cuando años después, harto de comida de rancho, volvía de la mili a mi casa y le decía a mi madre aquello de: «mamá, por favor, hazme aunque sea unas tortillicas en caldo…»

Pues resulta que un amigo entrañable de aquella misma mili, me ha pedido que le pase esta humilde receta, y que se la pase por güasap. Voy a ver si lo consigo.

¡Qué cosas…!

Es ésta una de esas raras y valiosísimas recetas en peligro de extinción, de lo que yo llamo la cocina del hambre de mi tierra... De aquellos tiempos en los que había que cocinar con casi nada o casi con cualquier cosa. Tenías que tener sobre todo hambre, algo de aceite, una patata para espesar el guiso, una cebolla y un tomate. Y luego, igual daba si tenías un puñado de judías o de guisantes, un par de champiñones o de alcachofas, zanahorias o pimientos; casi cualquier verdura que tuvieras a mano valía… Y para las tortillas solo había que tener pan duro y un huevo, un diente de ajo, sal, y si tenías, perejil.

Y espera, que se me olvidaba el consabido aunque imprescindible ingrediente del cariño. Porque mucho cariño había que ponerle a los trajines de ese guiso, si querías sacar algo sabroso de ingredientes tan parcos.

Como otras muchas en cocina, esta receta hay que empezarla pochando mucho y con criterio una cebolla picada fina; luego hay que añadir el tomate rallado, y a fuego muy lento, reducirlo todo casi a seco. Es lo único que se sofríe… El resto de las verduras solo hay que cortarlas de forma que queden trozos lo suficientemente grandes, para que quepan en boca y así, poder apreciar los detalles de cada una de ellas adecuadamente. Luego las añadimos al sofrito y las rehogamos apenas, sin maltratarlas, con cuidado de no romperlas… Un poco de vino blanco, otro poco de agua, y lo dejamos todo a fuego muy muy lento, cociéndose.

Y ahora viene cuando la peinan…

Es el momento de hacer las tortillas, que no son otra cosa que simples albóndigas, hechas solo con miga de pan duro ablandada con un poco de caldo de las verduras y un huevo crudo, y sazonadas solo con sal y ajo y perejil muy picado… Hay que amasarlo todo con mucho cuidado, muy suavemente, sin aplastar, de forma que nos quede una masa amable y esponjosa con la que hacer a mano las tortillas. Después solo hay que sofreírlas para que cuajen y no pierdan la forma. Y una vez sólo sofritas, hay que añadirlas con mimo al guiso de las verduras con el fin de que cual esponjas se empapen de los sabores cocinándose poco a poco.

El punto justo del guiso es, cuando tienes el caldo espesado por la fécula que suelta la patata al cocerla, y a la vez, puedes apreciar en boca el sabor y la textura de las verduras sin que se te hayan pasado por un exceso de cocción. Ése, es el momento en el que se añaden especias o hierbas aromáticas al gusto, y listo.

A estas alturas ya os habréis dado cuenta de que no he hablado ni de tiempos ni de cantidades, mi madre siempre dice que eso de medir es cosa de reposteros… Que en cocina lo que sirve es el instinto; que la misma comida te dice todo lo que necesita; y que la receta siempre depende de lo que tengas y de cómo hayas tenido, ése día para cocinar.

La cocina depende del tiempo que tengas, de los ingredientes que hayan, de la mucha o poca hambre de los comensales; de los fogones con que tienes que guisar; de si hace frío o calor o de si estamos o no de humor; de si es fiesta o no.

Y ya está. ¡A la orden mi sargento…!

Que aproveche.

Gracias por leerme 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

MI HISTORIA CON PACO SANZ

Sabes que has encontrado algo gordo, importante, solo echando un primer vistazo a sus párrafos. Nunca has visto nada igual: tan radical y tan directo, tan corto ni tan bien escrito. Ni tan filosófico… Cada uno de sus relatos, textos o disertaciones -no sé cómo llamarlos- son un viaje por la Historia o por la medicina; un recorrido poético; una búsqueda de ciencia envuelta en filosofía; nada más, y nada menos.

Recuerdo que fue gracias a uno de mis berrinches en feisbuc al ser censurado descaradamente, cuando le encontré… Os explico. Buscaba otra red social que no me hiciera trampas y encontré una llamada MeWe. Esta aplicación hace gala de que no interfiere para nada en la viralidad de tus publicaciones. Tanto tienes, tanto vales. Cuanto mejor y más contenido creas y publicas, y cuantos más contactos tengas y respondan, más éxito tiene lo que publicas. Así de simple debería ser… Y lo típico: que si hazte un perfil y pon tu foto, que si ponte a buscar gente por ahí con la que conectar porque para eso es una red social… eeen fin, más o menos como el rollo del feisbuc.

Es solo fruto de una curiosidad, de una coincidencia temporal, pero creo que empecé a leerle diría que precisamente la primera noche que comenzó nuestro confinamiento; allá en aquel infame marzo. No tenía ni idea de quién era, ni siquiera de si era o no alguien; de si no fuera a ser acaso un bot de inteligencia artificial, de ésos que juegan a dar por culo por ahí confundiéndonos… Pero por la hondura y por los detalles de cómo escribe deduje que no, que era un humano. Creo que es un catalán oriundo de Sort, aunque se ve que ya no vive allí.

Leerle todos los días, diría que es como lo que se siente cuando llegas agotado, sucio, tarde a tu casa, y lo primero que haces es ducharte con un buen jabón y abundante agua caliente… Empiezo a leerle, y experimento una especie de alivio, de placer beatífico, en esa forma digamos que de limpiarme al restregarme con sus palabras. El aseo personal es algo muy importante dado cómo está el mundo, y lo de que lavarse es algo imprescindible y muy placentero no me lo negaréis.

Pues el mero hecho de leerle, es, como que eliminara la roña que se me pega al cuerpo; como que me limpiara a fondo agujeros y recovecos. Leerle es aclarar con dialéctica y retórica, ciertos espacios nuestros, espirituales o no sé si intelectuales, que lo cotidiano nos anega con la mierda de la prisa.

Leyéndole sé, que seguramente es un octogenario, de ésos que lejos de creerse relegados saben que están de sobra en plenas facultades… Se ríe del mundo, y piensa y escribe de él de una manera, que se nota que lleva muchísimo tiempo pensando y riéndose… Uno de tantos superdotados anónimos que seguro hay por ahí, rodeándonos, pero que entre tanto ruido mediático nos pasan desapercibidos. Sin darnos ni cuenta.

Tiene Paco Sanz un perfil en MeWe, en el que no se puede interactuar en modo alguno con él salvo comentando sus publicaciones. Otra cosa es que te conteste, ya que hace gala de su cierta mala educación a ese respecto: se ve que no le gusta meterse en berenjenales… La única vez que me ha contestado fue cuando le pedí permiso para compartir en mi blog algunos de sus artículos. Su respuesta fue lacónica, afirmativa pero como a la defensiva; como cuando crees que estás hablándole a una máquina o a algo que te pueda hacer trampas… Es chocante, pero le pasó igual que a mí: que desconfió.

Un genio de las historias en un folio.

Un Maestro.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA MÚSICA ESTÁ CAMBIANDO

Historias de Paco Sanz

Las cosas están cambiando, y ante los cambios si no has podido anticiparte toca adaptarte. Nos adaptamos perfeccionando las madrigueras, las defensas, la ayuda mutua, o cambiando de lugar, de entorno. Pero mejor anticiparse, claro. Y para anticiparse en las cosas de la vida hay que recordar que está es ondulante, que la cronobiología es determinante. Por ejemplo: Tengo la regla.

Hay ritmos circadianos, alrededor del día; mareales, de 14 días; lunares, de 28; anuales de 365; y hasta septanos, de siete años. Las plantas siguen a veces ritmos de luz a luz, de 24 horas, y también de luz a oscuridad, de 10 horas. En cronobiología se usa el término reloj de arena para designar aquellos procesos rítmicos, que no son autosotenidos, y que requieren un acontecimiento periódico que dispara cada ciclo.

En nuestro cuerpo ondulan muchas cosas como la glucemia o la tensión arterial, es bueno que lo hagan. En el organismo sano, el intervalo entre latidos cardíacos es caótico, fluctúa pero no responde a ningún patrón periódico. Unos días antes de una muerte cardíaca súbita el ritmo cardíaco es sospechosamente regular, y trece horas antes del infarto es prácticamente constante.

Eso de adivinar el fluir natural y luego seguirlo, es muy fácil de decir y muy difícil de hacer, porque a veces el que puedes seguir mejor no es el natural. Cuando les fue provisionalmente concedido el derecho del trabajador a seguir su “ritmo natural” llegaron rápidamente a la conclusión de que “nuestro ritmo natural es el de no trabajar” al menos en las condiciones técnicas y sociales existentes.

También es sabido que es más fácil cambiar el tiempo de vigilia a base de retrasar la hora de irse a dormir, que madrugando. Por eso en las fábricas en las que se rotan turnos, se toleran mucho peor los que lo hacen hacia atrás, de noche-tarde-mañana, que los que lo hacen hacia adelante, mañana-tarde-noche. Y cuando nos cambian la hora protestamos más, llevamos peor la que nos hace madrugar, que la que nos deja estar un rato más en la cama por la mañana que de costumbre.

Los mecanismos de acción de las feromonas y la cronobiología son dos de los sentidos que nos quedan por investigar. Y los misteriosos caminos de la simpatía, o la coincidencia de la gente que ha estado en contacto con nosotros, son los otros dos. Pero para misterios, ondas y ritmos, nada como la música recuerda la vida.

En música el ritmo se refiere a la fragmentación temporal de una melodía, la cual se compone, a su vez, de una serie de sonidos y silencios. Se basa en la repetición regular del compás. No todos los compases son iguales. El típico compás 3/4 del vals vienés consiste en una serie de un pulso acentuado y dos sin acentuar. Este patrón conforma la métrica de una pieza musical. Mientras el ritmo y la métrica configuran la sucesión temporal de los sonidos, la armonía corresponde a su combinación simultánea.

Historias de Paco Sanz

Y las bibliotecas, ¿volverán?

Historias de Paco Sanz

En la casa que va a ser de mi nieto hay veinte o treinta mil libros. Mi consuegro y yo hemos heredado libros de nuestros mayores, nuestros amigos nos los han dado, otros los hemos comprado. En el casoplón del pueblo, antigua mansión de algún noble, han ido quedándose los libros. He ramoneado en bibliotecas y librerías desde niño. En una ciudad nueva mientras los demás van de tiendas y museos yo me pierdo en ellas. Sigo haciéndolo en la casa que va a ser de mi nieto, me maravillan. Como Borges, siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca. Decía Ramón que cuando sacamos unos libros de la estantería, los otros se atraviesan en su hueco como para no volverlos a dejar entrar.

Cuando a mi primo el loco de la montaña le dije que nadie iba a leerlos, que me sabía mal tirarlos pero que estaban empezando a ocupar demasiado sitio, a acumular demasiado polvo, incluso en la gran casa que nadie vive; me dijo que no se me ocurriera tirarlos, que volverá a hacer frío en invierno, que si se queman despacio arden bien, dan calor, que hay otras formas más caras de devolver el carbono a la atmósfera. Me he acordado de Farenheit 451. Ahora no hace falta quemarlos, basta dejarlos en sus estanterías para que mueran solos. Cada vez hay menos gente que lee libros… viejos. La curiosidad sigue otros caminos. Y como dice la primera frase del libro ese: “It was a pleasure to burn”.

Pedir a los niños que dejen la tableta es como pedir a la gente que vive sola que no vea tanta televisión, es inútil. Si encontraran algo mejor que hacer lo harían. Además, las virtudes de la lectura están sobrevaloradas. Cuando los godos devastaron Grecia, uno de ellos salvó las bibliotecas de ser quemadas diciendo que convenía dejarlas a los enemigos, como cosa idónea para apartarlos de los ejercicios militares y entregarlos a ocupaciones sedentarias y ociosas. Mega biblion, mega kakón.

Creo que en los libros veo a las personas que los escribieron, tradujeron, editaron, compraron, regalaron, almacenaron, e incluso a los que los leyeron. A veces recuerdo al que era cuando leí alguno de ellos. Siempre me han gustado los cuentos de los abuelitos, tirarles de la lengua a los que vivieron cuando yo era niño. Siempre he pensado que cuando un anciano muere, aunque sea en una remota aldea de la selva, es como si ardiera una biblioteca entera. Los mayores eran las bibliotecas de las sociedades sin libros. Cuidar a los ancianos podría ser una cuestión de vida o muerte, similar al cuidado que un marino debe tener por sus cartas náuticas.

Incluso cuando los androides replicantes se mueren, desaparecen como lágrimas en la lluvia, pasa algo parecido: “I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near Tanhauser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die”.

En los monasterios, y estoy viviendo la pandemia ahora en lo que fue uno de ellos, al lado de la biblioteca había otro recinto más íntimo aun: el scriptolorium. El nombre procede del pequeño espacio en el que en la Edad Media los cistercienses copiaban los códices. Era un scriptorium de menores dimensiones: un simple rincón donde escribir, de paredes desnudas, y con sólo una mesa, una silla y un atril. Los copistas, muchas veces tenían que memorizar el texto antes de escribirlo.

Las bicicletas han vuelto a las ciudades, y las bibliotecas, ¿volverán?

Historias de Paco Sanz

EL PAN…

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Cuando ahora al entrar en la panadería estiro el cuello, y a través del mostrador y de mis años, me asomo con curiosidad para ver el obrador, compruebo complacido que el horno es el mismo de hace más de cuarenta añadas… Solo la zona de venta al público ha sido actualizada y reformada; el resto del establecimiento es, a mis ojos, exactamente el mismo.

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Todavía puedo oír a La Dolo gritándonos, espantada, para que nos alejásemos de la peligrosa boca del horno… Monas, rollos secos, magdalenas y bizcochos de docena, salían a borbotones por aquel agujero abrasador; y peligraban, lógicamente, con nuestra ávida y atracadora presencia en las inmediaciones… Almojábanas, toñas o mantecados; relentes, pelusillas y pastas flora; tortas de sal y tortas de calabaza o boniato; dulces de yema tostada, almendrados y hojaldres con cabello de ángel; panes de leche, empanadas y pasteles de cierva; tortas de santiago, tartas de novia o tetas de monja.

Una maravilla os lo aseguro.

Siempre pillábamos algo porque sabíamos, de las vecinas generosas que obsequiaban con una de aquellas delicias todavía candentes, el que les abriésemos las puertas, o el que las ayudáramos a cargarse apoyándolas en las caderas, aquellas enormes bandejas negras, metálicas y quemadas por el uso, que acarreaban con garbo y maña.

En aquellos años de mi infancia los dulces se hacían en cada casa, casi nadie los compraba; en parte porque era caro, pero en mayor medida porque las mujeres tenían cada una el prurito de hacer sus propias recetas; en una especie de franca competición vecinal para que, al compartirlas, comparásemos la excelencia de aquellas ambrosías caseras.

Los críos, andábamos enredando y haciendo alguna faena entre delantales y artesas, pellizcando ávidos a diestro y siniestro las mullidas masas fermentadas y olorosas; babeando detrás de aquel baile continuo de aromas insinuantes y confitados. Engullíamos compulsivos los merengues batidos y azucarados, y rebañábamos afanosos, almíbares, mermeladas y mieles, en una vorágine de ir y venir en procesión incesante, y casi hipnótica, de irresistibles manjares golosos… Esas mujeres mágicas de mi puericia, creaban una repostería sublime con solo sus manos y unos saberes ancestrales, aprendidos de la tradición y del respeto a sus antepasados. Saberes que exhibían cada año en navidades o por pascua, por todos santos, y por cualquiera otra excusa que hubiera para un buen yantar.

el pan

Ayer compré un pan de kilo y medio, rotundo, hermoso, como los de hace ocho lustros. Una hogaza como antigua, salida del horno de la calle San Francisco, de esas que duran más de una semana, y que estarán mejor al tercer día que en el momento de comprarla.

Un pan de textura amable y crujiente, que junto con su sabor honesto, dulce y salado a la vez, invocó borrosos recuerdos, sentimientos difuminados y olvidadas sensaciones. Una hogaza de pan molludo, blanco y cálido, con un olor maternal y acogedor a tostado y a levadura, que tuvo la virtud de rebobinar mi memoria hasta evocar con intensidad y ternura mi niñez.

Antonio rodríguez Miravete. Juntaletras.