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rosa y espina

Recuerdo aquella anécdota al poco de enamorarme de tu madre, cuando, para hacerme un poco el chulico y no perderla mucho de vista, me dio por pegarme el farol de ir a hacer pilates con ella día sí y día no.

…eeen fin. Cosas del amor.

Sonaba de fondo sugerente Lorena Mackinnet, sería mi segunda o tercera clase, y aquella noche hacía frío aunque yo sudaba como un panadero en agosto con la novedad aquella del pilates… Ahí estaba yo, tirado en el suelo con las piernas en lo alto, e intentando que no me entraran los tembleques de la muerte de tanto que me dolían no sé qué músculos que se ve que tengo en la barriga.

¡De repente, un apagón de luz nos pilló a todos a medio ejercicio…! Se produjo un silencio de extrañeza en completa oscuridad, que luego como que se fue acostumbrando a la penumbra, a la medialuz… Y fue en ese momento y con una voz como que de ángel, cuando una alumna no recuerdo cuál le dijo, le pidió, le rogó a tu madre aquéllo tan bonito y que me resultó tan atractivo, de ‘…no te preocupes por la música Manuela. Tú, sólo sigue hablándonos…’ Estábamos a oscuras.

La voz de tu madre es curativa.

A Billie Holiday le preguntaron una vez a traición porque estaba borracha como una cuba, que qué opinaba de ésas letras tan moñas de la mayoría de las canciones de su repertorio… Y tuvo la osadía de responder aquéllo de «fuck the song, I play…» de cantar nada, yo toco… Casi nadie la entendió.

He estado escuchándote a tí y a tu canción y solo de lo bello vive realmente el hombre… Cuando alguien canta algo así de bien como tú lo cantas o la Holiday lo tocaba, da igual lo que digas o lo que cuentes, lo que toques o lo que cantes: siempre será bello.

¡Felicidades por tu canción! Carla.

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rosa y espina 🎶🎵🎶

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

COSAS QUE HARÍAS SIN COBRAR

Volver a criar a tus propios hijos, ser capaz de dibujar cualquier cosa en blanco y negro y leer y follar constantemente, creo que serían lo más de lo más… Escuchar música de jazz y conducir o viajar, me llevan gratis siempre a otros sitios. Pero andar el camino de Santiago y escribir, cocinar y enamorarme a diario es justo lo que hay… ¡Y oye, muy a gusto…!

¡Ah, y el cine…! Ver cine; que no se me olvide el cine.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

MOGGIO y el jazz…

Lo confieso, he vuelto otra vez a tener esa sensación inocente, aunque estúpidamente engreída.

El haber escuchado tanto y tan variado jazz me empuja, con cateta altanería inmerecida, a creer que soy a ese respecto exigente y difícil de sorprender… Pero sí, me sorprendió una vez más la magia de la pura expresión jazzística, el virtuosismo técnico, la improvisación acertada e irrepetible. Obrando así el sencillo milagro de convertir una humilde, acústica y municipal sesión jazzística, en un espectáculo de calidad y mérito sobresalientes en verdad.

Acabo de asistir a un concierto de jazz en Formentera del Segura, y reconozco, primero que me he llevado una sorpresa mayúscula, y segundo, que he disfrutado cono un enano con un grupo de paisanos nuestros. Enormes aunque incógnitos músicos de Rojales, también de Almoradí; todos de por aquí, cercanos… Un grupo honesto de músicos virtuosos, que nos han brindado un ejercicio soberbio de estilo, repertorio, y técnica jazzística.

Un sexteto; toda una declaración jazzística… Para «sacar nota…»

Un sostén rítmico, apoyado en un batería solvente y versátil así como en la guía de un bajo serio, suficiente… Un osado, por lo clásico, trío de vientos capitaneado por un trompeta afilado y sobrio; flanqueado con seguridad a un lado por un trombón entregado e imaginativo y al otro, por un saxo voluptuoso, ducho y divertidísimo… Y por último, como hebra que cose el traje jazzístico, un teclado con alma… Sencillamente genial, rotundo; con una osadía técnica y musical fruto de un seguro talento. Sus maneras y fraseo musical remiten a los grandes, Monk, Oscar Peterson o Chic Corea, se asoman breve, sutilmente y con acierto, en sus sorprendentes y grandes hechuras musicales.

El repertorio, sorprende a los entrados en el jazz tanto por el acierto tanto en la meditada elección de los temas, como en la mezcla de estilos jazzísicos: cool, funk, clásico… un lujo. La ejecución de la banda asombrosamente recuerda, con humildad y mérito, el sonido de otras grandes como la de el genial ‘Art Blakey and the jazz messengers’, o a las legendarias grabaciones con septeto de ‘Chet Baker’, o las del ‘Stan Getz sextet’

Técnicamente, una más que meritoria sesión… Una verdadera y agradable sorpresa.

Y sobre todos los temas del osado repertorio, me asombró especialmente, el titulado JEREZ. Compuesto por el propio pianista, nos incita con una ejecución técnica simple, impecable; nos envuelve musicalmente, abrazándonos con una carga melódica complejísima a la vez que fácilmente entendible por cualquier audiencia, debido a un tempo rítmico sugerente, marchoso incluso, casi bailable… Un tema musical con evidentes reminiscencias clásicas y hermosas sugerencias melódicas, inequívocamente españolas, que recuerdan a algo así como al Maestro Rodrigo hábilmente mezclado jazzísticamente con Chano Dominguez… Melodías cuasi aflamencadas, magistralmente hilvanadas con acertados tempos jazzísticos, que rozan la perfección melódica y estimulan evocando nuestra memoria sonora subjetiva.

Un esperanzado hallazgo, que descubre una forma de expresión artística rara de encontrar en nuestros lares, pero que evidencia el hecho de que el verdadero arte, puede surgir en cualquier lugar que se preste a su expresión sincera.

Moggio, creo que se llama el grupo. Apuntadlo.

El único pero a su actuación, podría ser el de la disposición de los instrumentos en un escenario tan escueto de tamaño… La ubicación de los intérpretes, al solaparse sonoramente, restó precisión y claridad estereofónica al resultado musical final. Musicalidad que podría haber sido prodigiosa, debido precisamente al hecho de tocar en acústico, a calzón quitado, y en un escenario tan íntimo y apropiado por lo reducido y cercano al público.

Por todo lo demás, ha sido un verdaderamente placentero privilegio, el asistir al amanecer de unos destellos, quizá geniales, de un grupo de músicos verdaderos e inteligentes.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.