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Morir bajo tu cielo.

LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

Si salías morías o matabas; igual que ahora que también estamos encerrados.

«Morir bajo tu cielo» creo humildemente que es una Obra Maestra. Pero sinceramente no sé si porque es una gran obra de la literatura -no tengo en absoluto criterio para si quiera opinar de algo así- o porque con su creo que genialidad, simplemente ha removido en mí unos sentimientos e ideas que no sé porqué me veo impelido a compartiros…. Hacía mucho tiempo que nada había logrado excitarme así el recuerdo, de que la hispanidad es más que solo España; de ahí Las Españas.

Es una novela que nos devuelve el heroísmo; el Quijote hispano; lo español… En una de las versiones más íntegras, más reflexivas y eruditas que yo recuerde de este pasaje, apasionante y por desgracia muy mal conocido de nuestra inmensa Historia.

«Morir bajo tu cielo» es la historia de una más de nuestras muchas gestas como pueblo; cándida en su relato pero de una profunda intensidad, compleja, sincera; arrebatadora en la vehemencia de su expresión léxica; poética incluso… Una obra redonda donde la investigación, la trama y los personales, pero sobre todo el lenguaje español, las palabras en español, constituyen un referente, una norma y un objetivo en el que fijar la atención.

Es una especie de piropo u homenaje a la compleja y amplísima historia de ésta nuestra lengua: El español. El verbo prístino y rebuscado que el autor utiliza es, en sí mismo, un viaje a la hondura de nuestro pasado y a la profundidad de ésta la historia a contar.

Como medio, genial para iniciar dicho viaje, el autor nos propone algo tan sencillo de usar como un diccionario. Porque sí, os lo advierto, éste es un libro que hay que leer necesariamente con un diccionario al lado tuyo.

Este autor, de verbo política y genialmente incorrecto disfruta, se regodea; nos grita a la cara y con razón cuán poco usamos y menos conocemos, la complejidad de las palabras y expresiones que un idioma tan hermoso y exacto como el nuestro, permite utilizar a la hora de definir con precisión nuestras emociones.

Sagaz, oportuna e inteligentemente el autor se ríe de nosotros, nos reta. Nos vacila mediante geniales fuegos artificiales lingüísticos que constantemente nos absortan, y nos obligan irremediablemente a buscar el sentido de ese rizo léxico; asombrándonos luego con su idoneidad y exactitud.

Es un juego de muchísimas páginas; un maravilloso y emocionante juego al que jugar éstos días.

Excelente novela histórica. Os la recomiendo encarecidamente.

¿O tenéis algo mejor que hacer…?

Buscad en YouTube la película; pero no la mierda que hicieron hace unos años. Buscad el clásico.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA GUERRA

En vez de sólo el móvil en el bolsillo, va empezando a ser mejor llevar también una buena navaja albaceteña de tamaño suficiente; una faca de aquéllas de muelles, trapera y si es posible cachicuerna… Ciertas cosas parece que se ponen realmente feas, y si se desatara una guerra te ibas a quedar tarde o temprano sin cobertura o sin batería, sin resuello o sin palabras de indignación, o mudo de miedo. Pero sobre todo, lo que te ibas a quedar es desvalido cual cordero frente a lobos sin un arma.

El teléfono móvil puede ser un arma, sin duda alguna; pero salvo para tirárselo a la cabeza de alguien no te serviría para casi nada si las cosas se pusieran muy muy mal, todo se derrumbase a tu alrededor, y de verdad tuvieras que luchar por tu vida cuerpo a cuerpo… Podríamos decir que el móvil es un arma que no mata de inmediato, sino que lo hace con la lentitud propia de la dosis de un veneno: para ser efectivo necesita tiempo. También lo necesitan las mentiras, la cobardía de los insultos vertidos desde la distancia telefónica y el anonimato, o el miedo que provocan la ignorancia y las infamias de la propaganda ideológica, la no información, y la desinformación.

Nací en mil novecientos sesenta y seis y no había conocido guerra alguna en Europa salvo la de los Balcanes. Aquélla, fue una barbarie de guerra como lo son todas, pero nada parecido a lo que los rusos están perpetrando en la pobre Ucrania… La guerra de los Balcanes fue una pobre y triste guerra civil yugoslava, en una zona de Europa pequeña e históricamente muy propensa a ello por desgracia. Sin embargo ésto de los rusos destrozando Ucrania es una asquerosa infamia catastrófica, una barbarie moral propia de terroristas, una canallada. Un miserable atentado colectivo perpetrado por un bravucón contra todo un pueblo, a sabiendas que ese pobre pueblo no va a tener oportunidad alguna de defenderse.

Por lo poco que yo sé de historia, creo, que para el acendrado e intenso nacionalismo ruso, Ucrania es una tierra sentida siempre como propia y querida tal que a una hermana. Una tierra añorada, anhelada y ahora deseada hasta el punto de llegar por ella a una guerra… Una tierra, como Cataluña y el País Vasco lo podrían ser para los españoles, pero por motivos, afectos, historias y sentimientos distintos.

Y me explico…

El caso es que no sé porqué pero he encontrado una especie de retorcida coincidencia, de opuesta semejanza entre esta infamia de guerra sangrienta que Rusia ha declarado contra Ucrania, y la infamia de guerra, hoy incruenta, que Cataluña y el País Vasco declararon hace tiempo contra España y los españoles.

Rusia es una nación muy muy grande, hostil y nacionalista, mientras Ucrania es la nación pequeña y democrática… Por otro lado, España es también una gran nación y democrática mientras Cataluña y el País Vasco son unas regiones pequeñas, nacionalistas y hostiles, ya que fueron ellas las que nos declararon la guerra hace ya tiempo.

Pero al contrario que los rusos y siendo España el pez grande, lejos de comernos al pequeño, somos nosotros los demócratas integradores, mientras ellos son los nacionalistas que si pudieran nos atacarían de nuevo con armas, por que de hecho llevan tiempo atacándonos constantemente sin ellas… Son nuestros hermanos, primos, amigos la mayoría y hasta socios o al menos conocidos.

Seres humanos, vecinos españoles que hemos vivido unidos desde casi siempre, y encima, hace más de cuarenta años que lo hacemos en democracia… ¿Me pregunto qué harían esas regiones tan díscolas si España entera fuese insultada, ultrajada, o invadida por extranjeros queriendo entrar con tanques en Barcelona o tomar por la fuerza San Sebastián…?

¿Qué harían…?

…eeen fin.

Duro con Pútin.

«La guerra es muy mala escuela…»

J.Drexler. Milonga del moro judío 🎶

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

……

DERECHOS. INFANCIAS. LIBERTADES.

Tenemos un montón de derechos y libertades teóricas, pero estamos tan constreñidos por una maraña tal de normas estúpidas y leyes inútiles, que en realidad disfrutamos de muchas menos de las que nos creemos. Presumimos de libertades de todo tipo, y como por arte de birlibirloque damos por hecho que tenemos también un montón de derechos gratis: a la vida, a la privacidad, a la sanidad, a viajar… Sin embargo, hace poco que asustaron al planeta entero, y sin rechistar, todos consentimos que se nos encarcelara por decreto y durante meses en un arresto domiciliario brutal, radical, fuertemente vigilado, y penado hasta con detención y multa.

Fijaros en que, pese a que con esfuerzo y trabajo cada uno ganamos nuestro parné, no podemos de ninguna manera disponer de él si primero no lo depositamos o nos lo depositan en un banco… Mientras, nos están quitando también hasta el derecho a llevar dinero físico, acostumbrándonos a que empiece a parecer algo inusual, anticuado y hasta sospechoso el mero hecho de andar por ahí con billetes en el bolsillo… ¡Faltaría más…! ¡Que escándalo eso del dinero…!

«No poseerás nada, pero serás feliz…»

Pese a que conducimos unos coches cojonudos, la mayoría de los mortales no podemos circular a más de ciento veinte kilómetros por hora en unas autopistas, por las que se podría ir con seguridad y sin problemas a casi doscientos con esos mismos coches tan chulos. ¿Entonces, para qué cojones queremos coches tan cojonudos…? Piensa, en que cada año pagas más caro el seguro, el taller, la ITV, el sello del ayuntamiento, y no te digo nada de la gasolina. Y si te fijas, cada vez hay más guardias de tráfico agazapados en las rotondas listos para crujirte vivo en cuanto te descuides un poco.

Toda una metáfora…

Tenemos también ahora una libertad sexual desbocada, alocada, absoluta, total… Hemos puesto la sexualidad en el altar del amor. En mi época era al contrario: primero te enamorabas, luego hacíamos algo de tiempo para conocernos un poco, y finalmente, te lo tenías que currar mucho y de lo lindo hasta que ella consentía… Sin embargo en estos tiempos las consultas de psicólogos y psiquiatras, los talleres de tatuaje y los quirófanos, están llenos de seres con disforia de sí mismos que para que los quieran un poco, están deseando como locos, o bien rotularse y pintarse un poco, operarse las tetas, cambiarse la nariz, estirarse no sé qué arrugas, o amputarse de alguna forma los genitales creyendo así transformarse en otra persona, aún a sabiendas que también será alguien enfermizo.

Si se supone que como demócratas en democracia gozamos de casi total libertad de opinión, expresión o manifestación… ¿Porqué tenemos entonces que modular la expresión de nuestro lenguaje para adaptarlo a esta jerigonza moña, políticamente correcta, inclusiva, feminista y hortera, y que pareciera que nos la hemos impuesto nosotros sólos y tan estúpidamente…?

No podemos usar palabras tan simples y prístinas como maricón, descapullar, tortillera, enano, zorra o subnormal, ya que corremos el peligro de terminar en un juzgado acusados de machistas, de fascistas, de heteropatriarcales homófobos no inclusivos y del todo insensibles, o de vete tú a saber qué otra barbaridad… Por otro lado, pero por el mismo motivo, tenemos también que llevar mucho cuidado al manifestarnos díscolos frente a tanta tontería, no vaya a ser que los tontos se den por aludidos y se ofendan.

¡Es el colmo, el colmo…!

Yo sí puedo afirmar que viví mejor infancia que la de mis padres, pero por el simple hecho de que no pasé penuria alguna ni sufrí el trauma de tener que superar una guerra civil. Hoy, mis hijas, además de tener bastantes más dificultades y menos libertades efectivas que tuve yo, han de presenciar el triste y vergonzoso espectáculo cuasi de guerra civil constante, que por pura ambición están dando esta caterva de políticos que padecemos… Recuerdo, que tanto en mi infancia como en mi juventud y hasta hace poco, guerras y delitos eran cosa de criminales y delincuentes; hoy ambas cosas son se ve que asunto de políticos. Y ahora, y con ésto de las redes y las pantallas, hasta la opinión quieren controlarnos. Todo se andará… Y la gente votando siempre a los mismos.

…eeen fin.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

…de aquellos rojos estos rojos.

Artículo publicado por Jesús Laínz. Libertad Digital. 2022-01-02

Wenceslao Fernández Flórez escribe en julio de 1936:

«…Cuando se anunció oficialmente que se daría armas al pueblo comprendimos que ningún poder sería capaz de contener la catástrofe.»

Wenceslao Fernández Flórez (1885-1964)

«…la descripción más cruda del terror rojo.»

El coruñés Wenceslao Fernández Flórez, el más insigne representante del periodismo literario español del siglo XX junto a su paisano Julio Camba, sustituyó su inicial vocación médica por el periodismo cuando empezó a colaborar con varios periódicos gallegos antes de haber cumplido los veinte años. De allí saltó al ABC, para el que publicaría desde 1914 hasta 1936 una larga serie de crónicas parlamentarias por las que consiguió renombre en toda España.

Apasionado de su tierra natal, consiguió que la Real Academia reconociera la categoría de lengua para el gallego, hasta entonces tenido por dialecto, y defendió infructuosamente que Emilia Pardo Bazán fuera la primera mujer académica. Sus primeros relatos fueron ilustrados por Castelao, patriarca del nacionalismo gallego, con quien le unió una buena amistad a pesar de sus diferencias ideológicas. En 1926 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura por su novela Las siete columnas.

Como plasmaría por escrito, «recibí en mi instrucción y mis ideas el influjo liberal en el que fuimos educados todos los hombres de mi tiempo». Viajó a menudo por Europa y se declaró admirador de los gobiernos progresistas de los países escandinavos y Holanda. Las elogiosas páginas que dedicó a ésta, a la que consideró una «nación ejemplar», le merecieron la concesión de la orden de Orange-Nassau. Aunque partidario de Antonio Maura y defensor de la Monarquía, cuando arreciaron los ataques contra ella aprovechando los destronamientos de 1918, no ahorró críticas a un régimen podrido por el caciquismo, los enchufes, las desigualdades sociales, la mediocridad de los políticos y la ineficacia del Parlamento.

Si bien recibió en 1935 la Medalla de Oro de Madrid y la Banda de la República, en sus crónicas parlamentarias reflejó su creciente rechazo al nuevo régimen. El 2 de abril de 1936, un mes después de la victoria electoral fraudulenta del Frente Popular, señaló con desesperanza que, debido a la conjunción de la censura de prensa y el creciente caos, el tiempo de la reflexión política había dejado paso al de la crónica de sucesos:

La literatura política está desbordada. No tiene sabor, ni color, ni olor, al lado de la fuerte rudeza de los acontecimientos. La censura hace imposible dar a los artículos el tono que necesitarían los momentos que vivimos (…) Estamos más allá de toda teoría; estamos en plena acción (…) Los ingenieros son incapaces de construir diques en el instante en que sobreviene una riada. Los hacen antes o después del aluvión, pero si se dedicasen a poner piedrecitas y argamasa entre los irritados remolinos, perderían el material y el tiempo.

En las páginas que dedicaría a recordar aquellos meses previos a la guerra, describió la violencia en las calles, las denuncias falsas, las detenciones de coches a punta de pistola para que sus ocupantes pagasen tributo al Socorro Rojo, como sufrió personalmente el presidente Alcalá-Zamora, los asaltos a comercios, el saqueo de viviendas, la ocupación de fincas, el arbitrario envío a prisión de personas de bien «mientras que sus huéspedes habituales ocupaban los cargos públicos».

Pero lo más grave era que no se trataba de desmanes perseguidos por los agentes de la ley, sino que éstos amparaban los crímenes y la voz cantante de la revolución la llevaban los políticos del Frente Popular:

Una mayoría parlamentaria en la que había hombres procesados por robo, histéricos, analfabetos, energúmenos, estorbaba cualquier discusión con el rápido gesto de sacar la pistola del bolsillo (…) Y la sangre corre bajo la complacida mirada de los ministros, de la Policía, de los periódicos que trafican con las ideas, de una muchedumbre inmensa de hombres envenenados de rencor.

El infierno se desató cuando el 13 de julio agentes de Prieto asesinaron a Calvo Sotelo y el 18 se rebeló el ejército.

Fernández Flórez, perseguido por los frentepopulistas, tuvo que esconderse durante un año. Sus peripecias quedaron reflejadas en varios artículos publicados en el lisboeta Diário de Notícias en los meses siguientes a su huida, artículos que fueron recopilados en el libro O terror vermelho, publicado en 1938 en portugués y nunca traducido al español. Pero sirvió de base para la novela Una isla en el mar rojo, cuyos personajes ficticios recrearon sus propias andanzas y para la que empleó numerosos párrafos textuales de sus artículos portugueses.

En ellos había explicado que lo suyo no tuvo nada de especial puesto que desgracias parecidas les sucedieron a muchos otros miles que se vieron perseguidos por los motivos más insospechados, ya que «cuando se anunció oficialmente que se daría armas al pueblo comprendimos que ningún poder sería capaz de contener la catástrofe».

De repente, el populacho típico de todas las revoluciones se extendió por Madrid: infrahombres sucios de ceño asesino; mujeres hienas, vociferadoras y desgreñadas, que llevaban en los ojos la alegría de poder matar; chicuelos alborotadores, orgullosos del revólver que habían conseguido pero cuyo mayor placer eran las llamas de los incendios; toda la gentuza que sufre de fealdad física o espiritual; la que lleva las serpientes de la envidia en el caduceo de su impotencia; la que representa un salto atrás, el salto del aborigen bestial que da proporcionalmente cada generación (…) Las terribles furias de la Revolución Francesa fueron superadas por estos monstruos. Tantos horrores me hicieron comprender perfectamente que las personas que viven en un medio normal en el extranjero supondrán que son invenciones y que, cuando hayamos desaparecido los que vivimos esta verdad tremenda, las generaciones que lleguen después considerarán estos hechos, lamentablemente exactísimos, como exageraciones de un partidismo inflamado.

Y comenzó la purga de periodistas de diarios derechistas como ABC, El Universo, El Debate y El Siglo Futuro, sacados de sus casas y asesinados, algunos previa tortura, como sus compañeros del ABC Víctor Pradera, Honorio Maura, Álvaro Alcalá Galiano, Federico Santander, Manuel Bueno y el subdirector Alfonso Rodríguez Santamaría. Así describió Fernández Flórez al personal que llenó el vacío:

Desde el primer momento se apoderó de los periódicos una gente audaz, impaciente y cruel que surgió entre los propios empleados y del enorme depósito de fracasados que siempre ha habido en cualquier profesión (…) Periodistas de medio pelo y juntaletras que, o por su indigencia mental o por su moralidad desacreditada, siempre habían encontrado desdeñosas e inaccesibles las columnas de los grandes diarios se apresuraron a tomarlas al asalto en aquella orgía de incautaciones que decretaba cualquiera: una asociación, un grupo, un hombre, el Gobierno… el que primero llegase con la pistola en la mano o la escopeta en bandolera.

Estos nuevos amos de la prensa y la radio, tanto desde los periódicos incautados como desde los órganos tradicionales de la izquierda, dirigidos por Araquistáin, Prieto, Álvarez del Vayo o Largo Cabllero, se dedicaron a agitar el odio y a señalar las personas que debían ser eliminadas. Como también experimentaron personalmente Ortega y Marañón, «ser citado en esos periódicos equivalía a una sentencia de muerte. ¿Vive aún Fulano? –preguntaban. –Y el cuerpo exánime de Fulano aparecía al día siguiente en cualquier lugar de las afueras»:

En sus almas había un odio profundo, amargo, doloroso, nacido del recuerdo de sus continuos fracasos. Y expresaban ese odio con una atención inicua sobre los que, iluminados por el claro sol de la celebridad o por el más pálido rayo de la popularidad, los tenían ocultos bajo su sombra (…) Sus discursos eran incitaciones iracundas, insultos contra todos y contra todo (…) Ninguno de ellos conseguía decir algo interesante, pero bajo el fervor de su odio se les notaba un orgullo infantil por hablar al público a través de aquel medio prestigioso y científico de la radio. La novedad de esta oratoria consistía en la inclusión de palabras soeces pronunciadas sin embarazo y con ostentación (…) La máxima crueldad en los discursos radiofónicos y los artículos de prensa, las más feroces incitaciones al crimen, pertenecieron a una mujer: la judía alemana Margarita Nelken.

A los dirigentes izquierdistas les culpó del horror provocado por el veneno de sus palabras, inspiradas en el bolchevismo ruso:

Las ideas eran rusas, los procesos eran rusos; rusos eran los hombres llegados para dirigir las matanzas; rusas las armas, rusos los nombres que se invocaban, las denominaciones de las brigadas, los originales de los grandes retratos que presidían sus reuniones (…) Aquellas multitudes entonaban La Internacional y un himno que decía Somos los hijos de Lenin. Y su ¡No pasarán! era francés. Yo vi por las calles de Madrid, en pleno verano, milicianos orgullosos de ostentar gorros rusos de piel y blusas de mujik. Decir ¡Viva España! era un grito subversivo. Todo era Rusia. No había nada más que Rusia.

De aquel «envenenamiento de las ideas» surgió el 19 de julio la «fauna de la revolución»:

Larvas de hombres, de mujeres, de niños, cubrieron Madrid en aquel día sin olvido. Greñas, muecas, garras, mugre, rugidos, ojos de fuego, rostros asimétricos, cuerpos tarados… Hervían. Salían de todas las esquinas, de todos los sumideros; eran los gusanos de una súbita putrefacción de Madrid. ¿Habían estado siempre allí sin que los viésemos o surgían de cada palabra malvada que hacían caer sobre Madrid por el surtidor de la radio los canallas de aquel oprobioso gobierno? Legiones satánicas, amasadas con odio, con pus, con la animalidad más baja; semblantes de capricho goyesco probaban que entre la bestia y el hombre hay un eslabón que aún no se ha perdido.

Consciente de que «mis comentarios a las sesiones parlamentarias habían herido muchas vanidades fustigando aquel rebaño de abogaduchos y de advenedizos engreídos», salió de su domicilio a tiempo para no ser detenido por los milicianos. Así comenzaría una larga escapada de escondite en escondite, acogido por amigos cuyas vidas ponía en peligro y finalmente refugiado en las embajadas argentina y holandesa.

Las legaciones extranjeras en Madrid llegaron a acoger once mil refugiados, incomunicados y sin poder poner un pie fuera de sus puertas, algunos de los cuales sólo pudieron empezar a ser evacuados ya avanzado 1937; otros muchos tuvieron que esperar a la entrada del ejército de Franco. Más suerte tuvieron los catalanes, que en cantidad cercana a los cincuenta mil consiguieron embarcar hacia Francia e Italia.

Tras mil peripecias, narradas como crónica en O terror vermelho y como novela en Una isla en el mar rojo, en julio de 1937 consiguió llegar a Francia en un coche del consulado holandés. Tras dejar atrás doce largos meses de angustia, puso su pluma al servicio de la causa rebelde tanto en las páginas de sus libros como en las del ABC de Sevilla. Allí publicó numerosos artículos dedicados a homenajear a figuras como Sanjurjo y José Antonio, al que consideró un mártir de la patria adelantado a un tiempo que no le comprendió; a agradecer a los países extranjeros, especialmente los hispanoamericanos, el refugio dado a tantos miles; a vituperar al gobierno francés por su apoyo militar y diplomático al bando republicano; a burlarse de «los burgueses simpatizantes de la República que echaron a correr y todavía siguen murmurando ¡No era esto… no era esto!; a acusar a los dirigentes republicanos de enriquecerse con el producto de sus rapiñas mientras sus seguidores daban su vida en defensa de una República abandonada; y a rechazar los intentos de mediación internacional para alcanzar una paz negociada:

En España están en lucha dos principios antitéticos e inconciliables en toda su eternidad, que no pueden ni combinarse ni disolverse el uno en el otro. Es el bien y el mal, el odio y el amor, el ser y el no ser de España. No podemos decir: bueno, pues vamos a ser un poco de bandidos. Ni tampoco: nos resignaremos a estar un poco muertos (…) España no se podrá rehacer sin el triunfo.

Pero la alegría del triunfo no aplacó su dolor, como reflejó en la frase de Léon Bloy con la que encabezó Una isla en el mar rojo: «El sufrir pasa; el haber sufrido no pasa jamás». Ni sus opiniones políticas ni su consideración del ser humano volverían a ser las mismas. Del marxismo, con el que nunca simpatizó, poco más pudo decir:

El marxismo es la religión de los envidiosos, de los fracasados, de los inferiores, y como no pueden ascender hasta lo bueno, buscan la igualdad rebajándolo hasta su propio nivel. Son los gusanos burlándose de las aves y decretando que nada hay de mejor gusto que arrastrar el vientre sobre la tierra.

Pero su crítica no se limitó al marxismo:

Hay algo en lo que no puede creer ya nunca un hombre que haya vivido en cualquier sitio de la España roja: la posibilidad de una democracia. Hay algo de lo que no volverá a oír hablar sin escepticismo: las innatas virtudes del pueblo (…) Porque la masa es imbécil. Y como la masa es imbécil, la democracia es imposible (…) Pasarán muchos años y acaso los hombres vuelvan a hablar en serio de esas mentiras: pero nosotros, los que hemos visto, sabemos durante todo el para siempre de nuestras vidas lo que es un pueblo entregado a sí mismo.

Al terminar la guerra volvió a Madrid, pero no halló alegría en ello porque «aquel sufrimiento fue tan grande, que hasta su sombra es un intolerable sufrimiento. Yo he buscado en Madrid mi sonrisa, y no la encontré». Y en varias de sus obras posteriores, tanto librescas como periodísticas, reiteró que los meses pasados bajo el terror rojo le habían cambiado para siempre:

Esa innumerable legión de fantasmas con los ojos arrancados, con las lenguas cortadas, con los pies y las manos atravesados por los clavos de la crucifixión, con los sudarios de las llamas que los quemaron, con el gesto enloquecido de los enterrados vivos, con los cráneos, los pechos, los vientres acribillados por las balas de las fieras asesinas, tiene ya su parcela en el campo de los horrores de la Historia humana (…) En realidad, yo he sido muerto violentamente. Muchas creencias que anidaban en mi espíritu no existen ya; mis ideas acerca de los hombres y de los pueblos se han modificado en sus raíces; las concepciones de antes, fruto de lecturas y experiencias, fueron desarraigadas y sustituidas por estotra experiencia más brutal, más profunda, más amplia, más aleccionadora (…) Mucho murió y mucho nació en mí. Nada hay que enseñe y fecundice tanto como el dolor (…) Cuando revivo, como ahora, lúcidamente todos aquellos horrores, me pregunto a mí mismo si de verdad podré volver a encontrar alguna vez en mi corazón fe suficiente para estimar de nuevo a los hombres. Y me temo que, por muy larga que sea mi vida, ya no podrá ser, nunca más, nunca más…

… eeen fin.

…..

Artículo publicado por Jesús Laínz. Libertad Digital. 2022-01-02

https://www.libertaddigital.com/cultura/historia/2022-01-02/jesus-lainz-wenceslao-fernandez-florez-la-descripcion-mas-cruda-del-terror-rojo-6851480/

EL VOTO Y LA VIOLENCIA

Historias de Paco Sanz

¡A las urnas, ciudadanos, formad vuestras colas…! El “refrain” de la marsellesa dice: Aux armes, citoyens! Formez vos bataillons! Marchons, marchons! Qu’un sang impur… Abreuve nos sillons! ¡A las armas ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Caminemos, caminemos! ¡Que la sangre impura… Riegue los surcos que vamos dejando!

En días de elecciones recuerdo sin querer a los revolucionarios de antaño. ¿Qué ocurriría si la humanidad, sin aquellos que en todas las épocas producen su liberación con la violencia, cae más profundamente en la barbarie? ¿Y si la violencia fuese necesaria? ¿Y si asimilamos nuestra «armonía» con la renuncia a la ayuda al prójimo? Esta pregunta anula la tranquilidad.

El voto electrónico no ha llegado todavía, pero lo de las encuestas no cesa. Se puede aumentar la probabilidad de que el público acuda a las urnas, con sólo preguntar si tiene intención de votar. Cuando las encuestas no funcionan me siento como en casa. Y es que buena parte de los españoles se atiene a las encuestas como a la vieja conseja, según la cual “al que quiera saber, mentiras con él”. Y es que ya se sabe: ”mal de muchos… epidemia”. Antes se acababa la frase diciendo «…consuelo de tontos».

Votar es el penúltimo refugio de la impotencia política, el último es dar nuestra opinión a un encuestador. El votante que emite un voto malo, se asemeja al criminal, que se aproxima sigilosamente al lugar del delito. Se encuentra en el aprieto siguiente: lo ha invitado a tomar una decisión libre un poder, que no piensa atenerse a las reglas del juego. Es el mismo poder que le exige un juramento, mientras ése poder mismo, vive de perjurar.

Si los votos son de todos, ¿cómo es que no votamos para que las cosas sean de todos? Iure natural sunt omnia omnibus. La ley natural es que todo sea de todos. Iure divino omni sunt communia. El derecho divino es que todo sea común. Habebant omnia communia. Que mantengamos todo en común. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar, desde el momento en el que el voto pertenece a cualquiera, hasta el de que la propiedad pertenezca a cualquiera?

Como cuando antes nos venían con chorradas religiosas en nombre del orden y la seguridad, ahora, van y nos vienen con las democráticas. Lo arbitrado en aras de la seguridad, gesta amenazas inauditas a la libertad. Más derechos inútiles de voto, menos derechos personales decisivos. ¿Qué derechos personales decisivos? Los que empiezan con la autonomía del placer propio, y acaban, en la autonomía para resolver la manera y el momento de la propia muerte.

Historias de Paco Sanz

¿Qué era aquello…?

Yo la vi. Oscura, cada vez más y más grande al acercarse, sucia e informe. ¿Qué era aquello..? De repente la playa se llenó de extraños. En aquella época no había turismo en Guardamar como lo conocemos hoy -cuatro gatos aparte de los que veraneábamos- y éramos casi todos del Pueblo: los Galí, Balín, Paco el caballero, Pepe Barrera, Santi Soto, Yo…

Los extraños se arremolinaron en semicírculo frente a la playa, pero como escondiendo algo.

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De repente, una imagen que no habíamos visto nunca: hombres rana que ahora parecerían ridículos por su primitivo equipo, emergían a unos veinticinco o treinta metros de la playa quitándose trabajosamente sus escafandras.

Mientras, los extraños comenzaban a advertir a los bañistas de que se alejasen por precaución.

Por la mañana fuimos nosotros en el primer baño matutino, los que descubrimos esa mancha oscura y como circular, entre la playa y la línea que delimitaban las boyas de señalización.

Resultado de imagen de mancha de algas en el fondo del mar

Buceábamos, temprano, en una mañana radiante de mediados de septiembre en la que el verano languidecía. El agua estaba fría, muy fría, y era el mejor momento para recoger unas enormes almejas a unos cinco o seis metros de profundidad, semienterradas en la arena del fondo, a la altura de las boyas.

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Nos asustamos, todo hay que decirlo, y no poco… No sabíamos qué podría ser esa cosa; no parecía el típico montón de algas enmarañadas por el oleaje flotando a la deriva; tampoco se parecía a ningún banco de peces pastando cerca de la orilla… Nos atrevimos apenas a acercarnos a unos cinco o seis metros, lo suficiente para advertir unas extrañas e inquietantes protuberancias cilíndricas. Manolo Galí, el más bragado de todos nosotros, fue el único que se atrevió a tocarla… Bueno, apenas la rozó, pero era algo a lo que no nos hubiéramos atrevido ninguno salvo él. Su tacto duro, rugoso y metálico según nos dijo, no hizo más que aumentar nuestra curiosidad y también el temor que empezábamos a sentir respecto a aquella cosa… ¿Qué era…?

Una vez satisfecha en parte nuestra aventurera curiosidad por esa novedad extraña en el tramo final de nuestras vacaciones estivales, corrimos a contar nuestro hallazgo… Tras el inicial revuelo, recuerdo como el padre de uno de nosotros tras comprobar con evidente alarma nuestro descubrimiento y salir del agua apresuradamente, corrió al restaurante Valentí en busca del único teléfono que había en las inmediaciones… Al poco empezó a llenarse la playa de los extraños.

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A mediodía y tras un frenético ir y venir, comenzaron a llegar guardias civiles uniformados, lo que contribuyó todavía en mayor medida a aumentar nuestra curiosidad por el suceso. Dos o tres de los hombres rana se sumergieron de nuevo con la, nos pareció, evidente intención de sacar esa cosa a la playa.

Nuestra sorpresa aumentó más tarde al comprobar cómo un barco militar se situó extrañamente cerca de la playa, maniobrando durante un par de horas hasta que “eso” -que no pudimos ver claramente debido a la distancia a la que nos encontrábamos- comenzó a flotar enganchado con algo parecido a unas cadenas diría que también flotantes, y era remolcado por el buque aguas adentro hasta perderse de vista…

Más tarde supimos que se trataba de una mina explosiva procedente de quién sabe qué lejana refriega de nuestra infausta guerra civil.

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Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

LA TOS

Reventada estoy de toser tanto. Puto coronavirus. Una no sabe nunca de qué sería peor morirse. Por eso mismo no iría ahora a un hospital ni harta de vino peleón… ni público ni privado; deja deja. Nunca hizo falta un matasanos para irse al otro barrio. Y de verdad que prefiero morir asfixiada en mi casa, a perder la vida por ahí sola y con todas mis entradas corporales entubadas… Al igual que mi padre cuando le dijo a los médicos aquello:
– Han sido Ustedes muy amables pero comprenderán que prefiera morir en mi casa… Gracias.
Luego se dirigió a mí:
– ¡Sácame del hospital éste, ya…! Aquella fue la única vez que ingresó en uno.

He decidido fiarme del criterio de mi sobrina la enfermera, y por ello sé desde hace mucho que ahora no se debe ir a urgencias a nada. Todavía no. Y si tengo la suerte de mi padre, el valor suficiente, y el apoyo de los míos, cuando me llegue el momento no querría ir nunca… Al menos ahora no; ni se me ocurre.

Llevo ya cuatro días tosiendo como una perra afónica, y cuarenta de encierro. Y al albur de esta situación desgobernada y opresiva. Y resulta que mi marido, todavía no puede comprar ni una puta mascarilla para protegerse de mí. Menos mal que al ducharnos mucho juntos y hacer el amor también mucho y sin precaución, se ve que él se ha inmunizado (Nóteseme la ironía…) Y no digamos nada del simple y barato test de detección del coronavirus que ambos necesitaríamos. Pacientes y galenos dejados de la mano de Dios; todos confinados y engañados.

Y ahora, aterrada he de reconocerme con esta tos perra, seca, rasposa e hijadeputa. Tengo el pecho como un tambor en viernes santo y no hay manera, esto va a más… De un carraspeo pegajoso de fumador, he pasado a una tos de lija, tosferínica e insistente; implacable, como también lo es mi necesidad de respirar.

Me ahogo poco a poco. Cada vez que intento respirar toso; y así, aspiro cada vez menos debido a que el agotamiento que crispa mis músculos torácicos va haciéndose cada vez más patente, y haciéndome cada vez más y más mella… Cada golpe de tos va doliéndome más aunque valiéndome de menos, porque ya no arranco nada con estas toses. Y se van agotando y encogiendo más mi resuello, la capacidad de mis pulmones y aquello que los insuflaba. Y va faltándome el aire cada vez más. Me voy ahogando.

Logro poco a poco, y a fuerza de controlar respiración y pánico, conformarme con un hilillo de aire que trabajosamente consigo que entre y salga con cierta fluidez de mis pulmones. Si solo hablara perdería el hilillo de ése aire vital. La drástica disminución de la cantidad de oxígeno que mis alveolos pueden procesar, ya solo me da, para parpadear un poco, para poder pensar, y para mover algo las manos esforzándome con la intención, de poner un dedo sobre las teclas de cada una de las letras de esta carta.

Pero dicen que esto del virus se carga sólo a los viejos… ¿Os parecen poco los viejos? ¿Poca pérdida…?

Si es así, iros a la mierda.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Se están muriendo

Historias de Paco Sanz

En mi entorno hay cientos de sanitarios que han pasado a la reserva. Acabo de recibir una comunicación del Colegio de Médicos felicitándose por tener tantos colegas que han salido de sus escondrijos y han dado un paso al frente. En el caso de los jubilados tiene doble mérito. Sé que a determinadas horas la gente jalea a los que siguen en el frente dando la cara. Incluso se ha dicho, pero ya en tono de broma, que habría que buscar también una manera de aplaudir a los maestros. Que nos permiten seguir queriendo como queremos a nuestros hijos.

En la Guerra Civil Española los alféreces provisionales cayeron como moscas. Terminé como alférez mi servicio militar. Pero nunca sentí que se ponía mi vida en peligro. Bueno, sí, una vez en un ejercicio con granadas. Tampoco he sentido estar sometido a mucho riesgo laboral en clínicas y hospitales. Para muchos esto ya no va a ser así. He perdido dos compañeros cercanos. Uno de laboratorio, manipulando mal un placa de Petri con meningococos. Otro al que un paciente psiquiátrico “le entró” con unas tijeras. Pero nunca pensé que eso pudiera pasarme a mí.

¿Dónde está el frente? En el sufrimiento, claro. No hace falta ser budista para entenderlo así. Los que andamos siempre buscando el sentido de las cosas sabemos que el sufrimiento no tiene sentido. La responsabilidad moral frente al sufrimiento estriba en nuestra capacidad de prevenirlo, aliviarlo, acompañarlo y utilizarlo, huyendo de la fantasía de que con nuestra intervención podemos controlarlo en todos sus componentes, circunstancias e intensidades. Debemos evitar caer en el “encarnizamiento moral” que supone la fantasía y la voluntad de dar a cualquier precio un sentido al infortunio. El “hospital sin dolor” puede ser un objetivo, pero perseguir “el hospital sin sufrimiento” no deja de ser una falacia.

No hace falta tener conocimientos de medicina para presentarse voluntario en un hospital en tiempo de pandemia, hacen falta un par, y por decirlo con menos crudeza: Ser bueno. Porque, a ver, ¿qué es bueno? Ser valiente es bueno. Aunque todos los valientes no lo sean, claro. Pienso en los dictadores de los que más he sabido, en Franco y en Hitler. Gente con un par.

Dicen que Amazon no va a distribuir más el Mein Kampf. Es un libro estúpido, no se merece esa propaganda. Cuando lo leí me quedé con la idea de que ese tío era idiota. Sin embargo hay un pasaje del libro que no he olvidado: “El hombre que ha nacido para ser dictador no es obligado a ello; quiere serlo. No es llevado, sino que va por sí mismo. No hay nada inmodesto en ello. ¿Es inmodesto que un trabajador pida un trabajo duro? ¿Es presuntuoso que un hombre dotado de la elevada inteligencia de un pensador cavile durante las noches hasta dar al mundo una invención? El hombre que se siente llamado a gobernar un pueblo no tiene derecho a decir: si me queréis o me llamáis yo cooperaré. No, su deber es dar un paso al frente”.

Nuestros hogares se han convertido en refugios para la guerra microbiológica que está teniendo lugar… fuera. En ellos el frente es el aburrimiento. Sin embargo habría que entender mejor el aburrimiento. Aprender a dejar pasar las horas, a no sentirse mal frente al vacío. Este no sería un aburrimiento en sentido etimológico (abhorrere, significa horrorizarse), sino un encuentro amistoso con uno mismo, o incluso compartido, durante el que se disfruta de la compañía de alguien sin hacer nada. Entre este aburrimiento y la tristeza y la depresión está el frente… en casa.

Historias de Paco Sanz

ES LA GUERRA

Si la única forma que hay de luchar en esta guerra contra el coronavirus es quedarme en casa, voy de culo… Pero porque es la peor de mis guerras posibles ya que siempre he tenido serios problemas para estarme quieto… No estoy acostumbrado a la guerra, pero jamás la he rehusado si la he creído necesaria… El problema para mí de esta lucha en la que estamos, es que permanecer quieto parece ser que es la única arma… Y no soy yo alma inmóvil sino más bien culo de mal asiento.

Con ochenta y cinco años mi madre se muere; pero eso no es lo importante. Todos moriremos; yo, llevo muriéndome cincuenta y tres… El problema, es si tener muchos o pocos años de vida es, condición sine qua non para que te mueras… Pero porque sería ésta una condición que nunca lo ha sido; sería humanamente injusta… La gente desde siempre se ha muerto sólo cuando le llegaba su hora… Por ello, la muerte nunca ha sido cosa de calendarios sino de relojes…

Que se mueran los viejos siempre nos ha parecido que era lo normal. Sin embargo, siempre hemos deseado entre comillas una muerte digna. Aunque obcecados por vivir mucho, morir joven siempre nos ha parecido algo como ejemplar; morir en la flor de la vida… ¡Vaya tontería!

Pues resulta que a día de hoy, mi madre está en la flor de su vida y eso que acaba de enviudar… Tiene la lucidez que ya quisieran muchos treintañeros; la experiencia necesaria que casi ninguno tenemos; la fortaleza mental que a su edad todos desearíamos; y todavía ese instinto maternal, que hace de nuestras madres esas personas imprescindibles para sentirnos seguros… La única ventaja que le tengo, es el tiempo que se supone nos queda a ella o a mí… ¿Pero qué importancia se supone que tiene eso del tiempo…? ¿Acaso es algo tan cierto, y por ello tan importante, lo del tiempo…? Yo, creo que no.

Los viejos en el fondo, siempre han sido más útiles que los jóvenes pero por el simple hecho de que no creaban problemas aparte de los de salud; es más, bien al contrario, solían tener las soluciones… Y desde siempre tras las guerras solo quedaban, para recordarlas, los viejos inservibles para ellas… Lo trágico de esta guerra es que son ellos, los viejos, la primera línea de trinchera; ponen ellos casi solos todos los muertos. Peligra por ello el recuerdo de los viejos; peligra tal vez la civilización…

Mierda de guerra que no me deja luchar…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

SE PEGÓ UN TIRO…

Una edad los treinta y seis años, en aquella época, que hoy equivaldrían a tener más de cincuenta. A principios del siglo XX la esperanza de vida en España era de poco más de treinta y cinco. Él nació justo con el siglo, hace ciento veinte años. Y a la edad aquella, ya talludo, tuvo que elegir entre dejarse matar por ideas ajenas, o disparar defendiendo a su familia.

Y eligió, vaya si eligió.

Yo me enteré de aquello ya tarde, acordándonos un día hablando con mi madre de él… Se había muerto hacía algo más de quince de años, y ya entonces me pareció una historia valiosa. Pero hasta hoy, no me había decidido a contar sobre ella. Tengo un borroso e infantil recuerdo de él; y por ello -por lo infantil especialmente- una casi completa ignorancia de quién fue realmente… Llegué tarde.

Tenía treinta y seis años, dos hijos y uno en camino, un carro, una mula, y un precario trapicheo de venta de harinas. Estraperlo en tiempos de guerra. Y si debido a ésta, hasta los panaderos estaban famélicos por el hambre puta, y eran envidiosos, ladrones, chivatos y peligrosos; imaginaos al resto de la gente acuciados por la misma guerra, pero sin ni siquiera pan para comer… Harina. Hambre. Guerra. Odio.

Cuando lo sacaron, lo metieron en la checa de Catral, y como era costumbre le leyeron la cartilla. O se alistaba y era listo, o a Albatera al campamento. Y como era de los listos se alistó, vaya si se alistó; como no podía ser de otra manera. Tres meses en un Centro de Instrucción de Reclutas en Alicante; sin poder acarrear para alimentar su familia, y ni siquiera por carta poder tampoco saber de ellos.

Pudo volver tres días de permiso a su casa antes de que lo enviaran, seguro, a alguno de los frentes de guerra. Su mujer, a punto de parir.

Al día siguiente de su regreso, y vestido a propósito con su traje impoluto de Sargento Primero de Abastos del Ejército Republicano, se pegó un tiro en el pie. A primera hora de la mañana, lo levantó, y plantándolo con la bota puesta sobre la mesa de su despacho, disparó. Apuntó, sin acercar mucho la Orbea N7 reglamentaria que le habían entregado. Intentaba alejar la pistola al máximo, con la intención de que la bala hiciera sólo el destrozo, justo, de penetrar girando y atravesando el cuero de la bota, la carne y los huesos del pie, pero sin reventar por impacto cercano contra nada… Si te pegas un tiro en el pie, de pie; éste te revienta en mil pedazos, pero por la onda expansiva que se genera por el impacto inmediato de la bala estrellándose contra el suelo.

¿Os imagináis el miedo; os imagináis el valor…? ¿Habéis disparado alguna vez un arma…? Ya quisiera yo, parecerme a él.

Mierda de ideologías, y mierda de memoria histórica. Andad a tomar por culo, y dejad de escarbar para juzgar si el pasado sí, o si el pasado no. Lo que se hizo, hizo está, y ya lo purgaron con reconciliación y perdón nuestros padres, abuelos y bisabuelos.

Imbéciles.

Iros a la mierda los rencorosos.

¡¡VIVA ESPAÑA…!!

🤔

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

A ostia limpia…

Estos acontecimientos no habían pasado en España desde que yo tengo memoria; y tengo ya más de medio siglo. Nunca…

Ya está bien de aguantar a estos hijosdeputa. Hay que acabar con ellos… Ya.

Ni los siento, ni se sienten compatriotas nuestros; no son paisanos, no son nuestros amigos; no son más que una manada de perros, ni siquiera lobos, babeando de rabia ponzoñosa… Han perdido su cualidad humana, a fuerza de enterrarla bajo el odio, la ignorancia y el racismo más rancio y exacerbado.

Nos quieren echar de nuestras propias casas…

Y una mierda… ¡A por ellos!

E.T. el extraterrestre

Están locos estos humanos.

Que si la muerte o la vida; la fiesta y la muerte. Un truhán o un señor. Ésto o lo otro; vienen, van. Salvación o infierno; el bien y el mal… El día del sol, o la noche de la luna; cara y cruz. El hombre y la mujer…

No hacen sino copiarse; repetir a sus madres, replicarse en sus hijos. Nada nuevo bajo este sol.

Muy inteligentes, eso sí.

Uno por uno, al observarlos detenidamente como individuos vivos hemos de reconocer que son absolutamente maravillosos; y gracias a la muerte también son casi biológicamente perfectos. Polvo de estrellas enormemente valioso… Están compuestos por buena parte de la totalidad de los elementos de la tabla periódica; y son, muy eficientes en su funcionamiento fisiológico; y lo son, durante casi cien de sus posibles años solares de vida… Una especie muy bien adaptada sin duda.

Pero hay cosas que ya no entendemos. Se creen, como predestinados o inducidos, conducidos o empujados, constantemente obligados a elegir o a creerse que eligen algo… Una y otra vez parece que desde el inicio de los tiempos caen, en la trampa vital de creerse libres.

Mira, que llevamos ya un par de miles de sus años solares observándolos, pero no sabemos qué tipo de miedo cerval colectivo, o qué retorcido impulso natural intrínseco empuja inexorablemente al abismo a esta extraña tribu humana que ahora nos ocupa. Ésta a la que en particular observamos y estudiamos, para intentar entender con detalle científico al conjunto de la especie que devasta este planeta, que hoy nos toca salvar.

Se devoran, se depredan entre ellos… Siglos solares, milenios llevan conquistándose y siendo conquistados en un estúpido y estéril empeño fratricida de acabar consigo mismos; robándose o matándose; enamorándose y traicionándose; escondiéndose o mintiendo… Pero a la vez sabemos de su enorme capacidad para cosas tan extrañas, como eso de amarse con locura…

O de su habilidad de comunicarse sin tecnología haciendo palmas simplemente; de gestionar la incertidumbre y el riesgo; de emocionarse hasta apasionarse. Juegan con la mismísima muerte a los toros y crean, con esa misma muerte conceptos como familia, historia, fe, orgullo o arte… Fabrican tanto guitarras como navajas. Impredecibles, capaces a la vez de lo mejor y de lo peor, incluso a veces creen saberse felices… Música, amor, envidia, la risa. Conceptos éstos y aquéllos que desde nuestro evolucionado y exacto punto de vista racional, hemos de reconocer que ya no logramos comprender en su puridad científica.

Cual máquinas biológicas cuasi divinas y con solo su primitivo ingenio, la totalidad de esta especie humana está rozando las honduras de una ciencia, la nuestra, para la que sabemos que todavía no están en forma alguna ni mental ni intelectual ni moralmente preparados.

Pero dan como que envidia porque todavía no han perdido eso... Ahora están en ese crucial momento evolutivo en el que aún, no han olvidado que el sexo o el fuego, el caos y lo violento, el choque o la explosión, los cataclismos y la ignorancia impulsan y son a la vez energía y motor de éste nuestro Universo… Algo, que nosotros olvidamos hace ya milenios al dejarnos guiar solo en pos de la seguridad de nuestras tecnologías.

Y ellos están empezando -como hicimos nosotros- a olvidar su Historia arrumbada entre tanto cachivache tecnológico. Y claro, comienzan a tener tanto miedo que no pueden -les es casi imposible- discernir nada con claridad, con sensatez o con cierto grado de seguridad.

Siempre como espiritualmente ahítos, ora de un atracón de ocio mendaz ora de una panzada de multimedias basura. Saturados de wikipedias torticeras; henchidos de datos corruptos; hartos hasta la arcada de vídeos y opiniones de famosos listillos, fantoches y youtubers, juaneslanas o somierdas…

Todo completamente vacío; carente de cualquier valor al que realmente poder aferrarse tan solo con las manos.

Tal y como nos pasó a nosotros en aquella época ya olvidada, en la que perdimos ese poder mágico que se generaba al juntar al calor y amor de una pequeña fogata a familias amigables contando historias.

…eeen fin. Están locos estos humanos.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

BARBARIE O RAZÓN…

Algo, va mal… Casos reales.

…………

Asesinos, a la misma altura moral que sus Víctimas

Piaras de zombis ideológicos, canallas como el autor del comentario de arriba, son capaces de afirmar en público, y sin que se los trague la tierra de indignidad o se les caiga la cara de vergüenza e ignorancia, que prefieren pactar con Otegi «cientos de miles de veces» antes, que pactar, una vez si quiera, con el PP.

Otegi, antes que Ortega Lara…

Comprensión y sumisión cobarde ante el crimen del secuestrador vil, en vez, de valor y compasión con el sufrimiento del pobre secuestrado… Un criminal diabólico, antepuesto moralmente a su víctima inocente.

El Mal igualado al Bien…

Relativismo lerdo, insensible y profundamente inculto… Todo les vale a estos gañanes de ética siniestra, ya que ésta desde siempre, ha predicado el latrocinio, el caos y el crimen… Ciegos de ideas honradas, aunque soberbios de ideologías vacías, estos zotes alienados viven envueltos en un velo de mendacidad casi completa, honda ignorancia, y barbarie moral…

LA HISTORIA, IGNORADA; hurtada y tergiversada al servicio de la ideología…

………

El Animal, a la misma altura moral que el Hombre

Catervas «de ciencias» que ‘ya’ son capaces de pedirle a las fuerzas de seguridad, que detengan por «agresión violenta» a todos los carniceros, a los toreros, y porqué no a los cortadores de jamón ibérico… También a los cazadores, a los criadores de pollos, de conejos o de palomos anillados… No sabemos si también a los pescadores; no creo que se atrevan con los musulmanes en su fiesta del cordero, pero seguro que sí, con los apicultores o hasta con los entomólogos…

LA FILOSOFÍA, IGNORADA; hurtada y tergiversada al servicio de la ideología…

…………

Los que Nos Odian, a la misma altura moral que los que Nos Queremos

Élites, capaces de afirmar sin vergüenza pinocha, que divididos autonómicamente, estamos mejor, que lo estaríamos unidos nacionalmente… Políticos podridos, fermentados a fuerza de acumular tanta corrupción en sus entrañas.

EL BIEN COMÚN, IGNORADO; hurtado y tergiversado al servicio de la ideología…

…………

El Racismo, a la misma altura moral que La Razón

Manadas, capaces hasta de jugarse el futuro de sus propios hijos, al consentir que crezcan enclaustrados, castrados en el menoscabo y el odio a todo legado español que lo es, y ante todo, patrimonio también de ellos… Porque así mismo a sus hijos pertenece este verbo, el español, inmensamente rico, y que conecta la Historia, la Moral, el Intelecto, y el Futuro, de un universo que podría ser maravilloso, de más de seiscientos millones de hermanos hispanohablantes…

LA RAZÓN, IGNORADA, hurtada y tergiversada, al servicio de la ideología.

…………

El Amor…

Tan alto valor, EL AMOR, convertido en mero producto de consumo al servicio de ideologías prosélitas, cuyas turbamultas lerdas, sitúan AL ODIO, perversamente, a la misma altura moral de aquél…

EL AMOR, cosificado, vilipendiado

EL AMOR, IGNORADO, hurtado y tergiversado, al servicio de la ideología.

……

Razón, frente a locos y nacionalistas…️

.

…eeen fin.

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Antonio Rodríguez Miravete
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La bandera republicana

…para algunos verdaderos amigos

VICENTE ROJO 3

Simplemente, me hago eco de las palabras del talentoso general republicano, Vicente Rojo Lluch, encargado de la heroica defensa republicana de Madrid en 1937…


«La cuestión de la bandera es uno de los motivos que estúpidamente dividen a los españoles, y tiene sin duda su origen en la conducta mezquinamente partidaria de nuestros políticos. El cambio de la Bandera hecho por la II República constituyó un grave error por nuestra parte.»

  1. «Porque no respondía a una aspiración nacional ni siquiera popular. La Bandera Republicana era desconocida por la inmensa mayoría de los españoles.»
  2. MEMORIAHISTERICA«Porque se reemplazaba una bandera nacional por una bandera partidaria, y con ello se dividía a España.»
  3. «Porque no era necesario y consecuentemente solo podía producir complicaciones, como así ha sucedido.»
  4. «La bandera (rojigüalda) que teníamos los españoles no era monárquica sino nacional. La bandera de los Borbones fue blanca; la bandera real era un guión morado.»
  5. IMG_20190427_2315251.jpg«En cambio la bandera bicolor, como enseña nacional, fue creada por las Cortes españolas en plena efusión de liberalismo, constitucionalismo y democracia. Se tomaron colores españoles que venía usando tradicionalmente la Marina de guerra, y que dieron tono a los guiones reales de los Reyes Católicos (rojo) y de Carlos I (amarillo); que eran también los colores de una enseña tradicional en Aragón, Cataluña y Valencia.»
  6. VICENTE ROJO 2«El pueblo no anhelaba incorporar a la bandera el color morado de Castilla. No podía anhelarlo porque la masa del pueblo español ignoraba que el morado fuese el color de Castilla (…).»
  7. «Los republicanos de la 1ª República quisieron introducir su bandera partidaria y crearon la bandera llamada republicana. Esta no llegó a tener estado oficial y ni siquiera se popularizó. Nació, según Castelar (último Presidente de la I República), en la Universidad de Barcelona, fundiendo tres colores de tres facultades. No pudo pues tener esa bandera un origen más arbitrario y estúpido. Por eso no llegó a ser bandera oficial, ni nacional, ni popular. Los primeros republicanos, más sensatos que nosotros, no impusieron el cambio.»
  8. «Ni inconmovible, ni imperdurable ni eterna es la bandera tricolor, porque no ha nacido del pueblo, sino de una minoría sectaria.»
  9. MEMORIAHISTERICA«No creamos pues un símbolo nacional, que ya estaba creado con ese carácter, sino uno de lucha partidario. Haciendo prevalecer, frente a las grandes ideas de Nación, Historia y Patria, solo las de comunismo y república…»
  10. «Hoy los españoles están divididos en torno a dos banderas: tal es el fruto de aquel error (…).»

…a todos aquellos rojos recalcitrantes que, insensatos, se empeñan en ignorar u olvidar, tergiversar, o falsear espuriamente la realidad de su pasado… Sabed que estáis sin duda alguna, estúpida y peligrosamente condenados, a intentar repetirlo… Como atrapados, en los errores de ése vuestro bucle ideológico rojo; fruto de un refrito de revanchas viejas e ignorancias supinas, de una casi total alienación, de un feroz sectarismo, y de ese odio larvado que, en el fondo, predicais…

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República idílica

Sería chocante si no fuera trágico, ver cómo más españoles de los debidos, lerdos en historia, recuerdan con ese orgullo tonto que sólo proporciona la ignorancia, el vergonzoso episodio de la bochornosa II República Española.

Muchos, tal vez desde la miserable ceguera que provoca la ignorancia profunda, o quizá desde el odio más rancio, reivindican con ambos argumentos, un período que de haber prosperado en su día, habría acabado con la nación que hoy conocemos. Nación donde ellos mismos, quiéranlo o no, han crecido, y donde se ve que sólo pastan, se abrevan, defecan.

La República, como forma de Estado, se puede perfectamente defender sin conflictos con la democracia, el intelecto, o con la moral; pero siempre y cuando sus dirigentes y sus instituciones, actúen de forma democrática, inteligente, y moralmente aceptable.

Pero, sabed, que la infausta republiqueta que estos zombis ideológicos conmemoran, fue un período negro, abyecto y nefando en nuestra historia reciente; y que acabó, como todos sabemos que acabó. Ni más ni menos que con la peor de las contiendas posibles: una guerra civil. Guerra, que La República perdió sin remisión y sin honor.

Sin honor porque, en vez de negociar una rendición con condiciones y salvar así con dignidad al más de medio millón de españoles que tuvieron que huir, la que huyó fue La República… Sus políticos al completo huyeron como pollos sin cabeza, dejando al albur de su infortunio a millones de compatriotas que habían creído en esa república de pacotilla roja.

Y fue derrotada por infame y por vacía de razón e ideas, por la torpeza de sus dirigentes, y por la profunda injusticia que sus postulados predicaban: dictadura del proletariado, Comunismo, y odio visceral, profundo, a todo atisbo de libertades individuales.

En fin, que nos gusta eso de cagar en el mismo sitio donde comemos..

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¡¡ VIVA ESPAÑA…!!

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Antonio Rodríguez Miravete

HISPANIDAD…

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Muchos de nosotros ni siquiera saben quiénes somos, o qué fuimos.

¿No nos da vergüenza…? ¿Qué coño somos…?

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Ignoramos nuestro excelso pasado, juzgándolo como necios con criterios de presente… Y eso Señores, es de imbéciles; de sociedades lerdas y ciegas.

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Este error maníaco, nos convierte en un pueblo insensato; atrapado en el bucle destructivo de la repetición de sus propios errores… Un vicio patrio, la ignorancia, que nos degrada a caterva humana, condenada a dar bandazos sin rumbo, sin alma ni orgullos comunes, sin tradiciones ni cultura propias.

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Tontamente atontados, por el brillo bobo de quincallas ideológicas con el que sibilinamente a muchos nos han abducido, asistimos inanes al infame oprobio de nuestros inmensos orgullos pasados; consentimos el necio desperdicio de nuestros valores presentes; y ni siquiera nos revelamos frente al seguro latrocinio de nuestro futuro común.

EL DESASTRE

Una mierda, parece importarnos el olvido y la ruina de nuestra Historia.

Y esto, lo estamos consintiendo justo delante nuestros morros; sin lucha.

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Como que miramos para otro lado; rebañudos… Sin reacción, cual estafermos que sin moverse del sitio, solo giran sobre sí mismos al ser embestidos con saña una y otra vez; golpeados una vez tras otra.

Encajamos cual borregos los constantes insultos, con los que intentan amedrentarnos y someternos tan sólo un puñado de orates, mequetrefes morales.

Son imbéciles no lo olvidemos; unos, solo son zurdos y ciegos de ideas, el resto son nacionalistas zombis; embrutecidos ambos, por su violento pasado y sus odios propios.

HISP TERCIOS

Al igual que avestruces, rendimos escondiendo la cabeza frente a la ignominia, para que no nos llamen acaso fachas, patriotas, o españoles.

Si olvidamos, todos perdemos.
«filo y lumbre…»

HISPANIDAD

HISP TERCIOS

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Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

nos queremos, y mucho…

Somos cumbre en el mundo a la hora de donar y trasplantar corazones, riñones, o partes de nuestro hígado; y hasta dolorosos trozos literales de nuestra propia médula. Somos solidarios hasta el exceso en algunas ocasiones; nuestros bomberos, policías y guardias civiles, y nuestra UME, son ejemplo sin duda para el mundo. Como colectivo, los españoles somos capaces de dar casi todo lo nuestro; casi todo… Compartimos gustosos nuestras casas, nuestra comida, nuestros paisajes, nuestro sentido del humor.

Nos queremos, los españoles nos queremos. Sabemos acoger, dar asilo y amar al prójimo.

Por eso nos han engañado unos gañanes, pero nos han engañado los nuestros; nuestros propios gañanes.

Tenéis que reconocerlo, aceptarlo. España nunca invadió a España; nadie de fuera nos roba. Nadie nos odia, y no somos diferentes ni especiales en nada. Tan solo somos vascos, de Cuenca o catalanes, y como el resto de españoles somos bragados aunque rebañudos por provincianos; también un poco incultos, y para nuestra común desgracia fácilmente manejables aunque no dóciles… Tal, si os fijáis, como podrían ser andaluces y gallegos, murcianos, riojanos o aragoneses.

Los españoles nos queremos, mucho, y desde hace mucho… Desde hace siglos la tempestad de la Historia, pese a sus embates y resacas, nos ha mantenido siempre juntos y a flote; en una nave, a bordo de la que a veces en fiera tempestad y otras en calma, unidos, hemos navegado a través de océanos de tiempo proceloso hasta el hoy, nuestro presente.

Esa nave común es España, y quizás el barco esté algo averiado por el «mal del tiempo…» Puede, que ajadas por la insidia, crujan sus centenarias cuadernas con lastimoso quejido al soportar, heroicas como siempre, el peso de nuestros pecados como Nación… ¿Pero vamos a dejar que esas venerables cuadernas que nos han sostenido como Pueblo, terminen de pudrirse en el légamo de la patraña, del odio, de la ideología o de aquella insidiosa Leyenda Negra..?

¿Vamos a consentir sin lucha, tornar nuestro barco heroico en pecio hundido…?

¿Dónde está el amor por el pasado, dónde el respeto…? ¿Dónde, el sano orgullo que hace de la Madre un sagrado y de la Patria un honor, un hogar y un vecindario; siempre un regreso…? No sé de otro lugar al que ir o al que volver, salvo a España… Con mi Madre.

Recuerdo mis viajes hace treinta años… cuando España era mía. Y era de verdad mía porque cada parada era un hogar; y cada petición de ayuda era, en verdad una deuda contraída.

Recuerdo que regresábamos cuando, al reparar en aquel hermoso paisaje orensano, de repente di un volantazo y paré el coche… Salvo para poco más que la gasolina necesaria para volver, no nos quedaba dinero para continuar nuestro viaje; pero sí nos sobraban ganas y dos días, que no estábamos dispuestos a desperdiciar… Era un prado idílico, precioso y verde hasta doler… Inocentes, plantamos la tienda en medio de aquellos pastos. Éramos inmunes a nuestra inmediata indigencia debido al ánimo henchido ante tan prodigioso paisaje.

Ya comeríamos.

La tarde pasó tranquila leyendo y fumando y charlando, hasta que aquella vaca irrumpió parsimoniosa en medio del prado. Al salir, espantados y casi envueltos en nuestra propia tienda vimos venir lentamente a nuestro encuentro un anciano, de esos venerables, como de postal típica, con boina calada hasta las cejas, y pidiéndonos disculpas en un gallego adorable que nos tranquilizó al instante.

La vaca pastaba tranquila, y nosotros podíamos quedarnos en medio de aquel prado el tiempo que nos diera la gana.

Pasábamos aquella hermosa tarde en nuestras cosas, hasta que la quebrada pero cantarina voz del anciano de la vaca nos llamó para que saliésemos una vez más de la tienda… Traía el hombre un capazo de esparto cubierto con una coqueta servilleta rojiblanca de tela a cuadros, y venía con la intención de regalarnos una botella de dos litros de coca-cola llena de leche recién ordeñada. También, nos obsequiaba el paisano una de aquellas fiambreras antiguas de aluminio, con casi medio kilo de miel en un bote de cristal y un irresistible queso fresco casero. Finalmente, de una bolsa de tela que también portaba en el capazo, sacó una hermosa hogaza de pan tibio con un mullido dorado e irresistible aspecto de ensaimada mallorquina gigante.

Viandas aquéllas humildes pero sublimes, que nos abrigaron el estómago esa noche; y al día siguiente despertaron con su recuerdo el desayuno, solucionaron la comida, y hasta aliviaron la cena de nuestro inevitable viaje de vuelta.

Aquel buen hombre nos conmovió hasta el tuétano, con esa hospitalidad natural de vecino bien nacido.

Podríamos preguntar a cualquier español de bien -y que como tal se reconozca- si detesta, repudia o margina, a los vascos o a los de Ceuta; si quizá odia a catalanes o extremeños; y si no soporta a los portugueses, o tal vez a los canarios.

Sería esto una estupidez contra natura, ya que somos el fruto de una bella mixtura de sangres, historias y razas… Fuimos creadores de un mestizaje sincero de espíritus, religiones y almas. Y desde hace mucho, juntos hemos convivido, con un torbellino de dudas existenciales como Pueblo.

Valores, Historia e idiosincrasia, que hacen de los españoles una sociedad ya escaldada de odios rancios, generosa en solidaridades, y hambrienta de verdadero futuro juntos.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

Cambiarlo todo.

No concibo los arrebatos de odio a España de los que hacen alarde estos políticos zurdos, ya no extremos sino radicales y excesivos. ¿Pues no que se atrevió a decir claramente la chica ésta de la foto, que para que ellos nuevamente puedan medrar «hay que esperar a que se nos pase la fiebre rojigüalda, para que así dejemos de defender la unidad de España…»?

En esta frase miserable y emponzoñada tenéis, resumida, la estrategia de la extrema izquierda española.

Y al analizar esa estrategia con detenimiento, descubrimos las intenciones políticas más retrógradas y radicales, más tóxicas, esquizofrénicas y sectarias de todo el orbe. Ninguna otra nación se odia a sí misma con semejante inquina.

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Afirmo esto en primer lugar, porque esta izquierda es connivente con otros regímenes de su misma cuerda, saqueadores de sus propios pueblos. Pero no los verás criticar con vena hinchada a ninguno de los sátrapas que gobiernan países como Cuba, Venezuela, Irán u otras satrapías, por el mero hecho de que son como ellos… Todo le vale a esta izquierda en su comunión comunista con el resto del mundo zurdo.

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Ahora bien, los verás cual resorte saltar a morder la yugular, de cualquiera que alce una voz contra el aborto o contra la legislación de género; que defienda el cristianismo o que abogue por el perdón de todas nuestras muertes pasadas… Entre otras lindezas, son capaces de desenterrar muertos pero solo, por satisfacer su ansia acusadora y revanchista ya que no les interesa para nada la justicia, la Historia o el perdón.

En segundo lugar, hay otro aspecto no menor, que todavía hace más peligrosa la posibilidad de que puedan llegar a gobernar algún día España. Y este aspecto no es otro sino el de que a la izquierda de este país no le gusta su país, es más, lo odian tal como es… Odian la España que tienen, el país que les dejaron sus padres y sus abuelos.

Y por cómo actúan parece que odian no menos, a todos los que no compartimos su visión mesiánica y redentora… Detestan lo que tienen; quieren cambiarlo todo y ése es precisamente el peligro. Quieren anular completamente el estado actual de las cosas, para instaurar su obsesiva y compulsiva distopía roja.

Cuando quieres cambiarlo todo, significa que no te gusta nada; y eso es metafísicamente imposible; es una incongruencia intelectual fruto de un sectarismo feroz, de una superioridad moral pretenciosa y por ello falsa. O lo que es peor, ese anhelo cuasi fanático de cambiarlo todo es consecuencia de una paranoia adanista y demagoga, cuyo fin es la instauración de un sistema comunista a raja tabla, después de erradicar por completo cualquier tipo de pensamiento disidente o disconforme.

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Como no les gusta el Rey, toma, una república; como la historia nos ha confirmado que nos ha dado tan buenos resultados, pues nada, una república… Con un par.

Como no les gustan los toros pues a prohibir los toros, calificando ni más ni menos que de asesinos, a quienes llevan siglos haciendo de una tradición milenaria un arte simbólico, un patrimonio inmaterial hispano reconocible en el mundo entero… Te podrá gustar o no tauromaquia, pero negarle el mérito del valor, del sacrificio, de la metáfora trágica y vital que el festejo supone, es negar tus raíces y tu presente… Pues nada, a prohibir.

Como no les gusta la bandera, pues nada, la cambiamos por la tricolor republicana, que tiene el dudoso derecho que le dan sus escasos ocho años de vigencia frente a los varios siglos, de la muy digna rojigualda.

Para colmo, tanto esa bandera como la figura de Franco, constituyen para los españoles un imaginario infame en el recuerdo, de uno de los períodos más turbulentos de toda nuestra Historia; tan nefasto, que nos llevó ni más ni menos que a matarnos en una horrible guerra civil.

Una bandera la tricolor que comparada con la hermosa, cálida y reconocible rojigualda, es estéticamente horrible, oscura, sombría. Parece más, la banderola de una ínfima republiqueta suramericana o centroasiática, que la de la nación más antigua del mundo, y hoy la duodécima potencia económica del planeta… Pues nada, con otro par, a cambiar la bandera.

¡¡¡Viva la fiebre rojigüalda…!!!

Que no nos engañen

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Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

🤔

Maltrato y Amor – JM de Prada

Nunca antes había colgado en mi blog un artículo que no sea mío. Pero este escrito de Juan Manuel de Prada me parece una maravilla, y por ello lo comparto con vosotros.

Artículo de Juan Manuel de Prada, publicado el 27 de Noviembre de 2017 en ABC

«Remedios Maltratadores»

Allá donde no hay sacrificio, el amor se convierte en orgullo narcisista de poseer y dominar

Los remedios con que nuestra época pretende combatir la calamidad del maltrato a la mujer sólo contribuirán a exacerbarla, como ocurre siempre que se desarrollan remedios contra las calamidades sin querer renegar de la filosofía que las inspira.

Al fondo de esta calamidad hay una antropología nefasta que se afirma en principios tan aborrecibles como el narcisismo, la codicia de mando, la divinización de la sensualidad, la búsqueda egoísta y utilitaria del goce inmediato, la sed vulgar de una felicidad impermeable al compromiso y al deber. Pero, en lugar de combatir esta antropología nefasta que convierte a muchos hombres en maltratadores, se pretende que las mujeres afirmen también los mismos principios aborrecibles, lo que inevitablemente redundará en mayor número de mujeres maltratadas; pues, allá donde dos bandos defienden los mismos principios erróneos, se impone el que tiene mayor fuerza bruta.

Para combatir la calamidad del maltrato habría que empezar por combatir lo que nuestra época diviniza: una felicidad que se logra a través de la satisfacción inmediata del propio deseo y la exaltación del yo. Es grotesco que una época que aplaude la infestación pornográfica y la sexualidad más pluriforme y animalesca, a la vez que persigue y escarnece las virtudes domésticas, pretenda al mismo tiempo que los hombres vean en las mujeres seres dignos de respeto.

Es por completo demente que una época que glorifica el utilitarismo, la soberanía de la pasión y la búsqueda constante de goces inmediatos y novedosos pretenda al mismo tiempo castigar las violencias que brotan de las aberraciones que glorifica.

Para combatir el maltrato a la mujer hay que asumir primeramente que toda relación humana digna del tal nombre se funda sobre la noción de sacrificio.

No hay vida feliz sin sacrificio mutuo, sin renuncia a uno mismo, sin paciencia abnegada y constante. Los seres viles se afanan por imponer su voluntad y su deseo; los seres nobles se esfuerzan por cumplir con su deber, por aprender a donarse, por dejar de pertenecerse. Sólo así uno se siente ligado al otro e invadido por su destino, incluso cuando se extingue la pasión, incluso cuando acecha el tedio vital; de lo contrario, el tedio vital y la extinción de la pasión hacen odioso a quien nos acompaña.

Decía Thibon que cuando falta el sacrificio uno sólo puede amar en el otro un brillo superficial que no tarda en desgastarse; y cuando ese brillo se desgasta, el amor se convierte en aversión y desprecio. Y a las cosas que despreciamos terminamos tratándolas, inevitablemente, a patadas. Allá donde no hay sacrificio, el amor se convierte en orgullo narcisista de poseer y dominar. Así las relaciones entre hombres y mujeres se convierten en un duelo de egoísmos en donde no tardan en aflorar las susceptibilidades, las desconfianzas, los recelos, las irritaciones y, finalmente, la animadversión y el aborrecimiento.

Cuando en las relaciones entre los dos sexos media el sacrificio, el amor es una ofrenda; y el ser amado se convierte en una auténtica patria: una tierra que se cultiva y se cuida, que se hace grata y fecunda a través de nuestros desvelos. Cuando en las relaciones entre los dos sexos media la exaltación del yo, el amor es codicia y afán de anexión; y el ser amado se convierte en una triste colonia: una tierra que se expolia y ordeña, que se pisotea y escupe, para después abandonarla.

En lugar de hacer del otro una auténtica patria, mediante una antropología fundada en la entrega y el sacrificio, nuestra época pretende hacer de hombres y mujeres odiosos colonizadores. Así sólo lograrán exacerbar la calamidad que dicen combatir.

Juan Manuel de PradaJuan Manuel de Prada

MEMORIA HISTÉRICA

Para mi es una verdadera paradoja la idea establecida, y la ley promulgada, de eso que llaman memoria histórica; no acierto a entender el hecho de que una sociedad que se supone moderna y culta, como la nuestra, necesite que los políticos le digan qué es Historia, y qué, no lo es… Siempre pensé que la Historia era cosa de estudiosos; asunto universitario, erudito y académico que, por su propia naturaleza, admitía distintos puntos de vista a la hora de abordar su interpretación.

Creía yo que la Historia se escribía con mayúsculas, desde la rigurosidad, mediante la investigación y el estudio; y sobre todo desde la objetividad, o al menos desde su anhelo… Los datos históricos, si bien es cierto que por su naturaleza nunca serán verdades matemáticas inmutables, tampoco pueden ser salvo por espurias intenciones, mercadería ideológica con la que inundar a los ciudadanos con el fin de que, cual corderos ideológicos, pasten ideológicamente en uno u otro corralito, también ideológico.

Que los políticos se dejen de monsergas de derechas o de izquierdas, y hagan por aumentar el nivel real de la cultura de este país y de su Historia; que damos pena… No consintamos que nos digan qué tenemos que pensar o decidir.

Ése es el juego de políticos inmorales y carentes de ideas; adanistas sin los cuales estaríamos perdidos en los procelosos mares de la Historia y de la moral, de la política y hasta del criterio y el buen juicio; necesitándoles así -a los políticos- parece ser que hasta para ir a mear.

Por todo ello, yo me pregunto: ¿qué hacen los políticos decidiendo de cosas de la Historia? ¿Qué hacen en las universidades…? ¿Qué coño hacen pretendiendo imponer uno u otro criterio, de lo acontecido en una Historia que es de todos los españoles? ¿Acaso lo que quieren, no es sino dar por ciertos sus criterios, en contra de los del otro…?

¿No es ése su juego acaso: quítate tú para que me ponga yo…?

Finalmente, creía que la memoria era algo subjetivo, tan personal e íntimo, que necesitar también que esos políticos nos digan cuál debe ser nuestra memoria adecuada, es ya el colmo de la estupidez colectiva.

Es la memoria un territorio profundamente personal, una propiedad privada tan valiosa, tan sujeta a las experiencias y emociones vividas, que consentir injerencias ridículas -ni más ni menos que de políticos lerdos- es como necesitar que te digan la veces que tienes que respirar por minuto. Y yo respiro, y meo, las veces que me da la gana.

Tenemos multitud de ejemplos en la Historia, de veces que los políticos han intervenido en cosas que posteriormente han destrozado al corromperlas con sus intereses y su nefasta gestión.

Que no piensen ni decidan por mí… por favor.

El que quiera conocer la Historia, ya sabe: ¡a estudiar! que cultiva la memoria.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

¡ Ay Pablo…!

¡Ay Pablo…! Es una pena, pero el castillo de naipes de tu variopinto partido se está desmoronando por sus flancos, debido a la estulticia de tus mediocres dirigentes; ofuscados, en los entresijos de un politiqueo inútil, estéril, y por completo, nefasto como ejemplo de actitud política…

Justo, a tu imagen y semejanza…

La caterva de piratas de todas las nacionalidades que tenías a tus órdenes, parece, que te están dando de la misma medicina que tú has repartido desde que te iniciaste en ésas, tus tan arteras artes políticas…

Imagínate, qué sucedería en cuanto tocárais pelo; en cuanto tuviérais poder de verdad… Tendríais que ir faca en ristre para protegeros los unos de los otros…. No habría yugular fuera del alcance de vuestros navajazos.

¡Ay Pablo…!

Esta traidora acción de demolición de tus sátrapas, espero que te sirva de escarmiento al demostrar, que esa especie de anarquía asamblearia que tú predicas; esa falta total de compromiso moral con la labor política; y esa total falta de respeto por tu nación y su bandera, por tu historia y tus compatriotas, son incompatibles con la lealtad, con la eficiencia, y con la honestidad…. Es decir: con la práctica de la política…

¡Ay Pablo…! es una verdadera lástima que no hayas utilizado tu innegable talento político con fines más altos y honrados; que no hayas puesto tu evidente intelecto al servicio de ideas decentes, pragmáticas y útiles, en vez de hacerlo al de sórdidas ideologías, que tú, bien sabes aciagas y fallidas a lo largo de la historia…

Con la de cosas que hay por hacer en esta gran nación en la que has tenido la suerte de nacer…

Y recuerda: «El que no quiere a su Madre, no quiere a nadie»

Y vosotros, pareciera que no tenéis Madre… No creéis en nada…

Yo, sí tengo Madre…

¡VIVA ESPAÑA…!

Antonio Rodríguez Miravete

¿pero qué coño es esto…?

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¿Qué hay entonces de los tan graves como flagrantes delitos de sedición, de alta traición, de alzamiento y desacato a la autoridad…? ¿Va a quedar impune la situación de infame secuestro social a la que se ve sometida la totalidad de los ciudadanos de Cataluña y los del resto de España…?

¿Tampoco va a tener adecuada respuesta el constante varapalo de insultos, vejaciones y desprecios, que «lo español» sufre con el poder en manos de unos políticos como éstos…?

¿Y los responsables de la Educación en Cataluña… tampoco ellos van a ser al menos reconvenidos, por la miserable conducta de aleccionar sibilinamente en la insurrección, y abocar a la ignorancia a la casi totalidad de los niños de esa comunidad? ¿Es éste un problema menor…? ¿No ha sido acaso la educación la culpable de inocular desde la infancia, los diversos virus independentistas como el odio, la tergiversación de la historia, y la lengua, usada ésta como ariete social para empujar y discriminar a «los otros»?

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Si no resolvemos especialmente este aspecto -la educación en Cataluña- no haremos sino aplazar este absurdo y vergonzoso episodio vivido… Si no tomamos nota de lo acontecido, en unos pocos años, como angustioso «dejavu», volverá a despertar el basilisco independentista para terminar -esta vez sí- el trabajo empezado hace muchos años por el molt honorable Jordi Pujol; cuyo latrocinio y bastardas intenciones, han quedado meridianamente claras a los españoles, aunque parece que no tanto así a nuestros jueces…

¿Qué vamos a hacer por otra parte, con todo el inmenso aparato de agit-prop que esta caterva independentista ha creado, además de con nuestro dinero,

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con la última finalidad rastrera, de alimentar constantemente ese espíritu opresivo, supremacista y xenófobo, que impera en «esa» parte de la sociedad catalana…? ¿Van a continuar con la subvención y la prebenda, la multitud de asociaciones de no se qué cosas de «lo político» en Cataluña…?

¿Y qué decir de los medios de comunicación y adoctrinamiento, que lo que comunican tiene más que ver con ideas de Goebbles que con las de la auténtica realidad que están obligados a reflejar…? ¿Qué se va a hacer con con esos medios de comunicación renegados, con esos periodistas de nómina pública al servicio del oficial dictado de la insidia y la mentira; van a continuar como hasta ahora…?

¿Pero qué coño es esto…?

Ninguna afrenta a España debe quedar sin castigo si no queremos que se repita, que se acepte, o que se silencie… Ahora bien, no se trata de ensañamiento, sino de justicia… Los sediciosos, los traidores, los alborotadores sin escrúpulos de masas dirigidas y exacerbadas; todos ellos han de tener un castigo ejemplar. Han de ser éstos condenados en proporción a la extrema gravedad de las consecuencias que sus arteras acciones nos han acarreado.

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Pero también es necesario que, una vez condenados con firmeza los malhechores, los españoles seamos benignos y así, mediante un adecuado indulto en el momento oportuno, hacer del necesario escarmiento un ejemplo auténtico de magnanimidad entre hermanos, y de deseo sincero de reconciliación nacional…

Pero primero, a la cárcel los delincuentes…

Antonio Rodríguez Miravete