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CALUMNIAS

JUAN MANUEL DE PRADA

Sábado, 25 de Junio de 2022

Lo más distintivo de nuestra época es el culto a la mentira. Ha habido, por supuesto, otras épocas (casi todas) en que han proliferado las patrañas, las falsedades, las mistificaciones más o menos burdas o elaboradas; pero toda esta munición falaz era una especie de trampantojo que el ojo clínico del buscador de la verdad podía fácilmente desenmascarar. En nuestra época, la mentira es un metaverso que a todos nos abraza, un líquido amniótico en el que todos crecemos, un aire mefítico que respiramos y al que los pulmones del alma se han habituado trágicamente, hasta el extremo de que, si mañana la mentira nos faltase, nos amustiaríamos. La mentira se ha constituido en régimen de vida, en fuerza cósmica o poder universal.

Cuando los males se inflan hasta el paroxismo, sus contornos se borran, hasta resultar inidentificables y diluirse en brumosas culpas colectivas (o, todavía peor, en una engreída tranquilidad de conciencia). Así, por ejemplo, el robo es censurable mientras existen como en la célebre fábula de las Las mil y una noches cuarenta ladrones; pero si los ladrones son cuarenta mil, nadie se rebela contra sus desmanes, que acaban convertidos en algo natural. Y lo mismo ocurre con la mentira, que ha desbordado los estrechos márgenes del chismorreo para trasladarse al inmenso ámbito de la propaganda sistémica, propalando universalmente los infundios más clamorosos, para alimento de unas masas crédulas y sojuzgadas. Sólo así se explica lo ocurrido durante los últimos años, desde las histerias provocadas por la plaga coronavírica hasta las verdades oficiales climáticas, pasando por las visiones unilaterales y como de tebeo sobre los conflictos bélicos. Nunca como en nuestra época la mentira había logrado sembrar de modo tan eficaz la confusión babélica en el mundo.

Y allá donde se instaura esta confusión babélica, quienes se atreven a denunciarlo inevitablemente son víctimas de las calumnias más despepitadas y agresivas. Fue la calumnia quien destruyó (siquiera por tres días) la vida de Jesús, que era la verdad viviente; y sigue siendo la calumnia quien destruye a cualquier buscador de verdad. Y lo más estremecedor del caso, como prueba el citado caso de Jesús, es que la calumnia (con todo su cortejo de maquinaciones e insidias, delaciones y escándalos farisaicos) siempre es propagada por quienes oficialmente son considerados los buenos, los puros, los impolutos; en realidad unos sepulcros blanqueados que, al cobijo del oficialismo biempensante, se sindican arteramente para perder a quien detestan, porque su lealtad a la verdad es como una afrenta a sus miserias. Todo ello, naturalmente, simulado con una hipócrita afectación de virtudes.

La calumnia ha sido siempre el arma más socorrida de las almas ruines; y en esta época en que la mentira es el líquido amniótico de nuestra existencia se ha convertido en una bomba atómica que puede fácilmente destruir, de forma casi instantánea y fulminante, el prestigio del buscador de verdad ante las masas cretinizadas. Aquel «calumnia, que algo queda» atribuido a Voltaire se ha quedado ingenuamente obsoleto; y la calumnia arrasa hoy famas y honras, dejándolas hechas una piltrafa y sin posibilidad de sanación. Además, cuanto mayor sea el prestigio de la persona calumniada, mayor será el predicamento de sus calumniadores ante la chusma. Y escribimos chusma porque nada de esto sería posible si no existiese una multitud envenenada de mentiras, que como señala Jardiel Poncela ya no puede identificar a los causantes de sus males y se revuelve «sedienta de venganza y convencida de que debe de haber alguien culpable de que ella no se encuentre a gusto», encontrándolo siempre en la persona señalada por los calumniadores. Pues «para un miserable siempre es un placer poder injuriar».

Inevitablemente, cuando la calumnia se puede propagar fácilmente, se acrecientan los más diversos desórdenes morales: los resentimientos, las envidias, las ansias de desquite y venganza; y, con estos desórdenes, los vicios sociales más plebeyos: la curiosidad malsana, la maledicencia, el regodeo en el mal ajeno, todas esas pasiones bajas que convierten a las personas en alimañas. Pues la calumnia acaba siempre convertida en un artículo de necesidad para quien ha dado rienda suelta a sus bajos instintos. Y así, bajo el culto totalitario de la mentira, alimentados con la carroña de la calumnia, el mundo se va convirtiendo en un penoso manicomio. Un manicomio cuyos internos se han vuelto caníbales, mientras sus celadores que les niegan el alimento material y espiritual sonríen complacidos.

JUAN MANUEL DE PRADA

Sábado, 25 de Junio de 2022

Dime con quién pactas…

Yo recuerdo y os lo recuerdo, que el mero sentirse español allí, te señalaba como a un paria. Te ponía en la diana. Te convertía en un objetivo a eliminar.

Puro racismo asesino. Casi como hoy.

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Arnaldo Otegui siempre fue, es ahora, y será siempre, escoria humana.

Pero por encima de cualquiera otra consideración, este ripio moral es un reo criminal, convicto aunque no confeso de al menos tres secuestros; de como mínimo dos intentos de asesinato con arma de fuego que causaron víctimas de extrema gravedad; y también de extorsión y amenazas a empresarios, periodistas, políticos e intelectuales, casi todos ellos de su misma tierra vasca; casi todos ellos sus vecinos…

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Y como no podía ser de otra manera, también está más que probada su pertenencia activa a la banda terrorista eta y su colaboración, necesaria, en la comisión de varios atentados, todos terribles, pero entre ellos, la masacre de Hipercor.

Pena me dan, los que tengan que ir a buscar al wikipedia.

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Pues resulta que algún malnacido, lleva a este criminal a la televisión española, ¡la de todos…! Y desde tan caro púlpito y en nuestra propia cara, este hijo de la gran puta, insultando hasta la médula a todos los españoles, se atrevió a decirnos ésto :

“Solo pido perdón, por si causamos más muertes de las necesarias…”

¿Pero, se puede ser más perro…?

¡Qué asco por Dios…!

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¿Me pregunto cuántas muertes hubieran sido las necesarias a juicio del redomado hijo de la gran perra éste…?

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A ver… ¿cuántos, hubieran sido los españoles asesinados, suficientes o necesarios, para satisfacer a esta rapiña vil e irredenta…? ¿Acaso solo tres, doce quizás, tal vez setenta…?

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¿No tenía suficiente esta manada cuando llegaron a los doscientos muertos a traición; y cuando ya sumaban más de quinientos tampoco esa cifra era suficiente…? ¿Había que llegar al bastante más del millar de españoles reventados por la espalda…? Hombres, mujeres y niños. ¿Y sus familias, cuántos miles más de españoles son…?

¿Son ya suficientes víctimas, o todavía les debemos algo…?

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Esta mierda de vascos psicópatas siempre han sido, son ahora, y lo serán siempre y ante todo, unos asesinos… Hijos todos de grandes putas… Sí, putas sus madres, porque como tales educaron esos despojos de hijos: conviviendo y alimentándolos con ese odio racista; alentando o ignorando pero siempre justificando los asesinatos más deleznables; inoculándoles en vena aquél mismo odio asesino, hasta el punto de que se entregaran a la peor de las vidas posibles… Leed «Patria» de Fernando Arramburu, para comprender el grado de culpabilidad de las madres ésas, en el horror provocado por ésas hienas de hijos que malparieron.

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Y ahora, para afrontar el presente de ése infame pasado que los persigue, vemos a esos perros rabiosos y a las golfas de sus madres esconder pecados mortales bajo las alfombras de la insidia, la mentira, la desfachatez, y el silencio de aquéllo.

Pero en realidad, lo que en verdad vemos es a ellos mismos mintiéndose; falsificando el asco de sus pasados para así poder soportar lo amargo de sus pérfidos recuerdos; tragándose, poco a poco, la culpa vitriólica que seguro corroe sus entrañas; y fingiendo, el convivir cada día con el horror canalla de sus remordimientos.

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Buscan desesperadamente estas alimañas, con sus mentiras paranoicas, algo así como un lavado embustero de su podrida conciencia colectiva de tribu bárbara… Pretenden, una también colectiva redención moral, vergonzosa, infame, olvidadiza, y falsa… Especie de bálsamo mendaz que les permita al menos mirar a la cara a sus hijos sin que éstos, sepan del estigma de sus asesinatos viles… Ocultan víctimas, dolores, secuestros y crímenes, para eludir con dosis de olvido el miedo a ese infierno en vida en el que por siempre vivirán, hasta el día que mueran de un reventón de ira.

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Estos malnacidos de entraña negra y podrida deberían meterse aquella pantomima de la entrega de armas, sus tramposas peticiones de perdón, su farisea contrición y su puto arrepentimiento falso; deberían metérselo todo, repito, por el culo.

Pero todo ello dentro de una celda, ya que no colgados por el cuello como muchos justamente merecerían.

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Que se pudran en vida encerrados en el peor agujero que podamos encontrar para ellos; lo más lejos posible de todo aquello que puedan querer, ya que amar no saben; lo más lejos posible de todo lo que pueda consolarles; lo más lejos posible de todo lo que pueda recordarles una humanidad a la que renunciaron, al empuñar esa mierda de armas que usaron tan cobardemente.

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Que pidan perdón, que se arrepientan y que entreguen sus pistolas y almas, sí… pero al diablo.

Y que lo hagan en la cárcel perpetua de sus abyectas acciones; en la cárcel de su memoria salpicada de sangre; en la cárcel de la mierda de ejemplo que han dado a sus hijos también de puta… Que se retuerzan, lo que quede de sus vidas en la cárcel de odio vital en la que ellos mismos se encerraron, al aceptar que unas putas ideas valen más, que las vidas que han segado tan inmisericordemente.

AMÉN

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Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

PERIODISMO DE PERISCOPIO

Confiar en el periodismo de este país, equivale a algo así como aceptar, el ver la amplitud de la actualidad de este mundo desde la estrechez de un periscopio… Atrapados, estamos encerrados en una especie de cueva amenazados y a oscuras. Y sólo podemos adivinar lo que nos rodea mirando por unos agujeritos digamos que como para periscopios, que los mismos periodistas parece también como si hubieran hecho expresamente para que sólo por ahí nos asomemos… Y nunca mejor dicho lo de memos. So memos.

Pero porque la realidad del mundo está ahí afuera envolviéndonos; y nosotros, pareciera que sólo la podemos ver a través del estrecho campo de visión que proporcionan esos agujeritos como que para periscopios, que aquéllos mismos periodistas dirigen y enfocan siempre a nuestros propios culos. ¡Qué casualidad…! Una y otra vez. ¡Y fíjate tú, por dónde…!

Españoles mirándose el culo… Un día fuimos dueños de medio mundo y hoy cual corderos, nos hemos encerrado nosotros sólos en nuestra península alejados de aquél mismo medio mundo que un día gobernamos… Y como lerdos en Historia, lelos y atontados, estamos pendientes sólo de reconocer a los de nuestro rebaño a fuerza de tanto olernos el culo unos a otros… Que si vascos, que si catalanes. ¡Vaya lío…! ¡Y qué asco…!

Y venga catalán y venga vasco, y venga pasear a Franco… Y venga redes asociales, populismo y feminismo a ultranza; y venga tú mira qué pobres los emigrantes… Y venga con la matraca de la justicia social, la república y la lucha obrera… Y venga la guerra civil. ¡Qué mala fue…!

Una y otra vez: comunismo.

«…Una y otra ves lo desían los notisieros; y hasían no más que desirlo, repitiéndolo constantemente… Y justo lo que les desían que dijeran, dijeron…»

El cuarto poder; la democracia… Ya que nos estafan tanto los políticos necesitamos más que nunca periodistas e información de verdad. Y ahora, que tenemos tanto acceso a aquélla, repito: necesitamos más que nunca también acceso a la verdad. Nada de trincheras políticas… Necesitamos verdaderos periodistas, que en verdad respondan ante la veracidad o no de lo que publiquen.

Y aquéllo a lo que llamamos información multimedia que le den por el culo: hay demasiada.

Que si tuiter o que si feisbuc; que si sígueme por aquí o por allá; que si mira mi canal de yutube… O tú, que aquí estás leyendo mi blog.

…eeen fin.

Gracias por leerme. 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

…………..

Dios ha muerto. EL LOCO.

Nietzsche, Friederich. La gaya ciencia (fragmento 125). 1882.

«¿No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: ¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!…? Como precisamente estaban allí reunidos muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron enormes risotadas. ¿Es que se te ha perdido?, decía uno. ¿Se ha perdido como un niño pequeño?, decía otro. ¿O se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se habrá embarcado? ¿Habrá emigrado? – así gritaban y reían alborozadamente.

El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. ¿Qué a dónde se ha ido Dios? -exclamó-, os lo voy a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos su asesino

Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos la tierra de su sol? ¿Hacia dónde caminará ahora? ¿Hacia dónde iremos nosotros? ¿Lejos de todos los soles? ¿No nos caemos continuamente? ¿Hacia delante, hacia atrás, hacia los lados, hacia todas partes? ¿Acaso hay todavía un arriba y un abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del espacio vacío? ¿No hace más frío? ¿No viene de continuo la noche y cada vez más noche? ¿No tenemos que encender faroles a mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No nos llega todavía ningún olor de la putrefacción divina? ¡También los dioses se pudren! ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!

¿Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los asesinos? Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos. ¿Quién nos lavará esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué ritos expiatorios, qué juegos sagrados tendremos que inventar? ¿No es la grandeza de este acto demasiado grande para nosotros? ¿No tendremos que volvernos nosotros mismos dioses para parecer dignos de ella? Nunca hubo un acto tan grande y quien nazca después de nosotros formará parte, por mor de ese acto, de una historia más elevada que todas las historias que hubo nunca hasta ahora.

Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y lo miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos y se apagó. Vengo demasiado pronto -dijo entonces-, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres.

El rayo y el trueno necesitan tiempo, la luz de los astros necesita tiempo, los actos necesitan tiempo, incluso después de realizados, a fin de ser vistos y oídos. Este acto está todavía más lejos de ellos que las más lejanas estrellas y, sin embargo son ellos los que lo han cometido.

Todavía se cuenta que el loco entró aquel mismo día en varias iglesias y entonó en ellas su Requiem aeternan deo. Una vez conducido al exterior e interpelado contestó siempre esta única frase: ¿Pues, qué son ahora ya estas iglesias, mas que las tumbas y panteones de Dios?…»

Nietzsche, Friederich. La gaya ciencia (fragmento 125). 1882

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LA LÁMPARA… Un caso real

Llevo espantado varios días, sin dormir, y prácticamente sin comer desde que nos enteramos del luctuoso suceso… Con la impresión del acontecimiento, casi sin quererlo, comencé a recordar algunos detalles.

Aquel olor era desagradable sí, ¿pero cómo íbamos a imaginar semejante cosa…? Tampoco es que fuese algo nauseabundo, como se esperaría de un hecho como el sucedido. Creíamos que aquel hedor se debería a emanaciones producidas en algún sumidero sucio o mal ventilado.

Quizás un animal muerto, atrapado en alguna de las tuberías de evacuación de la terraza del edificio, fuera la causa de aquel persistente y pestilente tufo.

Recuerdo, ahora con estupor, aquel ya lejano y caluroso verano en el que apareció la extraña mancha en el techo de mi habitación. Se había producido al filtrarse aquel líquido de color parduzco por el agujero de la lámpara, empapando la escayola del cielorraso y deslizándose, denso, por la cadena y el cable blanco y rizado que mantenían suspendida a aquélla.

Parecía una mancha casi seca de algo así como óxido; al fregarla y mojarla reavivaba, difuminado, aquel desagradable aunque familiar olor fétido, como pegajoso y hasta dulzón, que se había adueñado de la totalidad del inmueble y al que, en cierta forma, ya nos habíamos acostumbrado.

También recuerdo el restregar aquella mácula con ahínco y desagrado. En varias ocasiones tuve que limpiarla, porque que de cuando en cuando volvía a aparecer, tozuda, como queriendo avisarnos de lo sucedido.

Pero no nos dimos cuenta.

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Las relaciones entre vecinos anónimos furtivos y huidizos, de un inmueble ajado y rancio como el nuestro, no fueron nunca las más cordiales ni fluidas. Por ello me conformé al no obtener ninguna respuesta, en todas las veces que toqué la puerta de mi vecino de arriba para comentarle aquello que chorreaba por el cable de la lámpara de mi dormitorio.

Vivimos en esa burbuja aislada y miserable de nuestra cotidianidad lenta, pobre e insulsa; desamparo, cuernos, enfermedades, drogas, vejez, soledad.

El revuelo de la policía primero, y minutos después el de un juez entrando por la destartalada puerta principal del edificio junto con unos enfermeros, nos alarmó a todos.

Tras hora y media aproximadamente, los enfermeros bajaron un cuerpo en una bolsa de plástico blanca; sobre una camilla que, extrañamente, parecía no pesar nada. La bajaban a mano maniobrando con dificultad aunque sin esfuerzo, por el estrecho hueco de las angostas escaleras en penumbra.

Finalmente, fuimos informados por la policía de que el cuerpo era el de don Ramón.

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Fue don Ramón un pobre tipo huraño y taciturno, esquivo; alguien al que se le notaban las heridas abiertas en su vida. No se relacionaba mucho con el resto de los vecinos… más bien nada; sobre todo desde que su mujer y su hija lo abandonaran como a un perro… Lo dejaron justo en el umbral de la puerta de entrada de su mísero piso, tirado, con el corazón hecho jirones y un caudal de lágrimas goteando hasta sus zapatos.

Ninguno de los vecinos recordamos que desde aquel momento, alguien le hiciese visita alguna: ni familiares, ni amigos, ningún envío. Nadie… Su anodina existencia pasó desapercibida para el resto de los habitantes del inmueble y del mundo.

Hasta ese día.

Después de que su ex-mujer, no tuviese respuesta alguna al intentar notificar a don Ramón la muerte reciente de su única hija, la policía encontró el cadáver seco… momificado.

Habían pasado ocho años desde su muerte; al parecer se suicidó con el gas de una bombona abierta de la estufa que encontraron junto al cuerpo.

Completamente vestido y tirado en el suelo de lado; estaba en medio del minúsculo salón de su casa, justo sobre el punto donde, en el piso de abajo, colgaba la solitaria lámpara de mi dormitorio.

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Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Este relato es una recreación libre de una noticia real: el hallazgo, en un piso de un edificio cualquiera, de un cuerpo momificado muerto hacía ocho años… Nadie se había dado cuenta ni lo había echado de menos.

Sucedió hace unos cuantos meses, y me dejó un sabor acre…

MAMEN LA SEXTA

Sin palabras…

Que ésta, espécimen de palmera plañidera, gritadora y señaladora de la sexta, tenga voz en una televisión que como tal se precie, es un verdadero insulto a lo periodístico que todo medio de comunicación decente debería tener, o aspirar a ser.

Asco, debería darse a sí misma, si tuviese que buscarse un trabajo decente en otro país, que no fuese en ése en el que se caga todos los días en público desde su púlpito en la sexta… A saber, de qué, tendría que trabajar la pobre de Mamen si tuviese que buscarse la vida ella sola por ahí por el mundo… Pena me da.

Que no te engañe Mamen. Que no te engañen.

…eeen fin.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

39 grados

Mi madre estaba descompuesta y preocupadísima, y recuerdo, que yo no paraba de llorar angustiosamente en mi cuna colorao como un pavo. Había comido, cagado, estaba bañado y limpio, y era la hora de dormir; pero no dejaba de llorar; no cejaba el pobre de mí de berrear mi berrinche… Mi hermana en cambio, reposaba plácida en la cama de al lado, acurrucada junto a su bolsa de agua caliente en un frío mes de enero de los de aquella época. Así se calentaban las camas… El problema, era que mi madre puso también una bolsa de aquellas en mi cuna, y la pobre, parece que tardó en darse cuenta que yo, lo que estaba es cociéndome en mi jugo. Lo único que tenía yo en aquel momento era mucho, muchísimo calor. Creo, que fue en ese momento cuando cambió mi vida y adquirí mi superpoder… Al poco, mi madre cayó en la cuenta de de la razón de mi llantera y me dejó casi en cueros, y al momento, quedé durmiendo al fresco de aquel enero cual angelito en el cielo.

Me pone de muy muy mala ostia, y me afecta tanto este calor canicular veraniego, húmedo y asqueroso, que siempre he creído que tengo que tener algo así como la temperatura media corporal de los perros… En vez de treinta y seis grados y medio, como las personas, se ve que he de tener treinta y ocho, o treinta y nueve.

Ese posible par de grados de temperatura míos de más, y este puto calor que hace, me están matando sudando. Pero no como a un perro precisamente, porque ése es el problema de los pobres canes: que con estos calores casi no sudan. Se mueren pobrecillos con la lengua fuera… A mí, al contrario, me está matando este calor porque ya estoy hasta las ingles, de que que me chorreen hasta los cojones, después de que mis gotas de sudor hayan recorrido mis mejillas, mi cuello, mis tetillas y mi bajo pecho.

Una vez me dijo un médico, que lo que yo tenía era una verdadera ventaja fisiológica frente a el calor. Y una mierda… Será eso. Será que, cual superpoder, puedo expulsar toxinas por los poros de mis glándulas sudoríparas con enorme eficacia, a la vez que quemo lípidos corporales fácilmente, contribuyendo al metabolismo celular de todos mis órganos y a la reposición de fluidos en los mismos. Y aunque a veces mi Manuela me diga que me pongo como un basilisco y pareciera como que me va a dar algo, se ve, que según los médicos no debe ser algo tan malo.

Sólo, que siempre he pensado que me moriré de un berrinche de ésos, en un día de mucho calor, como éstos.

Lo que en verdad me gustaría poder expulsar de la misma manera que el sudor con este calor, es la mala hostia que me entra cuando ahora miro a España… La impotencia, la tensión contenida en la cuerda del arco, o la presión sobre el gatillo. O la rabia, con la que aprieto el bolígrafo o pulso las teclas al escribir ésto.

Mierda de calor.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

BARBARIE O RAZÓN…

Algo, va mal… Casos reales.

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Asesinos, a la misma altura moral que sus Víctimas

Piaras de zombis ideológicos, canallas como el autor del comentario de arriba, son capaces de afirmar en público, y sin que se los trague la tierra de indignidad o se les caiga la cara de vergüenza e ignorancia, que prefieren pactar con Otegi «cientos de miles de veces» antes, que pactar, una vez si quiera, con el PP.

Otegi, antes que Ortega Lara…

Comprensión y sumisión cobarde ante el crimen del secuestrador vil, en vez, de valor y compasión con el sufrimiento del pobre secuestrado… Un criminal diabólico, antepuesto moralmente a su víctima inocente.

El Mal igualado al Bien…

Relativismo lerdo, insensible y profundamente inculto… Todo les vale a estos gañanes de ética siniestra, ya que ésta desde siempre, ha predicado el latrocinio, el caos y el crimen… Ciegos de ideas honradas, aunque soberbios de ideologías vacías, estos zotes alienados viven envueltos en un velo de mendacidad casi completa, honda ignorancia, y barbarie moral…

LA HISTORIA, IGNORADA; hurtada y tergiversada al servicio de la ideología…

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El Animal, a la misma altura moral que el Hombre

Catervas «de ciencias» que ‘ya’ son capaces de pedirle a las fuerzas de seguridad, que detengan por «agresión violenta» a todos los carniceros, a los toreros, y porqué no a los cortadores de jamón ibérico… También a los cazadores, a los criadores de pollos, de conejos o de palomos anillados… No sabemos si también a los pescadores; no creo que se atrevan con los musulmanes en su fiesta del cordero, pero seguro que sí, con los apicultores o hasta con los entomólogos…

LA FILOSOFÍA, IGNORADA; hurtada y tergiversada al servicio de la ideología…

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Los que Nos Odian, a la misma altura moral que los que Nos Queremos

Élites, capaces de afirmar sin vergüenza pinocha, que divididos autonómicamente, estamos mejor, que lo estaríamos unidos nacionalmente… Políticos podridos, fermentados a fuerza de acumular tanta corrupción en sus entrañas.

EL BIEN COMÚN, IGNORADO; hurtado y tergiversado al servicio de la ideología…

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El Racismo, a la misma altura moral que La Razón

Manadas, capaces hasta de jugarse el futuro de sus propios hijos, al consentir que crezcan enclaustrados, castrados en el menoscabo y el odio a todo legado español que lo es, y ante todo, patrimonio también de ellos… Porque así mismo a sus hijos pertenece este verbo, el español, inmensamente rico, y que conecta la Historia, la Moral, el Intelecto, y el Futuro, de un universo que podría ser maravilloso, de más de seiscientos millones de hermanos hispanohablantes…

LA RAZÓN, IGNORADA, hurtada y tergiversada, al servicio de la ideología.

…………

El Amor…

Tan alto valor, EL AMOR, convertido en mero producto de consumo al servicio de ideologías prosélitas, cuyas turbamultas lerdas, sitúan AL ODIO, perversamente, a la misma altura moral de aquél…

EL AMOR, cosificado, vilipendiado

EL AMOR, IGNORADO, hurtado y tergiversado, al servicio de la ideología.

……

Razón, frente a locos y nacionalistas…️

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…eeen fin.

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Antonio Rodríguez Miravete
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Drogas

Aparcamos aquel viejo Citroën Dyane 6 tan justo al borde de los acantilados de aquella cala, que, sin asomarnos casi, podíamos ver el mar batiendo implacable las rocas de abajo… Tarde de invierno; el mar se estrellaba violento, furioso contra esos muros pétreos que abrazaban aquel trozo solitario de costa. El cielo gris mugriento, el paraje yermo y aquel viento infernal, húmedo y sucio, como que me enturbiaron la escena ya entonces y parecería que hasta difuminan mis recuerdos todavía hoy… Apenas el coche se detuvo ‘El Tamo’ ya tenía el chute casi preparado; lo acabábamos de pillar en el puerto; muy buen material nos dijeron.

Él fue el primero… Silencio.

Solo había una ‘máquina’.

‘El Rigo’ ansioso, no dudó en arrebatar aquel asco de jeringuilla todavía tibia de sangre ajena, de las manos lentas del ‘Tamo’ ya vacilantes y rendidas por el ciego; unas manos parecieran que de sarmientos, que recuerdo huesudas, batracias, macilentas… El insensato, volvió a succionar tras mezclar una nueva dosis en la misma cuchara quemada y sucia; a través de la misma aguja infamada.

Manejaba aquella jeringuilla resobada -que a mí su sola visión mareaba- con una soltura y precisión de sanitario. Con la destreza que sólo otorga la costumbre, sus dedos daban leves golpecitos a aquel instrumento infernal para asegurarse, minuciosos, de sacar de él cualquier gotita de aire… Gotita que por ínfima que fuese transformaría en muerte segura e inmediata, lo que aquella tarde pretendía ser sólo un paso más en el camino a una muerte, también segura, pero más lenta.

Tras estirar con sus dientes y un leve giro de cuello la goma que regulaba la presión de las acribilladas venas de su brazo izquierdo, penetró sin miramientos y con pericia una de ellas… Transcurrieron un par de minutos creo, lentos. El émbolo emponzoñado, cadencioso, presionaba y succionaba viciando sin remisión con su bombeo un torrente de sangre adolescente, inocente, ignorante… La leve caída como boba, de su mentón; el giro lánguido y vahído de su cabeza. ‘El Rigo’ sudando, escalofríos; un gigantón a punto del vómito.

Gracias a que ‘El Copas’ tomó la iniciativa, porque, para evitar que debido al ciego y por un mal movimiento se le desgarrara aquella vena infamada, arrancó la jeringuilla que como olvidada, colgaba tozuda bamboleando sanguinolenta ensartada en aquel brazo.

La visión de conductor y copiloto en pleno viaje alcaloide me hizo pensar estúpidamente en el viaje de vuelta. Era evidente mi pánico; quería irme, desaparecer, escapar de la atmósfera espesa y opresiva del interior de aquel coche. Temblaba de nervios, de asco y de agudos remordimientos. A mi memoria vinieron mi padre, mi madre, mi novia; recordé mi afición al dibujo, a la música, a la lectura… Ya no me apetecía probarlo; para nada.

Y empezó a oler mal, muy mal.

A diferencia de conductor y copiloto ‘El Copas’ se preparó un tubo con un billete nuevo, y con él en la boca, empezó a ir detrás del humo azulado de una bolita negra que se consumía, al quemarse rodando sobre un tembloroso papel de aluminio calentado sobre la llama de un mechero también tembloroso… Con la última calada de aquellas volutas envenenadas azuladas y densas, le irrumpió la arcada.

Una asquerosa basta anegó por completo su regazo y mis alrededores, sin darle tiempo si quiera a abrir la puerta trasera para aliviarse. El interior del coche se infectó de ese hedor ácido y nauseabundo; miasmas que se mezclaban con el rancio de nuestro sudor además de con otras escatológicas pestilencias… Parece ser que en exceso, el ciego, relajó los esfínteres y estimuló las glándulas de mis desconsiderados acompañantes.

Ante el estropicio en su coche ‘El Rigo’ espabiló de su ciego lo justo para cagarse varias veces en la puta.

Ahora me tocaba a mí… Lentamente giró su cabeza. Sus tristísimos ojazos azules, desde una oscura lejanía y como a través de una bruma narcótica y vacía, lograron fijarse en los míos. Y vieron, seguro que lo vieron, en mi rostro el rictus del asco y el color del miedo… Y de verdad, os aseguro, que a día de hoy no sabría decir si fueron palabras dichas por él o las inmensas penas reflejadas en su mirada negra de gigantes pupilas perdidas y resignadas, las que gritando me advirtieron aquéllo de:

«Si tocas esta mierda te hincho a ostias…»

Gracias ‘Rigo’…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.
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El Arte y la Basura…

ADMIRAD LA «OBRA DE ARTE»

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Una ‘feria’ de arte, en España, retira una serie de copias de retratos pixelados, firmados por un ‘artista’ al que su arte empuja, parece ser que irremisiblemente, a tocar los huevos del resto de españoles que no piensan como él…

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La ‘obra de arte’ consistía en una serie de cuadros burdos, con las fotos de una caterva de delincuentes confesos -alguno de ellos fugados de la justicia española- clavados en una pared… Cada uno de ellos con una leyenda al pie en la que se detallan las andanzas y los méritos, los mitos, leyendas e injusticias, perpetradas por, o en contra de, los ínclitos retratados…

Algunos, todos los conocemos, no han tardado en calificar este acto como falta de libertad de expresión; lo sucedido, simplemente, es que la nula calidad artística de la obra y el insulto flagrante a la realidad española, han provocado que la dirección de la ‘feria’ haya decidido retirar la obra, tal y como semejante basura merecía… Por otro lado, al día siguiente de montar un revuelo así, la misma dirección de la ‘feria’ se retracta, y permite que la ínclita obra se exponga de nuevo…

Este insólito hecho ha producido el consecuente revuelo mediático, que a su vez ha contribuido a que la obra se vendiese, al poco de su retirada, por una suma de nada menos que ochenta mil euros… Ochenta mil pavos por un verdadero bodrio, artístico eso sí, que algún independentista no sé si muy avispado, y al que parece que le sobra el dinero, ha aflojado por el polémico lote de basura expuesto en esa ínclita ‘feria’

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El problema está, en que LLAMAMOS ARTE A CUALQUIER COSA que algún amanerado con algo de gracia nos presenta de forma golosa; siempre y cuando, claro, pertenezca al exclusivo y endogámico lobby artístico…

Y me pregunto yo: ¿dónde está el arte?

Hay que aceptar la necesaria condición de que el arte tiene, y tendrá porque así ha sido siempre, un carácter provocativo, incomprendido, rompedor e impertinente para con la época en la que se ha manifestado. Es más, esta condición transgresora está en la esencia misma del acto artístico, de la creación artística…

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El artista así, en su búsqueda de nuevos caminos, de nuevas vías donde canalizar su arte, quiebra los convencionalismos establecidos para abrir nuevas rutas inéditas a la expresión…

Pero dicho esto, otra de las condiciones indispensables para calificar como arte una obra humana es, sin duda alguna, el mérito artístico…

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Entendido este mérito como el dominio de una técnica artística y de la calidad en su ejercicio; o de la habilidad de aportar una perspectiva original; o quizás, la cualidad de expresar de forma hermosa una sensibilidad, capaz de hacer temblar nuestra concepción del mundo…

El arte tiene que revolverte con un torbellino de ideas nuevas, sensaciones y experiencias, cómo no… Pero también tiene que poseer un toque divino, genial, mágico, que despierte ‘eso’ que la materia expuesta por si misma no puede hacer aflorar, si no va acompañada de una sensibilidad especial que haga surgir un ‘enamoramiento’ por el arte, por ‘esa obra’ de arte… Es por ello que las obras de arte no pueden ser falsas, no deben ser tramposas, tampoco expresiones de lerdas cuitas políticas; simplemente, por la razón de que dejarían de ser arte…

Es clave el hecho de que si nos dejamos idiotizar por amanerados miembros de lobbys guays, y tontamente aceptamos como arte cualquier tipo de expresión, cómo no vamos a dar por buenas también, otras expresiones ya sean insultantes, arbitrarias, injustas, indignas, o insoportables… Si somos capaces de mentirnos con algo tan importante, trascendente y educativo como el arte, cómo no vamos a dejar que nos hurten torticeramente otros temas más nimios…

Por eso digo, que el problema está, en que LLAMAMOS ARTE A CUALQUIER COSA…

No os perdáis este vídeo en el que se desenmascara la gilipollez propia de estos ‘enteraos’ del arte, no dejéis de verlo…

Antonio Rodríguez Miravetebandera de españa.resized

Relato de un mal rato…

En aquella época de mi infancia las casas permanecían siempre abiertas, de par en par. Solo las cancelas interiores permanecían cerradas, aunque francas a las cuitas de vecinos y transeúntes… Oímos un ligero frenazo frente a mi casa, y el desgarrador aullido al ser aplastado por el neumático del vehículo.

Mi madre se disponía a salir a calle a curiosear el suceso cuando, al abrir la cancela, descubrió espantada que un pobre gato, amenazante, con la mitad del cuerpo machacado y buscando abrigo a su infortunio, se había refugiado en el pequeño espacio del recibidor de mi casa.

El reguero de sangre dejado en el suelo y las escaleras de la entrada, alarmó enormemente a mi madre, que cerró de nuevo, horrorizada, la cancela que impedía que el pobre animal penetrara en casa. No podíamos salir por esa puerta.

Mi cuñado y yo, extrañados, salimos por la cochera y dimos la vuelta a la casa hasta situarnos frente a la puerta de entrada que, completamente abierta, dejaba ver el dantesco espectáculo del pobre animal aplastado, arrinconado al fondo, con la mirada amenazante de ira y perdida de dolor, restregando lo que quedaba de su cuerpo contra el cristal esmerilado de la cancela. Hicimos el amago de entrar cuando, erizados, oímos el ululante y espantoso bufido con el que aquel felino herido de muerte nos amenazaba… Cualquiera que haya visto un gato acorralado sabe de lo que hablo.

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Al sentirse de nuevo intimidado y atacado por nuestra presencia, el gato, enloquecido por el dolor, empezó a arrastrarse con las patas que todavía le respondían, a la vez que aullaba amenazante y convertía el recibidor de mi casa con sus hemorragias, en un inefable espectáculo de sangre y humores de gato restregados por el piso y las paredes.

No iba a dejarnos cogerle tan fácilmente. El animal, nos advertía de que iba a vender cara la poca vida que le quedaba… Y aunque nuestras intenciones eran las de recogerlo e intentar ayudarle, era algo que lógicamente no podíamos «explicar con detalle» al pobre bicho moribundo.

Decidimos hacernos con una manta para atrapar al gato y sacarlo de allí. Volvimos de nuevo a la puerta y entramos al alimón estirando la manta para, cual red, atrapar dentro al gato y poder hacernos con él sin peligro para nuestra integridad… Cuando el pobre animal se vio de nuevo acorralado y cercado por la manta, no os podéis imaginar el estallido de ira, pánico y furia del desdichado gato.

Empezó a aullar endiabladamente; como un torbellino empezó a dar botes violentos y exagerados, estampándose contra las paredes y el cristal de la puerta de la cancela con una violencia y fuerza inusitadas, provocando que mi cuñado y yo nos cagásemos de miedo… Era seguro que no nos íbamos a librar de algunos mordiscos, y de muchos arañazos desesperados. No había forma de sacar al gato de nuestra casa sin que saliésemos mal parados del lance.

Finalmente, en vista de la imposibilidad de hacer nada por el desdichado animal, uno de nuestros vecinos trajo una escopeta de perdigones. Era la única forma que se nos ocurrió de acabar con la situación, pero mi cuñado y yo ya estábamos bastante afectados y nerviosos como para apretar el gatillo… No podíamos hacerlo nosotros.

El revuelo de vecinos, curiosos y espantados por el suceso, se incrementaba a la vez que el desagradable hecho se complicaba. Mi madre, mi hermana y algunas vecinas, estaban fuertemente impresionadas además de horrorizadas por lo sucedido, y lloraban, casi histéricas, impotentes ante el incómodo y repulsivo episodio que estábamos padeciendo.

Finalmente, uno de mis vecinos se arrancó y cogió la escopeta… Cada uno de los primeros tres disparos, fueron acompañados de unos espantosos alaridos de dolor intenso y de unos desesperados movimientos frenéticos, desafiantes y estertóreos, del pobre gato desahuciado… Cinco tiros hubo que darle antes de que el infeliz animal rindiese cara su pobre vida.

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El hecho de asistir al horrendo espectáculo de la degollina de aquel pobre animal, malherido y espantado por el dolor y la muerte cercana, nos afectó a todos con una sombra de tristeza, impotencia, pena y asco, que amargó enormemente aquel día, y algunos otros.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

MEMORIA HISTÉRICA

Para mi es una verdadera paradoja la idea establecida, y la ley promulgada, de eso que llaman memoria histórica; no acierto a entender el hecho de que una sociedad que se supone moderna y culta, como la nuestra, necesite que los políticos le digan qué es Historia, y qué, no lo es… Siempre pensé que la Historia era cosa de estudiosos; asunto universitario, erudito y académico que, por su propia naturaleza, admitía distintos puntos de vista a la hora de abordar su interpretación.

Creía yo que la Historia se escribía con mayúsculas, desde la rigurosidad, mediante la investigación y el estudio; y sobre todo desde la objetividad, o al menos desde su anhelo… Los datos históricos, si bien es cierto que por su naturaleza nunca serán verdades matemáticas inmutables, tampoco pueden ser salvo por espurias intenciones, mercadería ideológica con la que inundar a los ciudadanos con el fin de que, cual corderos ideológicos, pasten ideológicamente en uno u otro corralito, también ideológico.

Que los políticos se dejen de monsergas de derechas o de izquierdas, y hagan por aumentar el nivel real de la cultura de este país y de su Historia; que damos pena… No consintamos que nos digan qué tenemos que pensar o decidir.

Ése es el juego de políticos inmorales y carentes de ideas; adanistas sin los cuales estaríamos perdidos en los procelosos mares de la Historia y de la moral, de la política y hasta del criterio y el buen juicio; necesitándoles así -a los políticos- parece ser que hasta para ir a mear.

Por todo ello, yo me pregunto: ¿qué hacen los políticos decidiendo de cosas de la Historia? ¿Qué hacen en las universidades…? ¿Qué coño hacen pretendiendo imponer uno u otro criterio, de lo acontecido en una Historia que es de todos los españoles? ¿Acaso lo que quieren, no es sino dar por ciertos sus criterios, en contra de los del otro…?

¿No es ése su juego acaso: quítate tú para que me ponga yo…?

Finalmente, creía que la memoria era algo subjetivo, tan personal e íntimo, que necesitar también que esos políticos nos digan cuál debe ser nuestra memoria adecuada, es ya el colmo de la estupidez colectiva.

Es la memoria un territorio profundamente personal, una propiedad privada tan valiosa, tan sujeta a las experiencias y emociones vividas, que consentir injerencias ridículas -ni más ni menos que de políticos lerdos- es como necesitar que te digan la veces que tienes que respirar por minuto. Y yo respiro, y meo, las veces que me da la gana.

Tenemos multitud de ejemplos en la Historia, de veces que los políticos han intervenido en cosas que posteriormente han destrozado al corromperlas con sus intereses y su nefasta gestión.

Que no piensen ni decidan por mí… por favor.

El que quiera conocer la Historia, ya sabe: ¡a estudiar! que cultiva la memoria.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

El lenguaje y la lengua

¡Ah amigo…! el lenguaje, la lengua. Ahí es donde está la clave. Para ‘ellos’ el lenguaje y la lengua han sido clave en su estrategia inmunda de pervertir hasta el tuétano las ideas, la historia, y los principios en Cataluña… Ha sido el lenguaje y la lengua arietes con el que durante cuarenta años, de forma sibilina y soterrada, el independentismo ha intentado derribar las puertas y los cimientos de la arquitectura simbólica de España en Cataluña.

Y a la vista de los hechos no cabe duda que, primero, lo han conseguido; y segundo, volverán a intentarlo en cualquiera otra comunidad o ámbito territorial donde tengan (les demos) la oportunidad. El lenguaje y la lengua son el arma arrojadiza que estos lerdos aborregados, miserablemente usan para ésa su estrategia de pájaro cuco.

Empujan poco a poco a los legítimos inquilinos del nido que habitan, para instalarse tiranos en él, y parasitar así a sus legítimos dueños que ignorantes y bienintencionados, procuran siempre el cuidado y corren con las responsabilidades de mantener el nido, y de alimentar a los que creen sus hijos.

Y ESO, ES TRAICIÓN.

Por otro lado, nuestros políticos llevan también mucho tiempo modulando de forma perversa el lenguaje y la lengua. Por ello, de forma culpable y connivente nos hemos acostumbrado a llamar conflicto a lo que es terrorismo; negocio a lo que es estafa; cultura a lo que es basura, y sexo a follar. Llamamos educación al hecho de delegar en otros algunas de nuestras más importantes obligaciones. Y nombramos como ilegalidad lo que es traición; acusación, a lo que es pura mentira.
Definimos como cine, lo que es sólo propaganda cara y arbitraria. Llamamos democracia cuando deberíamos llamar partitocracia rebañuda, a ésta nuestra pírrica forma de gobierno. También, durante décadas, hemos llamado negociación con los nacionalistas a lo que era una mera compra de los nacionalistas.

Hemos capitulado al fin en una guerra léxica, que apenas hemos luchado por desistimiento. La prueba está en que llamamos ilegalidad a lo de Cataluña cuando es una traición flagrante. Y frente a tal, de forma unánime y contundente deberíamos reaccionar al respecto.

¡Coooño...!

¡VISCA ESPANYA, Y VIVA CATALUÑA…!

Antonio Rodríguez miravete. Juntaletras

¡¡BASTA YA DE INSULTOS…!!

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¿Vamos a ser vencidos por un puñado de abducidos orates con una estelada pegada al culo…?

¿Es que no hay nadie que actúe frente al insulto y a la vejación de nuestra pobre España…?

Estoy espantado, escandalizado y furioso por lo inane y cobarde de nuestros políticos. En cualquier otro país con el que nos queramos comparar, esta locura independentista hace tiempo que estaría contrarrestada, sofocada -y hasta aplastada- por el peso de las leyes, de la justicia y si fuere necesario del ejército.

En ninguna otra nación del orbe se consentiría alimentar una bicha que seguro se revolverá traidora -se ha revuelto ya- contra los que la ceban. Cada día que pasa aumenta más la ignominia de las afrentas a nuestra Nación, a nuestro Pueblo, a nuestra Historia.

¿Porqué nuestros políticos no aprenden de las lecciones que nuestra enorme historia nos imparte…? Todo esto nos ha sucedido ya. Cual vergonzante y repetido «dejavú» consentimos que vuelvan a sucederse los errores cometidos como nación. ¿Dónde está nuestro orgullo, dónde nuestro sentido del deber como colectivo; dónde habita escondido nuestro pasado glorioso, y porqué no tiramos de él para restañar las heridas que su duro discurrir nos ha inflingido…?

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No nos damos cuenta que los independentistas no son -porque no quieren- españoles, no son nuestros amigos, no son nuestros compatriotas, es más, nos odian, nos desprecian y aprovechan cualquier ocasión para cagar donde han comido todos estos años de subvenciones, enchufes y tres por cientos.

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Así, se han convertido por méritos propios en nuestros peores enemigos al actuar invariablemente como tales.. Sé que cuesta admitirlo, pero es como cuando te das cuenta, tras el divorcio, que la pareja que siempre habías creído leal, se torna en el peor y más traicionero enemigo que podrías tener… Precisamente porque sabe de tus interioridades, de tus defectos y debilidades, y puede, por ello, causarte a propósito más daño que cualquier extraño que pretenda tu mal.

Así, estos mamarrachos independentistas de meninges perforadas por el odio y la estulticia, no son compatriotas míos, no los reconozco como tales… Se han (los han) convertido en zombies devoradores de ideología incendiaria y cultura nula, que pretenden de forma mañaca y chapucera salirse siempre con la suya, pero que el precio lo paguen otros.

¿Y sabéis lo que yo digo…?

¡QUE LES DEN…!

¡¡BASTA YA DE INSULTOS…!!

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Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.