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AHORRO ENERGÉTICO

Es chocante que tengamos un gobierno, que la única solución que nos plantee frente a las escaseces sean las restricciones. Es una prueba, palmaria, de que no se puede ser más inútil; de que no podemos ser más tontos… En vez de plantear nuevas formas de producción, nos obligan a acatar nuevas formas de represión: de nuestros hábitos, deseos, necesidades y hasta libertades. ¡Ojo…!

¿Y el Satisfyer, puedo enchufármelo cuando yo estime conveniente y me apriete el cuerpo, o bien tengo que esperar a que el gobierno me diga cuándo puedo o no aliviarme…? Es que con los calores éstos, hay veces que a una… Bueno, no quisiera yo saltarme ley alguna, no vaya a ser que no ahorremos energía; por mí, que no sea.

¿Y el cepillo de dientes eléctrico… no me diréis que no es un derroche eso de lavarse los dientes tres veces al día, una barbaridad ecológica en gasto de agua y energía…? ¿Y el cortador de pelos de nariz y orejas de mi marido también gasta lo suyo, no…? Pues nada, que vuelva a las tijeritas, y así se ahorrará los pellizcos que le pega en la napia el aparatito y los lagrimones que le caen luego.

También tiene mi marido una de esas ingeniosas gorras con un ventilador frontal incorporado en la visera, que a su vez tiene una batería de litio que hay que cargar con un cable USB cada seis horas de uso: pues nada, fuera también, todo sea por el ahorro. Que sude.

El otro día en La Sexta-Secta un bufa barbudo imbécil, gañán y zurdo de ideas él, y presumiendo de ecologista y sindicalista, dijo, que frente a la sequía habría que cortar de cuajo el agua destinada a los regadíos… ¡Con dos cojones…! Álguien, que seguro que como buen ecologista come lechugas pimientos y tomates pero que como buen sindicalista no ha trabajado en su vida, diciéndonos lo que tenemos que hacer con la nuestra: vender el coche para comprar gasolina… Más tonto que Abundio.

Yo, voy a poner el aire acondicionado como me salga del capullo a mí, y sobre todo a mis clientes, ya que son los que con la que está cayendo me tienen que pagar las cañas casi a tres euros, los pobres.

…eeen fin.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

MEMORIA HISTORIA

Historias de Paco Sanz ✍️

La historia siempre es contemporánea. Es un mal asunto recordar con ella, para recordar tenemos la memoria; es más humilde, es mejor. Ahora la memoria ha perdido esa virtud, ya no quiere recordar. Es el efecto Google: sabiendo dónde lo puedes encontrar no haces nada por recordarlo. Sabiendo que tienes la información a tu alcance limitas el esfuerzo por incorporarla a tus recuerdos. No vas a poder usarla para pensar, o decidir, nada.

El fin último de nuestra memoria no es recordar el pasado, sino usar los recuerdos para mejorar el presente y el futuro. De modo que no pretendamos su fidelidad; no la antepongamos a su utilidad. Nos estamos quedando sin futuro por dejar de modificar el pasado, y para modificarlo, debe formar parte de nuestros recuerdos. ¿Que cómo se pierde el pasado…? mediante la disociación: una especie de división horizontal de la vida mental; sabes que pasó una cosa pero prefieres creer que pasó otra. Luego la represión y la inhibición. La potenciación de un olvido activo, de una desconexión que se contagia a redes neuronales cada vez más amplias, y que están más o menos relacionadas con lo que uno no se complace en recordar.

La gente estamos siempre gritando que deseamos un futuro mejor. No es cierto. El futuro, es un vacío apático que a nadie le interesa lo más mínimo. El pasado está lleno de vida, le gusta irritarnos, provocarnos, insultarnos, nos tienta a destruirlo o recordarlo. El único motivo para que la gente desee adueñarse del futuro es para cambiar el pasado. La pericia requerida en el futuro no consistirá en recordar hechos, sino en evaluar de modo crítico una gran cantidad de datos, discernir la señal del ruido, sintetizar contextos, y emplear la síntesis para abordar problemas del mundo real… Los educadores deberían proponer a los cerebros adolescentes ese tipo de tareas, y entrenar su plasticidad para lo que va exigirles la era informática.

A mí no me gustan tanto los hechos como las palabras, no sé pensar sin ellas y a veces con sentir no basta, uno debe poder soñar. Y sólo hay sueño donde hay lenguaje para recordarlo… Hay un sueño para olvidar y otro para recordar. Con el sueño se suelen olvidar mejor las emociones que las informaciones. Excepto si las emociones son muy importantes. Porque el olvido ligado al sueño tiende a retener lo importante y a olvidar los detalles.

Estimulando transcranealmente las ondas lentas del sueño (0’75 Hz) el recuerdo de las palabras memorizadas antes de irse a dormir, mejora.

El azar y la inercia mueven el mundo, y particularmente al mundo vivo. Nos suponemos intención, porque ayuda a recordar y a hacer predicciones con la ficción de introducir sentido a lo vivo de nuestra vida.

Bebemos de las aguas de la fuente de Mnemosine para recordar, para saber quienes somos; la memoria se une así a la identidad… Y luego las bebemos del río Leteo si esperamos olvidar, reencarnarnos en otro; si aspiramos a dar tregua a nuestras preocupaciones; o si a volver a empezar…

Historias de Paco Sanz ✍️

BABA DE CARACOL

Somos un rastro…

Una de las cosas más inquietantes que tienen los e-tiempos éstos que casi todo lo cuentan y lo miden, es que justo por ello, casi todo lo que hagamos quedará grabado en alguna de nuestras e-cuentas. Nos llevan las cuentas… De alguna forma, cuando nos hayamos ido, las e-cosas que nos conforman en la web permanecerán de forma indeleble en nuestro e-rastro: ésa especie de baba de caracol, que diríase que vamos dejando al desplazarnos arrastrándonos digitalmente por el e-mundo.

Así, cualquiera que siga el brillo de las babas de nuestro e-rastro, podría saber hasta lo que comemos a mediodía, y si cagamos bien o no por las mañanas. ¡Qué asco…!

Me da no sé qué cosa, cuando veo los últimos e-rastros de mi amigo Ramón todavía colgados en su página de feisbuc cual si jirones de su vida colgando… Lleva casi diez años muerto y cada vez que paso cerca, paro, y voy a verlo al cementerio; enciendo un cigarrillo, lo dejo en la repisa de su lápida hasta que se consume, y luego, me voy… Por cierto, lo último que publicó en su muro hablaba de la alegría de un hijo recién recuperado… Una pena.

Los tontos o los cabrones de antes, ahora ya no nos podríamos escapar; no lo tendríamos tan fácil. Bendigo los días en que podíamos equivocarnos sin que quedara tanto rastro. ¡Qué sensación de libertad aquélla la de poder cagarla sin tener que dar tantas explicaciones…! Yo, seguro que cometí un montón de errores que en esta época se sabrían todos: cómo de canalla me porté, cuán cobarde fui o lo miedoso que sigo siendo, lo irresponsable que todavía soy, o el nulo remedio que tengo ya.

Gran hermano, pareciera, que se ha convertido en una aplicación que aunque no se venda ni en Google ni en Apple ni en China, es, como si todo el mundo la tuviese ya instalada en su psique… ¿No…?

Hace cincuenta y cinco años nací en mil novecientos sesenta y seis, y solo dos años después fuimos a La Luna… Y sin tanta tontería.

…eeen fin.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

ENFERMEDADES MENTALES

Historias de Paco Sanz ✍️

En los países ricos cada vez se curan mejor todas las enfermedades excepto las mentales. Además, han proliferado. Afectan a más gente y más pronto. Las hay incluso en las aulas infantiles. Lo de darles Ritalin a los que no atienden porque no pueden quedarse quietos es algo que sigue escandalizándonos a todos. Hay incluso medicamentos para las enfermedades mentales de los agonizantes. Cuesta no ser mal pensado a este respecto.

Uno de los libros más vendidos en EEUU era el de la DSM, el manual de diagnóstico y estadísticas de los desórdenes mentales. ¿Cómo es que se vende tanto este tocho de casi mil páginas? una vez le pregunté a un entendido. «El quid de la cuestión es que el sector farmacéutico ha estado comprando el DSM en grandes cantidades, para distribuir luego gratuitamente los ejemplares entre los profesionales clínicos de todo el país—me dijo—. Por eso se han disparado las ventas». En su opinión, la motivación de la industria era evidente: «Dado que el DSM abarca casi cualquier tipo de sufrimiento, su difusión es un buen negocio: aumenta las tasas de diagnóstico, y con ellas, las recetas…»

Ahora que los locos están desapareciendo los enfermos mentales son multitud. Supongo que cada vez hay menos locos porque cada vez vivimos, nos sentimos, más solos. Porque a ver, ¿cómo sabe uno que está loco…? Eso nunca se sabe; depende de cuánta gente cree que lo estás. También pudiera ser que las enfermedades mentales ni fueran enfermedades ni fueran mentales, pero cualquiera lo dice en voz alta.

Decía Robert Musil hace mucho tiempo que «la diferencia entre una persona normal y una que está loca es que la normal tiene todas las enfermedades mentales, mientras que la loca tiene solo una». Ahora, ni los investigadores controlan lo que investigan, ni los ingenieros creen que se pueda aplicar al mercado lo que se acaba aplicando, ni los médicos son capaces de recetar con suficiente criterio… La manera más fácil de volvernos a todos locos es aumentar el diagnóstico de enfermedades mentales, y para conseguir que todos estemos enfermos, no hay nada como hacer que nos estemos haciendo constantemente revisiones y chequeos.

Si se permite tratar químicamente a enfermedades que se han diagnosticado como alteraciones químicas del cuerpo o del cerebro, estamos haciendo una especie de profecía autocumplida. Ahora ya no hay duda: nuestro cuerpo, nuestro cerebro, tienen un desequilibrio químico…

Desengancharse de las drogas o de los medicamentos precisa nuevos tratamientos, aparecen nuevas enfermedades, nuevos síndromes de abstinencia. Necesitaremos nuevos fármacos para curarlos. La promoción farmacéutica, los anuncios de medicamentos, son parte de las tendencias autodestructivas de la sociedad. La promoción comercial de coches, dispositivos, servicios… son también otras formas que tenemos de acabar de una vez con nosotros. Con todo lo que signifique nosotros.

Paranoicos con el fuego. Obsesivos con la tierra. Esquizofrénicos con el agua. Histéricos con el viento. Las enfermedades mentales derivan de que renunciamos a gran parte de nuestra seguridad, en beneficio de un reino de libertad sin protección; y no estamos acostumbrados.

Historias de Paco Sanz ✍️

Cosas de Neanderthal

En los neanderthales, creo que ésto del pensar, es una manía que empezaríamos a adquirir seguramente hace mucho tiempo. Quizá, cuando uno de nuestros adolescentes espantado, quedara huérfano asistiendo al espectáculo terrible de ver morir a sus padres despedazados y devorados, sacrificándose mientras le defendían del ataque por sorpresa de un tigre dientes de sable en su propia cueva… Aterrorizado, la lógica nos dice, que el joven neanderthal salpicado por la sangre de sus padres huiría de semejante carnicería en cuanto tuviese la menor oportunidad, escapando de aquella cueva despavorido, y perdiéndose sólo y para siempre entre los miedos del bosque.

«…No tengo garras pico ni colmillos; no soy especialmente fuerte ni rápido; mi vista oído y olfato tampoco son gran cosa; y no tengo una piel dura ni llena de pelos…»

Pensaría…

Pero, una vez que se reconociese en su orfandad y completa soledad, es muy probable que por puro instinto de supervivencia, el joven neanderthal, superase poco a poco semejante trauma refugiándose al abrigo de cualquier oquedad rocosa que encontrara vagando por ahí, perdido, pensando… Y seguro que, también por instinto y después de mucho pensar, tarde o temprano tomaría la decisión de luchar, de vivir a cualquier precio, y de depredar si fuese preciso hasta matar para no morir… Así, escarmentado como Olivia De Havilland en Lo que el viento se llevó, pondría a Dios por testigo, y de pie en su oquedad rocosa se juraría solemnemente aquello de que nunca más, ni de coña, volvería a pasarle algo así a él o a sus descendientes.

También posiblemente llegaría a la conclusión, el pobre, de que lo único que lo hacía temible era que pensaba, que era capaz de esgrimir armas, y que dominaba el fuego y otras habilidades frente a los ataques del resto de bestias que habitaban el Mundo. Eran sus únicos poderes, lo que lo distinguía de los otros seres: que pensaba y usaba artefactos. El ser humano no lo sabía pero justo ahí, comenzaríamos, seguramente… Y empezó el coco a darle vueltas en su oquedad rocosa cagado de miedo, y confundido, el desvalido neanderthal vería cómo cada día el sol parecía que salía por un sitio diferente.

Primero sería lo de dominar el fuego, algo difícil de controlar sin herramientas; luego vendría lo de echarse una chorbi y que saliera buena; y por último, lo de alargar las crianzas… Éso de tener que criar varios monos a la vez durante diez o quince años era mucha faena; algo complejo, y que debía tener un muy buen porqué ya que tomaba tanto trajín. Y el porqué, no sería otro sino el de que el grupo había ido acumulado una sabiduría tan valiosa que al no tener casi ni lenguaje, solo a fuerza de memoria, de atención y dedicándole mucho tiempo eran capaces de transmitirla a las siguientes generaciones. Vamos, que había que pasar mucho tiempo con los hijos… ¡Fíjate tú, qué descubrimiento…!

No se tarda ni mucho menos tanto en criar un oso, un león o un cocodrilo, y a las serpientes, ni siquiera recién nacidas les hace falta un padre.

Luego, pasó mucho tiempo hasta ésto de ahora, con todos los Sapiens pegados a un móvil.

……

Hoy, trasteando con mi dedito índice de acá para allá deslizándolo de pantalla en pantalla, y leyendo por ahí, he tropezado al azar con una de esas listas que proliferan en la web y que lo saben todo: Los cien mejores libros; así, a lo bestia… Menos mal que para desasnarse un poco y entender también un poco este Mundo, el autor humildemente reconoce que muchísimos otros títulos y autores quedaban fuera. Que aquella lista era solo fruto de una elección personal y subjetiva: la suya.

Una vez, un gran profesor de lengua y literatura que tuve, nos dio una lista de cien libros que podríamos llevar a una isla desierta para no perder del todo nuestra condición civilizada. Estábamos comentando una de nuestras lecturas obligadas: Robinson Crusoe, de Daniel Defoe… Cuando ya llevábamos varios de aquellos libros leídos a lo largo del curso un día le oí decir, que álguien que no leyese al menos la mitad de esos cien libros nunca terminaría de entender este Mundo, medianamente.

…eeen fin.

👇👇👇🙏

Los 100 mejores libros

Gracias por leerme 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

curas, raros, y maricones.

Es muy difícil y sé que sin cobrar, no hago del todo bien escribiendo en bruto sobre temas tan escabrosos, políticamente no ya incorrectos sino cuasi prohibidos, y que entran en conflicto incluso, con algunas de mis propias convicciones. Espero que curas, maricones, raros y otros, tengan el cuajo necesario para terminar de leerme sin juzgarme ya que yo sí intento tenerlo en la precisión y en el cuidado al escribir. Tanto es el cuidado que cuando leáis «cura», y para respetar este lenguaje inclusivo de mierda, digáis: «y monja…»

……….

El Dios, que mis padres con bondadoso ahínco pero con poco éxito pretendieron inculcarme, fue el cristiano; y éste amaba a todos sus hijos por igual y sin hacer distinción alguna. Ninguna.

Y recuerdo que por pura bondad, fue la beatífica fe de mi madre la que probó durante algún tiempo a ver si yo me animaba, llevándome tooodos los domingos de visita a ver a mi primo al seminario de Orihuela.

De nada sirvieron aquellas cándidas jornadas catecumenales o los fervorosos ejercicios espirituales en el colegio Estella Maris; tampoco los obligatorios y cansinos rosarios de los miércoles; ni su tierna insistencia materna. Y es que yo -su gozo en un pozo- ni era ferviente ni maricón; era raro éso sí. Sensible e introvertido, cabezón, y confieso que algo viciosillo. Ya entonces había empezado a fumar y a otras cosas.

Desde siempre casi todos aquéllos de familias pudientes, y otros muchos de familias solo acomodadas, terminaban consintiendo el ser curas; y si eran muy pobres monjes. Así, tomar los hábitos era una forma digamos que de búsqueda de escondite o de amparo, o de simple futuro. En aquellas sociedades pacatas, puritanas y atrasadas, muchos maricones que podían se refugiaban bajo la sotana y el presunto celibato, pero para que no los clavaran -pobres de ellos- por el culo en una estaca por sodomitas. Es duro pero era prácticamente así. Y eran la sotana y los cachivaches eclesiásticos símbolos escondites, tras los que sin duda a veces se camuflaban ciertas inclinaciones.

Para ser maricón al igual que para ser cura, necesariamente tienes que poseer algo raro y especial, y tienes que esconder cosas… Eso de los curas de consagrarse a Dios y renunciar a los placeres del mundo, o a todo lo contrario en el caso de los maricones, debe de ser duro, muy duro… Sólo se concebía el cura bien para consagrarse al amor de una verdadera vocación y a una fe, bien para disimular unos malditos instintos bujarrones, o para enclaustrar otras enfermizas rarezas también instintivas. Siempre había sido lo normal y la usanza; era un hecho incontrovertible: curas, raros, y maricones.

Hace años no había muchas veces nadie mejor que un cura para escucharte, acogerte, y entender tus rarezas... Deseos, piedad, compasión y onanismo; vicios veniales y secretos íntimos; pero seguro también que mucho y verdadero amor. El cura, al igual que el maricón siempre se ha hecho muchas pajas; pero no tiene porque haber nada malo en un sexo cohibido, íntimo, ocultado. Amor, simplemente amor; tanto en el cura como en el maricón.

A mí he de confesar que en el fondo, ambas me parecen tiernas rarezas muy similares: unos dicen enamorarse de sus semejantes, y los otros dicen enamorarse de Dios. ¿Hay alguna diferencia…? ¿Dónde meten la polla, dónde ponen su empeño…?

Ser maricón te convertía antes, y ser cura te convierte ahora, en víctima por un amor secreto, denostado, incomprendido.

Por ello, no acierto a entender el porqué se llevan hoy tan mal los maricones y los curas si siempre han ido de la mano y dormido juntos. Y tampoco entiendo el porqué la sociedad hoy es tan indulgente con los maricones, y sin embargo, le tiene tanta tirria revanchista a los curas candorosos. Los vicios y virtudes de ambos colectivos siempre han sido muy parecidos: amores ocultos y secretos de confesión; mucha paja, y sensibilidad especial ante la belleza y la bondad; y una enorme capacidad para entregar amor.

Deberían ser los maricones ahora que no son perseguidos, quienes se apiadaran compasivos de la gente a la que se persigue por una fe justa, sea cual sea el tipo amor que la inspira. A lo mejor, los maricones siempre han estado más cerca de Dios.

Y si los maricones actuales escarbaran en el clero -que no en la Iglesia- encontrarían seguro hermosísimas historias teresianas de amor maricón, con las que ilustrar su dignidad y su lucha a lo largo de la Historia.

Siempre ha habido curas, maricones, y raros. Y ninguna de las tres condiciones tienen porqué ser malas per sé... Sólo son meras formas de amor.

Pero hoy en día, parece ser que la Fe, el culo y el cerebro, no se llevan bien.

eeen fin…

Antonio Rodríguez Miravete… Juntaletras.

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…plaga de ‘opinaores’

El viernes día 3 de diciembre de 2021 Twitter bloqueó la cuenta oficial del periodista Alvise Pérez, por incumplir no sé qué reglas al haber publicado los rostros y nombres de los jefes de prensa -qué ironía- de los partidos políticos que firmaron el infame acuerdo para instar al Congreso de los Diputados, ni más ni menos que a «tomar medidas» contra determinados medios de comunicación y sus periodistas.

Jefecillos de prensa censurando La Prensa.

amplía la foto

«Bloqueado por daros sus identidades. Tienen miedo»

Alvise Pérez.

Vamos a ver… ¿Políticos que señalan y censuran a unos periodistas que consideran incómodos, pero esos mismos periodistas señalados y censurados no pueden denunciar la infamia que se comete contra ellos…? ¡Qué cosa la censura…! Se tiran los pájaros a las escopetas. ¡Qué asco…!

Pero fíjate tú, que al mismo tiempo, nos invade esta plaga de opinaores ígnaros y comemierdas de la foto. Piara de palmeros apesebrados, meretrices ideológicas; montón de marionetas mercenarias que con buen sueldo poca faena y todavía menos vergüenza, campan a sus anchas por púlpitos y platós rojos, infectando la realidad diciendo y haciendo lo que les viene en gana.

Gentuza… Uno de ellos, dijo el otro día y sin rubor en uno de sus aquelarres públicos, que «ser fiel al comunismo nos asegura que siempre tendremos la razón…» ¡Joooder me dije, un intelectual…! ¿Qué te parece el razonamiento…? Filosofía pura.

¿No…?

Tal y como está de gañán y de moña el mundo, hay que tener en cuenta que ningún periodista o contador de historias que se precie, llegará nunca a nada, si viviendo este presente tan mañaco y cobardón no le censuran constantemente en las redes. Si no te censuran aunque escribas bien, malo: mal vas.

Dos, creo yo, son las principales obligaciones morales de todo periodista al ejercer: una es la de mantenerse siempre independiente y por ello crítico, rebelde y hasta beligerante si hiciese falta frente al poder establecido; y la otra, la de acumular prestigio personal a fuerza de usar siempre la palabra, la justicia, la verdad y la ley, como leitmotiv de los argumentos y la intención de sus noticias.

Hoy parece que vivimos aislados, dentro de una burbuja informativa y cada uno en la suya; como encerrados en cuevas; solitarios cual náufragos culturales varados en islas alejadas unas de otras… Lo único que podemos hacer intelectualmente y una vez que nos hayamos equivocado lo suficiente, es reconstruir nuestra cueva mental cambiando con paciencia los materiales de los que está hecha, modificando poco a poco nuestra atención sobre las cosas importantes.

Lo primero que has de hacer es desinstalar de tu móvil todas las aplicaciones de tus redes sociales. Sí, todas… ¡Veeenga, vaaale, déjate el güasap…! Pero sólo porque es la única aplicación con la que si de verdad quieres o necesitas algo de alguien, puedes dirigirte directamente a él sin demasiadas interferencias algorítmicas.

Lo segundo es elegir dos o tres buenos periódicos, alguna radio solvente, tres cuatro o cinco escritores y artistas que te gusten, y buscarlos en la web… Luego, fija sus enlaces en tu pantalla de inicio, y ya está.

Y lo tercero, es ser constante al leer y leer de todo para poder mirar a izquierda y derecha con verdadera curiosidad, y dejándote invadir de ideas ajenas, siempre y cuando sean éstas bondadosas, admirables, sensatas, bellas… Dejarse, unirse, amarse.

…eeen fin.

Que te censuren, aaanda y que les den.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

huevos y bombas

Operaciones Especiales íbamos a la vanguardia del convoy, y la misión de mi pelotón era la de avanzadilla para asegurar y despejar al precio que fuese nuestras vías de transporte. Teníamos licencia para matar, pero esa gélida mañana las órdenes desde logística eran de lo más mundanas aunque también tajantes: había que desecar lo antes posible y como fuera una pequeña charca que se interponía en nuestro camino. Tenía una forma más o menos circular, unos cuarenta metros de diámetro, no más de cuatro de profundidad, y constituía un verdadero impedimento para el avance de los blindados. Había que vaciarla, había que hacerlo ya, y los ingenieros decidieron usar explosivos dada la urgencia.

Todo un un reto porque no habíamos hecho algo así nunca, pero una vez bien analizados los detalles del problema, la solución explosiva para vaciar la charca no nos pareció un disparate sino todo lo contrario.

Era un día extrañamente oscuro, gris pero de un gris diría que marengo, sombrío; el aire era un puro helor también gris pero como más claro, y pareciera que nos envolvía un vaho espeso, neblinoso. Serían las ocho de la mañana y os podéis imaginar, para un sureño como yo en pleno enero y a la intemperie de una serranía muy muy al norte, cómo de fría estaría el agua aquélla… Escarcha pura.

Conforme iba adentrándome y sumergiéndome en la charca recuerdo la sensación en mis huevos, los pobres, helándose y encogiéndose a medida que les llegaba el nivel del agua… Tiritando ya tenía el agua al cuello, y el plan, era sumergirme lo más en el centro posible y dejar en el fondo debidamente lastrados y orientados, cebados e impermeabilizados, los quince kilos de explosivo que llevaba en un petate; para finalmente, extender el cable detonador con cuidado fuera del agua hasta conectarlo al botón rojo.

Cuando completé el trabajo empapado y temblando aterido, di la señal levantando el puño derecho estirando el pulgar… Pulsar aquel botón rojo ya no era cosa mía sino del suboficial al mando; éste, ordenó situarnos rodeando la charca a no menos de cinco metros del borde, y tirarnos al suelo bocabajo protegiéndonos de la onda expansiva abriendo la boca, y de los cascotes cubriéndonos con las manos cruzadas sobre nuestras cabezas sin casco… Una boina verde llevábamos.

¡¡Todos al suelo… A cubierto…!!

¡Booouuummm…!


Recuerdo levantar solo un poco la cabeza dos o tres segundos, y ver asombrado alzarse ante mí una gigantesca columna de agua de unos treinta metros de diámetro, elevándose al menos otros veinte de altura… La vi, levantarse imponente, espesa y amenazadora, hasta que terminó cayendo implacable golpeando nuestras cabezas en forma de una violenta avalancha torrencial caliente por la explosión, marrón de lodo, sucia de hierbajos y piedras, y llena bichos muertos. Su puta madre…

Terminé con la sensación de un apaleado dolorido de tanto pedrusco que nos cayó encima, y empapado como una sopa pringado con aquel barro caldoso caliente metido hasta en los huevos, mis pobres…

…eeen fin. Cumplimos la orden.

Gracias, pero que muchas, por leerme… 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

FILFA Y FARFOLLA

La otra noche, en vela, oía por la radio un documental -digamos que escuchaba un podcast en el móvil- en el intentaban dejar claro que fueron los neanderthales, los primeros hombres que dominaron el fuego hace de unos ciento cincuenta a doscientos mil años… También defendían la hipótesis de que al menos en Europa, aquellos neanderthales se extinguieron pese a que se hartaban de marisco y pescaíto en las costas del sur de España, presionados y empujados por la irreversible hegemonía y mayor voracidad del Homo sapiens sapiens. A éste se ve, que también le gustaba el pescaíto, y encima le dio hace entre treinta y cincuenta mil años por adueñarse, pintar y decorar como propia, toda cueva con la que se tropezaba por ahí: mira las de Altamira.

Sí que se cruzarían algo entre ellos sí; pero se ve que no se gustaron lo suficiente, como para evitar que los se ve que feos neanderthales, encontraran su última morada en nuestra tierra apagándose genéticamente junto al mar Mediterráneo. Que para su desgracia, constituyó una especie de última frontera, de barrera marina infranqueable, para aquellos legendarios hombres primitivos y empujados hacia el sur.

Pues resulta que muchísimo antes de todo aquéllo, también el Homo Antecessor nos dejó hace ochocientos y pico mil años en la famosa Gran Dolina -la Sima de los Huesos de Atapuerca en Burgos- toda una panoplia de restos de herramientas líticas y huesos de canibalismos varios, para que supiésemos que una vez ellos también estuvieron ahí; aquí, justo en nuestra tierra. Pero eran otros tiempos.

Y mucho, pero que muchísimo más tarde, Egipto, los Persas o Grecia, Roma y luego el Islam, España, y recientemente Gran Bretaña, conformaron los imperios más poderosos de la Historia Occidental y del Mundo… Nadie se atrevería a negar intelectualmente por tanto la afirmación de que España es, sin duda alguna junto a Estados Unidos, Rusia o Francia, China, Alemania y Gran Bretaña, una de esas grandes naciones todavía contemporáneas, que han sido más determinantes, influyentes y decisorias, en el devenir de los acontecimientos más importantes de la Historia y del decurso de nuestra Cultura.

El ejército de los EEUU, la primera vez que se enfrentó a una verdadera potencia extranjera fue a España. Éramos su referente de cómo tenía que comportarse un soldado… Así eran los valores del ejército español: como ahora lo son los del estadounidense pero hace siglo y medio. Ellos aprendieron de los últimos de Filipinas y de Cavite la heroicidad, la ferocidad y el honor del pelear con todo, todos, hasta el final, y sin ser unos villanos infames… Pero claro, ellos eran mucho más poderosos; fueron mucho más astutos, y encima, manejaban la opinión del Mundo.

Mundo éste, que pese a nuestro derrotismo, no entendería su presente sin España, sin los hispanos: sin los valores universales del Quijote. La valentía sería un valor distinto sin las gestas ejemplares de aquél Don Alonso, loco perdido. O sin aquéllos Últimos de Filipinas. O sin Rafa Nadal y su manía de sacarse los calzones del culo en cada saque… No podríamos entender el arte contemporáneo sin Velázquez, sin Picasso o sin Dalí. ¿Qué sería del Mundo si no hubiésemos inventado la guitarra como tal, o el jamón ibérico…?

Somos, o lo éramos hasta hace poco, la octava potencia económica mundial; y la nuestra es -o lo fuimos- una de las Naciones más influyentes en la opinión del Mundo. Mundo, en el que más de seiscientos millones de personas hablan nuestra lengua: la tercera más importante si no la segunda… ¿Cómo pretender hablar entonces ésa segunda lengua del Mundo con hondura sin emular la malicia o el detalle, el humor y la pericia de la gente que escribía como escribía Quevedo…? ¿Cómo alcanzar pureza de verbo y alma sin descubrir el amor entre los textos, trances y éxtasis de Teresa de Ávila…? ¿Y Ortega y Gasset, o Séneca…? ¿Qué sería del orbe sin Hernán Cortés, sin Cristóbal Colón o sin Juan Sebastián Elcano…? ¿Qué sería de la tragedia moderna sin García Lorca…?

El legado cultural español es un tesoro incalculable que ya pertenece al Mundo entero. Pero es patrimonio sólo nuestro… Y pese a las infamias y envidias vertidas por nuestra Leyenda Negra, poseer tal herencia es sin duda ninguna un inmenso honor. Un honor que pertenece, insisto, solo a los hispanos; quienes al tener en suerte semejante propiedad tienen así mismo el deber ineludible de ensalzarla, de fomentarla y de defenderla a ultranza… Sería el colmo del esperpento si lo mandásemos todo a la mierda.

¿Y ahora, qué hacemos en medio de tanta metralla mediática, desinformadora y adictiva…? ¿En qué o en quién creemos…? ¿Qué es lo que sabemos realmente y qué lo que no…? Hasta los huevos me tiene el lío político éste en el que estamos. Ser o no ser: ésa es la cuestión. Ser o no ser, verdad.

Filfa: mentira, engaño, noticia falsa.
Farfolla: cosa de mucha apariencia y de poca entidad.

¡Qué cosas…! 💕🇪🇸

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

DERECHOS. INFANCIAS. LIBERTADES.

Tenemos un montón de derechos y libertades teóricas, pero estamos tan constreñidos por una maraña tal de normas estúpidas y leyes inútiles, que en realidad disfrutamos de muchas menos de las que nos creemos. Presumimos de libertades de todo tipo, y como por arte de birlibirloque damos por hecho que tenemos también un montón de derechos gratis: a la vida, a la privacidad, a la sanidad, a viajar… Sin embargo, hace poco que asustaron al planeta entero, y sin rechistar, todos consentimos que se nos encarcelara por decreto y durante meses en un arresto domiciliario brutal, radical, fuertemente vigilado, y penado hasta con detención y multa.

Fijaros en que, pese a que con esfuerzo y trabajo cada uno ganamos nuestro parné, no podemos de ninguna manera disponer de él si primero no lo depositamos o nos lo depositan en un banco… Mientras, nos están quitando también hasta el derecho a llevar dinero físico, acostumbrándonos a que empiece a parecer algo inusual, anticuado y hasta sospechoso el mero hecho de andar por ahí con billetes en el bolsillo… ¡Faltaría más…! ¡Que escándalo eso del dinero…!

«No poseerás nada, pero serás feliz…»

Pese a que conducimos unos coches cojonudos, la mayoría de los mortales no podemos circular a más de ciento veinte kilómetros por hora en unas autopistas, por las que se podría ir con seguridad y sin problemas a casi doscientos con esos mismos coches tan chulos. ¿Entonces, para qué cojones queremos coches tan cojonudos…? Piensa, en que cada año pagas más caro el seguro, el taller, la ITV, el sello del ayuntamiento, y no te digo nada de la gasolina. Y si te fijas, cada vez hay más guardias de tráfico agazapados en las rotondas listos para crujirte vivo en cuanto te descuides un poco.

Toda una metáfora…

Tenemos también ahora una libertad sexual desbocada, alocada, absoluta, total… Hemos puesto la sexualidad en el altar del amor. En mi época era al contrario: primero te enamorabas, luego hacíamos algo de tiempo para conocernos un poco, y finalmente, te lo tenías que currar mucho y de lo lindo hasta que ella consentía… Sin embargo en estos tiempos las consultas de psicólogos y psiquiatras, los talleres de tatuaje y los quirófanos, están llenos de seres con disforia de sí mismos que para que los quieran un poco, están deseando como locos, o bien rotularse y pintarse un poco, operarse las tetas, cambiarse la nariz, estirarse no sé qué arrugas, o amputarse de alguna forma los genitales creyendo así transformarse en otra persona, aún a sabiendas que también será alguien enfermizo.

Si se supone que como demócratas en democracia gozamos de casi total libertad de opinión, expresión o manifestación… ¿Porqué tenemos entonces que modular la expresión de nuestro lenguaje para adaptarlo a esta jerigonza moña, políticamente correcta, inclusiva, feminista y hortera, y que pareciera que nos la hemos impuesto nosotros sólos y tan estúpidamente…?

No podemos usar palabras tan simples y prístinas como maricón, descapullar, tortillera, enano, zorra o subnormal, ya que corremos el peligro de terminar en un juzgado acusados de machistas, de fascistas, de heteropatriarcales homófobos no inclusivos y del todo insensibles, o de vete tú a saber qué otra barbaridad… Por otro lado, pero por el mismo motivo, tenemos también que llevar mucho cuidado al manifestarnos díscolos frente a tanta tontería, no vaya a ser que los tontos se den por aludidos y se ofendan.

¡Es el colmo, el colmo…!

Yo sí puedo afirmar que viví mejor infancia que la de mis padres, pero por el simple hecho de que no pasé penuria alguna ni sufrí el trauma de tener que superar una guerra civil. Hoy, mis hijas, además de tener bastantes más dificultades y menos libertades efectivas que tuve yo, han de presenciar el triste y vergonzoso espectáculo cuasi de guerra civil constante, que por pura ambición están dando esta caterva de políticos que padecemos… Recuerdo, que tanto en mi infancia como en mi juventud y hasta hace poco, guerras y delitos eran cosa de criminales y delincuentes; hoy ambas cosas son se ve que asunto de políticos. Y ahora, y con ésto de las redes y las pantallas, hasta la opinión quieren controlarnos. Todo se andará… Y la gente votando siempre a los mismos.

…eeen fin.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

El perro y la Vereda de Los Mazones

Me acuerdo cuando me dio por hacer deporte, y salía a correr al menos un día de cada cuatro… Lo hacía por las sendas fantásticas que recorren la huerta que rodea mi pueblo, y esa tarde iba yo por la muy famosa Vereda de Los Mazones. Todo el mundo debería saber que es famosa entre otras cosas, porque tiene un hermosísimo y verdadero monumento natural en forma de ficus macrophylla gigantesco y antiquísimo, que pareciera que desde siempre la adorna, la engalana… Un precioso camino verde que une Almoradí con su pedanía de Las Heredades, cruzando el corazón de la huerta con un recorrido maravilloso rodeado de huertos de naranjos y limoneros, de bancales de alcachofas y de habas, de brócoli o alfalfa.

Peeero, cada vez que pasaba corriendo frente a una nave industrial que dejaba a mi derecha, una verdadera bestia, comenzaba a perseguirme ladrándome todo el trayecto que le permitía el límite de la valla que perimetraba la finca y bordeaba el camino. Aquel enorme boxer atigrado no sé porqué me odiaba tanto. Todos los días me ladraba el cabrón con una ira, con una inquina y una fiereza, que de verdad que daba miedo el sólo pasar a menos de un par de metros de la valla, no fuera a ser que encontrase un agujero y…

Debido a la costumbre de pasar por ahí día tras día dejé de hacerle caso al perro y seguía corriendo, así, sin más… Hasta la vez aquélla, claro.

Ya había rebasado la finca de la nave industrial y corría dejando atrás el límite de la valla metálica, cuando me percaté de que seguía oyendo aquellos ladridos como con una extraña cercanía… Sin parar de correr miré atrás, y aterrado, vi que el enorme perro atigrado galopaba por en medio de la vereda persiguiéndome iracundo, y ganándome terreno con muchísima rapidez.

Sabía que no tenía ninguna oportunidad si seguía corriendo; tarde o temprano aquella fiera me alcanzaría, me zancadillearía mordiéndome los tobillos hasta hacerme caer, y una vez en el suelo me devoraría vivo… Tampoco me daba tiempo a llegar y salvarme encaramándome al enorme ficus que había por allí cerca.

Todo ocurrió en un momento, cuestión de dos tres segundos, y la decisión que tomé no sé si fue una locura… El caso es que rápidamente paré en seco, me giré mirando al perro fijamente, y gritando, blasfemando y gesticulando como un loco, arranqué a correr hacia él vociferando amenazante como si un alma que llevara el diablo… Es curioso que en ese instante me diese tiempo a pensar en cosas, como hasta que tendría que sacrificar mi brazo izquierdo ofreciéndoselo y que mordiese primero él, para luego yo, poder inmovilizarlo y estrangularlo con mi mano derecha clavándole los dedos en el cuello y rompiéndole la tráquea.

Y la cosa funcionó, porque cuando el perro me vio yendo a por él gritando como un poseso envuelto en llamas, se ve que se lo pensó mejor, y como en los dibujos animados de Scooby Doo, frenó en seco y tardó una fracción de segundo en darse la vuelta y salir corriendo, cobardón, hacia el mismo agujero de la valla por el que se había escapado persiguiéndome, bravucón.

Seguí gritándole y persiguiéndolo yo a él hasta que se refugió de una puta vez tras la valla… El caaabrón.

…eeen fin. Gracias por leerme. 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

SUBNORMALIDAD

Normalidad era percibir el verdadero cariño y la naturalidad con que mi madre, me llevaba a casa de mis abuelos para ayudarle a limpiar el culo y darle de comer a la suya con alzheimer… Estuvo haciéndolo durante dieciséis años, hasta que mi abuela se nos apagó muriendo como durmiendo cual si una niña grande acurrucada en su cama. Recuerdo su viejo cuerpecito aovillado sobre sí mismo y en posición fetal… Pesaría veintipico kilos y lo recuerdo bien porque recién muerta, mi madre me pidió con total normalidad que la tomara en brazos, y que con cuidado la acostara en la otra cama limpia que había en aquella habitación tan vetusta de mis abuelos.

Me crié y fui educado con entera normalidad siguiendo casi a rajatabla unos principios hoy tan raros, como el de que si no estudias no apruebas; el de que los castigos no se levantan porque el que la hace la paga; ése de que quien no llora no mama; el de que quien bien te quiere te hará llorar; o el clásico aquél de que la letra con sangre entra… Creo, que también tenía entonces bastante claras las principales diferencias entre el bien y el mal, y sabía de los enormes beneficios de tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí… Hoy lo llamaríamos empatía, religión, disciplina o no sé cómo. Pero entonces era lo normal.

La normalidad era que la puerta de mi casa estuviera siempre abierta… Las de los vecinos también lo estaban, y solo había que apartar un poco las persianas para colarse en cualquiera de ellas.

Con toda normalidad y solo ocho años, ya me mandaban sólo a la tienda de Manolo, bien a por una botella de lejía, una bacalá seca, tal vez media docena de huevos, o cuarto y mitad de jamón serrano en lonchas… ¡Y oye, que no me engañaran con las vueltas…! ¡Y cuidado con los huevos no tengas un percance…! ¡Y sobre todo, cuidado con los coches y con las calles: primero mirar y después cruzar…!

También era lo normal a esa edad después del colegio y por las tardes, el que saliéramos corriendo a perdernos en bicicleta por las veredas de la huerta kilómetros y kilómetros… Y por ello, lo normal, era que casi siempre alguno de nosotros volviese lisiado y con algún raspón en las rodillas o en los codos, o bien por un batacazo en la bici, o tal vez por la caída desde lo alto de un árbol debido a las prisas de estar robando fruta para merendar y que te pillara el dueño.

Desde siempre, cuando estabas en la huerta ya fuese jugando o trabajando y si te estabas cagando, lo normal era que te apañaras limpiándote el culo con lo primero que pillaras ya fuesen hojas o piedras, un trozo de cartón viejo, o cualquiera otra cosa que pudiera serte útil para semejante fin… Y normal, también eran cosas como mezclar tierra y orines si te picaba una avispa y restregarte luego con el mejunje para aliviarte.

Insisto, eran cosas normales pero oye: funcionaban.

O nos revelamos, y cuanto antes, frente a tanta tontuna y tanto miedo que pareciera que nos han inyectado contra los virus, el clima, el prójimo o el futuro, o vamos a asistir a la regresión como especie más importante de la Historia de la evolución del Hombre.

Vamos pa’trás.

Y si os fijáis, la cosa se acelera porque hace sólo unos años éramos diríase que normales, y ahora y más con ésto de la pandemia parecemos casi por completo todos unos subnormales… Y por favor, entendamos el adjetivo subnormal simplemente, como todo aquéllo o todo aquél que se encuentra por debajo del umbral de normalidad respecto de una realidad determinada… No vaya a ser, que debido a la corrección del lenguaje éste de mierda y tan moña que padecemos ahora, alguien se la coja con papel de fumar, se dé por aludido, y se me ofenda.

…eeen fin.

Sabéis que os quiero. 💕

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

¡Desinfectad malditos, desinfectad…!

Acabo de ver por televisión que hay un aparato doméstico ni más ni menos que para desinfectar el móvil, las gafas o el reloj, o unos pendientes si llevas; también los auriculares, unas llaves o tu bolígrafo… Y no sé si también desinfectaría cepillos de dientes, un peine, un cortaúñas, o quizás dentaduras postizas u ojos de cristal… Ufff.

¡Pero qué asco y qué tiricia de artefacto…! Pero tal y como está de tonto el mundo, vete tú a saber…

El caso, es que me acabo de acordar, de cuando obrábamos en el huerto y para limpiarnos, escogíamos una piedra lo más lisa posible si no habían hojas tiernas y a mano. Y siempre, siempre, terminábamos nuestra faena de forma digna con el ojal y el resto del culo lo suficientemente limpios… Luego, cuando llegábamos a casa, la ducha diaria y el jabón terminaban de hacer el resto.

También, me acuerdo cuando jugábamos atrapando avispas en bolsas de plástico transparentes, medio llenas de agua; y para evitar el dolor de los picotazos que a veces nos daban mezclábamos tierra y orines. Y a modo de cataplasma, nos embadurnábamos las zonas afectadas una y otra vez con aquel mejunje. Y oye, mano de santo: funcionaba… Cosas del amoníaco.

Y no te digo ná cuando para quitarnos el dolor de muelas empapábamos en Brandy aquellos trozos de algodón en rama, que metidos luego en la boca apretábamos con la muela dolorida durante largo tiempo y muchas veces… Os aseguro que al rato, y en verdad, que se te quitaba el dolor de muelas aquél. Cosas del alcohol.

Aquellas prácticas no nos parecían entonces disparates. Pero ahora sí parecería que estamos todos en verdad infectados de algo: cada uno de lo suyo, claro…

¡Qué disparate…!

¡Qué manía ésta la de desinfectar…!

La única forma de inmunidad es la capacidad de exposición al virus; la única forma de combatir una reacción alérgica es la de acostumbrar el cuerpo al alérgeno; y la única forma de superar el miedo es enfrentarse a él… Y nosotros, que si desinfecta por aquí y que si desinfecta por allá.

Seguro que yo, con la de gérmenes, virus, bacterias y otras pestes, amén de tanto alcohol y tanta droga, tanto agente químico y tanta radiación solar, iónica o electromagnética a las que se ve que mis muchos años me han expuesto, debo por todo ello de estar muy muy mal… O no, como decía el gallego.

…eeen fin.

¡Desinfectad malditos, desinfectad…!

Gracias por leerme 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

UNA CARTA

Historias de Christian Sanz

En el siglo XVIII una carta entre España e Inglaterra podría tardar varios meses en llegar, como casi un año tardaba una carta en el siglo XIX entre Estados Unidos y Europa, o entre la India y Europa. Recibirla implicaba un acceso callado pero eufórico de emoción, y al responderla uno se demoraba sabiendo que estaba ante un bien preciado, donde el peso de las palabras, los párrafos, la sintaxis en suma, donde su peso, decía, se calibraba y evaluaba casi casi como una obra de arte. Se medían efectos y se sopesaban intenciones, se ponderaba y se precisaban argumentos e ideas. Esas cartas eran un acto estético y cognitivo a la vez. Un sustituto cordial de la emoción estilizada. Un intercambio de razones y motivos que importaban. Esas cartas se escribían y reescribían con esmero, con pulcritud, con vigilante diligencia.

En el siglo XXI ocurre lo opuesto. Escribimos mails corporativos u oficinescos con premura y dejadez. Nuestros estándares de corrección y eficiencia se tasan muy por debajo que en épocas anteriores. La velocidad patológica del siglo provoca que se desatiendan como un objeto que requiere un proceso de elaboración lento. Su universalidad y accesibilidad, su facilidad e hipertrofia, les ha sustraído o quitado su aura de magia interpersonal. Redactamos los correos electrónicos como un simio ante un computador, sin alma ni gracia, sin fe ni designio.

Al brutalizar nuestras comunicaciones animalizamos nuestros corazones. Espero que ahora los enamorados escriban muchos borradores de cartas de amor. Y que no sea un bot.

Historias de Christian Sanz.

EL VOLCÁN

Una erupción volcánica como a la que estamos asistiendo en La Palma, genera no sé si más o menos energía que una central nuclear en toda su vida útil… De verdad que ni lo sé ni me importa, ni me voy a poner a investigarlo. Humildemente, yo sólo creo que en vez de tanto llanto por los estragos del volcán -que también- nuestra principal preocupación debería ser, la de hacer como hacen en Islandia cuando revienta la cosa geológica.

Lo primero y cómo no, se apartan de la lava; lo segundo, aseguran la vida futura de las víctimas de los estragos que causa; y lo tercero, se ingenian las formas de aprovechar semejante fenómeno de la naturaleza… ¿Qué coño hay que hacer, cuando tienes la suerte de que te crezca de la tierra una central energética y así de cerca…?

Y sí, son peligrosísimos, pero da igual lo peligrosos que sean porque sobre todo, y más si queremos vivir cerca de ellos, lo que tenemos que saber es que son devastadores y crueles por inevitables, inexorables por inapelables, y tremendamente caprichosos… Y sí, muy muy energéticos.

Utilizar, aprovechar los volcanes como hacen en Islandia, por ejemplo para que los palmeros no pagasen ni un euro del recibo de la luz, sería genial. ¿No…? Se podría generar mucho vapor de agua que movería turbinas eléctricas con los más de mil grados a los que sale la lava ésa. ¿No…? Y al fin y al cabo ese volcán en erupción, lo único que está haciendo el pobre, es lo que suelen y siempre han hecho los viejos volcanes españoles cuando se remueven echando lava y cenizas; o sea, más grande a España. ¿No…?

Pues venga, a trabajar… Solidaridad, ingeniería y buen rollo, que estamos en el primer mundo. ¿No…?

…eeen fin. Gracias por leerme 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

TONTÁS

¡Coño con el lenguaje…!

Talante que no talento, tolerancia con el conflicto, togas manchadas por el polvo del camino, da igual concordia que cobardía, todo sea por tu partido político, resiliencia o rendición en vez de resistencia, ellos ellas y elles, combate, derecho a decidir todo lo que nos salga del capullo y de la subvención, diversidades, justicia ideológica, independentismo pacífico y nacionalismo inclusivo, indigenismo, nueva normalidad… Y hoy mismo, se acaban de sacar de la chistera eso de la violencia vicaria.

Cogobernanza, influencer, sociabilización mono y multiparental, superioridad moral y/o empoderamiento, comité de expertos, micromachismos, justicia social, patriarcal, justicia feminista y hasta justicia republicana, especismo, nosotros y nosotras, memoria histórico-histérica, apaciguamiento, democracia real y progresista, traumarse, indultos no pero sí, genuflexión, felación, y géneros no binarios, feminazismo y derecho al aborto, franquismo, revancha, comunismo, lengua y lenguaje Pero eso sí: todo muy inclusivo.

Una ironía.

«¡Ostia cuánta tontería, eso son tontás…! A mí no me jodas«. Anónimo

«Esto es acongojante o acojonante. No estoy seguro…» J.C. Girauta.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

FIRST DATE

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En un inefable programa de televisión de gran audiencia, que hace befa del enamoramiento y mercancía del amor, preguntaron a los y a las participantes, por las cualidades que más estimarían en su ‘ideal’ de pareja.

Entre otras lindezas más minoritarias, la mayoría de ‘ellos y ellas’ curiosamente, coincidieron al valorar como imprescindible el requisito, por otro lado impecable, de que esa persona ‘se cuidase…’

Hasta aquí, bien.

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Pero lo extraño sucedió al preguntarles qué entendían, concretamente, por ‘cuidarse…’

De forma asombrosa y significativa, casi todos aquellos variopintos participantes, también coincidieron en sus estrafalarias respuestas. Esa mayoría expresó con rotundidad preferencias tan pintorescas, tan simples pero tan concretas, como las de que ‘fuesen al gimnasio y llevasen tatuajes…’

Por el contrario, pocos, demandaron de sus parejas aficiones culturales o espíritu de trabajo, corrección formal o sanas ambiciones; tampoco ninguno de ellos, reclamó hondura espiritual, bonhomía personal, o alguna clase de fe.

Al reflexionar sobre el resultado de esa fullera consulta televisiva, podría concluirse que aquel par de preferencias burdas, son torpes y tristes ejemplos de los arquetipos actuales del deseo ideal medio: que nuestra pareja se cuide… Pero entendiendo por ‘cuidarse’ cosas, como el que frecuente las visitas al gimnasio y ¿cómo no? el que se perpetre unos bonitos tatuajes que lo adornen bien… Condiciones éstas, sine qua non se comerá una rosca.

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Conceptos inquietantes y torcidos, tan abstrusos como absurdos, pretenden definir aunque confunden, los objetivos e ideales vitales de gran parte de la juventud actual: postverdad, poliamor, especismo, sexo, hembrismo, fascismo, droga, derechos, relaciones abiertas, izquierda, LGTBI, feminismo, relativismo, consumismo, patria, víctima, derecha, comunismo, y hasta felicidad.

Una sibilina plaga dialéctica.

¿Dónde se atrincheran por el contrario los conceptos, razón, amor, orgullo, España o concordia; qué ha sido del humanismo, la hermandad, el respeto o el mérito…? ¿Por qué están proscritas palabras tan alejadas entre sí, como corrida, obediencia, follar, fe, piropo, orden, éxito, propiedad o amistad…? ¿Son éstos todos, conceptos y palabras discutidas y discutibles…?

Es un hecho, que disponemos de más información y más medios de acceso a ella que nunca; pero paradójicamente nuestros jóvenes adolecen de un mínimo bagaje cultural clásico. Clásico, entendido como conjunto de habilidades intelectuales, básicas y concretas, útiles para discernir ‘lo correcto’ en el mundo real.

Tal paradoja se plantea, amén de otras razones, porque confundimos la información con la formación, la lectura con la literatura, o el maltrato con el castigo; creemos que las series son cine, que el amor es sexo, que la fiesta es amistad, o que la vida son años… Hay un considerable vacío de auténtica cultura, de crítica constructiva, de discusión inteligente. Nos conformamos con el mero entretenimiento vacuo; ruido sordo de fondo vacío; sopa boba intelectual.

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Somos más inseguros como sociedad, porque cada vez lo somos más individualmente. Necesitamos unirnos a una u otra tribu, asumir ciegamente ésta o aquella ideología. Admitimos extrañas tendencias foráneas adoptando a veces preferencias retorcidas, que nos inducen a comprometernos con causas alejadas del sentido común, o hasta del decoro moral. Parece obligatorio colgarse algún cartel que nos defina: ‘somos algo, o de algo…’

Algo habremos hecho mal, porque, pese a toda la vorágine de información que nuestro tecnológico mundo provee, las personas -todas en general, pero especialmente los jóvenes- cada vez somos más ignorantes. Y extrañamente más lo somos, frente a realidades antaño prístinas e inmutables: tus padres, la propia orientación sexual, el valor del esfuerzo, la amistad o el respeto… Sempiternos valores personales, son ahora minusvalorados si no denostados: la patria, la caballerosidad o las normas de corrección social, la austeridad, la fidelidad, el respeto y la autoridad de los mayores.

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A poco que nos descuidemos, indefectiblemente, estaremos creando una inculta y prepotente sociedad mañaca. Sociedad que producirá sin remedio zombis éticos, inanes y rebañudos; seres carentes de sólidas anclas morales o sentimentales, religiosas o históricas, que los amarren de forma segura, a un mundo que no comprenden y que por ello, temen.

Razones quizá para que esta sociedad, ‘se cuide‘ tanto…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

FALTA DE VOCABULARIO

Cuando sales de tu pueblo al mundo exterior, y ves que te falta vocabulario, puedes reaccionar o bien aprendiendo el idioma del mundo o también pensando que la gente habla raro, que no habla como debería… Vamos, que no habla como tú.

No hay nacionalismos buenos, sensatos o pacíficos, no los hay. Cualquiera que sea su credo y procedencia, todos son provincianos y castrantes en su fondo; incultos, radicales e intrínsecamente malvados por racistas y sectarios. No olvidéis lo que pasó en el País Vasco: mil quinientos muertos.

Hay mucho dinero y mucha indecencia invertida en el proceso; también mucho tonto y mucho odio inventado recientemente. Hay una supina ignorancia en el fondo del rebaño, y una legión de otras maldades políticas, maquiavélicas, y periodísticas… Y sobre todo lo que hay son muchos hijosdeputa, y otros hijos que no lo somos.

Y tú ¿qué eres? ¿O ya eligió tu madre por ti…?

¡VIVA ESPAÑA, Y TODOS LOS ESPAÑOLES…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

REDES ASOCIALES

Al principio, allá en 2007, era algo realmente cojonudo, nuevo y divertido, tecnológico, enriquecedor. Y gratis… Cuando algo se expande como se expandió feisbuc a nivel mundial, es porque ése algo era realmente bueno. Esa red, tu red, se comportaba difundiéndose de forma puramente viral, es decir, tenías acceso directo y completo a todos tus contactos y aparecía en tu línea de tiempo todo lo que publicaban. El lío, lo tenías tú para ir discriminando toda esa información que recibías, y claro, ellos decidieron hacerlo por tí… Ésa, fue la cuestión clave.

Recuerda siempre eso de que, si es gratis el precio eres tú: tus datos, tu vida. Vale. ¿Pero a que no creías que fuese tan caro…? Un precio altísimo éste de las redes sociales, porque mira la mierda en la que se han convertido, y mira la mierda en la que están convirtiendo al mundo: bandos, trincheras, ideologías, mercados.

…aaanda y que les den.

Las redes sociales permitían el acceso a una forma totalmente nueva de relacionarte con el prójimo. Algo revolucionario, un salto adelante brutal en tu capacidad de comunicar. Unas herramientas, en apariencia gratuitas, que te proporcionaban una potencia extraordinaria para expresarte en sociedad, en público. Las personas con algo meritorio, talentoso o interesante que contar, tenían más éxito, más seguidores… Así de sencillo.

Llevo tiempo mascullando la idea, de que las redes sociales se convierten en redes asociales, justo, en el momento justo, en que se monetizan descarada y salvajemente y se proveen de esos algoritmos tan listos, que sibilinamente nos van convirtiendo en mercancía, clasificándonos para vendernos luego por ahí… Y tengo también la teoría de que si nos dejasen a los usuarios tranquilos, si no hurgaran como lo hacen esquilmando nuestra intimidad y tergiversando nuestras preferencias, las redes se autoregularían por el simple principio de la prevalencia, de la preferencia de los contenidos de calidad frente a los contenidos basura… La gente no es tonta.

Porque la tontería frente a el talento no tiene nada que hacer; porque la verdad es mucho más potente que la ideología; porque la bondad es a la larga más rentable que la maldad, y la lealtad más que la perfidia.

Justo al darse cuenta de la potencia del juguete que nos habían proporcionado, en ese momento, comprendieron que podían empezar a enredar y a joder traficando con nuestros datos; y claro, ahí la cagaron, nos cagaron, la cagamos… Y la hemos cagado, porque nos han tangado, cambiándonos aquel juguete original tan potente y placentero, por otro impotente y castrado, aburrido e inútil; y encima, seguimos pagando sin rechistar aquel mismo precio tan caro de nuestra intimidad… Mal negocio.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

…….

EUTANASIA

Historias de Paco Sanz

Ahora que se está muriendo tanta gente prematuramente se aprueba una ley que modifica lo de la eutanasia. Es posible que el rigor asistencial que dedicamos al agonizante no sea a partir de ahora el mismo. “Santa Ana, dame una corta agonía, y de poca cama”. Así se reza a la patrona de las agonías. El médico podrá objetar ahora a otro nivel. Además ni los gastos en paliativos, ni la presión legal sobre el que acorta la agonía, serán las que eran.

Parece que toca añadir un capítulo de infierno y degradación, a una biografía como la nuestra, testimonio de la era científica en la que nos ha tocado vivir. La Iglesia de la Eutanasia, que forma parte de los movimientos de extinción voluntaria, tiene cuatro pilares: el suicidio, el aborto, el envenenar el medio ambiente y el llevar mala vida.

El suicidio vital crónico y la eutanasia social están emparentadas. Las formas autodestructivas de llevar tan mala vida y la sociedad asesina, tienen antepasados comunes. El contentarse con poco, y la manera que tiene la sociedad de acabar con las personas a base de condenarlas al aislamiento social y a la pérdida de dignidad, parten de una ausencia general de sentido para la vida y la consciencia.

Hay dos tipos de eutanasia, la activa, prima hermana del suicidio asistido, y la pasiva. El “encarnizamiento terapéutico” divide la eutanasia pasiva en dos clases: La omisión de medios médicamente proporcionados y necesarios, o la impericia en usarlos, y la prolongación “artificial” de la vida recurriendo a medios médicos “desproporcionados.»

No es lo mismo preguntar sobre la ética de una interrupción de un tratamiento que pudiera parecer ensañamiento (distanasia), pero que según cómo pudiera entenderse como eutanasia, que sobre las consecuencias jurídicas de una acción o de otra. La primera busca luz sobre la esfera autónoma y sobre la heterónoma la segunda, si nos ponemos en plan kantiano.

Como me he pasado media vida profesional al otro lado de la mascarilla, recuerdo lo importante de repasar los términos para la posible objeción. Con el respeto al rechazo del enfermo, se acepta que la muerte le llegue. Con la detención de la actuación fútil, permitimos que la muerte llegue. Con la analgesia y la sedación, aliviamos la muerte que viene. Pero con la eutanasia, provocamos la muerte.

La objeción de conciencia sólo puede practicarse en el último caso. Ni podemos hacer nada cuando creemos que se equivoca, ni estamos obligados a hacer algo que creemos que no sirve para nada, ni a suspender medidas contra la ansiedad o el dolor. Podemos decir que no nos prestamos a hacer nada que le mate. Es decir, podemos no ponerle una vía, o una sonda nasogástrica, o una mascarilla de oxígeno, si no nos dejan, si no van a hacer más que prolongar un proceso irreversible a corto plazo… Pero quitárselas es otra cosa. De la ley aprobada por fin ayer se puede entender, que ésta no te perseguirá si lo haces.

¿Dónde quieres morir? La cuestión es un poco vana en una época en la que, de manera general, uno no muere ya en su casa, en la que la muerte se ha vuelto virtual y los muertos son retirados de la vista de los vivos, tomados “a cargo” por los expertos en tanatopraxia, en la que uno expira con su último aliento en un espacio de paso, en una entelequia llamada hospital. Sin embargo la cuestión debe plantearse. ¿Cuál quieres que sea tu última dirección? ¿Cuál es tu lugar para morir? Tu habitación.

Más que morir, Dios ha sido ejecutado lentamente, su lugar está ocupado por las ideologías. El amor fue ejecutado por los psicólogos, su puesto ha sido ocupado por el sexo y las relaciones significativas. Una nueva ciencia, la tanatología o muerte con dignidad, está en vías de dar muerte a la muerte.

Acomodarse al terror a la muerte, a la larga y ardua educación de Sócrates, aprender a morir, ya no será necesario.

Historias de Paco Sanz

¡Qué tiempos éstos…!

La primera potencia mundial dicen que son, y lo son sin duda; todavía lo son…

En 1977 ellos solitos lanzaron la Voyager 1 que hace ya bastante tiempo -en 2012- traspasó los 19.000 millones de kilómetros que delimitan la heliopausa: los inicios del espacio exterior, fuera de cualquier influencia gravitatoria o lumínica de nuestro Sol… Fueron capaces ellos solitos, de poner un disco de oro puro grabado con información humana esencial, en una nave espacial-especial, que ya viaja rumbo a otros mundos ajenos a los de nuestra Mater stella

Mira, que ahora envían también unas sondas espaciales de tecnología fabulosa, a Júpiter, a los anillos de Saturno, y hasta a Caronte y otras lunas de vete tú a saber dónde… Por no hablar de esos ingenios mecánicos polifacéticos, que hollando suelos extraterrestres, tanto asombro y tanta ciencia están descubriendo justo en el patio de atrás de nuestra casa la Tierra: Marte…

¡Qué cosas…!

Serían capaces de oír si quisieran, hasta la mínima huella sísmica de la caída de una maceta en el otro extremo del mundo. Pueden detectar cualquier pequeño asteroide, y medir con precisión relojera su orbita a no sé cuántos cientos de millones de kilómetros de distancia…

Pudieron, hace cuarenta años, localizar y recoger a salvo a unos tipos caídos en medio de la inmensidad del mar, a los que antes habían enviado de excursión científica a la Luna gracias a llevar una bomba en el culo, y metidos en una nave espacial-especial diseñada para tal propósito…

Ahora mismito están preparando en la Luna parece que bases habitables, y preparando los portes: posibles nuevos viajes rentables a la Luna… Han encontrado algo de agua y por ello algo de posible energía utilizable, dicen… Y también dicen, que quieren promover el turismo dizque lunar, y aprovechar de paso ciertos recursos minerales y tal…

Pues coño, yo creo, que por todo lo anteriormente expuesto no debería serles tan complicado, el contar, en el siglo XXI, los poco más de ciento y pico millones de votos ciudadanos que vota la primera potencia mundial… ¿No?

¿Más de doscientos años votando, y ahora resulta que no se aclaran con un ábaco en las manos; que no saben contar…? Yo no me lo creo. Y sí, ya sé que todo esto ha pasado antes. Sí, pero no así: con estas herramientas nunca…

Que no nos engañen: «Si ves las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar…» Y más aún, si es el vecino que lleva la pistola y tiene el dinero…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

COMITÉ CONTRA LA DESINFORMACIÓN

¿¿CÓOOMO…😳??

Pues no que, después de que un troll energúmeno se cansara de llamarme fascista de mierda entre otras muchas lindezas, y justo en el momento que yo me defendí calificándole de mierda roja y asegurándole, eso sí con corrección, que de tan maleducado le saltaría los dientes si lo tuviera enfrente, va el feisbuc e ipso facto me bloquea la cuenta… Hasta ahí podría entenderlo, por voceras que soy. ¿Pero qué curioso…? sólo me la bloquean a mí.

Unos, usan constantemente y sin recato la mentira, el odio larvado, la desmemoria histórico-democrática, y el burdo insulto… Y resulta que otros, no pueden siquiera defenderse usando exabruptos parejos a los que reciben, porque son bloqueados siempre y al instante como si fueran niños castigados a la silla de pensar.

Ya estoy hasta el capullo de esta red social convertida en asocial, que como araña te atrapa en su tela pegajosa, y una vez inmovilizado al embobarte con tanta basura ideológica y publicitaria, finalmente se alimenta sorbiéndote los fluidos vivos que aún queden en tu intelecto, o en tu criterio…

Tres días de bloqueo dicen; y una mierda. Que le den definitivamente por el culo al feisbuc éste: he eliminado por completo mis publicaciones y mi cuenta, y la de istagrán también. Harto estoy de este corralito, me voy.

– «¡Si me queréis, irse…!» dijo Lola Flores aquella vez agobiada entre la muchedumbre… Para encontrarnos, algunas veces hay que irse.

¿Hay vida fuera del feisbuc y del rollo éste de las redes sociales…? Mi padre no supo lo que eran, y el rojo de mi tío Miguel o ahora mi amigo Eugenio tampoco… José Luis Garci no las tiene, ni Jiménez Losantos. Ni Escohotado o De Prada. Muchos tienen a un negro a cargo de sus redes; y yo, ya estoy negro pero de gangrenarme el ánimo, sufriendo esa vorágine de desinformación sesgada y prostituta, administrada por no sé qué infame empresa, ente, o siniestros personajes…

Me arrogo el mérito de ser una de las muchísimas personas, censuradas a los pocos minutos -diez o quince- de conocerse la oficialidad de la entrada en vigor de esta mierda de comité contra la desinformación, que esta mierda de desgobierno rojo se ha sacado no de la chistera sino de la faltriquera, cual navaja trapera… Así reventara, el que haya decidido dar luz verde a un puto comité de censura pura y dura.

Lo he borrado todo. Estoy muerto para feisbuc, o eso me creo… ¡Qué alivio…! Y sé, que el no participar hoy en día del rollito éste de las redes sociales, es una forma voluntaria de aceptar la condena a un tipo de ostracismo. Sí, pero bendita condena y bendito ostracismo que me liberan de este mundo mentira y virtual tipo Matrix, en el que o caminas en el mismo sentido que camina la multitud, o eres una anomalía, un dejavú, un peligro, y por todo ello un objetivo a eliminar.

Y como para el feisbuc éste, parece ser que fuésemos unas meras mierdas secas que flotaran en su sentina de aguas fecales, flotamos sí, pero nadie distingue nada entre tanto detritus al no vernos unos a otros, casi ahogándonos en basura mediática.

¿Entonces, qué coño hacemos aquí dentro, si es un sitio donde ni se nos estima ni se nos respeta…?

aaanda y que le den…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

….

SEÑORITAS DE SALÓN

En serio: íbamos allí casi casi por amor; y él era mi mejor amigo. Ligaba el pobre menos que el chófer del Pápa, aparte de por que era algo feíco porque también entonces era inexperto, inocente; buena gente pero muy cortaíco. Yo, tenía novia ya. Y vaya, digamos, que le había cogido mi amigo mucho cariño, a una de las Señoritas de un salón de ésos que había en la carretera nacional.

Pues resulta que aquella noche cuando fuimos, las otras Señoritas nos dijeron que habían trasladado de garito a su chorba. A otra zona.

¿Cómo iba a dejar yo entonces sólo a mi amigo viernes por la noche subiendo por esa garganta oscura en busca de un lupanar barato y perdido en medio de ninguna parte…? Al fin, en un collado de aquella sierra, envueltas por la oscuridad entre los montes y donde la carretera se retorcía en una doble curva, languidecían las luces tristonas y encarnadas del rótulo aquél del puticlub:

«La Garganta»

Aparcamos.

Sólo fue entrar y aquella Señorita chisporroteante apareció y se abalanzó al cuello de mi amigo, dándole un beso breve pero con un toque de lengua. Me fijé… Fue un beso de esos calentones pero como corto, discreto y meloso. Me gustó ella, pero porque estuvo en ese beso el tiempo justo para que no pareciese por su parte algo obsceno ni interesado. Diríase que fue hasta sincero; pareció sincero.

Una vez dentro y en cuanto pude reaccionar, me di cuenta de que mi amigo se esfumaba desapareciendo tras unas cortinillas, bamboleándose al ritmo de la música y del culo de aquella Señorita que tan efusivamente nos (le) había recibido cuando entramos en…

No sé cómo describir aquel tugurio.

Pedí una copa. Girando por ahí recuerdo los reflejos cutres de aquella bola de cristal colgada del techo, iluminada tan solo por un par de focos uno verde y otro rojo; en el centro de una pista como oscura, cuadrada, y de color como lúgubre. Y es que me mareaba un poco con esa oscuridad y esos tonos verdirojos mezclándose, girando… El medio porrito que nos habíamos fumado también contribuía a esa especie de mareo, o de sugestión, debido a semejante momento… Era la primera vez lo juro, que yo siquiera entraba en un antro así.

A solas, una vez bien acodado en una punta de la barra y cuando ya me había embaulado bastante más de media copa, noté, que me hizo la muestra una Señora desde la otra punta de la barra. Guiñándome el ojo derecho se levantó, lenta, dirigiéndose sinuosa caminando hacia mí… De repente, un parroquiano oculto tras la sombra de una de las columnas del local se le cruzó bamboleante, y mirándola beodo, amenazante y como despechado, va y le dice:

– Eres una puuuta. ¿Dóoonde vas…?

– ¡Eh, eh, eh…! ¡Deje Usted en paz a esta Señora pero ya…! Tercié.

– ¿Qué mieeerda…? ¡Si te pego una ostia te esclafo, maaañaco…! Me dijo.

Y recordé a mi abuelo cuando decía aquéllo de que cuando no había oportunidad de librase de un problema, pégale tú primero.

Pero oye, en aquel momento justo, se cruzó entre nosotros un negro enorme con unas manos y un olor agrio también enormes, para advertirnos de que si no nos estábamos quietecitos lloverían guantás… Y no, yo no conocía al negro ése de nada pero parece ser que aquel parroquiano borrachín sí… Y oye, mano de santo: le hicimos caso, y de inmediato se acabó la discusión.

Entonces, al girarme, se me plantaron enfrente la Señora y su escotazo; hermosísima; y clavándome con sus ojazos verdes y vidriosos me agradeció el haber terciado como un caballero; como un Quijote me dijo luego… Me fijé por su voz en que era una hembra andaluza de belleza ya marchita; una todavía hermosura, lejana, de ojos verdes muy maduros, y que seguro tuvo que estar muy muy buena en su día, pero que seguramente había exprimido ya en exceso los jugos de sus deleites.

– «Guapo, estoy a farta de cariño, de caricias, y de amor…» Me lo dijo taladrándome lentamente con la coquetería de aquellos ojos verdes, y después de haberse relamido despacito y golosona el labio superior.

En aquel momento reapareció el cachondo y ruidoso de mi amigo saliendo medio enredado de nuevo entre aquellas cortinillas… Se ve, que ya había acabado de festear, le brillaba la cara, y como en trance y satisfecho él, va, y me dice el cabrón:

– «¿Queeé, nos vamos ya…?»

Reconozco que a esas alturas, yo, ya estaba tan encabritado por las hechuras caídas del escotazo de aquella Señora tan atractiva, que hubiera estado dispuesto a todo.

…eeen fin.

🤣 😂 💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Soy muy muy macho…

MACHO

1. m. Animal del sexo masculino
2. m. En las plantas con individuos masculinos y femeninos, el que produce el polen para fecundar a otra planta de su especie.

Solo hay que mirar la naturaleza para darnos cuenta del perogrullo, de que hay machos y hembras en la casi completa mayoría de especies pluricelulares que pueblan este planeta… Algo significará digo yo, este dimorfismo al cincuenta por ciento.

El machista león macho, es verdad que folla demasiado rápido y que raramente come si no cazan las hembras. Pero por otro lado, la golfa de la mantis religiosa, devorará tras la cópula al macho como éste se descuide… Cosas de la naturaleza. Pero en ambos casos, son precisamente las hembras las que deciden. Son las leonas las que eligen a ese macho tan fiero y chulo; y son la receptividad y las feromonas de la mantis hembra, las que se dejan hacer por ese pobre macho como se descuide… Unas hembras le dan de comer a su macho porque quieren, y otras, quieren comerse al macho. ¡Qué cosas…!

Fijémonos también, y porqué no, en el ejemplar ejemplo del albatros hembra. Que de joven y tras una danza ritual hermosísima se apareará con un vínculo irrompible y para siempre con el mismo macho; con su macho. Y ya le pueden venir, que ella le esperará sine díe y año tras año; por siempre citada con él de vuelta al mismo nido… Y aunque un día su ausencia le confirme que su aquél ha muerto, jamás conocerá otro macho. Vagará volando por siempre sola y hasta renunciará a su condición de madre, ya que no concibe serlo sin su macho…

Por otro lado, en el caso opuesto está el bonobo, ese cachondo primate que parece que veranea en Madagascar y que todo lo resuelve follando… ¿Que tiene miedo? folla con lo primero que pilla. ¿Que tiene hambre y no hay comida? se entretiene follando. ¿Que le ha tocado los huevos al macho alfa y se ha llevado un par collejas? para desfogar la impotencia se folla lo primero que encuentra. Ellas con ellos, y ellos también con ellos; orgía constante… Las hembras listas ellas, para no estar eternamente preñadas solucionan ese guirigay porno con un solo y breve período fértil al año; el resto lo hacen sólo por gusto. ¡Qué pillinas…!

¿Y el pavo real…? ¿Habrá algo más bello pero más tonto que un pavo real…? Tanta pluma ellos tanta pluma; y ella tan fea. De tan bonitos parece como que hubieran renunciado a su masculinidad; y sí, son hermosos y delicados pero inservibles si no es para chillar o perpetuar la especie… ¿O son ellas las inservibles ya que son tan feas…?

…eeen fin. No sé…

Hoy, todo el mundo tiene el derecho de reivindicar algo o así debiera ser. El feminismo o los españoles, el elegetebeismo, el comunismo y el ecologismo; los pensionistas, el veganismo y los animalistas; hasta los terraplanistas, los testigos de Jehová e incluso el islamismo, pueden manifestar públicamente sus ideas como no podría ni debería ser de otra manera en una democracia.

Pues yo, me manifiesto y reivindico profundamente macho.

Qué voy a decir si me gustan las mujeres más que el sexo o el dinero; más que el tocino de cielo o los coches buenos. Más, que cualquier viaje de aventura porque no hay ni aventura ni viaje mayor que caminar al compás de mi hembra al lado. No me entiendo si no es rendido ante mi mujer; adorándola…Y qué casualidad, tengo solo dos hijas, también hembras ellas.

Pero sí, he de reconocer que como macho soy algo bruto, tengo pelos en el cuerpo y meo contra la pared.

En mi antigua, querida y se ve que patriarcal familia, siempre han gobernado las mujeres desde que yo recuerdo. Siempre… Mis añoradas y queridas abuelas gobernaban sus importantísimos ámbitos domésticos con una indiscutible y total autoridad, diligencia y mano firme, a la vez que criaban, mimaban y educaban cuatro hijos cada una… También mi venerada madre siempre ha gobernado su casa como un brigada, educándonos con amor, disciplina, respeto y mérito. Y solo tengo una hermana mayor, queridísima… Toda mi vida criado bajo faldones de mujer. ¡Qué gusto…!

Y por último, sí, he de confesar que sí; que a mí ahora y sin duda también me gobierna una mujer, amadísima.

Como veis soy muy muy macho.

No dejes que te confundan. 💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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redes sociales

Nos da la sensación de que ahí, al menos, somos alguien en la pantalla; de que tenemos eso que llamamos seguidores; y de que quién sabe si quizás también tenemos algún que otro amigo.

Algo tan bonito, como la idea de una red social en la que pudieras ver sólo lo que te saliera del capullo o de la seta, vienen a jodértela un puñado de inversores e ingenieros informáticos para lo que se llama monetizar la idea… Hacerla negocio vamos.

Espero haber respetado el lenguaje inclusivo éste de ahora.

No nos engañemos; ésto del feisbuc, tuiter, istagrán y tal, se ha convertido en algo así como una especie de vertederos de tiempo, de tiempo muerto… Un desperdicio de tiempo humano; tiempo embobado de pantalla en pantalla y por ello mandado casi por entero a la mierda. Un tiempo-basura, del que algunos se aprovechan escarbando en busca de nuestros datos.

¡Qué cosas los datos!

Qué te gusta; qué haces con tu tiempo; dónde vas y a qué hora vuelves; cuántas pulsaciones tienes en este momento; si se te pone o no dura. Y por supuesto tu dinero, todo… Recuerda que hoy tener metálico en el bolsillo es cosa solo de delincuentes. Hemos consentido ya no que nos lo controlen sino hasta que nos lo prohíban… La posesión libre de dineros en metálico legal, siempre ha sido uno de los más simples ejercicios de nuestro derecho a la propiedad privada; pero claro, eso era cuando vivíamos en libertad.

Hemos convertido el móvil, y sobre todo las redes sociales, en un refugio egocéntrico donde camuflar cosas. Es hoy el teléfono un escondite, un parapeto tras el que nos refugiamos y aparentamos inmunes frente esta rotunda soledad tecnológica que nuestros tiempos propician: como disimulándola.

Por ejemplo: ese tiempo en el que entras en la sala de espera de la consulta de tu dentista, y refugias la mirada amable que le debes a los que esperan como tú escondiéndola tras la atención a tu istagrán. No mirándoles… Es la excusa perfecta para no atender a nadie, para aislarte. Les dices apenas buenos días pero te la sudan.

O como cuando estás algo cohibido en esa entrevista de trabajo con otros seis candidatos, sentados en silencio, esperando en la misma estancia. Y para hacer frente al incómodo silencio abres tu feisbuc sin otro motivo que el de eludir en lo posible la interacción con ellos. Así, escondes o disimulas tus ganas competitivas de que ojalá se esfumaran… Pero también escondes tras la pantalla tu nerviosismo, tu timidez, y la ansiedad.

Otro ejemplo: terminas de cenar en casa un día cualquiera con tu pareja; y como no te hace caso porque está absorta en el sofá chateando por guasap con la hija menor de su anterior matrimonio, te plantas el móvil delante tuyo para matar ese tiempo muerto viendo en el feisbuc qué coño pasa por ahí… Y lo que pasa es una hora y media, o dos… Y cada uno a lo suyo.

Paradójico; mucho medio de comunicación tecnológica y multimedia, pero poca comunicación humana medianamente auténtica.

Por otro lado, las redes sociales éstas se han convertido en una forma más de dominación social, de control del pensamiento; una manera más0 de las muchas que tenemos, de dejar que nos metan el dedo por el culo con los algoritmos ésos, a cambio de que nos dejen hocicar en el barro de vidas de otros.

Y nos entretenemos embobados con la pantalla dándole hacia abajo al dedito nuestro, sin darnos cuenta de que formamos parte -estamos dentro- de una especie de gran valla publicitaria de egos… Un enorme escaparate planetario y falsario; una ventana gigantesca y estrafalaria, dentro de la que creemos que se nos ve y oye, pero en la que somos mero público para que solo algunos se hagan ver y oír.

He encontrado lo que parece ser un remanso, para los que ya estamos cansados de tener esa sensación de censura, control y reprimenda; para los que tenemos la certeza de que manipulan, escarban y retuercen nuestra información e intimidad cada vez que entramos en el feisbuc; o para los que nos la trae al pairo la vida y naderías de famosos sin mérito, políticos lerdos, empresarios negros, deportistas mercenarios, o frikis de todo pelaje y condición.

Parece ser que es otro portal, otra red social que no sé yo si se convertirá también en vertedero, pero que de momento no te clavan todavía ni publicidad, ni esos algoritmos de mierda para que te conformes, te informes, y finalmente te intoxiques, sin saberlo, solo con las cosas que Gran Hermano sabe que te convienen.

Y no nos engañemos, repito, porque en último término siempre somos nosotros los que encendemos o apagamos el jodido aparatito; ya sea el teléfono, la televisión, el ordenador; o si fuera preciso hasta la bombilla, la lavadora, la radio o el frigorífico… Yo recuerdo cuando se vivía igual de intensamente sin ninguno de esos aparatos. A la sola luz de una vela en las noches.

Que no nos la metan doblada…🤔

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

El algoritmo

Hoy con un algoritmo -y vete tú a saber qué coño es un algoritmo- parece ser que hay gente que cree que se puede saber casi cualquier cosa…. De verdad que hay gente, que o pierde el culo o se hace rica con el algoritmo… ¡Qué cosas…!

Desde predecir o pretenderlo, cuánto tiempo aproximadamente va a durar tu matrimonio dados tus datos y los de tu mujer; hasta saber si tienes posibilidades o no, de follar en los próximos dos días en vista de esos mismos datos… Y todo ello así y de paso, para recomendarte un restaurante donde cenar y pelar la pava, o un buen hotelito donde por si acaso echar el polvo.

Alguien que sabe dónde estuviste anoche y a qué hora llegaste a casa, cree saber dado el jodido algoritmo, si hoy te va a apetecer comida china a mediodía, o tal vez, quizás, una pizza a deshoras… Alguien, pega la oreja espiándote en tu propia casa y te va indicando hasta que terminas creyendo, que realmente has elegido solo tú la película en Netflix.

Los atresmedia de turno parece como si te enchufaran, metiendo cada uno su dedo índice en tu culo multimedia para decidir tus noticias, condicionar tus conocimientos, y tergiversar tus decisiones… Como violadores, te estarán esperando en todos los centros comerciales con la intención de que en cuanto entres, te detecte el güifi y uses cualquiera de esas aplicaciones tan alucinantes que te dan el oro y el moro, te dejes violar una y otra vez con las requetechulas ofertas personalizadas que ahí te ofrecen.

Y todo ello gratis, claro. Solo se paga en especie, entregándoles tu intimidad.

¡Vaya, con el algoritmo!

…🤓

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Nos vamos a la mierda…

Acabo de ver por televisión que, gracias a Dios, ya te pueden regalar un cepillo de dientes que se sincroniza por blutuz con tu smartphone, para, sin necesidad ninguna de conexión güifi y mediante un complejo algoritmo, indicarte si la presión que aplicas sobre la dentina de tu dentadura es, o no, excesiva para que afecte, o no, a la totalidad de toda tu estructura dental y personal… Y todo ello claro está, para evitar que te quedes gilipollas calentándote la cabeza…

No sé, cómo hemos podido estar bastante más de cincuenta mil años, sin semejante y tan importante artefacto tecnológico dental…

…eeen fin, nos vamos a la mierda.

🤣

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

¿¿ UN REFERÉNDUM…?? NO HAY HUEVOS

Perdonad, estimadísimos lectores, que caze vuestra atención con tan tópico, español, y escatológico reto… Pero ya está bien de que estos políticos mequetrefes de ideas, jueguen con nuestro futuro y con el suelo que pisamos; con nuestra herencia institucional, y hasta con el recuerdo y herencia de mis padres y abuelos…

Quieren denostar lo único en lo que fuimos ejemplares como nación en el Siglo XX: la serenidad de nuestra Transición, La Constitución, y la aceptación de la Monarquía Parlamentaria como representación común de nuestra Antigua Nación.

VOTEMOS

No hay huevos…

Antonio Rodríguez Miravete…

El 23-F y la taquilla del cine…

taquilla

Eran solo las seis y pico de la tarde, y mi abuelo Manuel entró consternado en la angosta taquilla. Aquella tarde el taquillero era yo… Tras sacudir con una inusual ternura en él las guedejas de mi cabeza, me dijo como preocupado y tajante, que ya había terminado mi trabajo esa tarde; que ¡se iba a cerrar el cine…!

¡Qué extraño!

Aquello era impensable. Sabía que mi abuelo había estado echando cine ininterrumpidamente desde hacía más de veinticinco años… Ni la llegada del hombre a la luna, ni Franco en la inauguración del cercano Pantano de La Pedrera, y ni siquiera la boda de su única hija, habían sido razón suficiente para que el Cine Miravete cerrase sus puertas… Nunca había sucedido.

En aquella época el cine era más importante que el ambulatorio; entre otras cosas porque no había ambulatorios. El cine era ese sitio en el que tenías que estar si querías tener vida social, merendar, refugiarte si hacía mal tiempo, o ligar… Ya que aparte de la iglesia, no había otro sitio al que ir, decente.

Sucedió que después de cerrar la taquilla, y salir a la calle a recoger las pizarras donde se anunciaban los precios y la cartelera de aquella tarde, varios insólitos y violentos estampidos sacudieron mi ánimo.

Rápidamente, sobresaltado y temeroso volví al interior seguro de la taquilla. Me asomé abriendo de nuevo aquella estrecha portezuela para, muy extrañado, ver un SEAT 1500 atiborrado de energúmenos sacando sus cuerpos por las ventanillas… Bramaban bastante alterados no sé qué de los rojos, de que era el momento, y otras zarandajas que no recuerdo. Alarmado, pude ver que uno de ellos agitaba una escopeta, cuyos disparos habían sido la causa de aquellos estampidos, y de mi enorme estupor.

No entendía nada.

Cuando pasado no mucho tiempo, mi abuelo me acompañó con evidente preocupación, anocheciendo, y casi furtivamente hasta mi casa, pudimos ver otro coche: un GORDINI esta vez. Portaba aquel vehículo un cargamento también de otros energúmenos, distintos -así lo dijo mi abuelo- debido a que a grito pelado aullaban no sabía yo qué de fascistas, ni del pueblo, ni yo que sé qué de lucha social.

Algo había oído hablar de lo del golpe de estado, pero a mis catorce años no era consciente yo de la importancia del hecho sucedido. Tampoco se nos daba a los críos explicación alguna: en aquella época no se hablaba de ciertas cosas, y punto. La visión de aquellos comportamientos, me hicieron tomar por vez primera conciencia de lo extraño de las actitudes políticas de algunas personas.

Empecé a darme cuenta de la importancia de lo sucedido aquel día, cuando ya en la tranquilidad de mi casa y escuchando de fondo el mensaje del Rey por televisión, me vi, de nuevo, atisbando temeroso el exterior desde de la portezuela de la taquilla del cine.

Aquella minúscula ventana, que solo dejaba ver un pequeño cuadro de luz enmarcado por la oscuridad de aquel cuartucho, donde vendía las entradas del cine, y a través de la que, a mis catorce años, observaba perplejo el mundo.

Una metáfora…

¿que porqué escribo…?

Es curioso, pero cuando la indignación hace hervir mi sangre, a mis meninges les da por escribir de forma casi compulsiva, vehemente, y hasta violenta a veces. Me provoca una sensación agobiante y extraña la indignación. Y al intentar en vano acercarme a describir sus efectos, solo se me ocurre decir que se parecen un poco a esas borrosas sensaciones, emocionales y físicas, que todos experimentamos antes del llanto; justo justo, antes de romper a llorar.

Percibes esa punzada difusa, amarga y cuasi dolorosa, en la parte baja de la garganta y que, como ascendiendo por el cuello hasta nuestra psique, se transforma en sincera gota de lágrima emocionada en el caso del llanto; pero torna en pérfida gota de corrosiva impotencia en el caso de la indignación.

El hecho es que me vengo arriba escribiendo, espoleado por la indignación. Ésta, se va transmutando en dinamita verbal a punto de estallar. La indignación así, se va transformando en violencia contenida que, mezclada con la impotencia, afortunadamente solo aciertan a sacar de mí palabras como éstas, torpemente entrelazadas.

Solo palabras pero eso sí, diríase con cierto aire de impotente revancha verbal; como un inocente alivio de una tensión inútil, o como un enconado deseo de escarmiento a no sé quién, y por no sé qué.

En esos momentos, casi en trance sigo tecleando, y la indignación emerge sin remedio en forma de palabras ardientes, espesas, como lava. Poco a poco ese verbo incandescente y caótico va tomando forma, como de grito escrito; una especie de alarido epistolar; algo así como una manifestación solitaria; como una impotencia potenciada.

No sé si servirán para algo útil pero las voces surgen por sí mismas. Y llega un momento que al ir poniendo orden en esa erupción de palabras solitarias y dispersas, se van aplacando aquellos ímpetus indignados que me impulsaron a escribirlas.

Y me funciona… Porque creo que la indignación plasmada negro sobre blanco, ordena mis pulsiones peores, calma mis ardores justicieros, y satisface mis anhelos de implicación por las causas que me indignaron y me empujaron a escribir.

Así, como a parturienta a quien el fruto de sus entrañas irremisiblemente empuja a romper aguas y a parir; a mi, la indignación inevitablemente me empuja a romper a escribir… O a llorar.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

ALEGATO DEL TERNO

Vivimos tiempos moñas, faltan redaños. Tiempos èstos, en los que hay que pesar y medir las palabras para, o bien redundarlas, o bien esconderlas; pero ante todo hay que filtrarlas, con cuidado, para adaptarlas al tamiz de un melífluo y pegajoso lenguaje políticamente correcto. Lenguaje, impecablemente acorde con esta ideología inane y de arreones que nos rodea, que nos comprime, y que sibilinamente nos reprime.

No podemos llamar a las cosas por su nombre… No.

Tenemos que buscarnos, y cavar, trincheras léxicas, para expresar no sólo a la defensiva sino cobardemente, conceptos que necesitarían ser expresados de viva voz, además de con palabras presumidas y rotundas, prístinas y refulgentes.

Una verdadera mierda, estos tiempos en los que hay que esconder con cuidado lo español, y sin embargo hay que enarbolar nuestras diferencias con inquina, para parecer modernos y progres, siniestros de ideas e implicados en lo político.

En realidad con esta actitud, lo que como sociedad evidenciamos es una evidente y vergonzosa cualidad ovina. Defecto éste, que cualquier sátrapa con habilidad suficiente para obnubilar rebaños, usará en su espurio favor para manejarnos a su antojo, y casi, sin que nos demos cuenta.

Hasta los huevos estamos, de jovenzuelos arrogantes aunque bisoños, medianamente preparados, y que quieren matar al padre con su lerda ideología adanista, mesiánica, y zurda.

Y con ellos, vendrá el reino de los cielos… Y la iniquidad, la corrupción y la injusticia, a partir de ellos, no habitarán ya más entre nosotros.

Amén… Queee les den.

Quieren enseñar al padre a tener hijos. ¡Los tontos del capullo…!

Han olvidado, que sus padres y sus abuelos hicieron un trabajo excelente. Cambiaron su mundo para mejor sin duda. Escucharon a su Historia para legarnos un ejemplo y un pasado decente del que estar orgullosos. Aceptando, y perdonando; asumiendo, y trabajando.

Estos políticos somierdas, ahora solo buscan lo inmediato: el voto de mañana mismo. Les importa una higa nuestro común beneficio para pasado mañana.

Por eso. ¡Coooño a por ellos…!

¡¡VIVA EL LENGUAJE…!!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.