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IDEOLOGÍA DE GÉNERO

Había mantenido una, he de reconocerlo, frágil entereza de ánimo durante todo el espurio proceso en el que me veía inmerso. Pero finalmente, con ese pinchazo sutil y esa sensación áspera subiéndome por la garganta, no pude contener las lágrimas… Rodaron tímidas y amargas por mis mejillas cuando el agente comenzó a tintar mis dedos; con un rodillo untado en una especie de betún, de textura densa, como de pomada negra… Negra, como el color de las entrañas de la que me había metido en la situación en la que me encontraba.

Todos, y cada uno de mis dedos, resignados y dócilmente guiados por las enguantadas manos del agente, dejaron su impronta indeleble y obediente en la ficha policial. Aquél, amablemente dejó que amainasen mi ánimo y la impotencia de mis lágrimas y pucheros, antes de comenzar a hacer las fotos de rigor que el proceso de mi detención requería: sentado, de pie, de frente, de perfil, en escorzo.

Era la primera vez en toda mi vida que me encontraba en una situación semejante. Jamás salvo en la mili, en mis cincuenta años había yo pisado cuartel, comisaría o retén alguno, jamás.

Aún con las manos sucias de esa grasa negra –como de entraña negra– fui acompañado a una celda de predetención… Y quedé recluido a cal y canto al cerrarse, con un sonoro giro de llaves tras de mí, una estrecha puerta de barrotes sólidos e infranqueables… El tiempo, y el sonido reverberante y metálico del portazo al cerrar aquella celda, parecieron como coagularse, lentamente.

Una celda absolutamente vacía –para que no pueda lesionarme me dicen– de seis pasos de largo por tres de ancho. El olor agrio y africano del lugar delataba, junto con la roña amontonada y rancia en las cuatro esquinas del piso basto, que hacía semanas nadie había pasado una escoba, fregona, o cualquier otro útil de limpieza, por esa sentina inmunda en la que me encontraba preso… Los restos de vomitona chorreada en el gris de las paredes, y las pintadas bastardas y soeces que los presos aburridos y embrutecidos habían ido dejando en ellas, aumentaban el ambiente morboso y perro de mi lugar de reclusión, y cómo no, el de mi ánimo.

Estaba formalmente detenido por la Policía Nacional; todas mis pertenencias en una puta bolsa de plástico con un número en ella; y encerrado como un criminal en una cloaca vil.

Meditando en cada una de las, calculo más de noventa, veces que le di la vuelta nerviosamente a la celda en las más de cuatro horas que duró mi reclusión, iba reafirmándome en la decisión de no involucrar a mi hija en ésto… Siempre he creído que el ideal, o la imagen arquetípica que debemos tener de nuestros padres –al menos yo sí la tengo– es sagrada. La familia es sagrada, y ésa, ha sido una de las constantes en la educación de mis hijas.

…eeen fin. Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

VERGÜENZA INDEPENDENTISTA…

Lunes, 30 de octubre, son casi las cuatro de la tarde…

Estupefacto, acabo de oír por una cadena de radio de las solventes, que el tristemente ínclito y “nada honorapla” señor Puigdemon, apresuradamente se ha marchado a media mañanita a Bruselas, dándose con los talones en el culo, al parecer, cual mañaco en búsqueda de asilo bajo el regazo de no sé qué partiducho belga, nacionalista también…

Ha tardado un solo día en echar a correr delante de la bajeza de sus actos…

Me gustaría poder revolver en los entresijos de los pensamientos de los muchos independentistas, de buena fe pero de poca y mala educación, que han puesto en manos de estos alfeñiques morales e intelectuales sus querencias políticas,

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sus emociones más entrañables y sus legítimas aspiraciones económicas…. ¿Qué cara se les habrá quedado a esos mismos independentistas, “al verle” correr cual conejo, para dejar atrás el erial moral, económico y cultural en que ha convertido a su propia tierra, Cataluña…?

Todos los que se han emocionado hasta el paroxismo con el canto ciego y rendido del els segadors; todos los que han asistido fervorosos a esos multitudinarios aquelarres independentistas; todos los que han creído el discurso purificador de ésa su prístina etnia, elegida por el destino para las más altas estimas… Todos ellos digo, han de tener un nudo, muy amargo y merecido, en sus gargantas quebradas de jalear inútiles consignas embusteras, al ver a éstos sus próceres, amilanados frente a su propia osadía, y reculando, timoratos y cobardes, de sus convicciones se supone más profundas, sinceras y pregonadas…

Han sufrido los independentistas, este vía crucis de sibilina y catalanista abducción, solo para asistir al espectáculo ruin de ver a sus caudillos, furtivos y humillados, “tomar las de villadiego” rumbo al asilo vil de sus cuentas corrientes. Éstas, están a salvo en paraísos fiscales y penales, que tuvieron la cara dura de prevenir y preparar para estos tiempos difíciles, puesto que sabían con certeza que así acontecerían, como consecuencia del latrocinio abyecto de sus actos…

Antonio Rodríguez Miravete

¿pero qué coño es esto…?

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¿Qué hay entonces de los tan graves como flagrantes delitos de sedición, de alta traición, de alzamiento y desacato a la autoridad…? ¿Va a quedar impune la situación de infame secuestro social a la que se ve sometida la totalidad de los ciudadanos de Cataluña y los del resto de España…?

¿Tampoco va a tener adecuada respuesta el constante varapalo de insultos, vejaciones y desprecios, que “lo español” sufre con el poder en manos de unos políticos como éstos…?

¿Y los responsables de la Educación en Cataluña… tampoco ellos van a ser al menos reconvenidos, por la miserable conducta de aleccionar sibilinamente en la insurrección, y abocar a la ignorancia a la casi totalidad de los niños de esa comunidad? ¿Es éste un problema menor…? ¿No ha sido acaso la educación la culpable de inocular desde la infancia, los diversos virus independentistas como el odio, la tergiversación de la historia, y la lengua, usada ésta como ariete social para empujar y discriminar a “los otros”?

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Si no resolvemos especialmente este aspecto -la educación en Cataluña- no haremos sino aplazar este absurdo y vergonzoso episodio vivido… Si no tomamos nota de lo acontecido, en unos pocos años, como angustioso “dejavu”, volverá a despertar el basilisco independentista para terminar -esta vez sí- el trabajo empezado hace muchos años por el molt honorable Jordi Pujol; cuyo latrocinio y bastardas intenciones, han quedado meridianamente claras a los españoles, aunque parece que no tanto así a nuestros jueces…

¿Qué vamos a hacer por otra parte, con todo el inmenso aparato de agit-prop que esta caterva independentista ha creado, además de con nuestro dinero,

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con la última finalidad rastrera, de alimentar constantemente ese espíritu opresivo, supremacista y xenófobo, que impera en “esa” parte de la sociedad catalana…? ¿Van a continuar con la subvención y la prebenda, la multitud de asociaciones de no se qué cosas de “lo político” en Cataluña…?

¿Y qué decir de los medios de comunicación y adoctrinamiento, que lo que comunican tiene más que ver con ideas de Goebbles que con las de la auténtica realidad que están obligados a reflejar…? ¿Qué se va a hacer con con esos medios de comunicación renegados, con esos periodistas de nómina pública al servicio del oficial dictado de la insidia y la mentira; van a continuar como hasta ahora…?

¿Pero qué coño es esto…?

Ninguna afrenta a España debe quedar sin castigo si no queremos que se repita, que se acepte, o que se silencie… Ahora bien, no se trata de ensañamiento, sino de justicia… Los sediciosos, los traidores, los alborotadores sin escrúpulos de masas dirigidas y exacerbadas; todos ellos han de tener un castigo ejemplar. Han de ser éstos condenados en proporción a la extrema gravedad de las consecuencias que sus arteras acciones nos han acarreado.

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Pero también es necesario que, una vez condenados con firmeza los malhechores, los españoles seamos benignos y así, mediante un adecuado indulto en el momento oportuno, hacer del necesario escarmiento un ejemplo auténtico de magnanimidad entre hermanos, y de deseo sincero de reconciliación nacional…

Pero primero, a la cárcel los delincuentes…

Antonio Rodríguez Miravete