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ARDE MADRID. PACO LEÓN.

Nunca fue muy santo de mi devoción pero acabo de terminar de ver la miniserie Arde Madrid, de Paco León. Mi Señora la ha tenido que terminar de ver puesta en pie, de los nervios… Creo que es buenísima. Unos doscientos cincuenta minutos invertidos en un recorrido de humor finísimo, a lo largo de una situación rocambolesca, y que a su vez te hace viajar por un pequeño episodio de la historia –no sé si llamar reciente– de esta España nuestra. Una historieta. Una nueva visión clásica, estereotipada pero genial, de cómo somos.

Me pareció en algunos momentos, ver juntos al Lazarillo de Tormes y a Alfredo Landa, a Teresa de Ávila y a Gracita Morales, incluso algo de Don Quijote, de Andrés Pajares y hasta de Dulcinea… He visto un blanco y negro propio de José Luis Garci, o unos diálogos como que de Berlanga, pero en una trama de humor Cervantino. He creído ver, diríase que el humor y el genio interpretativo de un Ozores, o una forma de contar propia de Chicho Ibáñez Serrador… He visto, lo que se llama una españolada. Una colección de tópicos; una especie magistral de película como aquellas del destape, pero de emociones… Picarona, y típica de aquél nuestro cine, de justo antes de antes de ayer.

He asistido a un repaso simpático, meticuloso –contado desde la perspectiva de un genio esperpéntico pero muy hispano– de nuestros estereotipos propios del carácter español. Me parece una maravillosa reivindicación humorística, de quién y de lo que somos, y de dónde venimos querámoslo o no. Una asunción, inteligente y graciosísima, de aquél pasado franquista y timorato que a todos nos ha traído hasta aquí… Somos españoles; muy en el fondo, muy buena gente.

La juerga final es portentosa, un clímax flamenco, cariñoso, completamente desmadrado. Y la escena última: la de la gamba y la petición de matrimonio, es genial. Y termina con otro berrinche. Todo son tensiones sostenidas en una película que no necesita de un final feliz… Tal, y como es la vida o como debería de serlo ¿No…? Una gran obra, que yo llamaría cinematográfica. ¡Todos los actores: excepcionales…!

¡Bravo Paco León…!

Si lograra reprimir un poco algunas moralinas fruto de sus digamos que pulsiones políticas, y si fuera capaz de cambiar su formato casi exclusivo de solo comedia, tendríamos un gran director en ciernes, seguro… Solo hay que esperar un poco.

¡Bravo Paco León…!

“Torrerro…” 🐂 😂🤣

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

La trinchera infinita…

Más de lo mismo… Después de verla, no puedo evitar dos formas de afrontar una crítica seria a esta película: la primera como un impecable ejercicio cinematográfico en lo visual; y la segunda, como un ideológico y paupérrimo pastiche cinematográfico en lo intelectual.

Bajo la primera de las perspectivas la película es más que buena. Pero casi solo, por el detalle del acierto en la elección de mi tocayo el actor principal, que es un verdadero genio. Un artista comecámaras que absorbe cualquier historia haciéndotela real, creíble (os recomiendo que veáis Balada triste de trompeta) Este monstruo interpretativo, es capaz de dar vida a casi cualquier cosa, y dotarla de una tensión interior y de una verdad que pocos actores consiguen. Por otro lado está ella, Belén, que es el contrapunto de toda la historia. Magnífica ella. Con estos actores y poco más de quinientos pavos, también podría hacer yo una buena película.

Pero por otro lado, si analizamos la película como ejercicio cinematográfico en lo intelectual, ésta se deshilacha, como los intelectos de quienes hayan financiado semejante panfleto ideológico de casi dos horas y media. Menos mal, que lo que yo he visto es una copia pirata y no he pagado un céntimo por ella.

Las simples definiciones de palabras al inicio de las escenas, como en el cine mudo; cual si fuésemos ágrafos o lelos… Esos tres polvos mal echados y como a destiempo en el relato de la historia; o el cartero maricón que se hace amigo suyo, su único amigo en toda la película. ¡Y qué mala siempre la Guardia Civil…!

Mediocre en el plagio de recursos técnicos manidos; torticera en sus diálogos; vulgar en el lenguaje por el uso de unos acentos cerrados en los personajes, que son un verdadero desperdicio de lo que esa historia habría podido ser. Partidaria, sectaria. En ningún momento habla ni de errores ni de perdón. Ni de evolución. Ni de España.

Al final, él, un felón, se va a esperar a la puerta de la casa de su vecino, otro felón; no lo sabemos, pero todo parece que para vengarse… Una buena historia, pero una mieeerda de relato revanchista de malos y buenos. Un asco más del cine rojo español éste de ahora.

…y el fantasma del guardia civil, violador, y asesinado por el protagonista, diciéndole lo héroe que en el fondo ha sido por no suicidarse.

…eeen fin, una filfa, un mejunje, metralla ideológica para que os atontéis más todavía… Meteros los Goya por donde os quepan. Una película muy a tener en cuenta si nos queremos parecer a algo así. Si queremos seguir así, en este agujero: el relato revanchista de la izquierda.

Que no os engañen.

💞💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

David Lynch…

Sé, que hago mal viendo Mulholland Drive de David Lynch en estos momentos de depresión, ruptura y escondite… Es una película críptica, retorcida, deprimente y cabrona… Pero me gusta el cine y me he dicho ¡vamos…!

Y acabo de ver, ésa segunda interpretación que Naomi Watts hace, del papel en el casting que la atormenta; en la película… Cuando se deja tocar el culo en la prueba… Ésto, es cine; dentro del cine, desde dentro…

Relato; algo que decir que no sea enseñar escotes en traje de superheroína… Que no sea hacer explotar todo lo que se te ocurra, con tal, que al espectador le suban las pulsaciones del susto y salte en la butaca.

Un monumento cinematográfico de dos horas y media; un recorrido en una catedral de los sentidos; un compendio de inteligencia cuentacuentos… Ni un solo efecto especial; casi, ninguna trampa al espectador: relato puro, pura estrategia narrativa. Un mundo latiendo a veinticuatro fotogramas por segundo…

La escena lesbiana cuando le pregunta si lo había hecho antes; y la otra responde: no sé… Una caja fuerte tan pequeña, en la que claro, no se puede guardar nada realmente valioso… Y cuando aquélla se muere, llorando en playback…

David Lynch tiene como mínimo dos cualidades como director de cine… Una es la de no cerrar, nunca, sus películas… Y la segunda es que, precisamente por ello, sería imposible hacer nada parecido a una segunda parte, un remake, o una de ésas impostadas precuelas que la gente se saca de por ahí… De absolutamente ninguna de sus películas… Porque son cine abierto, cine chorreando; abierto de piernas, abierto en canal… Un verdadero Maestro.

En el cine, el viaje cinematográfico, es más importante que llegar al final de la película…

Antonio Rodríguez Miravete

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