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Va, y me dice…

Gracias Rincón 💕

“…hablabas de sensatez y de términos parecidos. Yo la pierdo, a menudo, o por pasota o por mi ictus. Jejeje… Mas tú no la pierdas, que no se te quede anclada, ni en camino único que no contemple desvíos, ni en atajos. La necesitamos tus leyentes…

💞 ¡Wow 😳 qué bonito…!

Si es queee, te tengo que querer Jose, y mucho.

…eeen fin.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Pepes Gotera y Otilios

Hay cosas que no puedo entender, y claro, eso hace que me ponga a escribir para ver si ordenando palabras me aclaro. Tengo la simple concepción –budista– de que la sabiduría consiste en saber hacer en cada momento lo correcto; y en hacerlo sin aspavientos, solo lo correcto. Y que para distinguir ese saber hacer lo correcto, es imprescindible aprovechar la experiencia de las cosas que nos suceden, y sacar conclusiones de la reflexión sensata de las consecuencias de nuestros actos… Así de sencillo. No haría falta siquiera leer ni escribir un solo libro sino dejarnos fluir, como hacen el budismo, y los ríos… “Be water my friend, be water…” Sé razonable, humano natural y curioso, persona sensata.

Pues resulta, que 1.480.000 madrileños, ni más ni menos que el 41% del censo electoral ha vuelto a votar a la izquierda. Casi un millón y medio, de no sé cómo llamarles… No puedo entender cómo, con la que nos está cayendo con este desgobierno zurdo, todavía haya semejante porcentaje de la población que vote a favor de esta pandilla de Pepes Gotera y Otilios.

Gente sin mérito alguno, inculta y hasta gafe; inútiles, zombis fuertemente ideologizados y por ello incompetentes por completo, para gestionar nada a derechas… Una barahúnda de zurdos a los que cada cierto tiempo se les va la olla roja, y vuelven a asomarnos al precipicio de aquel odio viejo de las dos Españas. Pretenden empujarnos, de nuevo, diríase que si no a la guerra, sí a la vergüenza y al abandono inane y por desidia, de todo aquello que hemos sido, que todavía somos, y que podríamos ser.

¿Cómo, todavía hay tanto insensato, tanto ciego ideológico, tanto tuerto mental…? Con lo bien que podríamos estar todos a una, juntos.

…eeen fin.

Cosas de las ideologías: basura vieja y polución intelectual; metralla mental y política; especie de sucedáneo de la verdad, de lo correcto y de la moral… Y todo ello al servicio espurio de gente sin escrúpulos ninguno, en su búsqueda ansiosa del Poder.

¡Pues vaya una mierda eso del Poder…!

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

DÍA DE LA MADRE

De ocho meses estaba mi madre de mí. Éramos pobres y viajábamos –bueno, viajaba ella conmigo dentro– subidas junto a los enseres en la caja de aquél camión viejo, y entre los vaivenes interminables y el viento de la carretera. Emigrando, de lo extremo y duro del Badajoz de Calzadilla de los Barros, a la incertidumbre de lo alicantino de Bañeres de Mariola. Comenzaban los años sesenta del siglo pasado.

Pero claro, de todo aquello yo no me puedo acordar. Como lo de que me calentaban recién nacida en una cesta de mimbre junto a la hoguera de aquella primera casa, digamos que nuestra, pero de la que no tengo memoria alguna.

De la casa de la que sí me acuerdo, recuerdo, el subir por una calle… Tenía una humilde fachada blanca y pequeña, en la cuesta de La Magdalena, la número 29. Era un lujo mi casa… Entrabas a aquél recibidor con suelo de baldosas de ajedrez, donde se dejaban los abrigos, los paraguas, y las botas llenas de barro de polvo o de nieve; y donde mi padre resguardaba siempre también su motocicleta por las noches… Girabas a la izquierda, y los dormitorios eran contiguos: mis padres dormían justo al lado de nosotras cuatro, separados solo por un medio tabique sin puerta. Recuerdo con deleite aquel olor a dormitorio limpio de seis personas, y aquel calor de estar juntos… Precisamente ese calor de los seis, juntos, calentaba aquellas mañanas tan tan frías.

Y aún me acuerdo de aquella mañana, yo en medio del recibidor justo antes de salir pitando al colegio. “¡Nena ven, mira que abrigo tan bonico…!” Y claro, me lo encasquetó. Se lo habría regalado seguramente alguna vecina solidaria, y tres como yo de grandes, sí que cabían en aquella prenda sí… No era un abrigo, era, una especie de pelliza de aquellas de piel vuelta y borreguillo en el cuello, que pesaba un quintal, y que de tan grande me rozaba las espinillas cuando la llevaba puesta, y andaba… Y lo peor es que mi madre, para que al menos me asomaran las manos por las mangas, claro, me las arremangó, por lo que parecía que iba vestida con un sayón… Era enorme, terrible, horrible. ¡Qué iba a pensar la gente…! Parecía una mesa de camilla con dos patitas caminando calle abajo.

Toda la mañana pasé con aquello puesto; hacía mucho frío y yo era una niña obediente. Pero todo fue volver a mi casa, y… Decidí que más valía “muerta que sensilla…” Que había cosas que nunca más haría, si ésas cosas me hacían pasar por encima de mí misma.

Te quiero muchísimo mamá. 💕

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Izquierdosis. Izquierditis. Izquierdemia.

Todo se ha estropeado, se ha inflamado, todo se ha infectado…

¿Cuánto tiempo llevamos ya luchando contra esta puta pandemia…? ¡Pues cuidado…! Porque ronda por ahí otra enfermedad también la mar de contagiosa, más incluso; y todavía más mortífera y difícil de curar. Más de cien años lleva por ahí la hijadeputa, campando e infectándonos a sus anchas… Otra pandemia. Un mal rojo, que se te enroca implacable en las neuronas dejándote sin posibilidad ninguna de raciocinio ni reacción. Anula de tu organismo cualquier posibilidad de decisión honorable o sensata, y te empuja, tanto a la estupidez como a la bellaquería y hasta la infamia de forma tal, que dejas totalmente de pensar por ti mismo… O eso parece según los datos que reflejan los encefalogramas planos.

Acaba ese virus completamente con la empatía porque hace de tí algo así como un zombi, un imbécil al servicio de otros. Un esclavo, que renuncia a pensar por sí mismo para -y por una paguita por aquí o una subvención por allá- entrar a formar parte de una especie de milicia justiciera… Algo, que te hace creer que eres importante, pero solo porque votas a quien votas y porque váis en manada. Si votaras otra cosa te encontrarías solo, pensando tú solo, y serías otra cosa claro: un fascista, seguro que violento; un español tardofranquista o un homófobo heteropatriarcal; una escoria; alguien, sin derechos ninguno… Yo, también les voté hace ya muuuchos años.

Si conocéis a quién semejante mal padezca, apiadaos eso sí, pero prestadle auxilio desde la distancia; hacedme caso… Mantened siempre un prudente alejamiento del espécimen; y no confiéis nunca en que estar junto a la peste no os terminará apestando irremisiblemente… Es como el sonsonete de una mala canción: como la oigas mucho y aunque no quieras, tarde o temprano terminarás aprendiéndotela.

Obrero, ninguno de ellos; resiliencia, tontás; cogobernanza, paparruchas; empoderamiento, filfa; nosotros y nosotras, farfolla; democracia progresista, ná de ná… La Historia ya ha demostrado y de sobra, que progresista es a progreso lo que carterista es a cartera. Y como siempre ha habido más tontos que listos, siempre ha sido solo nuestra la responsabilidad de a favor de quién estamos, y de qué cosas son las que elegimos.

Lo único bueno, que puede concluirse del hecho de contraer en algún momento esta terrible y zurda infección, es, que los pocos humanos que han logrado sobreponerse a ella, nunca pero que nunca más vuelven a infectarse, ya que sorprendentemente adquieren un tipo de rara y persistente inmunidad contra la tontuna… Cosa ésta -no me lo negaréis- que dado cómo están los tiempos habría que ir estudiando con detalle por ver si nos sirve de algo. ¿No…?

…eeen fin.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

…….

LA LECHE 💕

Historias de Paco Sanz

Hace unos años pasé unos días con mi sobrina que vive en Francia. Amamantaba a sus dos hijas. La mayor llevaba lo del destete con poco sentido deportivo. Nosotros dormíamos en el piso de arriba, y la niña se pasaba toda la noche medio llorando y pidiendo a voz en grito: “Teta, tetaa, tetaaaaa…” Cuando ya desesperado de no dormir intenté unirme a sus gritos, mi compañera de cama me sacudió un codazo, fuerte.

Tampoco le hizo gracia que le recordase la célebre conclusión de Las Uvas de la Ira, en la que una joven aterida y mal nutrida, que acababa encima de dar a luz a un bebé muerto, ofrece su pecho a un desconocido famélico… Así es como la novela indica, que los valores éticos de cuidado y ayuda al prójimo permanecen vivos, aún cuando el mundo muestre su peor cara.

La leche es que es la leche. Y es que hasta la naturaleza es machista. Si no le das al niño la teta al menos durante un año es que eres una mala madre, y además te saldrá tarado. Y lo de los hombres dando un biberón es antinatural. Así, que las diferencias laborales entre hombres y mujeres tienen una razón de ser de lo más natural… Mientras las mujeres tengan hijos, den el pecho a los hijos, y vean en ellos una parte esencial de su vida, los hijos seguirán siendo obstáculos deseados en la lucha profesional, y tentaciones para tomar decisiones contra la autonomía económica y la propia carrera.

Al reducir la lactancia empezamos a civilizarnos. En las sociedades de cazadores-recolectores la separación entre nacimientos era de cuatro a seis años; y estaba causada por el uso de la lactancia prolongada como contraceptivo, y porque no había otra cosa que dar al niño. Con la agricultura y ganadería, se podía poner en su boca leche de origen animal y papilla mucho antes… La diferencia de edad entre hermanos bajó entonces hasta los dos años o menos. Con esa diferencia de edad el hermano mayor es mucho menos autónomo, más celoso, y por consiguiente más violento. La misma madre, inaugura la violencia educativa para proteger al segundo.

Cuando todavía podíamos ver las estrellas -y no os cuento lo que me costó en su día encontrar el lugar y la ocasión para mostrar la Vía Láctea a mis nietos- los hombres veían leche hasta en en el cielo… A veces, cuando se me escapa un ¡Ay la leche! me da por levantar la mirada a mí también. Galaxia es simplemente otra forma de decir ‘Vía Láctea’. Vía Láctea era una expresión latina que significaba ‘camino de leche’. Galaxia es la versión griega. Viene del griego gala, gálaktos, que significa ‘leche’. Compara gálaktos con lactosa o lácteo, y te darás cuenta de que contienen la misma raíz. Convertimos nuestra galaxia en la “Vía Láctea”, preservando los restos de un antiguo cuento que contaba cómo a la diosa Hera, mientras estaba amamantando a su hijo Heracles, se le escaparon unas gotas de leche que se convirtieron en estrellas.

Siempre me he preguntado por qué a los hombres nos gustan tanto las tetas. Supongo que nos hacen sentirnos niños… Decía Santa Teresa que “el conocimiento propio jamás se ha de dejar,/ ni hay alma en este camino tan gigante que no haya menester/ muchas veces tornar a ser niño y mamar.”

Historias de Paco Sanz

LA “INFO” CANSA…

Historias de Paco Sanz

Lo “info” cansa. La infoxicación de la infodemia me tiene harto. La primera función de la información que siembran los media, y la razón última de la recolección que llevan a cabo en nosotros, es la de controlarnos. ¿Cómo se consigue una celda de Matrix en una celda de monje? Mediante la tecnología, claro. El papel de la disuasión nuclear durante la Guerra Fría, lo han retomado hoy las nano-bio-info-cogno tecnologías. Si Cogno puede saberlo, Nano puede construirlo, Bio puede mejorarlo, e Info controlarlo. La esperanza que sale del fondo de la caja de Pandora de la tecnología, es un verdadero monstruo.

Atreverse a no saber ¡Qué logro! Hoy estamos todos apestados por la infobasura que los expertos no se preocupan nunca en recoger. Los expertos, ésa gente que no necesita pensar porque “ya sabe”. Averiguan lo que queremos saber y nos lo ofrecen. Votamos por lo que queremos oír y nos lo dicen. Como dicen que ser demócrata es bueno, pensamos que no está mal que la verdad se decida por mayoría de votos… ¡Dios, qué olor a almacén!

A la barbarie del especialismo, hay que oponer hoy la audacia de los aficionados. Con ésto, la barbarie del amateurismo nos hará tontos dos veces. Opondremos fecundamente al no saber de qué va la cosa, el no saber que vaya de cosa alguna. Lo simple es falso y lo complejo inutilizable. Una de las mayores pasiones de los hombres es la pasión de no saber -reprimir o mistificar- lo obvio. Así, hay una especie de conspiración, entre personas que desean no saber y que quieren permanecer estúpidas, y entre expertos que les mentirán y harán profesión de idiotizarlos.

Los que me conocen saben que no quiero saber nada de sus secretos. Que si ellos no saben guardar un secreto yo tampoco. Así que mejor que no me los digan. En cuanto a los míos, si me dejan, no van a tener otro remedio que oírlos.

A veces lamentamos no saber ya lo que significa el temor religioso. ¡Si al menos pudiéramos hacer renacer en nosotros el estremecimiento ante lo desconocido, el pánico ante lo indescifrable! Para recuperarlo, lo mejor es estudiar la mecánica cuántica, la evertiana, o la de los universos paralelos en particular. Que el colapso de la función de onda, la decoherencia y la no localidad, sean con nosotros. Amén.

Cada década el número de conocimientos se multiplica, los individuos cada vez disponemos de mayor información. Sin embargo, si entendemos como ignorancia el no saber de las cosas que nos afectan, entonces cada vez somos más ignorantes. Mejor no saber tantas cosas, me repetían mis padres cuando se dieron cuenta de que me iba a quedar para siempre estudiando.

En los sucesos me porto virilmente, pero en su preparación con puerilidad. El horror de la caída me duele más que el golpe. Me gusta no saber exactamente lo que tengo para sentir menos mis pérdidas. Espero siempre lo peor, y procuro llevar lo peor con placidez y paciencia. Ante un peligro, no pienso en cómo escaparé sino en lo poco que me importa escapar; aunque si en él pereciese, ¿qué más daría?

La voluntad del no saber, entendida no como antítesis de la voluntad de saber, sino como su expresión más refinada… Vuelvo a la tierra cada vez que levanto los ojos, y te veo a ti, que “casi anónima sonríes/ y el sol dora tu cabello./ ¿Porqué, para ser feliz,/ hace falta no saberlo…?”

Historias de Paco Sanz

De bandos y banderas

Historias de José Muelas

Veo llenarse mi TL de banderas bicolores, tricolores y hasta crucíferas que conmemoran, cada una según la ideología del propietario de su muro, el aniversario de la proclamación de la II República Española. A mí, si me lo permiten, les diré que todo este detalle de las banderas me importa poco. Me explicaré. Nunca he […]

De bandos y banderas

Sencillamente genial…

¡¡ FUEGO AL CABARET…!!

Primero fueron los sabotajes al Zendal solo porque su construcción fue iniciativa del otro partido. ¡Vaaamos qué hijosdeperra…! ¡Ni más ni menos que jodiendo un hospital con la que nos está cayendo…!

“El perro del hortelano, ni come, ni deja comer…”

¡Cuánto perro…! Y el otro día, volvieron con un autoatentado en la sede de Cartagena, debidamente televisado y publicitado para calentar no sé qué elecciones, y así conseguir, que sus legiones de infralectuales reaccionen violentamente y le peguen como represalia fuego al cabaret… Ésta es la catadura moral, se ve, que de la mayoría de la gente de izquierdas: miserables morales. Capaces de salirse con la suya incluso con acciones hasta de falsa bandera contra sus propios intereses; contra todo, contra todos.

¡Qué asco…!

Y claro, ahora contraatacan enviándose balas para fomentar votos… Como cuando la ETA o peor. De aquéllos polvos, éstos fangos.

……….

Esto me recuerda algo que escribí hace ya un tiempo

Zapatitos-Zapatero dixit: “NOS CONVIENE LA TENSIÓN…”
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“NOS CONVIENE LA TENSIÓN…”

Gracias por leerme. 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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¡Tan, tan rápido…!

Cuesta salir de las redes.

Resulta chocante el poder recibir, ahora, un paquete de China en más o menos veintiun días. El mismo tiempo que tardaba mi abuelo en ir en carro de Alicante a Oviedo. Un mes y medio duraba su viaje de ida y de vuelta; el pobre… Para los de mi generación, que hemos pasado de ir en carro, a navegar por las redes casi a la velocidad de la luz, es todo un reto vital y un ejercicio adaptativo, os lo aseguro.

Aunque creo, como dice mi Maestro Paco Sanz: “que hemos pasado de nadar en mares como peces; a naufragar en neveras como pescados…”

Cuesta salir de las redes.

¡Y todo, tan rápido…! que me recuerda algo que escribí una vez

Solo…

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https://historiasenunfolio.com/2020/05/30/solo/

Gracias por leerme 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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ENVEJECER. MORIRSE.

Historias de Paco Sanz

No sabemos vivir mucho más tiempo que el de ir envejeciendo. Es más: el que no acierte a morir joven casi seguro acabará siendo un viejo. Para evitarlo, vive deprisa y muere joven. Sería bueno tomar de los griegos su juicio sobre la vejez: detestaban el envejecimiento más que la muerte, y preferían morir cuando cuando sentían que empezaban a volverse tan razonables y tan viejos, como para haber perdido toda esperanza y toda paciencia.

Les he repetido a mis viejos pacientes, que si quieres envejecer sano envejece temprano. Ahora que el viejo soy yo no lo tengo tan claro. Sigue sin gustarme hacerme el joven a cierta edad, pero lo de adelantar el envejecimiento para vivir más me parece poco deportivo… Creo que es más importante luchar contra el envejecimiento que contra la muerte. Un maltrecho y caduco soldado de la guardia de César, interpeló a éste en la calle pidiéndole licencia para hacerse matar. Y César, viendo el aspecto decrépito del hombre díjole con algo de zumba: “Pero ¿piensas estar vivo?”

”Envejecer, morir, eran tan sólo las dimensiones del teatro./ Pero ha pasado el tiempo/ y la verdad desagradable asoma:/ Envejecer, morir/ es el único argumento de la obra” dijo Jaime Gil de Biedma.

Cuando le invitaban a seguir escribiendo más poesía -con una inolvidable mirada al personal en la que pese a la fatiga, el odio al tópico y una nerviosa insolencia, trataba sin embargo de mantener el decoro- comentó más allá del bien y del mal: “Es que, sabes, para mí es ya como si hiciera los deberes del colegio”. Poco después se suicidaría… Seguramente pensaba como un poeta de otros tiempos, que “… aquella libertad esclarecida,/ que en donde supo hallar honrada muerte,/ no quiso tener más larga vida./ Y pródiga de l’alma, nación fuerte,/ contaba por afrenta de los años/ envejecer en brazos de la suerte”.

Los científicos que persiguen extender los límites de la vida humana se preguntan ¿a cuál de las dos estrategias debemos destinar los recursos científicos y económicos en investigación: a frenar el envejecimiento o a luchar contra las enfermedades? En otras palabras ¿fallecemos la mayoría de nosotros porque envejecemos o porque enfermamos? Desde un punto de vista convencional nadie se muere de viejo.
La convención que designa las causas médicas de la muerte, es, que la causa es aquello sobre lo cual podemos influir si nos fijamos como objetivo luchar contra la enfermedad o la muerte. La CIE (Clasificación Internacional de las Enfermedades) decidió suprimir la vejez de la lista de causas de defunción en 1948.

Un servidor siempre se ha quedado a punto de cumplir veintitrés años. Antes de hacerlo todavía me esforzaba. Era ya oficial del ejército, licenciado en medicina, y podía patronear legalmente un barco muy lejos de la costa. Sin habérmelo propuesto me doy cuenta de que en cierto modo siempre me he quedado a punto de cumplir veintitrés. Así de simple he sido, sigo siendo. Cuanto más simple sea el organismo, más difícil será aplicarle las definiciones de envejecimiento y de muerte. En el caso de priones y virus incluso es difícil decidir si viven o no.

Hace tiempo que cuando llego a una puerta al mismo tiempo que una jovencita, ella pretende que pase yo primero, incluso me da las gracias cuando la dejo pasar. Debería cambiar de aspecto. El hombre que quiera saber cómo ha cambiado cuando empieza a envejecer, puede consultar en los ojos de una mujer joven a quien se acerque y en el tono en que ella le hable: así aprenderá lo que teme saber… Dura escuela.

Como Valéry, no he retenido lo mejor ni lo peor de las cosas: queda lo que ha podido quedar. Esta aritmética me ahorra el asombro de envejecer. Deberíamos estar agradecidos a la lentitud del proceso de envejecimiento, gracias a la cual podemos olvidar que estamos terminando nuestro paseo por este mundo. “En un día soleado, han salido a dar un paseo… luego los alcanzaremos nosotros”. Escribe el poeta Rickert en las “Canciones para los niños muertos” inmortalizadas luego por Mahler.

Historias de Paco Sanz

NO HABLES, NO LEAS, NO ESCRIBAS…

Historias de Paco Sanz

No hables, no leas, no escribas. “No hables, si puedes leer. No leas, si puedes escribir. No escribas, si puedes pensar” Hanna Arendt dejó escrito algo parecido. El problema es que sólo podemos pensar con las palabras que tenemos a mano, a consciencia. Y sin ponerse a hablar, leer o a escribir, cuesta encontrarlas. En general sólo se puede pensar, hablar o escribir, más, que con las palabras que les da por aparecer. Creo que sigo leyendo por eso.

Ya de niños jugamos con lo que tenemos a nuestra disposición. A lo largo de la revolución industrial los científicos, fueron los beneficiarios de la nueva tecnología mucho más que sus benefactores. Dedujeron sus teorías del comportamiento de los nuevos aparatos que iban teniendo a su disposición, más que inspirarlos. El trabajo de los científicos es realmente acompañar y explicar los hallazgos empíricos, de quienes juguetean con la tecnología y terminan por descubrir algo.

A veces creo que primero pensamos y luego hablamos. O que primero estuvo el cerebro y luego la mano. O que antes estuvo la inteligencia y luego la memoria; pero la verdad es que para cuando el primer escriba garabateó y pronunció las primeras letras, el cuerpo humano ya era capaz de actos de escritura y de lectura que pertenecían al futuro. Es decir, el cuerpo estaba en condiciones de almacenar, recordar y descifrar toda clase de sensaciones, incluidos los signos arbitrarios del lenguaje escrito que aún estaban por inventarse.

A base de estar leyendo tanto uno termina por escribir. A base de hablar tanto uno termina por no tener nada que decir. Parece que para poder escribir hay que empezar a callar. Eso de hablar sin nadie que te escuche, es más patético que escribir sin que nadie te lea; en cuanto a lo de pensar sin palabras, como buen escribidor, me cuesta un huevo. En el scriptorium debía realizarse la actividad en silencio: “Calla; el escriba no sufre junto a sí a nadie que hable. Nada tienes que hacer aquí, garrulo, hablador: vete fuera”.

A mi edad sigo leyendo más por costumbre que porque quiera aprender nada. O porque no tenga nadie a quién decir nada. Aunque creo que un motivo plausible para que los mayores sigamos leyendo, es la creencia de que no somos verdaderamente viejos hasta que no empezamos a sentir que ya no tenemos nada que aprender. De hecho, a los viejos, la disminución del volumen prefrontal que aparece junto a las dificultades de aprender y ejecutar nuevas tareas, y la larga duración de distracciones invalidantes, se debe más a la pérdida de sinapsis y reducción de espinas dendríticas, que a tener menos neuronas porque éstas ya se hayan muerto del todo.

Muchas veces me he preguntado porqué sigo leyendo. No he olvidado las palabras de Platón: “¡Esclavo, toma el libro y lee!”. Me doy cuenta de que puedo hacerlo de muchas maneras, a veces porque no tengo otra cosa que hacer, pero en general es porque lo prefiero a cualquier otra cosa. Nuestra actividad de lectura está dirigida por los objetivos que mediante ella pretendemos; no es lo mismo leer para ver si interesa seguir leyendo, que leer cuando buscamos una información muy determinada, o cuando necesitamos formarnos una idea global del contenido para transmitirlo a otra persona. No nos perturbará del mismo modo percibir lagunas en nuestra información en un caso, que en otro.

Dice Nietzsche que “sólo debemos leer libros que nos muerdan y nos arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como con un mazazo en el cráneo ¿a qué molestarse en leerlo? ¿para que nos haga felices, como dices tú…? ¡Cielo santo, seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hacen felices podríamos escribirlos nosotros mismos si no nos quedara otro remedio”. He llegado a pensar que, en general, escribo por eso. También dice que “Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros mismos”. También lo hago por eso.

Historias de Paco Sanz

LA NOTA A MANO

Una carta o una nota, escrita a mano, desde siempre fue la forma más íntima y personal -maneras encriptadas en el trazo- de enseñar detalles tan sutiles de uno mismo, que no lo conseguirá así ninguna otra forma humana de comunicación. Nunca. La caligrafía y la grafología siendo emociones escritas a mano. Nada mejor que notar ese papel, y percibir anotadas, aquellas palabras de amor verdadero descritas con el pálpito indeleble de un breve gesto de tinta.

El arte de la caligrafía epistolar era como el acierto de un buen piropo: un regalo imposible de rechazar. Escribir bien era un guiño intelectual, atractivo; la exhibición de un lujo léxico. La buena letra constituía algo así como una forma de presentación personal, acaso elegante y por ello, una reverencia simbólica al buen gusto… Una muestra más, y exquisita, de verdadera estima y respeto por nuestro muy nuestro y estimado interlocutor: el lector.

Cosas así, son las que estamos perdiendo irremisiblemente los humanos debido a lo de usar tanto artefacto. Aunque, ahora que lo pienso… el tintero, el papel, y la pluma de ganso ahuecada y cortada en cuña también lo eran: simples artefactos… El caso es que aquí estamos, seguimos; leyendo.

No nos engañemos, a la caligrafía la hemos perdido casi irremisiblemente, pero nunca deberíamos perder de vista a la sintaxis: es un arma muy, mucho más poderosa. Por otro lado, la correcta ortografía en este siglo XXI tan guapo y tan listo, se nos debería exigir a todos tal y como se le exige el valor al soldado, es decir: siempre… No a las faltas de ortografía; no, gracias.

Las tres, ortografía, caligrafía y sintaxis, fueron verdaderos problemas cuando niño, época en la que casi no entendía nada y tampoco sabía expresar casi nada… Luego pasó el tiempo llegaron los números y claro, en mi caso fue todavía peor: más confusión. Los números siempre me han servido solo para contarme los dedos y poco más. Soy -debo de ser- algo torpe, o de letras o de artes. Soy creativo, eso sí… Eso de ser creativo se ve que es el refugio de los que, aunque nos lo creyésemos en su día, resulta que no somos tan tan listos como creíamos.

Si tuviera estudios serían de letras, o no; vete tú a saber… No sabría decirlo. Es cosa extraña éso del saber, eso de saber cosas, y lo de las cosas ésas del saber. Yo he de confesar que no me aclaro mucho. Menos mal que hoy en día tenemos los emoticonos ésos 😳 ¡Qué cosas…! Menudo invento.

…eeen fin.

Sabéis que os quiero 💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL TACTO

Historias de Paco Sanz
No pude sentir, así que intenté tocar… Vemos más, oímos más; olemos y gustamos más o menos como siempre; pero tocamos menos. De una persona demente se dice a veces que ya no toca. El diccionario dice que tocar es ejercitar el sentido del tacto. El tacto se llama así porque toca (tangere) y tacta (pertractere). Dos son las clases de tacto: una procede del exterior, como cuando nos hieren; otra tiene su origen en el interior mismo del cuerpo, es lo propioceptivo.

“Cuando el dulce Cazador/ me tiró y dejó herida,/ en los brazos del amor/ mi alma quedó rendida./ Y cobrando nueva vida/ de tal manera he trocado,/ que mi amado es para mí/ y yo soy para mi amado”. Santa Teresa escribía cosas como esa… Sentirse tocado por Dios hace que lo sintamos dentro.
Ahora que cada vez tocamos menos entre nosotros, entramos en contacto cada vez más con máquinas. Apenas quedan restos de intercambio recíproco de información, sino que son las máquinas las que cada vez más interactúan entre ellas, sirviéndose de nuestras mentes y cuerpos humanos, como una suerte de inconsciente háptico, cuya mediación hacia el mundo de las e-cosas, vendría servida por las manos (o, más exactamente, por la punta de los dedos) de cada usuario terminal.

El término “háptico” viene del verbo griego háptomai, que significa “entrar en contacto con”, “tocar”, “agarrar…” La simultaneidad del afectar y ser afectado. Tocar es ser tocado. Sentir es sentirse.   
En las relaciones humanas también tiene el tacto un sentido metafórico. Es algo así como la prudencia para proceder en un asunto delicado. Por ejemplo: hace falta mucho tacto para decir que no, sin herir. Es una especie de más allá de la buena educación. Si entras en un baño y ves una mujer desnuda bañándose, y cierras la puerta diciendo ¡Uy perdón Señora! eso es buena educación; si dices ¡Uy perdón Señor! eso, es tacto.

Las personas que tenemos la suerte de tratar con gente con mejor educación que la nuestra, tenemos que prodigar el tacto. Ellas me han enseñado que el ser bueno con aquél a quien no agradas, exige no sólo mucha bondad, sino también mucho tacto.

Creo que los animales pueden sentir, yo siento cuando les toco. Las máquinas no. Las máquinas solo saben de “cuanta” no de “qualia”. Las propiedades fenoménicas, sentimientos crudos tales como el olor de la menta o el tacto de la piel amada, son rasgos de la experiencia sensorial. También se les llama “qualia”. Todos los organismos sensibles experimentan algún tipo de “qualia”. En cuanto a las máquinas, no las poseen; ni siquiera los robots, ni los zombis si es que existen. Las cosas no sensibles sólo poseen y detectan propiedades físicas (o químicas, biológicas, o sociales…)Ahora que estamos más en contacto con máquinas que nunca, me doy cuenta de que en lo de tocar no ayudan gran cosa. Los potenciales de la tecnología con respecto al cuerpo humano, se desarrollan de acuerdo con los siguiente apartados: La visión teleobjetiva, el oído telefónico, el movimiento automático, el tacto telemanipulado, la inteligencia artificial, y la presencia virtual.
 
En amorosas situaciones, el tacto es vital; a ciertas personas las quisiera tocar, pero no puedo, son audiovisuales. Aun y así no paro de decirles cosas… Incluso, he llegado pensar que la palabra nace para el amor, y se hace necesaria cuando el tacto es insuficiente.

Historias de Paco Sanz

GENERACIÓN HAZMERREÍR

hacerlo...💞

Los españoles, al contrario de los anglosajones, desde siempre hemos follado y luego matrimoniado como Dios mandaba, con todo lo que pillábamos por ahí por El Mundo. ¡Fuera racismo…!

¿Cómo no íbamos a ser ahora todo íberos y mestizas; cómo que no somos todos romanos, visigodas, o moras y cristianos…? Todos somos indios y mulatas, cholos, zambos y criollas. Siempre, desde siempre, hemos hecho los españoles el amor con todo aquél que se nos cruzaba. Y claro: una raza algo particular de seres híbridos sí somos los hispanos; sí… Mezcla rara y secular de tantas razas y colores, como de oportunidades haya habido de mezclarse a lo largo de nuestra Historia… Y si no te lo crees, mira cómo y cuánto somos de calientes los hispanos. No como otros…

“…Indios, negros o chinos, toda raza lo es solo de hombres y hermanos nuestros, y solo Dios puede juzgarnos. Por ello y como españoles, juramos para siempre nuestro empeño en hacer cada vez más grandes los Reinos de España y el de Dios”.

¡Con un par…! 💞

Deberíamos despertar ya… Una vez conquistamos el Mundo y hoy, como nos descuidemos, nos vamos a ir todos a la mierda y a convertirnos a ojos de ése mismo Mundo, en la generación hazmerreír de españoles que consintió que la derrota y el desastre del 98 sean considerados una menudencia histórica, en comparación con el oprobio que está suponiendo lo que nos está pasando justo ahora.

Al menos entonces nos derrotaron ni más ni menos que los Estados Unidos de América: primera potencia mundial de la época. Fue una gran derrota pero honrosa; desastrosa pero digna; una pérdida enorme sí, pero que no empañó aquél orgullo quijotesco y legendario, que nos hizo pertenecer al grupo de las Grandes Naciones que inventaron El Mundo… Eramos la cuarta, quinta o sexta potencia mundial, no estoy seguro… Fuimos Los Últimos de Filipinas, de éso sí estoy seguro.

Legión de politicastros renegados, cobardía general… “Negación suicida de lo español, ya, incluso, dentro de nuestro mismísimo suelo patrio. La guerra…”

Las células cancerígenas que también en el siglo XXI nos siguen pudriendo como españoles, y que seguro nos matarán si no hacemos algo al respecto, hace mucho tiempo que están perfectamente identificadas y señaladas: son células nacionalistas, envidias siniestras las llaman, células fascirojas diríase que hasta caníbales… Y sin duda ninguna, el desencadenante de la metástasis de tan nefastas células ha sido, la mierda ésta de autonomías y políticos sacamantecas que nos desgobiernan.

Afirmo, que sufrimos desde hace años, los peores políticos de nuestros más de quinientos de Historia. Los más nefastos. Gente amoral, vagos de bagaje y propósitos, desmayaos culturales carentes de valor político alguno. Ratas, pirañas políticas, que otra vez quieren imponernos la vieja y cansina leyenda negra de la ignorancia y del olvido, del odio y la negación de lo español, propagando infamias de todo aquello que constituya o constituyó motivo de nuestro orgullo. Gentuza, que sufre una especie como de fiebre roja: un mal de tontos pero consuelo de muchos, de ellos…

Me quieren hacer creer que ahora, los albaceteños, los de Alicante o los asturianos, los de Orense o los de Cuenca, no somos ya tan españoles como siempre lo fuimos… Que ya, somos otra cosa porque nos han, o nos hemos, convertido en éso que llaman ciudadanía: una especie de gente de otra comunidad. Gente como que forastera, con la que nos cruzamos por por la calle y con la que hablamos en español, eso sí, pero que no deberían importarnos más que nos importarían unos meros turistas chipriotas, birmanos o mozambiqueños, que en esa misma calle nos preguntaran algo en inglés…

No saben nada, no han viajado de verdad… No les han contado en verdad qué es lo hispano, no lo entienden; lo que es el sentir español, ni el orgullo que tal condición debería suponer.

…eeen fin. Os quiero, y lo sabéis. 💕

Que no nos engañen.

hacerlo…💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Las Normas, el Lazarillo, y don Quijote.

la Picaresca y el Valor

Hasta el último maravedí del bolsillo nos quieren sacar… Envueltos, vigilados y pastoreados por este opresivo ambiente social, tan políticamente correcto y tan moña, tan lerdo y mariquita, hemos claudicado convirtiéndonos sólo en una especie de masa amorfa: justo en éso que muchos han dado en llamar ciudadanía… Han hecho de nosotros una panda de inanes anónimos, de cobardes.

— ¡Ciudadanía serás tú, gilipollas…!

— Yo, soy español.

La del Lazarillo de Tormes, pese a ser obra anónima es una de las más grandes de la Literatura Española y Universal. Por algo será… Aquél desconocido, al describir sin piedad ninguna la picaresca necesaria para soportar la dureza de la sociedad en la que sobrevivía, nos tiró la primera piedra a la cara de cómo somos realmente, y luego, muy anónimo él, escondió la mano. Lo cual es algo muy universal, muy humano y por ello muy español. Hoy ésto de pensar y sobrevivir siéndolo -español- se ha vuelto tan difícil, que, además de que quieren arrebatarnos los maravedís y hasta la picaresca para recuperarlos, tampoco se ve que se lleve ya éso de la caballerosidad y la valentía de nuestro Maestro Don Quijote: aquéllo, de mantenerse con la generosidad y la entereza de alguien un poco loco pero libre de miedos y tonterías.

Tampoco, se ve que se lleva ya aquéllo de lazarillear por ahí para buscarse la vida. Cosa un poco rara dado cómo están los tiempos y siendo un hecho, que estamos rodeados de tantos tontos ciegos y tantos cobardes, como desde siempre ha habido… Se ve, que ahora llevamos mejor lo de que nos den una paguica. Así, también, nos dejamos de tonterías.

¡Ay, si el Lazarillo de Tormes o Don Quijote, levantaran ahora la cabeza…!

Si hubiese cumplido siempre y a rajatabla todas, y cada una de las normas que a lo largo de la vida muchos han pretendido inculcarme o imponerme, creo que todavía seguiría siendo vírgen, es decir, sin follar e igual de tontolaba y de inocentón que lo era en mi adolescencia… Nunca habría leído aquellos libros ni me hubiese ido voluntario a aquella mili, ni habría ido nunca por tierra a casi trescientos kilómetros por hora… No sabría lo que son experiencias así. No sabría lo que es saltar al mar a ciegas desde las calas de Torrevieja; ni me habría emborrachado jamás; y fumar porros, decir palabrotas o no ir a misa, seguramente seguirían siendo pecados mortales.

Casi nunca me ha engañado el primer juanlanas con el que he tropezado cuando iba a una gran ciudad, pese, a que siempre he sido muy de pueblo y siempre se me ha notado mucho… Cuántas gracias le doy a Dios por librarme de no haber sido un abstemio de la vida; de no haber sido un desabrido miedoso que no se bebía todo lo que pillaba por ahí. La vida misma.

Creo, que un moderado impulso genético que de alguna forma nos empujase a saltarnos ciertas normas estúpidas, debería formar parte de todo ADN humano… Por ello, la persona que cumple siempre y sí o sí todas y cada una de las normas que se le dictan, creo que seguramente es poco astuta, está poco loca para ser un Quijote, y no sé si sería siquiera un buen Lazarillo.

…eeen fin. ¡Mejor que te quedes en casa…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

AMOR EN TIEMPOS DEL COVID 💕

Mira con atención esta foto.

“¿No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla,
más pura la luna brilla,
y se respira mejor…?”

No sé si por culpa de o gracias a mi Señora, llevo ya no sé cuántos días seguidos, saliendo casi a rastras a sudar y a andar con ella por las tardes, a eso de las cinco. ¡Qué cosas lo del amor, lo de los paseos y lo del confinamiento…!

Y todos estos días, todos, al pasar andando con ella de la mano y junto a la residencia de ancianos, mi Dueña y yo, hemos asistido conmovidos al espectáculo hermosísimo, de ver un día tras otro a esta pareja de abuelos pelando la pava como adolescentes, separados solo por la valla de un asilo, y diciéndose con fruición vete tú a saber qué y cuántas y cuántas cosas de amor.

¿Porque, qué se dicen dos personas que llevan toda la vida hablándose…? ¿Cuál, es el combustible ése tan misterioso, capaz de mantener encendida una llama durante tantos y tantos años…?

Se ve que todos los días puntual, él, llega cual Don Juan junto a la reja del corazón de su amada. Todos los días la espera, y aguarda a que ella salga para poder disfrutar, aunque solo sea un día más, contemplando el resplandor de su Doña Inés de siempre.

La mayoría de los días solo conversan tras la verja; pero ayer mi Amor y yo, asistimos a la bella estampa de verlos hablando incluso por el móvil; porque se ve que esa tarde Doña Inés solo pudo asomarse al balcón de sus aposentos, la pobre, y solamente, para poder gustar una vez más del placer de poder ver aunque fuere en la distancia a su Don Juan.

Mira con atención esta foto.

Todos los días. ¡Quéee bonito…! 💕

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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RELOJES

Historias de Paco Sanz

A mis primeros relojes de pulsera les daba cuerda, luego vinieron los automáticos que se cargaban con el movimiento, luego los que iban con pilas, incluso los hay que se cargan con la luz. Ahora llevo un reloj inteligente que no sólo da la hora sino que vibra en mi muñeca y me cuenta cosas de mi corazón, incluso del grado de oxigenación de mi sangre. Además, hace que no tenga que sacar el móvil del bolsillo un montón de veces. Si me lo quito para dormir, creo que no me entero de si he soñado poco o mucho esa noche.

Los primeros relojes mecánicos -en el siglo XIII- eran de una sola aguja, sólo tenían la manecilla de las horas. La manecilla de los minutos se añade en el siglo XVI, y la de los segundos -es significativo- en el XVIII, en paralelo con el desarrollo del capitalismo industrial. Desde que aparece la medición exacta del tiempo, las horas y los segundos medidos con precisión, se convierten en algo que se puede comprar y vender. El tiempo se convierte así en algo que puede ser mercantilizado, algo impensable en la anterior sociedad feudal. Así durante el medievo uno de los motivos por los que se prohibió la usura, fue el considerar que cargar con interés equivalía a vender tiempo, y se suponía que éste sólo pertenecía a Dios.

Un actor cinematográfico no actúa ante un público sino ante un aparato. De Nürmi se decía que no corría contra los demás sino contra un aparato. Un servidor no mira ya el reloj sino el cardiógrafo… En la radiografía de tórax de mi madre lo que mejor se veía era el marcapasos, un aparato diciendo dónde anda otro. Cuando ruedo en bici cada vez miro menos el paisaje, vigilo menos el tráfico, cada vez dejo que mi cabeza sueñe menos, estoy cada vez más pendiente de los kilómetros, de los segundos, del mapa por dónde se desplaza el puntero enlazando con satélites, de los latidos de mi corazón, de la velocidad máxima y media, y su relación con ellos… Verdaderamente lo de salir a dar una vuelta en bici dispuesto a estar tan pendiente de los aparatos, y hasta incluso a metérmelos por el culo, podría hacerlo hasta sin salir de casa.

“El tiempo que ibas contando/ por años, meses y días;/ por horas y por minutos,/ era el tiempo que perdías./ El tiempo que no se pierde/ es cuenta de otro contar:/ es una cuenta que se hace cuento de nunca acabar”. Las horas de la locura son medidas por el reloj, pero a las de la sabiduría ningún reloj puede medirlas. “El tiempo que estás perdiendo/ lo pierdes porque estás vivo./ Vivir es perder el tiempo./ Los que no pierden el tiempo,/ y es porque ya lo han perdido/ para siempre, son los muertos”.

El tiempo perdido, que introduce distancia entre cosas contiguas, y el tiempo recobrado, que al contrario instaura una contigüidad de las cosas distantes, funcionan de manera complementaria, siendo el olvido o el recuerdo quienes realizan del milagro. Pues la diferencia entre el tiempo perdido y el recobrado, no se encuentra aún ahí.

Vivimos sustancialmente con el piloto automático conectado, y recibimos los estímulos del mundo exterior como una fantasía actualizable minuto a minuto. En muchos estratos sociales domina la tendencia a una especie de consumismo de la vida. Vivimos para comprar vida y gastarla inmediatamente a golpes, de modo que los objetivos a largo plazo se aceptan con íntima reticencia.

“Durante mucho tiempo me acosté temprano”. Así empieza En Busca del Tiempo Perdido. Unas palabras sencillas que ocultan un incomparable panorama imaginario. “Faltan fuerzas a la alta fantasía;/ mas ya mi voluntad y mi deseo/ giraban como ruedas que impulsaba,/ aquél que mueve el sol y las estrellas.”. Así termina la Divina Comedia.

Historias de Paco Sanz

UN RESPINGO…

Me gustaría gustarte siempre y que me amaras, de la misma forma que amas y te gusta el pan caliente o el pasear, los besos de los tuyos, los amaneceres, o los finales felices. Que disfrutaras conmigo siempre, como cuando comes jamón del bueno o como cuando vas a la feria y te montas muuuchas veces… Que tuvieras siempre la misma cara que pusiste cuando te regalé aquel ramo de fresillas frescas. Que siempre me desearas de la misma manera que deseas justo ése tipo de cosas… Porque cuando algo te gusta mucho y me quedo mirándote, parece, como si vibraras levemente pero de puro gusto.

Yo, sí te lo noto.

Como cuando te beso el cuello por detrás, o cuando te ponen delante un plato de buen jamón; imperceptiblemente, el deseo hace que tiembles un poquito; es solo un pequeño gesto, apenas una mueca, un leve respingo cariñoso, pero sí… Hasta se te escapa un pequeño suspiro; exalas, emites, apenas un gritito contenido, discreto, un gemido pequeño pero de puro gusto, de verdadero placer.

Si yo te gustara de esa misma forma, tendría alguna certeza y alguna oportunidad. Y si yo te gustara justo así, con tal intensidad, sabría que te gusto de esa misma manera animal y gruñona con la que sé, que te gustan las cosas cuando realmente te gustan mucho… Sabría, que me deseas de esa forma en la que te enrabietas cuando no te sale alguna cosa como te gustaría, pero aún sigues queriéndola a toda costa.

Ser, como fue aquél primer amor que tan de verdad sentiste cuando eras solo una cría… Ojalá me quisieras para siempre, con la sinceridad del amor que sintió aquella niña que fuiste, que eres, y que serás siempre.

Te quiero. Tontona 💕

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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EL VOTO Y LA VIOLENCIA

Historias de Paco Sanz

¡A las urnas, ciudadanos, formad vuestras colas…! El “refrain” de la marsellesa dice: Aux armes, citoyens! Formez vos bataillons! Marchons, marchons! Qu’un sang impur… Abreuve nos sillons! ¡A las armas ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Caminemos, caminemos! ¡Que la sangre impura… Riegue los surcos que vamos dejando!

En días de elecciones recuerdo sin querer a los revolucionarios de antaño. ¿Qué ocurriría si la humanidad, sin aquellos que en todas las épocas producen su liberación con la violencia, cae más profundamente en la barbarie? ¿Y si la violencia fuese necesaria? ¿Y si asimilamos nuestra “armonía” con la renuncia a la ayuda al prójimo? Esta pregunta anula la tranquilidad.

El voto electrónico no ha llegado todavía, pero lo de las encuestas no cesa. Se puede aumentar la probabilidad de que el público acuda a las urnas, con sólo preguntar si tiene intención de votar. Cuando las encuestas no funcionan me siento como en casa. Y es que buena parte de los españoles se atiene a las encuestas como a la vieja conseja, según la cual “al que quiera saber, mentiras con él”. Y es que ya se sabe: ”mal de muchos… epidemia”. Antes se acababa la frase diciendo “…consuelo de tontos”.

Votar es el penúltimo refugio de la impotencia política, el último es dar nuestra opinión a un encuestador. El votante que emite un voto malo, se asemeja al criminal, que se aproxima sigilosamente al lugar del delito. Se encuentra en el aprieto siguiente: lo ha invitado a tomar una decisión libre un poder, que no piensa atenerse a las reglas del juego. Es el mismo poder que le exige un juramento, mientras ése poder mismo, vive de perjurar.

Si los votos son de todos, ¿cómo es que no votamos para que las cosas sean de todos? Iure natural sunt omnia omnibus. La ley natural es que todo sea de todos. Iure divino omni sunt communia. El derecho divino es que todo sea común. Habebant omnia communia. Que mantengamos todo en común. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar, desde el momento en el que el voto pertenece a cualquiera, hasta el de que la propiedad pertenezca a cualquiera?

Como cuando antes nos venían con chorradas religiosas en nombre del orden y la seguridad, ahora, van y nos vienen con las democráticas. Lo arbitrado en aras de la seguridad, gesta amenazas inauditas a la libertad. Más derechos inútiles de voto, menos derechos personales decisivos. ¿Qué derechos personales decisivos? Los que empiezan con la autonomía del placer propio, y acaban, en la autonomía para resolver la manera y el momento de la propia muerte.

Historias de Paco Sanz

EL BARRIL

El caso, es que me había dado por la tontería aquella de lo del vino hacía unos cuantos meses, y claro, me dió también por embotellar ése mismo vino, mi vino. El barril, me lo había regalado un antiguo bodeguero de Benejúzar y padre de un viejo amigo; más de cien años me aseguró que tenía la barrica aquella. Lo mejor, es que cuando me la enseñó para regalármela, me mostró solo un amasijo desarbolado de puro viejo de aros metálicos y maderas desvencijadas; un montón de escombros polvorientos y mohosos, grisáceos, oxidados.

— Este barril -me dijo señalando todo aquel montón de ruina- es para tí… Y me lo dijo tan en serio que yo, claro: “Cuando te regalen algo no hagas ascos, chitón, y da las gracias…”

Me estimaba mucho aquel hombre y yo a él también. Y pasaron cuatro meses, hasta que me llamó para que me llevara su regalo a casa. Un precioso barril de treinta y cinco litros, flamante, pulido y resplandeciente, barnizado; con olor a madera recién lijada y totalmente restaurado. Y lo que era mejor: repleto hasta arriba de zumo de monastrell de cosecha.

Lo que yo no sabía, era que para rehabilitar y curar las maderas de aquel barril, el bodeguero usó una mezcla del mejor coñac posible y el mismo zumo de monastrell durante los cuatro meses que duró la restauración. Y claro, no te digo nada de cómo estaba de curado aquel vino. Yo lo probé y juro que no lo vi mal, era mi vino. Algo fuertecillo estaba, éso sí, pero no creí yo que fuese cosa que supusiera problema alguno sino más bien al contrario… Unas veinte botellas saqué de aquel barril. Las sellé con un buen tapón de corcho, les puse una etiqueta adhesiva con el año de la cosecha, y me quedé tan pancho creyéndome que el vino era sólo eso, o algo así.

Recuerdo, que en una cena de empresa regalé a cada uno de mis compañeros una botella de aquel vino, de mi vino… Y lo bueno vino, pero al final, cuando ya a las tantas de la madrugada mi jefe, propuso que nos fuésemos a su chalet de Alicante para evitar que nos metieran presos conduciendo con la borrachera que acarreábamos. Habían caído un par o dos de mis botellas durante la cena.

Como mi jefe era un caballero, esperó a probar mi vino y a destapar su botella en la intimidad alcohólica de nuestra reunión ya en su casa. Le gustaba mucho el vino y serían las cuatro de la mañana. Con algo de ceremonia trajo el sacacorchos, destapó mi redoma, sirvió dos copas, y acercó la suya a la nariz para aspirar el primer hálito de mi caldo recién escanciado.

Recuerdo, que hizo un pequeño guiño, como si le hubiera caído algo al ojo; y luego me miró… Comenzó a girar la copa y la puso al trasluz para apreciar el color. Un buen rato. Finalmente, al llevársela a la boca y besar el caldo con una mueca, cerró los ojos unos tres o cuatro segundos, y luego me volvió a mirar, pero está vez tal y como se mira a un colegial.

Alma de cántaro. Anda y ven aquí me dijo -lo de tonto no me acuerdo- y me llevó a la habitación donde atesoraba una pequeña bodega. Se plantó ante sus tesoros, y al cabo de un rato, decidió sacrificar en mi honor una botella de Marqués de Riscal; un Rioja de reserva de no sé qué año, embotellado primorosamente y envuelto en una malla metálica dorada y rimbombante.

Volvimos a la reunión, y con la misma ceremonia anterior destapó ahora su botella y sirvió otras dos copas, las puso junto a las de mi vino, y me propuso beber primero el mío para comparar… Luego, me dijo aquello.

— Miravete, este vino es para guisar. Y claro, yo me callé.

¡Vaya borrachera tan bullanguera, didáctica y elegante que pillamos…! Mañana sería otro día, pero justo ahí, empecé de verdad a amar y a pretender entender, el mundo tan bonito del vino.

¡Qué cosas…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

……….

FRATERNIDAD…

Historias de Paco Sanz

Entre los nuestros, compañeros de partido, de pandilla, cualquier gesto escéptico, cualquier manifestación de duda en relación con la sabiduría de las prácticas comunitarias, conlleva un tufillo a la siniestra, corrupta y detestada “quinta columna”. A los ojos de la comunidad, los hermanos que no son lo suficientemente expresivos en sus sentimientos fraternales, que carecen de entusiasmo, demuestran indiferencia o se demoran en actuar, pasan a ser considerados el “enemigo público número uno”. Las batallas más sangrientas no se se inician ni se libran en las murallas externas, sino en el interior de la fortaleza comunitaria. La meta de la fraternidad, santifica el fratricidio como medio aceptado.

Pocos generales odian a sus contrincantes, pero se vuelven ulcerosos y sufren ataques de apoplejía por culpa de sus aliados. La Iglesia trata de convertir a los paganos pero quema a sus herejes. Parece ser una ley política que el odio, aumenta en proporción a la cantidad de convicciones e intereses compartidos con el odiado.

Nada fomenta tanto los sentimientos de extrañeza y hostilidad entre las personas como las diferencias menores. Me tienta abundar en esta idea, pues quizá de ese “narcisismo de las diferencias menores” podría proceder la hostilidad que, en todas las relaciones humanas, lucha contra los sentimientos fraternales y acaba por imponerse al mandamiento de amaros los unos a los otros.

El motto cristiano “todos los hombres son hermanos” puede entenderse también en el sentido, de que los que no acepten la fraternidad no son hombres. Es también bastante difícil que un verdadero revolucionario pueda matar a un hombre, si ha muerto es por que uno de ellos lo ha matado, es una bestia criminal, no un hombre. Del mismo modo que aquél gracioso aseguraba que su novia no llegaba nunca tarde a una cita, porque a partir del momento en que llegaba tarde ya no era su novia. O que no puedo temer a la muerte, porque en el momento en que estoy muerto ya no puedo temer nada. Ya no estaré allí.

En presencia de toda gran fraternización, es preciso preguntarse: pero el enemigo ¿dónde está? Tales inclusiones son al mismo tiempo exclusiones, exclusiones de un tercero, de un tercero al que se odia, pero del que no es posible prescindir.

Gorbachov les dijo a los estadounidenses y europeos cuando todavía se llevaban bien, que menuda jugada les estaba haciendo al dejarles sin enemigo. Acertaba.

La fraternidad es la más vieja forma de revuelta contra el padre, contra el poderoso. Sin ella, la revolución se cae como una mesa de tres patas al quitarle una. La fraternidad es la emoción que concilia la libertad con la igualdad. Ésa es la definición de fraternidad verdaderamente operativa. Los Estados Nacionales están cediendo su protagonismo a las asociaciones de ciudades y de empresas. Las diferencias de color, de raza, de religión, ceden su lugar a las de clase, de residencia.

La fraternidad se acaba, lo del hijo único es el destino para parar la demografía. La democracia participativa se ha ido al limbo de la historia, elegimos representantes por su atractivo, todos tienen programas muy parecidos, grupos muy poderosos apoyarán un candidato que tendrá exactamente las mismas cualidades y el mismo programa político que el candidato adversario. Fin de la ética. Se dice bien de una persona cuando se dice que es muy normal. Que hace lo que los medias dice que es bueno, lo que consigue atención, fama y dinero. Lo otro son excusas de perdedores.

Cuando criaba, mis hijos llamaban tíos a mis amigos. Los niños saben aún que todos los hombres son hermanos. En el himno a la alegría se habla de un tiempo en el que todos los hombres serán hermanos. Sin embargo no nos engañemos: Babilonios somos; no nos vuelva la tentación de levantar ninguna torre juntos ¡dejémonos ya de una vez por imposibles los unos a los otros, como buenos hermanos!

Historias de Paco Sanz

JUGUEMOS…

Historias de Paco Sanz

No hay pulsión a la repetición más allá del principio del placer. ¿Por qué volvemos a sacar el móvil y lo ponemos ante los ojos? ¿Por qué nos gusta tanto el fútbol? Porque nos gusta jugar. Somos más niños de lo que nos pensamos. No sólo con y contra otros, sino incluso con y contra contra nosotros mismos. A veces parece que desde los bichos hasta las máquinas, estuviéramos jugando todos.

Por ejemplo, hemos creado una máquina que juega tan bien al ajedrez que se aburre al enfrentarse con humanos. Tampoco le resulta interesante jugar con y contra programas diseñados por humanos. Ambos son débiles mentales. No puede aprender nada de ellos. En el fondo, la nueva máquina se siente intelectualmente sola, y únicamente mejora si juega contra ella misma.

Perdemos de vista la bondad de lo esencial, de lo que nos constituye, porque no podemos renunciar al placer de seguir jugando. La inteligencia es la preocupación eficaz por lo esencial. Pero, ¿para qué preocuparnos por lo esencial cuando gracias a los chips y las redes podemos interesarnos por todo? Por fin en el apartamento de la playa, ante el océano, podemos ponernos a jugar con el móvil.

Hace tiempo que hemos dejado de jugar a ganar. Conseguimos más placer, repetimos mejor, jugando por jugar. Un juego finito se juega para ganar, un juego infinito se juega por el placer de jugarlo. Las funciones son juegos finitos, los sistemas interactivos juegos infinitos. La computación interactiva resulta superior a la interacción simple. Trampa adelante. Jugar a partir de un momento dado a otro juego, y no darte cuenta de ello. Dejar que los demás sigan contando contigo como jugador.

Dios les dio a los gatitos el gusto por jugar, los ratones se encargaron de enseñarles el resto. Porque lo de jugar sirve incluso para aprender a vivir o para reproducirse. Las abejas al alimentarse de polen ayudan a las plantas a producir frutos. Pero las avispas “joden-juegan-aman” a las orquídeas sin comer nada de ellas ni producir frutos. Sólo se revuelcan, jugando, con el olor que las hembras que llegaron antes que ellas dejaron, sólo para jugar; y lo hacen para divertirse, no para alimentarse. Hay que amar como ama la avispa a la orquídea, más allá de la productividad. Si producen algo, es algo subjetivo, su goce; o algo útil en la medida en que es bello, la orquídea.

Hasta los jóvenes y no tan jóvenes científicos juegan. Casi como podría decirse que los antiguos físicos se dieron cuenta de pronto, que sabían muy pocas matemáticas para poder dominar la física, así puede decirse que los jóvenes se encuentran de pronto en la situación, en la que el entendimiento normal, sano, ya no alcanza. Todo se ha enredado tanto que, para dominarlo, haría falta un entendimiento excepcional. Pues ya no basta con poder jugar bien al juego, sino que siempre se plantea la pregunta: ¿hay que jugar a éste juego, o cuál es el juego correcto?

A los escribidores, si no nos gustara tanto jugar dejaríamos de hacerlo, porque a ver “¡Qué juego idiota sería ése de escribir cuando no hay nadie para leeros!”. “Cuando todo el mundo se ha largado, no hay nada más que hacer que jugar a juegos idiotas“. Lo esencial es volverse completamente inútil, diluirse en la corriente común, volver a ser pez y no jugar a los monstruos; el único provecho, me repito a mi mismo, que puedo sacar del acto de escribir, es ver desaparecer las cristaleras que me separan del mundo.

Es decir, jugamos a pensar más allá del acto de escribir, en el de dar a leer. Al igual que el actor no puede actuar a solas, en su dormitorio, porque sin público no actúa de verdad, sino que simplemente hace muecas de loco, tampoco el escritor puede escribir exclusivamente para la posteridad, porque necesita cierto eco, enseguida, de inmediato. Como aquel célebre escritor que tras decidir que solamente escribiría para la posteridad, se dio cuenta de que no tenía ganas de escribir. ¡Hacer como si no estuvieras solo en el mundo! ¡Qué gozada! A veces creo que saco el móvil del bolsillo sólo para comprobarlo.

Historias de Paco Sanz

NO HACER NADA

Historias de Paco Sanz

A los vagos lo del zazen nos va. Nadie lo practica con más convencimiento que nosotros. ¿Qué es lo más fácil de hacer? Nada. ¡Hagámoslo pues! Es la mejor definición que puedo proponer de lo del zazen, en todo caso la más corta: “¡No hacer nada, pero a fondo!” La primera regla es la inmovilidad estricta. ¿De pie? Demasiado incómodo. ¿Tumbados? Nos arriesgaríamos a dormirnos. Por lo tanto sentados. No hace falta encender artefacto alguno para que grandes sueños de acción me inmovilicen en un sillón.

A veces pienso que en nuestra sociedad líquida, si uno no puede disminuir la densidad del medio que le rodea, lo único que cabe es crecer. Repensar la escala. A pequeña escala la viscosidad es importante, el agua es como melaza. A mayor escala lo que cuenta es la inercia. Los físicos hablan del contraste entre un número de Reynolds alto o bajo. El caso es que en una criatura pequeña, un apéndice movible acabado en “setas” (pelos) se convierte en remo, en un órgano de propulsión. En una criatura mayor el mismo apéndice simplemente hace circular el agua mientras el animal se mantiene inmóvil y se convierte en un órgano para la filtración.

Pasar de defender el derecho a la pereza al de la inmovilidad. Extremar lo místico para acabar en la necesidad de Dios. Porque hay que permanecer inmóvil para unirse a lo que se desea, si a uno no se le acerca ni hay manera de acercarse. Uno ve a Dios así: no podemos acercarnos. La distancia es el alma de todo lo bello.

Para entrenarse en lo del zazen, en lo de estar sentado sin hacer nada, lo mejor es aprender a aburrirse como Dios manda. Hay que tomarse el aburrimiento con sentido deportivo. Entenderlo como un ejercicio de valor, de libertad. Aprender a dejar pasar las horas, de vez en cuando, sin sentirse mal frente al vacío. Éste no sería un aburrimiento en sentido etimológico (abhorrere, significa horrorizarse), sino un encuentro amistoso con uno mismo, o incluso compartido, durante el que se disfruta de la compañía de alguien sin hacer nada. Entre este aburrimiento tan grato y la acedia monacal hay, desde luego, un abismo.

Porque la segunda condición, para hacer del hacer nada una profesión, es no permitir que la tristeza entre en tu vida por esa puerta de atrás desde la que suele acometer, a los que no hacen nada en un mundo de ocupados compulsivos. Porque, a ver ¿Qué perseguimos cuando nos entregamos al acto, cuando hacemos alguna cosa? Sin duda aliviarnos de esa enfermedad, de ese incordio, que representa la conciencia. Algo, que para los ocupados es sólo una pequeña molestia que incordia de vez en cuando. En el trabajo el ser humano se olvida de sí mismo, lo cual, sin embargo, no produce en él una dulce ingenuidad, sino un estado próximo a la imbecilidad.

Más que ser felices, los seres humanos queremos estar ocupados. Todo el que nos procura ocupación es, por tanto, un bienhechor. ¡La huida del aburrimiento!. En Oriente la sabiduría se acomoda al aburrimiento, hazaña, que a los europeos les resulta tan difícil que sospechan que la sabiduría es imposible. Se acusaba antaño a Galba de vivir ociosamente, y él respondió que los hombres deben dar razones de sus actividades, no de su inactividad.

Esta tarde paseando cerca el muelle he visto mi “no hacer nada con mi vida” reflejado en los veleros amarrados. Esos bellos y grandes navíos, imperceptiblemente balanceados sobre aguas tranquilas, esos mástiles desocupados y nostálgicos, ¿no nos dicen en una lengua muda: cuándo partimos hacia la felicidad? Creo que como yo, se sienten perfectamente en el puerto. Sin tener hacer nada más que seguir flotando.

Todos los animales empezamos flotando. El embrión, es lo que distingue a animales y plantas de los otros tres reinos; la blástula, lo que distingue al animal de la planta. Un embrión vegetal es una masa sólida dentro del tejido materno; un embrión animal es una bola hueca de células que suele flotar en el agua. En fin, mientras estoy sentado permitiéndome no pensar en nada, noto en el ambiente de la tarde, que flota ese aroma de ausencia, que dice al alma luminosa: nunca, y al corazón: espera.

Historias de Paco Sanz

COSAS QUE HARÍAS SIN COBRAR

Volver a criar a tus propios hijos, ser capaz de dibujar cualquier cosa en blanco y negro y leer y follar constantemente, creo que serían lo más de lo más… Escuchar música de jazz y conducir o viajar, me llevan gratis siempre a otros sitios. Pero andar el camino de Santiago y escribir, cocinar y enamorarme a diario es justo lo que hay… ¡Y oye, muy a gusto…!

¡Ah, y el cine…! Ver cine; que no se me olvide el cine.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL PANCHO Y LOS TEJADOS

Sólo queríamos aventura, lo juro; éramos tan jóvenes; tendríamos doce o trece años poco más o menos. Vivíamos todos cerca, vecinos casi de la misma manzana; y éramos también como familia; como primos segundos, miembros de la misma tribu: Mi Primo y el Grillo, el Pancho, el Gitano y yo.

Estábamos los cinco digamos que estudiando en mi casa aquella tarde, cuando los pollos del gallinero empezaron a chillar espantados, como locos. En aquella época eran frecuentes los gatos famélicos y asilvestrados, especializados, en dar caza a los animales domésticos que la gente criaba en sus casas. Y por éso, se ve que se nos ocurrió subir a la terraza para ver qué coño pasaba con los pollos y los gatos; también para descansar un rato de los libros; y seguro, que para ver qué tal se veía el mundo desde lo alto de los tejados.

Todo empezó como el juego de a ver quién la tiene más grande. ¿A ver, quién tiene los huevos de llegar más lejos andando por los tejados…? Me hice yo el chulico primero cuando, ya desde el tejado, me asomé al patio de mi vecino y le vi durmiendo la siesta a pierna suelta, con la boca abierta de par en par, y con sus más de ciento cuarenta kilos acostados bocarriba en el suelo y a la sombra de su morera… ¡Qué risa, qué animal, cómo roncaba…!

Luego le tocó al Pancho… Con la agilidad de un mico saltó el muro del linde, y echó a andar en cuclillas sobre los tejados hasta que lo perdimos de vista cuando pasó a la otra casa. Tardó un poco en volver; y lo hizo como traspuesto, excitado, extasiado… Casi con los ojos en blanco y cachondo como era él, sudando un poco y diría que como relamiéndose, nos contó que había visto a mi vecina, desnuda.

— Le he visto hasta las tetas… Dijo.

De verdad, que vino descompuesto y claro, aquello fue algo irresistible. A toda prisa fuimos a ver en tromba pero a hurtadillas cómo la moza se lavaba desnuda en el patio de su casa, con aquel derroche de carne, jabón y palangana… Toallas húmedas, bragas y sostenes usados esparcidos por ahí, ruido de agua, olor a limpio… Sensualidad pura.

En aquella época si veías, aunque solo fuera unas bragas colgadas secándose en una cuerda de tender, ya te ponías ido. Pues imagínate… Y claro, nos dio por estudiar muchísimo juntos durante aquel curso.

¡Qué cosas…!

A José Antonio Ruiz Puig, nuestro Pancho; el principal mecánico de mi millón y pico de kilómetros. Alguien, que tenía la virtud de hacerte sentir especial solo porque estabas a su lado… Los habrá iguales pero mejores no. Adiós, amigo.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

……

FALTA DE VOCABULARIO

Cuando sales de tu pueblo al mundo exterior, y ves que te falta vocabulario, puedes reaccionar o bien aprendiendo el idioma del mundo o también pensando que la gente habla raro, que no habla como debería… Vamos, que no habla como tú.

No hay nacionalismos buenos, sensatos o pacíficos, no los hay. Cualquiera que sea su credo y procedencia, todos son provincianos y castrantes en su fondo; incultos, radicales e intrínsecamente malvados por racistas y sectarios. No olvidéis lo que pasó en el País Vasco: mil quinientos muertos.

Hay mucho dinero y mucha indecencia invertida en el proceso; también mucho tonto y mucho odio inventado recientemente… Hay una supina ignorancia en el fondo del rebaño, y una legión de otras maldades políticas, maquiavélicas, y periodísticas.

Y sobre todo lo que hay son muchos hijosdeputa, y otros hijos que simplemente no lo somos… Y tú ¿qué eres? ¿O ya eligió tu madre por ti…?

¡VIVA ESPAÑA, Y TODOS LOS ESPAÑOLES…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

ESTABULADOS

¿Y LAS CAMAS COVID, Y LAS VACUNAS…?

😳😳

“Use siempre una mascarilla cerca de cualquier persona con la que no viva…”

¡Ohhh, qué bien…! Ahora, cuando no quiera vivir con alguien o siquiera tenerlo al lado, solo tengo que ponerme mi mascarilla ya se dará por aludido. A algo así jugábamos cuando niños.

¿Qué tal si probáramos a protegernos mediante unas gafas de buzo con respirador y unos guantes de soldadura? ¿Porqué no nos acostumbramos a usar un traje de neopreno entero, o mejor incluso uno de astronauta? Así podríamos salir a la calle con total normalidad ¿no…? Mikel Jackson tuvo mucho tiempo una burbuja de aislamiento para él solo y mira hasta dónde llegó, cómo llegó… Podríamos probar también hasta con una armadura para salir a la calle, para ver qué tal.

El otro día no sé dónde leí el dato, de que el número total de camas COVID de los hospitales solo se ha incrementado este año en un doce por ciento… Solo. Este año, en el que nos ha caído la del pulpo, resulta, que el sitio donde se forma el famoso cuello de botella sanitario -el número de camas COVID- parece que nos la suda y nadie habla de él. Y encima, a la única persona que se le ha ocurrido hacer un hospital casi quieren echarla a los leones.

De las vacunas no te digo nada. ¡Vaya país de idiotas…!

Y ahí estamos, encerrados y sin vacunar, cual ganado vacuno en diecisiete establos diferentes ¿Cómo es posible que el sentir general del personal, acepte con tal facilidad, que se nos recorten libertades tan flagrantemente y sin cuestionarnos nada…?

¿Y si nos infectamos…? ¡Huy, qué miedo, calla, no digas éso…!

El otro día caí angustiado en la cuenta, de que me iba a morir dentro de un mes… Pero al poco me di cuenta también, de que lo que no sabía, era ni cuál ni de qué año, y claro, me quedé más tranquilo.

…eeen fin.

Que no nos engañen, más.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

COMUNISMO Y CIRROSIS. TE MATAN

CIRROSIS:

“Enfermedad caracterizada por una lesión que se desarrolla en las vísceras, especialmente en el hígado, y consiste en la induración de los elementos conjuntivos y atrofia de los demás.”

No te digo ná.

El comunismo es como el alcohol barato… Primero, no es que te guste mucho ni lo entiendes pero te calienta; luego, no es que te embriague un poco sino que te emborracha como un perro; más tarde te deja ciego; y finalmente, te mata de cirrosis pero en vez de hepática, mental, moral.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

MENTIRAS EN SAN VALENTÍN

Por la mañana temprano le mandé un güasap furtivo, sin que mi Señora se enterase… Y me hizo esperar. San Valentín era mañana y quería, debía, tenía que verla antes. Tuvo a bien el responderme pasada bastante más de una hora, y lo hizo como con prisas, tajante aunque cariñosa. La conozco bien.

— Nene tengo mucho trabajo, pero ven esta tarde a las cinco. ¿Me dejas a mí, que decida yo, como hacemos siempre, vale…?
— Claro Nena. ¿Cuánto…?
— Sesenta pavos.

Ya a mediodía, paseábamos de la mano por el mercado cuando mi Señora vio un ramillete de fresillas frescas, recién cogidas y justo en ese punto de floración en el que tanto le gustan, cuando los tallos están bien tiesos y las flores casi cerradas; porque así, se abren y se lucen luego en casa… Y como no podía ser de otra manera, pagué yo; para regalárselo; mañana es San Valentín. Y se lo entregué tierna y ceremoniosamente, haciéndole una especie de reverencia pícara, y plantándole después un besazo de tornillo en medio de la calle y de todo el mundo. Le ha gustado, a mí también.

Pero eran ya casi las cinco… Y como para poder despistar a mi Señora y escabullirme al menos media hora necesitaba de una buena excusa, claro, le tuve que mentir… Le dije, que mañana era San Valentín y que como otros años hacía mi hermana, me había pedido que la ayudase esta tarde en la floristería con lo de las entregas a domicilio de los ramos y tal… Y tardaría más o menos una medida hora.

Casi no había terminado de contarle la trola, cuando caí en la cuenta de que en cualquier momento, mi bonito plan se podría ir al garete ya que podría decirme, como casi siempre que yo cogía el coche, aquello de “me voy contigo y así no vas solo…” Y a ver qué coño hubiera tenido que contarle; me habría pillado.

Por ello, volví a mentirle matizando mi embuste inicial, y como un buen actor, sutilmente le dejé caer que me había dado la sensación al hablar con mi hermana, de que quería decirme también algo personal. Así, como mi Señora es siempre tan correcta, tan elegante y tan sensible, era seguro que ya no diría lo de venir conmigo, para respetar la discreción de nuestra conversación fraternal y privada… Ya tenía coartada, vía libre… Poco a poco fue llegando la hora. A menos cinco, cogí mi bolso de mano y le di un beso. Vengo ya Nena… Siempre se me escapa lo de Nena cuando me pongo cariñoso, pensé.

Una vez satisfecho mi secreto negocio, volví a casa, y en vez de abrir con mi llave y para engañarla, llamé al timbre de una forma que no tengo la costumbre; así, no sabría que era yo el que esperaba tras la puerta. ¿Quién es…? La abrió, y tras un par de segundos de silencio y sorpresa, rápidamente saqué el ramo que escondía a mis espaldas y que para ella, había encargado a mi hermana por la mañana temprano… Quería darle yo la sorpresa a mi Señora de entregarle el ramo personalmente, y sí, tuve que mentirle.

💕 Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL CURRÍCULUM

Toqué por primera vez un ordenador, en mi empresa allá por el año 97 creo recordar. Algo más tarde, un amigo y compañero también de trabajo me dijo que él se había comprado uno “para leer el MARCA...” ¡Coooño, qué caro sale leer el periódico en un ordenador, pensé…! Yo me lo compré ya en el 2002 pero por pura curiosidad del artefacto, y para no quedarme atrás con aquello de las nuevas tecnologías. Y vale, confieso que sobre todo, lo compré para ripear los DVD’s originales del videoclub y hacerme copias piratas; privadas, pero sí, piratas. Siempre he adorado el cine, soy un coleccionista compulsivo, y tal y como está el mundo siento muchísima simpatía por los piratas… Pero también lo compré para rotular y pintar murales, ya que lo hacíamos a mano, con escalas matemáticas, escaleras, papel y lápiz y pinceles y pinturas. También he adorado el dibujo desde bien pequeño.

Yo lo que entendí, en principio, fue que un ordenador era en esencia algo así como un armario, en el que se podían guardar solo dos cosas: una especie de herramientas, y lo que hacías con ellas. Una máquina de escribir, y los textos que escribes. Un tocadiscos y tus discos. Un teléfono, y tu agenda y la lista de tus llamadas. Una cámara de fotos, un laboratorio profesional, y las fotografías que haces. Una mesa de dibujo técnico alucinante, y los diseños que con ella creas. Un lienzo y tus pinturas. Una cámara de cine y tus películas. Una brújula, una linterna o una calculadora, y hasta un telescopio o un mapa de carreteras terráqueo, global… Sólo había un problema: el de aprender a manejar todas esas herramientas.

Empecé con lo del diseño gráfico por lo de los rótulos. Pero luego, cuando compré la cámara me dió también por lo de la fotografía digital, y he de reconocer que fue todo un descubrimiento… Más tarde, empecé hasta a editar vídeo profesional y a diseñar en 3D. Y ahora, desde el 2016, me ha dado incluso por escribir y guardar lo que escribo.

Mi primer ordenador, con 128MB de RAM, pesaría más de treinta kilos contando la torre con el disco duro, la cámara de fotos y la impresora; el escáner, el monitor, los altavoces y el micrófono; la disquetera externa… Mi teléfono móvil, ahora, con 8G de RAM pesa poco más de cien gramos.

¡Qué cosas…!

El ordenador siempre ha sido una extensión de mí mismo, un medio de expresión más, de comunicación. Una herramienta. Y no te digo nada cuando lo de la explosión del rollo multimedia de internet, y más tarde, éste de las redes sociales.

Yo, ya sabía dibujar, hacer fotos, rotulaba con exactitud cualquier superficie, y pintaba con todo detalle murales enormes… Yo ya sabía del cine, de su historia y de sus trucos; tenía mi colección de discos originales de jazz; y también leía con voracidad aunque no escribía.

…eeen fin, que creo estar más que suficientemente preparado para el desempeño del trabajo que Ustedes demandan.

Visiten mi blog 🙏 www.historiasenunfolio.com

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

RUIDO DE IMPACTO

Atrapados en aquella trinchera, se movió, inclinándose y estirándose solo un poco para pasarme la cantimplora; y después de beber, estaba hablándole cuando el disparo le reventó la cabeza justo a solo dos o tres palmos de distancia de la mía.

Produjo el proyectil un ruido de impacto diría que como blando, sordo, como mocoso o líquido, al chocar con el hueso y la carne humana. Un sonido realmente inolvidable. Lo vi morirse mientras chorreaba sesos… Parte de su lado derecho estalló, y el resto de su cara permaneció como un segundo todavía viva, mirándome como sorprendido, mientras se moría en ese mismo instante conmigo al lado.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EN LAS ÚLTIMAS

Historias de Paco Sanz

Estoy llegando a las últimas. Me doy cuenta de como me muero por cómo me estoy quedando sin compañía. Recuerdo al viejo judío saliendo del campo de concentración, cuando le preguntaron cómo se sentía, decía que le sorprendía seguir vivo pues todos los que quería se habían muerto. O del viejo poeta español que dejó escrito eso de: “No me duele de mi muerte, porque yo morirme tenía, más me duele por mis hijos, que pierden mi compañía”.

Cuando acabé con mis ritos de iniciación, cuando por fin no tuve que depender de mis superiores en la universidad, la mili o el trabajo, me di cuenta de que había generado una especie de alergia a las jerarquías. No he sido maestro de nadie, y en general mala compañía para todo el mundo. Cuando le digo a mis hermanas de lo insociable que soy levantan las cejas, pues estoy siempre entre parientes y amigos, por no decir de mi matrimonio que es de una duración escandalosa.

Esta pandemia nos está matando porque cada vez somos menos compañía, nos necesitamos menos unos a otros. Eso consigue que acabemos siendo extraños para nosotros mismos incluso sin salir de casa, que nos sintamos otros. Otro, imaginándolo todo para hacerme compañía. En la misma oscuridad que tu criatura, o en otra. Rápido, imagina.

Ahora mismo, escribiendo en la tablet, me doy cuenta de que busco compañía al otro lado del cristal. Hago como si hubiera otro mundo al otro lado del espejo, del cristal. ¡Cristal, espejo nunca! reclama el buen amante. Como aquel poeta que escribió una vez ”¡Besame!, dices, te beso, y mientras te beso pienso en lo fríos que serán tus labios en el espejo”. Hago por seguir escribiendo para no estar tan solo. En fin, que cierta actividad mental es complementaria de la compañía.

Bien pensado estoy en compañía de otro ser vivo, que también está al otro lado de un cristal: Un pez. Da vueltas en su pecera, veo sus ojos al otro lado de su pantalla. Está en cierto modo navegando como yo, dando vueltas, como yo. Es el primero de los vertebrados, yo soy uno de los últimos. Cada dos días le doy de comer, cada cuatro le cambio el agua. Yo leo casi siempre. A veces escribo, a veces salgo a la calle. A él, el otro pez se le murió. Mi Santa sigue a mi lado.

Nietzsche llamaba a su dolor su perro. Le hacía compañía, le era fiel. Estos días veo pasear a mucha gente con su perro por el descampado, algunos incluso los llevan atados. En el gusto por estar así acompañados se ha reconocido siempre el alma del eremita. San Roque, el patrón de los apestados, es representado en pinturas y esculturas con su perro a su lado. Como es imaginario, en fotos no.

Al haber envejecido un poco más deprisa que de costumbre por la falta de compañía, nos hemos vuelto un poco más religiosos, un poco más solitarios. Los mejores cristianos primero renunciaron a las mujeres, después al mundo, y finalmente a la compañía de otros hombres, eran los hombres del eremos, del desierto. El desierto crece ¡ay de aquel que en sí albergue desiertos! Pues a volar.

Las condiciones del pájaro solitario son cinco. La primera es que se va a lo más alto; la segunda que no sufre compañía; la tercera que pone el pico al aire; la cuarta que no tiene determinado el color; la quinta que canta suavemente.

Historias de Paco Sanz.

EL PARTO

Como le interesaban tanto lo de las energías, lo del yoga, el karma, y eso de los chacras y el despertar del tercer ojo, le pregunté ¿que si entendiéramos la vida como una sucesión de ese tipo intercambios energéticos, cuál, diría ella que es el acto más energético que podríamos experimentar…?

Tardó, un poco, en responderme que hacer el amor; vamos, que follar. Que estar dentro de o tener dentro a alguien. Porque sin duda es un acto aquél, en el que se intercambian multitud de energías humanas y de fluidos esenciales para la vida y tal.

Yo le dije, que seguramente lo más energético que hay en este mundo es hacer explotar una bomba atómica; o tal vez parir… Pero, porque no debe haber forma más energética de sentir dentro a alguien o sentirse dentro de alguien, que pariendo o naciendo. Ese empujar de una misma y desde dentro; desde tus propias entrañas, sin remedio y sin siquiera punto de apoyo. Esa condena a parir o a morir, a salir o a matar. Esa hemorragia de vida. Todo ese mal trago. Todo, solo por tener o ser un hijo… Energía pura.

Recuerdo abrir la puerta del paritorio del hospital con terror, y ver de repente a aquella parturienta sudando encendida y congestionada, retorcida, gritando a no sé quién y mirando a no sé dónde: “¡Que te salgas…! ¡Que te vayas de aquí…! ¡Que me dejes…!” Estaba como fuera de sí.

¿Y yo qué sabía…? No sabía, ni dónde meterme en medio de tanto grito de las al menos cuatro o cinco hembras pariendo en aquella sala. Los dolores de verdad ya habían empezado. Rotas las aguas, las contracciones aumentaban, la tensión me espantaba. Ya, de parto. El dolor en todas sus formas siempre me había aterrado, superado.

Estaba a su derecha cagado de miedo agarrándole la mano, cuando los ojos de la matrona emergieron por encima de aquel monte de Venus que paría, para urgirme a que fuera corriendo a cortar el cordón umbilical.

“¡Vamos, ven, ahora…! ¡Ya está aquí…!”

¿Cómo coño iba yo cortar semejante cosa. Yo, que me mareo siquiera al pincharme cortando una rosa…?

Deja deja, córtalo tú le dije en un puro mareo. Casi que me caigo al suelo en redondo. ¡Qué nervios! Entre gritos nacemos… Y yo, como un pollo sin cabeza, blanco como el papel, y enredando por allí enmedio.

Me la dejaron echada como ahí; como en el mostrador de una tienda. Solita. Recién lavada eso sí, pero como desamparada y envuelta ella, tan solo en una ligera muselina también de color hospital verde claro. Como si me la hubiesen dejado en un dispensario cualquiera, a la espera de que alguien viniera y se me la llevara. Y claro, no me separé de ella ni un solo segundo.

Recuerdo a mi derecha a un tipo como desagradable, con gorro, mascarilla y bata verde como yo; luego, supe que era el doctor jefe de maternidad del hospital. No paraba de mirarme de soslayo aquel tipo, ni de enumerar un sin fin de detalles médicos varios e incidencias técnicas del parto; luego, supe que estaba dictando los detalles del certificado de nacimiento… Cuando ya llevaba descritos muchos detalles de aquellos, se paró extrañado. Me miró ahora fijamente, y me dijo el desagradable ¿que qué coño hacía yo que no tomaba notas…?

¿Notas yooo…? ¡Ufff qué nervios…!

Sosteniéndole la mirada y muy sorprendido por lo maleducado de su pregunta, le respondí algo retador ¿Que qué coño noootas…? No se había percatado el doctor de que yo era el padre… Como de puro nervioso no me estaba quieto por ahí, me confundió, con el enfermero encargado de rellenar el formulario certificando el nacimiento. ¡Ufff qué nervios…!

Entonces, aquellos ojos de matrona con mascarilla abandonaron por un momento la episiotomía en la que estaban, y volvieron a emerger de aquel mismo monte de Venus ahora ya parido, para decirme casi encanada de la risa que dejara ya de enredar por ahí, que me portara bien y me estuviera tranquiliiico. Y que ya, faltaba poco para que todos saliéramos de allí… Hasta la madre recién parida empezó a reírse de lo chocante de la situación.

Y no te digo nada, cuando pretendieron subir a mi pequeña a la planta de neonatos sin que yo la acompañara. Una enfermera me dijo sin más que me apartase, que iban a subirla… Yo le dije “que nanai, que lo que había en esa incubadora era mío; y que tenía que acompañarla sí o sí para saber dónde me la dejaban, no fuera a ser que por error me la cambiasen por otra…”

Aquella enfermera bufaba, e insistía: “que no dijera tonterías y que no podía subir y punto. Que entendiera que estaba prohibido; que esto era un hospital y que era las normas y tal…”

Y yo, cabezón y tajante la intimidé, cuando acercándome a su cara y mirándola fijamente le dije implacable “que era ella la que no lo había entendido… Que yo era el padre, y que me daba igual todo; porque iba a subir a planta con mi hija sí o sí, se pusiera ella como quiera que se pusiera…”

Y al final claro, subí con mi hija y ella.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

ROBOTS

Historias de Paco Sanz

Los cyborgs casi son nuestros hijos, los robots serán nuestros nietos, ¿por qué no deberíamos amarlos? Queremos a nuestros hijos y nietos a pesar de que sabemos que un buen día se harán con el mando, que seguirán en la tierra cuando nosotros ya no estemos. Para los niños nipones educados en la religión sintoísta, hay espíritus vivos en todas partes. Aprecian a los robots como si fueran perros. Hay otra razón para que los quieran: para los japoneses son sus futuros cuidadores, los encargados de los cuidados en un país envejecido. ¿Quién o qué va a cuidar de tanto viejo? Descendemos de robots y estamos compuestos de robots, y toda la intencionalidad de que disfrutamos, deriva de la intencionalidad de estos millones de sistemas elementales.

Me han dicho que si vivo lo suficiente puede que muera dándole la mano a un robot no humano. Mientras no me lo parezca, vamos bien. Un chimpancé pasa totalmente de la imagen de un monstruo, pero se muestra aterrorizado por la de otro chimpancé decapitado. Un humano no teme a un robot que parece un robot, pero sí a un robot que se distingue muy poco de un ser humano. En el valle del misterio, algo, puede parecerse algo a un humano, pero si se parece mucho acojona.

Como soy de por sí bastante tonto, y no sólo por ser poco exigente, lo de la proliferación de la inteligencia artificial me aburre. ¿Coches, teléfonos, casas inteligentes? ¡Anda ya! Hace sesenta años con lo de la inteligencia militar hacíamos bromas, ahora ha llegado el momento de hacerlas con la inteligencia artificial, y ya puestos, con la inteligencia artificial militar. El 25 de enero del 2021 se cumplieron cien años de la publicación del libro Rossum Universal Robots (RUR), escrito por el autor checo de ciencia ficción Karel Čapek. Robots que trabajan, robots que pueden hacer la guerra, peor que nosotros.

Desde el punto de vista ético, los sistemas de inteligencia artificial militar pueden participar en la toma de decisiones que permitan salvar muchas vidas o condenar a muerte a muchas otras. Los usos posibles que se pretende dar a este sistema, incluyen tanto sistemas de armas autónomas letales, que puedan seleccionar y atacar objetivos sin la necesidad de una intervención humana, como sistemas para hacer programas de apoyo que tomen decisiones propias.

La inteligencia artificial militar es capaz de potencialmente acelerar el combate hasta el punto, en que las acciones de las máquinas superen las capacidades mentales y físicas de los responsables humanos en la toma de decisiones, de los puestos de mando que libren esta guerra en el futuro. Por lo tanto, la tecnología superará a la estrategia, y es muy probable que los errores humanos y los de las máquinas terminen por combinarse y afectarse mutuamente, con consecuencias bastante impredecibles e indeseadas.

La decisión de apagarme puede que venga de un robot, espero que no vaya por su cuenta. Como los LAR (Lethal Autonomous Robot). En ellos, ya no aprieta el gatillo el operador del dron: el gatillo se aprieta solo. Entonces ¿quién tiene la culpa, quién tiene que responder, quién ha cometido el pecado, de quién es la deuda, quién tiene que pagar? ¿El que inventó el programa, el dispositivo, el que lo comercializó, el que pagó la investigación, el que adelantó el dinero, el que firmó la ley que lo hizo posible, el ministro, el gobierno, la compañía de seguros que lo aseguró…?

Historias de Paco Sanz

NO LE HABLES A LA TELE

— ¡Pero Nene…! ¿Qué haces hablando, qué digo hablando, discutiendo con la tele…? Tú no te ves, no te das cuenta, pero a veces te pones hecho un basilisco por no sé qué coño del Pedro Sánchez ése y del gobierno.

— Nena, tú no lo entiendes porque…

— Y tú eres tonto. ¿Cómo que no lo entiendo…? Yo, lo que no tomo son berrinches por lo que sale por la tele. ¿Mira a ver si el tonto eres tú…?

— ¡Coño Nena…!

— ¡Ni coño ni leches…! Mira a tu alrededor, a tu casa, a tus hijas y mírame a mí. Y anda y deja de dar follón preocupándote por las cosas de fuera, que se te agría el carácter.

— Perooo…

— Anda, y ven aquí, tooonto… 💕💞

¡Qué sabia es mi Señora…! 🤣😂

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

PACIENTES DE LA PANDEMIA

Historias de Paco Sanz

Hay cosas que no cambian ni con la pandemia. Supongo que son nuestras cosas esenciales. ¿Qué es lo mejor que puedes vivir en la vida? Alegría, hermano. Y ¿cuál es el enemigo de siempre? La tristeza. Entristece ver como el enemigo avanza con la enfermedad, con la pobreza, con el rencor… con el desamor.

Decía Freud que el que no pierde la cabeza en ciertas circunstancias es que no tiene cabeza que perder. Me gusta creer que con el corazón pasa algo parecido, que no basta con querer no perderlo en ciertas circunstancias, se trata de recuperarlo cuanto antes. Un personaje de una novela de Sartre paseaba indignado por las calles de Nueva York, porque estaba llena de carteles que decían: “Not to grin is a sin”. Mientras, había guerra en España.

Ahora con la mascarilla las sonrisas falsas, ésas sólo con los labios, no se ven. Me dicen mis amigos, con los que todavía me hablo, que los pueblos parecen tristes. Les cuento que como paseante compulsivo que soy, me doy cuenta, de que cada vez buscan menos mis ojos los de la gente con la que me cruzo. Hasta qué punto proyecto nunca lo sé. Por decirlo en verso: “Esta tristeza del campo/ en que el alma se aposenta/ ¿es una tristeza suya/ o es una tristeza nuestra?/¿Son sus soledades tristes/ como las de las estrellas/ que nos parece a los ojos/ que están vivas y están muertas?”

Hay que recordar quienes somos, que somos mejores de lo que creemos, por pura coherencia. Ese es el frente al que hay que acudir, donde presentar batalla. Con palabras de Spinoza: “Experimentamos alegría cuando un cuerpo se encuentra con el nuestro y se compone con él, cuando una idea se encuentra con nuestra alma y se compone con ella, o, por el contrario tristeza, cuando un cuerpo o una idea amenazan nuestra propia coherencia”.

Ahora que no puedo abrazar a mis amigos, ni a mis hijos ni a mis nietos, ahora que todavía no me ha pasado lo que le pasó a Machado cuando perdió a su amada: “Nos quedamos solos mi corazón y el mar”, dar con ideas que compongan con mi alma es más necesario que nunca. La pandemia me lo pone especialmente difícil.

Joäo Gilberto no contrapone la tristeza a la alegría sino a la felicidad, son las suyas de esas palabras que, cuando las recuerdo, me pongo a cantar: lo canta así: “Tristeza não tem fim/ Felicidade, sim/ Tristeza não tem fim/ Felicidade, sim/ A felicidade é como a gota/ De orvalho numa pétala de flor/ Brilha tranquila, depois de leve, oscila/ E cai como uma lágrima de amor”.

¿Buscas la felicidad en las palabras? Combate la tristeza donde la encuentres, vuelve a Spinoza, me digo. Él llevaba tan lejos su lucha que hasta en la “esperanza” y en la “seguridad” encuentra ese poco de tristeza, que basta para hacer de ellas, sentimientos de esclavos. La verdadera ciudad, propone a los ciudadanos más amor a la libertad que esperanzas de recompensa o seguridad de los bienes; pues “a los esclavos y no a los hombres libres, es a quienes se promete seguridad o se recompensa por su buen comportamiento”.

Hasta entonces: Paciencia y barajar. Paciente es no el que huye del mal, sino el que no se deja arrastrar por su presencia a un desordenado estado de tristeza. La paciencia preserva al hombre del peligro de que su espíritu “sea quebrado por el abatimiento y pierda su grandeza”. Pacientes de esta pandemia, lo somos todos.

Historias de Paco Sanz

MAMEN LA SEXTA

Sin palabras…

Que ésta, espécimen de palmera plañidera, gritadora y señaladora de la sexta, tenga voz en una televisión que como tal se precie, es un verdadero insulto a lo periodístico que todo medio de comunicación decente debería tener, o aspirar a ser.

Asco, debería darse a sí misma, si tuviese que buscarse un trabajo decente en otro país que no fuese, en ése en el que se caga todos los días en público desde su púlpito en la sexta… A saber, de qué, tendría que trabajar la pobre de Mamen, si tuviese que buscarse la vida ella sola por ahí por el mundo… Pena me da.

Que no te engañe Mamen. Que no te engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

EL TOCADISCOS

a María José Gascón.

Gracias a mi cuasi hermana María José, recuerdo como si fuese ahora, la primera vez que dispuse de un tocadiscos… Se lo había regalado su padre hacía poco y lo trajo a mi casa. Teníamos quince o dieciséis años, y solo tres cuatro o cinco discos: Kaya de Bob Marley, Luna de Víctor Manuel, otro no sé cuál del Dúo Dinámico, y algunos otros petardos musicales que tampoco recuerdo.

Era un pic-up de aquéllos. Amarillo, flamante, y del tamaño y forma de una maleta; con un altavoz incorporado, que lo convertía en aquella época en la leche, lo más, para organizar saraos y montar guateques. Lo enchufabas, ponías el disco, y listo: sonido en mono, ni siquiera estéreo; pero era una maravilla ya que ellas movían el culo y yo también… El primer disco que puse en un plato de música, tengo el honor, de que fue el Kaya de Bob Marley: una pasada que diríamos hoy. Empecé bien. Salvo la música de la banda de mi pueblo, la de alguna verbena, o la que se emitía por la radio y la televisión de aquella época, yo no había oído nada igual salvo en el cine. Nunca había oído música con precisión.

Me he criado mirando como un dibujante y escuchando como un melómano. Y he visto en directo a grupos nacionales como Tequila, Leño, Baqueta, Asfalto o Medina Azahara; y un poco a mi pesar hasta a Mecano y a los Héroes del Silencio… Y he asistido a conciertos tan impresionantes como los de los legendarios AC/DC, Queen, Supertramp o Dire Straits. También fui a ver a Police, a la Creedence, a Eric Clapton, o a U2. Aunque también se me han escapado muchos otros: los Rolling, Status Quo, Ramones, Guns and Roses.

He ido a conciertos de Stan Getz y Manhattan Transfer; a escuchar pianos como los de Oscar Peterson y Tete Montoliu; a recitales eclécticos como aquél de Van Morrison en Barcelona, y uno legendario al que asistí de Jorge Drexler en Elche. O a otro directo brutal de Bill Evans que tuve la suerte de ver en Sant Feliu de Gíxols. Tampoco nunca podré olvidar a Sabina ni a BB King en la plaza de toros de Alicante.

La música de hoy así nos va… Entre raperos, perreros, flamenquines, cantautorillos, televitontos y famosetes, los mafiosos de la industria han hecho de nuestro panorama musical un erial aburrido, solo apto para mañacos musicales. Vale que no se vean por ahí pianistas de jazz ni virtuosos del violín; vale, pero tampoco se ven guitarristas, compositores, bateristas con alma y mérito musical. En mi época nos interesábamos por quién era el bajo, el guitarra y el batería, y de quién eran los arreglos; de si éstos eran realmente buenos musicalmente o si solo eran marchosos; de si la música que oíamos era fruto solo de la industria, o lo era del mérito musical. Y es que la música tiene mucho mérito; es la carrera con estudios más largos; más que la medicina, las ingenierías o el derecho.

“Es música de maricones…” El jazz. Recuerdo que al principio esa frase retumbó en mi mente, hasta que empezó a sudármela. Cuando había que pagar por la música, a veces, lo alucinante de uno solo de aquellos temas, hacía merecer el gasto del disco entero… Al principio yo tampoco entendía el jazz, aunque, extrañamente ya que nunca he tenido formación musical alguna, sí apreciaba el mérito musical de los que interpretaban esa música. Sólo tengo oído. Era una música difícil cuando se ponía profunda; como deben de ser las cosas.

a María José Gascón.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

ANDORRA Y EL RUBIUS

Sólo un país de gilipollas se queda mirando y riéndose, cuando mucha de su gente, algunos con verdadero talento y la mayoría solo con pasta, se van a Andorra precisamente porque tienen pasta; se tienen que ir a Andorra… País el nuestro, que luego se queda igual cuando gentecilla como el coletas, que con pinta de haberse terminado un par de libros e ínfulas de mirlo blanco, va, y se queda… Y vaya si se queda porque habrá que echarle aceite hirviendo para que se vaya; no tiene otra: ni oficio ni beneficio. No ha trabajado nunca.

Porque Andorra está muy bien, sí, pero si tiras una piedra con fuerza sale de Andorra; vamos, que es muy pequeña. Yo he ido varias veces, y a menos que te guste mucho la hierba muy verde o el esquí, no se pueden hacer muchas más cosas de las que nos gustan a los españoles, aparte de lavar dinero, claro… Se puede comer algo de jamón por ahí, sí, pero o estás todo el día también comiendo nieve o hierba muy verde, o te tiras todo el día haciendo monerías delante de internet, o te gustan mucho las series y te acuestas a media tarde, porque todos los días madrugas mucho para ir al centro comercial.

Un gran amigo mío al preguntarle por su reciente viaje de novios a Viena, me dijo que Viena era maravillosa. ¡Que qué bonita…! Que era un placer pasear por esos bulevares tan amplios y tan hermosos; que el ambiente musical de la ciudad lo impregnaba todo, y el estilo imperial de la cuidad era imponente, una maravilla. Que muy bonico todo sí, pero que a mí, ni se me ocurriera ir: ni loco. Que a las cinco de la tarde, en Viena, no se podía hacer absolutamente nada que no fuese pasear; que no habían bares; que tenías necesariamente que tener reserva para ir a alguno de los pocos sitios a los que se podía ir. Y todo ello cuando no había restricciones.

Eso de vivir en Andorra, de verdad, manda huevos… ¿Cuánto dinero no ganarán, como para hacer el sacrificio de tener que vivir todo el año aburrido en Andorra. ¡Chico calla…! Pues imagínate ahora con lo de la pandemia… Y para más inri dicen, que debido a la altitud, no se puede ni jugar bien un partido de fútbol porque el sitio es muy pequeño y no da para un campo decente. Y encima, si se te cae la pelota rodando pendiente abajo igual puedes terminar en la provincia Teruel; vamos, que hay demasiadas cuestas en Andorra.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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TOQUE DE QUEDA MULTIMEDIA

Ahora resulta que por la noche no solo se apagan las luces sino que también cierran, o al menos se entornan, las redes sociales. Nos quedamos mudos, sordos y ciegos, tontos como en suspenso, gilipollas multimedias: toque de queda multimedia… Hoy me he enterado que uno de los grupos de télegran en los que estoy, digamos que “se apaga” más menos a eso de las 11.00 pm.

¡Qué cosas…! Yo, si quisiera apagar de una vez mi préstamo hipotecario, arrancar de cuajo el contador de la luz, boicotear el pase el agua, conectar el router de forma pirata o cobrar mi sueldo sin una cuenta bancaria, simplemente no podría. Hace poco me cambié de güasap a télegran, y me quité también de feisbuc, de intagrán y de tuiter; y eliminé, o eso me aseguraron, absolutamente todos mis datos de esas aplicaciones tipo vieja del visillo… Pero nada: toque de queda multimedia. Esto es un corralito; estamos encerrados en un corralito.

¡Ehhh, estás encerrado…!

¿Qué te parece…? ¿Para qué coño queremos tanta tecnología, tanta aplicación y tanta polla, si las apagan, o nos las quitan, cuándo y cómo les sale del capullo…? Somos muy manipulables, reconozcámoslo. Esto de la IA se está convirtiendo en una mierda, porque, por ejemplo sé, que ahora me está leyendo feisbuc.

¿Y qué hacemos ahora…? ¿Dónde o a quién recurrimos para informarnos…? ¿En quién podemos confiar…? Yo lo tengo claro, vosotros no sé: volviendo a los clásicos, a lo clásico. Ahora con lo de la tecnología e internet es todo mucho más fácil; la literatura y música clásicas, libres de derechos de autor, están al alcance de cualquiera… Ya no hay excusa para desenmascarar a lerdos, memos y necios; malintencionados que pretenden manejar a su antojo la Realidad, la Música o la Historia, amañándola a sus pretensiones.

Vamos a tener que volver al sms, al mensaje de pago a través de la empresa telefónica, y no al gratuito de la empresa traficante. ¡Qué asco, en qué asco se han convertido las RRSS…! Que me cobren, pero que no me toquen los huevos.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Liz Taylor y Richard Burton

Historias de Richard Burton.

Una de las parejas más legendarias de Hollywood: Elizabeth Taylor y Richard Burton. Marco Antonio y Cleopatra.

Esta carta fue escrita y enviada por Richard Burton, a Elizabeth Taylor, a los ocho meses de haberse casado con su última mujer y una semana antes de morir a los 59 años. En ese último año no volverían a verse. La carta la encontró Liz Taylor en su casa de California, al regresar del entierro de Richard Burton en Suiza.

“Quiero saber cómo estás, odio mío… Mi cara y mi cruz, sombra y luz, mi paloma y mi cuervo. Por aquí nada nuevo: el lago opaco, la tapia de lluvia, la ventana ciega por la que brilla el ágata del recuerdo de tus ojos violeta. Repta el domingo por la tarde, bebo.

Déjame decirte que estoy triste como un perro viejo y que mi soledad es una casa enorme, vacía e inútil, como ésta. Mi gata amarilla maúlla. Ojalá fuera a tu sombra, a tu silueta de diosa antigua. También la gata te añora y araña el molde de tu ausencia. Parece que le has dejado tus ojos puestos para que no pueda olvidarte… Si pudieras contestarme que aún, no es demasiado tarde para el marinero borracho que desea volver a su muelle… Aprieto el corazón contra la ventana y mi pulso, y el reloj de la lluvia, repiten tu nombre y el mío. Eres como la lluvia y la memoria, clara y oscura, el arma y la herida, falsa y hermosa, ardiente y fría.

Me da por pensar que te has quedado, que el tiempo no ha pasado y que ésta no es la carta de un borracho sino un poema desbaratado. Siempre vuelve a mí ese tiempo que habitamos como huéspedes del éxito, con nuestra cama a la deriva por los remolinos del Tíber, con las caricias de los celos y los mordiscos del deseo, las seducciones del engaño y el beso de la culpa… No hay vida sin ti, eres el hueso y la vena, turbia y clara, el muro y la hiedra, la hierba que besará mi lápida: la vida y la nada. Ya no volverá el instante de tiniebla donde galopabas sobre la ola de mi orgasmo. Conmigo en tí sueño.

Ya termino como te digo, por aquí no hay nada nuevo, el lago opaco, los ladridos del viento, es domingo por la tarde. No, ya es de noche, y bebo.

Sigue lloviendo sobre esta casa nueva, ruinosa, que parece que no tiene techo, solo el suelo de tu ausencia. Llueve sobre mí y sobre estas palabras borrosas que te nombran mil veces. En el fondo nunca nos hemos separado. Y supongo que nunca lo haremos…”

💕

Richard Burton… Historias de Richard Burton.

MÁQUINAS Y MASCOTAS

Historias de Paco Sanz

Busco pasearme por lugares socialmente distanciados para poderlo hacer sin mascarilla. La mayoría de la gente con la que me cruzo llevan perros, estamos tan lejos de la civilización que hasta pueden dejarlos sueltos, y según por dónde, acaban dejando lo que sueltan porque no hace falta ir a recogerlo.

Pienso en los animales que han estado a mi cargo, en las mascotas de mis hijos, en los animales del laboratorio cuando en ellos trabajaba, en las corridas de toros, en los rebaños de corderos en las tierras altas, en las condiciones de las granjas, en el pez que está ahora al lado de la pantalla… y en los que me he comido. En el agapornis de mi hija, en el loro de mi cuñado, en los perros de cuando vivía en el campo, en el porche en el que dejaba restos de comida y en el que llegué a contar hasta diecisiete gatos.

Pero vínculos serios sólo los he establecido con un perro, un mastín de cincuenta kilos que vigilaba a mi hija pequeña, con un gato atigrado que estaba encima de la mesa mientras escribía y que a veces dormía la siesta conmigo, y sobre todo con un caballo no muy grande, con el que durante tres años estuve “saliendo”. Humo, Ahora, y Hombrecito. Me “conocían…” El primero se murió delante mío atragantado con un hueso, al segundo lo mató un perro, y a Hombrecito no me lo pude llevar cuando me fui a vivir a la gran ciudad.

He sentido la moto, el barco de vela, la bici, como extensiones de mi cuerpo, pero lo del caballo es una forma de prolongarse, de fundirse con un ser vivo de otra especie muy particular. Supongo que lo de poner tu vida en sus manos debe ayudar a eso. Y lo de moverse, bailar a la vez, también.

La convivencia, las relaciones con los animales cuando uno ya no puede vivir en el campo, son necesariamente perversas. El recoger la cacas de los perros por la calle lo recuerda. El no ser vegano, o al menos el no ser animalista en la ciudad, es algo que hago a contracorazón. Los especistas me cargan, no son tan nefastos como los racistas, los machistas o los fascistas, claro, pero no dejan de ser también bastante despiadados.

La credibilidad de los animalistas aumentaría, si se aplicaran con más determinación por lograr que se protejan y promocionen los derechos humanos, más que en de defender los de las bestias. Que la necesidad de hilar más fino en lo del cuidado de las bestias, fuera una especie de consecuencia de hacerlo con el cuidado de las personas. No al revés, es decir, en la necesidad de cuidar a los seres humanos con el cuidado que les debemos a las bestias.

La cuestión no es: ¿Pueden razonar? Ni tampoco: ¿Pueden hablar? Sino: ¿Pueden sentir el sufrimiento? Y quien dice sufrimiento dice también placer o bienestar, a fin de que el común denominador de las buenas bestias no tenga un aire tan triste.

Ahora, que el transhumanismo me apunta, ya no me pregunto si las máquinas serán o no más inteligentes que nosotros, pero creo que no podrán sufrir. Y es que no serán tan bestias. Al menos mientras nosotros no podamos alimentarnos de kilovatios, y ellas no puedan ingerir kilocalorías alimenticias para seguir funcionando o multiplicándose, no me dan ninguna pena. Algo de miedo, lo que harán con nosotros, sí, claro.

Historias de Paco Sanz.

¿OIGA…? ¿FEISBUC…?

Estimado Señor Feisbuc, ya que no me coge Usted el teléfono le remito la presente, porque como sé que Usted casi todo lo lee, también sé, que me estará leyendo aunque no sé si entendiendo porque su inteligencia artificial es eso: artificial. Por ello, pongo en su conocimiento, que obran en mi poder pruebas de la certeza de su irrefutable estupidez al tratar con la valía de mis datos… Con lo bien que nos podríamos llevar es una pena, pero me veo obligado a decirle que me tiene Usted hasta el capullo amigo Feisbuc, ya que estoy harto de sus manejos tipo vieja del visillo... Y nótenseme las comas y los puntos suspensivos, para que se aclare Usted con eso de la sintaxis.

Haría Usted muy bien, en irse a la puta mierda con sus controles y sus espurias intenciones, con sus insidias, y con ese rollo de vigilar cual gran hermano a la gente de bien que con inocente intención, intenta, entender lo que pasa por ahí sin que le de Usted por el culo… O, como se diga eso.

¿Aló…? ¿Se me entiende…? ¿Oiga…?

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

REDES ASOCIALES

Al principio, allá en 2007, era algo realmente cojonudo, nuevo y divertido, tecnológico, enriquecedor. Y gratis… Cuando algo se expande como se expandió feisbuc a nivel mundial, es porque ése algo era realmente bueno. Esa red, tu red, se comportaba difundiéndose de forma puramente viral, es decir, tenías acceso directo y completo a todos tus contactos, y aparecía en tu línea de tiempo todo lo que publicaban. El lío, lo tenías tú para ir discriminando toda esa información que recibías, y claro, ellos decidieron hacerlo por tí… Ésa, fue la cuestión clave.

Recuerda siempre eso de que, si es gratis el precio eres tú: tus datos, tu vida. Vale. ¿Pero a que no creías que fuese tan caro…? Un precio altísimo éste de las redes sociales, porque mira la mierda en la que se han convertido, y mira la mierda en la que están convirtiendo al mundo: bandos, trincheras, ideologías, mercados.

…aaanda y que les den.

Las redes sociales permitían el acceso a una forma totalmente nueva de relacionarte con el prójimo. Algo revolucionario, un salto adelante brutal en tu capacidad de comunicar. Unas herramientas, en apariencia gratuitas, que te proporcionaban una potencia extraordinaria para expresarte en sociedad, en público. Las personas con algo meritorio, talentoso o interesante que contar, tenían más éxito, más seguidores… Así de sencillo.

Llevo tiempo mascullando la idea, de que las redes sociales se convierten en redes asociales, justo, en el momento justo, en que se monetizan descarada y salvajemente y se proveen de esos algoritmos tan listos, que sibilinamente nos van convirtiendo en mercancía, clasificándonos para vendernos luego por ahí… Y tengo también la teoría de que si nos dejasen a los usuarios tranquilos, si no hurgaran como lo hacen esquilmando nuestra intimidad y tergiversando nuestras preferencias, las redes se autoregularían por el simple principio de la prevalencia, de la preferencia de los contenidos de calidad frente a los contenidos basura… La gente no es tonta.

Porque la tontería frente a el talento no tiene nada que hacer; porque la verdad es mucho más potente que la ideología; porque la bondad es a la larga más rentable que la maldad, y la lealtad más que la perfidia.

Justo al darse cuenta de la potencia del juguete que nos habían proporcionado, en ese momento, comprendieron que podían empezar a enredar y a joder traficando con nuestros datos; y claro, ahí la cagaron, nos cagaron, la cagamos… Y la hemos cagado, porque nos han tangado, cambiándonos aquel juguete original tan potente y placentero, por otro impotente y castrado, aburrido e inútil; y encima, seguimos pagando sin rechistar aquel mismo precio tan caro de nuestra intimidad… Mal negocio.

Que no nos engañen.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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EL FRÍO…

Historias de Paco Sanz

He pasado más miedo con el frío que con el calor. Cuando vivaqueaba, recuerdo haberme despertado porque un lado de la cara se me había quedado helada. También que cuando llega la fiebre, lo primero que sientes es frío. Del frío mejor guardarse. Uno de los consejos más viejos de la medicina dice que: “Conviene tomar baños calientes, dormir sobre algo blando, embriagarse una o dos veces, de cuando en cuando, y entregarse al coito cuando se presente la ocasión”. Decía Ramón, y tengo que darle la razón, que “cuando sentimos un pie frío y otro caliente, sospechamos que uno de los dos no es nuestro”.

Todavía ahora combatimos el frío intentado que, de vez en cuando, el calor nos llegue a los huesos. Recuerdo a Margarita, una vieja a la que su hijo había acabado convenciendo de que se fuera a vivir con él en un apartamento, con calefacción central y todo. A veces, cuando el invierno apretaba, se venía nuestra casa y nos pedía permiso para quedarse un rato junto al hogar. Después de estar un buen rato cerca del fuego se volvía a su casa. Nos decía que en su casa se estaba bien, pero que si se quedaba fría, por mucho que se acercara al radiador el frío no se le iba.

A veces pienso en ella cuando, al volver de uno de esos paseos idiotas a los que por mucho frío que haga en la calle a veces no puedo evitar entregarme, intento abrazar a mi señora. Me dice que por qué no intento antes estar un buen rato junto a un radiador. Para los viejos el calor corporal puede llegar a ser un tesoro.

Mira que lo sabía, pero cuando le di un beso en la frente a mi madre, poco después de que hubiera muerto, me quedé sorprendido de lo fría que estaba. Lo que está cerca del nacimiento es húmedo y caliente, y crece mucho, como lo que todavía está en la infancia. El individuo joven procede de una mezcla de elementos calientes y secos. El hombre, cuando ya no se desarrolla más es seco y frío, porque el calor que afluye ya no domina. Los viejos son fríos y mojados, porque el fuego se retira y el agua afluye.

En una habitación fría, cuando llega la noche, nos acercamos mejor unos a otros. Pues no sólo del invierno habla el frío, también de la noche. Cada uno, cuando llega el invierno, cuando llega la noche, se calienta con lo que puede. Unos con una compañera más joven que uno, otros con la libertad. Y es que “Como en la oscuridad de la noche invernal/ nuestros ojos buscan el alba/ como en los brazos del frío amargo/ el corazón ansía el sol/ así de ciega y atada/ nos reclama el alma entre sollozos/ sé nuestra luz, nuestro fuego, nuestro aliento/ ¡Libertad!”

Además, por la pandemia y el frío que está haciendo, mejor quedarse en casa. Esperando que si lo hacemos así, sean con nosotros más clementes los dioses. Como si fuéramos esquimales. Para los esquimales hay dos religiones: la de verano y la de invierno. Sus dioses no eran iguales. Los de invierno tenían que protegerlos dentro de los iglúes, y los de verano ayudarles en sus actividades de caza y pesca.

No hay que permitir que el frío, que la noche, que el invierno, se nos metan dentro. Decía Rimbaud “Temer mucho al invierno, porque es la estación del confort”. Cuando el entorno es demasiado confortable, ni la libertad, ni la proximidad de la compañía, son tan necesarias, tan preciosas como debieran ser.

Historias de Paco Sanz

TORTILLAS EN CALDO

a Jesús De La Llave.

El otro día hice por vez primera, y no sé porqué, este guiso que hoy llamaríamos vegano; y colgué de él una foto en el güasap. Recuerdo de niño cuánto detestaba esa comida; era una de aquéllas que yo calificaba sin duda como comida de viejas. También recuerdo cuando años después, harto de comida de rancho, volvía de la mili a mi casa y le decía a mi madre aquello de: “mamá, por favor, hazme aunque sea unas tortillicas en caldo…”

Pues resulta que un amigo entrañable de aquella misma mili, me ha pedido que le pase esta humilde receta, y que se la pase por güasap. Voy a ver si lo consigo. ¡Qué cosas…!

Es ésta, una de esas raras y valiosísimas recetas en peligro de extinción, de lo que yo llamo la cocina del hambre de mi tierra... De aquellos tiempos en los que había que cocinar con casi nada, o casi con cualquier cosa. Tenías que tener sobre todo hambre, algo de aceite, una patata para espesar el guiso, una cebolla y un tomate. Y luego, igual daba si tenías un puñado de judías o de guisantes, un par de champiñones o de alcachofas, zanahorias o pimientos; casi cualquier verdura que tuvieras a mano valía… Y para las tortillas solo había que tener pan duro y un huevo, un diente de ajo, sal, y si tenías, perejil.

Y espera, que se me olvidaba el consabido aunque imprescindible ingrediente del cariño. Porque mucho cariño había que ponerle a los trajines de ese guiso, si querías sacar algo sabroso de ingredientes tan parcos.

Como otras muchas en cocina, esta receta hay que empezarla pochando mucho y con criterio una cebolla picada fina; luego hay que añadir el tomate rallado, y a fuego muy lento, reducirlo todo casi a seco. Es lo único que se sofríe… El resto de las verduras, solo hay que cortarlas de forma que queden trozos lo suficientemente grandes, para que quepan en boca y así, poder apreciar los detalles de cada una de ellas adecuadamente. Luego, las añadimos al sofrito y las rehogamos apenas, sin maltratarlas, con cuidado de no romperlas… Un poco de vino blanco, otro poco de agua, y lo dejamos todo a fuego muy muy lento, cociéndose.

Y ahora viene cuando la peinan…

Es el momento de hacer las tortillas, que no son otra cosa que simples albóndigas, hechas solo con miga de pan duro ablandada con un poco de caldo de las verduras y un huevo crudo, y sazonadas solo con sal, y ajo y perejil muy picado. Hay que amasarlo todo con mucho cuidado, muy suavemente, sin aplastar, de forma que nos quede una masa amable y esponjosa, con la que hacer a mano las tortillas. Después solo hay que freírlas para que cuajen y no pierdan la forma. Y una vez fritas, hay que añadirlas con mimo al guiso de las verduras con el fin, de que cual esponjas se empapen de los sabores cocinándose poco a poco.

El punto justo del guiso, es, cuando tienes el caldo espesado por la fécula que suelta la patata al cocerla, y a la vez, puedes apreciar en boca el sabor y la textura de las verduras sin que se te hayan pasado por un exceso de cocción. Ése, es el momento en el que se añaden especias o hierbas aromáticas al gusto, y listo.

A estas alturas ya os habréis dado cuenta, que no he hablado ni de tiempos ni de cantidades: mi madre siempre dice que eso de medir es cosa de reposteros… Que en cocina lo que sirve es el instinto; que la misma comida te dice todo lo que necesita; y que la receta siempre depende de lo que tengas y de cómo hayas tenido, ése día para cocinar.

La cocina depende del tiempo que tengas, de los ingredientes que hayan, de la mucha o poca hambre de los comensales; de los fogones con que tienes que guisar; de si hace frío o calor, o de si estamos o no de humor ese día; de es fiesta o no.

Y ya está.

¡A la orden mi sargento…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

CARTAS DESDE UN BAR

Historias de Paco Sanz

Hace años que escribo cartas. Lo hacía antes de que llegaran los ordenadores y aun conservo cartas que escribieron mis padres y abuelos. Los charlatanes escribiendo somos menos aburridos; con no leer la carta no hay siquiera que contestarla. Hace tiempo mis hijos me pidieron que si quería, si tenía que escribir, que me limitara a hacerlo sobre cosas que me pasan, que sobre las cosas que pasan bastante se escribe ya, y que por supuesto que de lo que me pasa por la cabeza no hacía falta que dijera nada. Un sacrificio desde luego, porque no me pasa nada, y por la cabeza no paran de pasarme cosas.

En fin: “Antes me querías/ ahora no me quieres./ ¡Qué cosas más raras pasan en el mundo/ sin que uno se entere!” Me consuelo pensando que más que buenas cartas por escribir, tengo por delante buenos libros por leer. Una buena carta habla de quién la escribe, un buen libro del lector. El papel de los humanismos ha sido el de “domesticar” a los seres humanos mediante la lectura, haciendo que dominen sus instintos “bestiales”, pero creando unos privilegiados, que se escriben unos a otros extensas cartas bajo la forma de libros.

Cuando al escribir a mis hijos me enrollo como una persiana, recuerdo a veces las disculpas que pedía Unamuno a un amigo al que había enviado una extensa carta: “Si me he extendido tanto al escribirte, ha sido porque no he tenido tiempo”. Para escribir bien, supongo. Labore di porre, trabajo de pintor, que va añadiendo cosas. Labore di levare, escultor, que va quitando cosas. Leonardo sea con nosotros.

Antes para escribir cartas uno tenía que hacer buena letra, pensar en expresarse con claridad venía en segundo lugar. Hacerlo, era una especie de cortesía al cuadrado, al menos si uno cree que la cortesía del filósofo es expresarse con claridad, como Ortega dejó escrito no sé donde.

En Montecasino, Alberico escribió en el siglo XI el Breviario de Dictamine, en el que establece las cinco partes constitutivas de una carta, (salutatio, captatio benevolentiae, narratio, petitio y conclusio). La facilidad de escribir cartas tiene que haber traído al mundo -considerado desde un punto de vista exclusivamente teórico- una terrible perturbación de las almas.

¡A quién se le ocurrió que la gente pueda mantener relaciones por correspondencia! Uno puede pensar en una persona ausente, y puede tocar a una presente, todo lo demás supera las fuerzas humanas. Los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas en el camino, y esa abundante alimentación hace que los fantasmas se multipliquen en forma desmesurada.

San Francisco pensaba que eso de escribir cartas sin saber quien lo leería no estaba bien. Sólo escribía a sus amigos. Nietzsche, que aquel que conoce al lector ya nada hace por el lector. Deleuze, que escribir era cartografiar. Algunos escriben bien porque piensan que Dios les ve. Cuando escribo a mis hijos, pienso que sería peor si tuvieran que aguantarme.

Aquí estoy, como en un bar, enrollándome con desconocidos. Gertrude Stein sostenía que uno escribe para si mismo y para los desconocidos, una magnífica reflexión que yo extendería a un apotegma paralelo: uno lee para si mismo y para los desconocidos.

Historias de Paco Sanz

AMIGOS DEL COLEGIO…

Quiero al Rovira algo así como a un hermano, porque nuestros apellidos casi consecutivos por orden alfabético, hicieron que casi siempre estuviéramos sentados en el mismo pupitre, durante años y años. Él era zurdo, y siempre jugábamos a eso de darnos porsaco sentándonos él a la derecha y yo a la izquierda: nos divertíamos estorbándonos al escribir.

Como los seres humanos nos formamos como tales -o nos forman- de niños, la infancia, es indudable que marca el resto de nuestras vidas de forma indeleble. Por ello, no sé si me pasa a mí solo, eso de tenerles tanto y tan especial cariño a mis viejos amigos, a aquéllos compañeros y colegas de infancia, de colegio, de juventud… Tengo la teoría de que, querámoslo o no, las personas de las que sabemos ciertos secretos están más cerca de nosotros; que nos unen con ellas, saberes íntimos de índole tan personal, que es un tesoro el saberlos.

Y yo, os advierto que tengo el tesoro de saber algunos secretos vuestros; nuestros… Recuerda, cómo eran de frías nuestras antiguas escuelas; de qué, era aquel bocadillo preferido que te ponía tu madre para almorzar; de si jugabas bien al fútbol o eras un fardo como yo, y de quién se duchaba luego en los vestuarios y quién no; de los que ligaban más, de quiénes no tanto, y de los que no ligábamos nunca… Yo me acuerdo, del gesto del llanto en tu cara cuando te lisiaste la rodilla en aquel golpe en bicicleta; de si tenías mal perder pero eras un buen chico, o de si eras un malqueda pero porque te daban miedo las chicas.

Sé de ti y tú de mi, secretos de compañero tan entrañables, que también sé que nos unirán un poco para siempre… Sé, si eras de los listos, de los revoltosos o de los empollones; si te comías los mocos, las uñas, las dos cosas, o ninguna; sé si eras valiente, solo tímido, o llorón. Todavía me acuerdo de la música que te gustaba, de muchos de los conciertos a los que fuimos; y de si eras viciosillo, solo bailaorico, o las dos cosas… Y sé si eras un genio, que también los hay entre nosotros, mira Daniel García.

Os quiero. Mucho.

💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL PÉNDULO Y EL SOFÁ

El péndulo del reloj de pared, como siempre, parecía que nos señalaba cada vez a uno: tic, tac, tic, tac… Sentados ella y yo, estábamos justo en el mismo sitio donde siempre se sentaban el uno junto al otro, bajo el abrigo del tapete y del brasero de aquella mesa camilla. Mi padre a la izquierda de mi madre; una en la mecedora, el otro en el sofá… Y el mismo reloj marcando siempre el mismo tiempo sobre ambos; y el péndulo señalándolos cada vez a uno; y durante tantas y tantas horas juntos: tic, tac, tic, tac.

“…Me he sentado en su sitio, para que no se me fuera la mirada cada dos por tres…”

Me lo dijo cerrando el libro que llevaba en danza. En el mismo instante no la entendí. Pero cuando empezó a llorar me di cuenta, terminé de entenderla, y lloré yo… Claro, ahora que no estaba él, a la pobre no hacía más que írsele la mirada hacia la izquierda buscándolo… Y por eso se había sentado en su sitio, pobrecilla, para que no se le fueran los ojos cada dos por tres mirando su vano en el sofá. Es muy difícil carecer de repente, que te arrebaten, algo que ha sido siempre tuyo. Como hace la muerte.

Estar casi sesenta años junto a la misma persona. Ufff… Una sensación confortable de cotidianeidad, sí, pero seguro también que de labor hermosa e importante, de seguridad irrompible y de vínculo interior tan sólido, que debe de ser muy difícil de digerir, el dejar de experimentar todos esos sentimientos de un día para otro… Como siempre hace la muerte.

“…Ahora, como no puedo mirar a su sitio porque estoy yo sentada, ya no me da por girarme a mirarlo…”

Cómo se llena un hueco así debe de ser una labor insondable de reconstrucción íntima, de auténtica lucidez personal, y para la que se debe invertir seguramente una enorme voluntad de superación, y una más enorme aún capacidad de evolución.

Pequeños detalles, pequeños resultados, grandes ejemplos… Y mucho amor.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL LAGO DE SANABRIA

El Tajo y el Gordo, Plátano y Dibidibi, el Tahullas y el Bascu, Salticos y el Cabesón… Y muchos otros que no quiero nombrar porque me olvidaría de otros muchos, ya que muchos son también los años que hace de aquéllo. Unos pipiolos; yo incluso era todavía menor de edad. Fue un viaje legendario. Fue, creo que mi primer verdadero viaje. Unos tiempos en los que no teníamos nada parecido a lo del Erasmus, y lo más lejos que habíamos salido de nuestras casas era, francamente poco… Fuimos de acampada ni más ni menos que al lago de Sanabria; tan lejos como en autobús de Alicante a Zamora; y con mis amigos de siempre y del instituto.

“No te digo ná, y te lo digo tó…”

Lo primero que me viene al recuerdo según escribo, es, la Luna reflejada en la superficie del hermoso espejo negro de aquel lago; serían ya las tantas de la noche… Con el empuje de las cervezas que ya llevábamos en el cuerpo, y la excitación acumulada en nuestra primera jornada de viaje, nos propusimos no dormir esa noche en las tiendas sino a la intemperie; con un par… Tras unas cuantas vueltas exploratorias a los alrededores del lago, encontramos algo así como un promontorio, una maravillosa plataforma rocosa plana, justo, al borde mismo de aquellas aguas tan oscuras, quietas totalmente de tan plácidas… Precioso.

Hacía una temperatura estupenda, y elegimos quedarnos a pasar la noche allí mismo, en nuestros sacos, fumando, charlando y bebiendo cerveza. Y tan estupenda era la temperatura que claro, por la noche, durmiendo nos fuimos destapando… Lo bueno fue de madrugada, cuando nos despertamos acribillados por el escozor de los picotazos en nuestros culos destapados.

Unos picotazos no ya de mosquitos sino pareciera que de tábanos, que muy hermosos ellos se criaban la mar de bien entre tanta humedad, tanta mierda de vaca, y tan estupenda temperatura… La madre que los parió. ¡Qué risa…!

La segunda de las cosas que me vienen a la mente, es, cuando para fumar porros y que no nos vieran los profesores, acordamos el meternos siempre en la tienda del Gordo y del Plátano. La alegría de la fiesta del campamento era aquella tienda. El completo desastre al entrar en ella, lo tenías claro cuando veías que para que le diera el aire a la provisión que tenían de morcillas, salchichas y chorizos, los tenían oreándose sí, pero simplemente así como que echados fuera de la tienda, justo encima de los calcetines sucios, de las camisetas sudadas y de los calzoncillos usados, que se iban amontonando… Luego, en la barbacoa, igual daba.

¡Qué cosas…!

El día que tuvimos libre, que nos dieron la suelta, no se nos ocurrió otra cosa que alquilar un taxi: un Dodge Dart antediluviano, enorme, de color beige, y con un muy buen conductor. Luego, una vez montados en él, que si vamos a Orense que si vamos a Zamora, que dónde coño vamos. “Vamos a Portugal que está más cerca” sugirió el conductor. ¡No hay huevos…! Nos miramos unos a otros; y si un recuerdo tengo clavado fue esa escapada hasta Braganza.

No te rías… Fue más que una aventura.

En aquella época no formábamos parte siquiera del Mercado Común; y esta Unión Europea que hoy disfrutamos era algo impensable. Pasaportes no teníamos, carnets de identidad sí, menos mal. El problema era que yo, un menor de edad sin tutela, no podría cruzar frontera alguna… El lío empezó cuando llegamos a una de aquellas barreras con caseta y guarda, en la que tenías que enseñar hasta lo que habías comido ese día para que te dejaran pasar la frontera. Tras terciar con el guarda el conductor a nuestro favor, él mismo, Dibidibi, el Gordo y el Plátano -los cuatro- tuvieron que firmar un documento en el que se responsabilizaban de mí y de cómo me comportara; como si fueran algo así como mis padrinos.

Tras unos treinta kilómetros más por aquellas carreteras tremebundas, llegamos a Braganza. “Llévenos al centro…” Nos chocó, el que unos rebaños de cabras cruzaran una capital de provincia, justo frente a la oficina de correos y la del ayuntamiento; como si vieses borregas pasando frente al Corte Inglés de Alicante… Recuerdo, cómo íbamos acabando las existencias de cerveza Sagres fría, conforme íbamos sentándonos en las terrazas de aquellos baretos del centro.

“No te digo ná, y te lo digo tó…”

Cómo volvimos es otra historia… Todo, fue mérito del conductor del taxi.

Menudo viaje.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

¿Me habré vuelto virtual?

Historias de Paco Sanz

¡Anda que si les quiero porque no están conmigo! ¿Me habré vuelto virtual? A menudo para que descubramos que estamos enamorados, incluso quizá para que nos enamoremos, es necesaria la separación. El amor entendido como carencia. Amamos con especial intensidad al perseguir algo inaccesible, lo que no poseemos; amamos de un modo particular cuando lo hacemos sólo en potencia, al darnos cuenta de que “no está conmigo…” Moriremos solos. Es preciso, pues, hacer como si estuviéramos solos. Reposar en la soledad de su compañía; y así, su ausencia duele, y es más difícil descansar.

La gente deprimida tiende a actuar con más calma bajo la presencia de la amenaza o la catástrofe, es como si ya supieran que cosas así iban a suceder. La estrategia del melancólico: la única manera que tiene de relacionarse con las cosas que no ha tenido nunca, que nunca tendrá, es tratar a las cosas que aún tiene como si ya las hubiera perdido. “Si no sabes si la quieres piérdela…” La necesidad como carencia, o la necesidad como proyecto. “La miseria consiste no en la carencia de las cosas sino en la necesidad de las mismas”.

El manipulador saca partido de este hecho: en efecto, no es la gran variedad de cosas lo que deslumbra. Es posible desasosegar mucho más al ser humano y meterle más miedo, si se le da a entender lo que puede desperdiciar o perder si no colabora haciendo ésto o aquéllo. La potenciación de las necesidades fuertes, está en la base de las maniobras de manipulación de las necesidades. Los individuos que han desaprendido a reconocer sus propias necesidades y a reclamar sus propios derechos, se convierten en presas de la megamáquina que define, en lugar de ellos, sus carencias y sus reivindicaciones. “No tengo ganas de saber lo que me falta, sino de conseguir lo que quiero…” La voluntad de poder no hay que entenderla como querer el poder, sino como el poder querer.

La voluntad creadora y donadora, “la virtud que hace regalos”, que se encuentra en el propio hecho de desear su objetivo: lo que quiero, lo necesitaré siempre. Se concentra en la necesidad, como proyecto de satisfacción, no como final de una carencia.

Mucho me temo que lo que queda en mí de amor a Dios, al Azar que me constituye, a la totalidad que me engloba, provenga de aquellos malos religiosos en mi educación. Dios es amor, o Theós agape estin.

Historias de Paco Sanz

JODER CON LA LOTERÍA

¡Me cago en la…!

Dice mi Señora, que no nos ha tocado el segundo premio del gordo de la lotería de Navidad, solo por un número. ¡Bah…! Las combinaciones posibles de diez números, tomados de cinco en cinco, son un verdadero universo aleatorio inextricable. Por ello, el que hayas acertado todos los números del gordo menos uno, no es tan raro ya que hay infinidad de formas. El que hubiera tocado el 06095 como segundo premio gordo de la lotería de Navidad, y el que tú llevaras el 90063, no tendría importancia ninguna y hubieras acertado todos los números, menos uno…

Otra cosa es, que el segundo premio gordo de la lotería de Navidad, haya sido el 06095, y tú lleves veinte años jugando al 06093. Coincidireis conmigo en que cambia la probabilidad ésa, o cambia la jodida estadística, la combinatoria, o no sé qué coño cambia, pero algo cambia… Un número, solo uno; el antepenúltimo ordinal; si en vez de un 5 un 3. Es, como si soñando, estuvieras tocando el timbre del cielo y a punto de entrar en él pero te despiertas. Y como siempre, te descubres teniendo que bregar un día más, aunque como con aquel timbre celestial metido en la cabeza.

¡Me cago en la…!

Estoy muy enfadado con mi Diosa de la Suerte, mucho. Bueno, el décimo era de Manuela, y el caso es que estamos ambos muy enfadados con nuestra Diosa de la Suerte. Y cuanto más lo pienso peor. Ésas veces en la vida en las que te quedas justito a las puertas del cielo; veces en las que no llegas a tiempo; veces, en las que sabes que el tren ya ha pasado y no volverá a pasar.

Peeero, la lotería es lo que tiene. Y una de las cosas más graciosas, que me reconcilian con la suerte y con el mundo, y que hacen que todavía la quiera más, es el hecho de que asegura mi Señora que va a seguir jugando al mismo número: el 06093.

¡Qué cosas…!

¡Me cago en la…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

…….

LOS CUÑAOS

Los cuñaos están muy infravalorados. Mira el mío: le das un par de destornilladores y a mi hermana y te monta una casa; es muy mañoso. Quiero mucho a mi cuñao Carlos, casi tanto como a un hermano pero como sin el casi. No tengo hermanos; no tengo esa suerte. Sabe de mí prácticamente lo mismo que sabe mi hermana, y pese a ello, creo que algo sí me aprecia todavía… Sólo tengo cosas fantásticas que contar de todos los que fueron y son mis cuñaos: Lorenzos, José Albertos, José Antonios, Andreses, Antonios, José Marías, Lennes, Joaquines… y Carlos.

Muchas veces, son incluso mejor que uno mismo y por éso justo, precisamente por éso, no sé si me tengo del todo por un buen cuñao; no sé si estoy del todo a la altura de mis cuñaos. El mío por antonomasia siempre ha sido Carlos, pero porque lo ha sido desde siempre. Y me explico: tanto es así, que a su madre, cuando lo parió, la matrona al entregárselo para que se abrazasen por vez primera le diría algo así: “tome Señora, ha tenido Usted al cuñao de Antonio…”

Si es que lo tengo que querer… Mi cuñao está tan junto a mi hermana, y lo está desde que eran tan jóvenes, que desde siempre han dado envidia de ésa de la buena. Y la pregunta siempre ha sido la misma: ¿Cómo puede ser éso, de estar siempre con la misma persona y que después de tantos años, te siga gustando, la sigas amando, y encima que se te note, así…?

Sólo tienes que ver con qué brillo se miran cuando discuten. Ahora que lleva gafas para la presbicia a mi cuñao se le nota un poco más: cómo se baja esas gafas, muy lentamente, hasta la punta de su nariz, y mirándola por encima y con pachorra, cómo le dice eso de: Emilia ¡coooño…!

Precioso, no me lo negaréis. El amor, y la intimidad que aporta la frecuencia y la cercanía en una pareja, se pueden expresar de tan distintas formas. ¡Qué bonito…!

Y ahora, gracias al vivir con mi Señora, resulta que a más de cien kilómetros de casa, encuentro por casualidad a unos que ahora también son mis cuñaos; y me lo paso tan bien con ellos, son tan queridos y tan familia, que mira tú por dónde qué suerte he tenido… La de juergas y aventuras cómplices que se corre uno por ahí con sus cuñaos.

¡Ay, si yo contara…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EUTANASIA

Historias de Paco Sanz

Ahora que se está muriendo tanta gente prematuramente se aprueba una ley que modifica lo de la eutanasia. Es posible que el rigor asistencial que dedicamos al agonizante no sea a partir de ahora el mismo. “Santa Ana, dame una corta agonía, y de poca cama”. Así se reza a la patrona de las agonías. El médico podrá objetar ahora a otro nivel. Además ni los gastos en paliativos, ni la presión legal sobre el que acorta la agonía, serán las que eran.

Parece que toca añadir un capítulo de infierno y degradación, a una biografía como la nuestra, testimonio de la era científica en la que nos ha tocado vivir. La Iglesia de la Eutanasia, que forma parte de los movimientos de extinción voluntaria, tiene cuatro pilares: el suicidio, el aborto, el envenenar el medio ambiente y el llevar mala vida.

El suicidio vital crónico y la eutanasia social están emparentadas. Las formas autodestructivas de llevar tan mala vida y la sociedad asesina, tienen antepasados comunes. El contentarse con poco, y la manera que tiene la sociedad de acabar con las personas a base de condenarlas al aislamiento social y a la pérdida de dignidad, parten de una ausencia general de sentido para la vida y la consciencia.

Hay dos tipos de eutanasia, la activa, prima hermana del suicidio asistido, y la pasiva. El “encarnizamiento terapéutico” divide la eutanasia pasiva en dos clases: La omisión de medios médicamente proporcionados y necesarios, o la impericia en usarlos, y la prolongación “artificial” de la vida recurriendo a medios médicos “desproporcionados.”

No es lo mismo preguntar sobre la ética de una interrupción de un tratamiento que pudiera parecer ensañamiento (distanasia), pero que según cómo pudiera entenderse como eutanasia, que sobre las consecuencias jurídicas de una acción o de otra. La primera busca luz sobre la esfera autónoma y sobre la heterónoma la segunda, si nos ponemos en plan kantiano.

Como me he pasado media vida profesional al otro lado de la mascarilla, recuerdo lo importante de repasar los términos para la posible objeción. Con el respeto al rechazo del enfermo, se acepta que la muerte le llegue. Con la detención de la actuación fútil, permitimos que la muerte llegue. Con la analgesia y la sedación, aliviamos la muerte que viene. Pero con la eutanasia, provocamos la muerte.

La objeción de conciencia sólo puede practicarse en el último caso. Ni podemos hacer nada cuando creemos que se equivoca, ni estamos obligados a hacer algo que creemos que no sirve para nada, ni a suspender medidas contra la ansiedad o el dolor. Podemos decir que no nos prestamos a hacer nada que le mate. Es decir, podemos no ponerle una vía, o una sonda nasogástrica, o una mascarilla de oxígeno, si no nos dejan, si no van a hacer más que prolongar un proceso irreversible a corto plazo… Pero quitárselas es otra cosa. De la ley aprobada por fin ayer se puede entender, que ésta no te perseguirá si lo haces.

¿Dónde quieres morir? La cuestión es un poco vana en una época en la que, de manera general, uno no muere ya en su casa, en la que la muerte se ha vuelto virtual y los muertos son retirados de la vista de los vivos, tomados “a cargo” por los expertos en tanatopraxia, en la que uno expira con su último aliento en un espacio de paso, en una entelequia llamada hospital. Sin embargo la cuestión debe plantearse. ¿Cuál quieres que sea tu última dirección? ¿Cuál es tu lugar para morir? Tu habitación.

Más que morir, Dios ha sido ejecutado lentamente, su lugar está ocupado por las ideologías. El amor fue ejecutado por los psicólogos, su puesto ha sido ocupado por el sexo y las relaciones significativas. Una nueva ciencia, la tanatología o muerte con dignidad, está en vías de dar muerte a la muerte.

Acomodarse al terror a la muerte, a la larga y ardua educación de Sócrates, aprender a morir, ya no será necesario.

Historias de Paco Sanz

MI HISTORIA CON PACO SANZ

Sabes que has encontrado algo gordo, importante, solo echando un primer vistazo a sus párrafos. Nunca has visto nada igual: tan radical y tan directo, tan corto ni tan bien escrito. Ni tan filosófico… Cada uno de sus relatos, textos o disertaciones -no sé cómo llamarlos- son un viaje por la Historia o por la medicina; un recorrido poético; una búsqueda de ciencia envuelta en filosofía; nada más, y nada menos.

Recuerdo que fue gracias a uno de mis berrinches en feisbuc al ser censurado descaradamente, cuando le encontré… Os explico. Buscaba otra red social que no me hiciera trampas y encontré una llamada MeWe. Esta aplicación hace gala de que no interfiere para nada en la viralidad de tus publicaciones. Tanto tienes, tanto vales. Cuanto mejor y más contenido creas y publicas, y cuantos más contactos tengas y respondan, más éxito tiene lo que publicas. Así de simple debería ser… Y lo típico: que si hazte un perfil y pon tu foto, que si ponte a buscar gente por ahí con la que conectar porque para eso es una red social… eeen fin, más o menos como el rollo del feisbuc.

Es solo fruto de una curiosidad, de una coincidencia temporal, pero creo que empecé a leerle diría que precisamente la primera noche que comenzó nuestro confinamiento; allá en aquel infame marzo. No tenía ni idea de quién era, ni siquiera de si era o no alguien; de si no fuera a ser acaso un bot de inteligencia artificial, de ésos que juegan a dar por culo por ahí confundiéndonos… Pero por la hondura y por los detalles de cómo escribe deduje que no, que era un humano. Creo que es un catalán oriundo de Sort, aunque se ve que ya no vive allí.

Leerle todos los días, diría que es como lo que se siente cuando llegas agotado, sucio, tarde a tu casa, y lo primero que haces es ducharte con un buen jabón y abundante agua caliente… Empiezo a leerle, y experimento una especie de alivio, de placer beatífico, en esa forma digamos que de limpiarme al restregarme con sus palabras. El aseo personal es algo muy importante dado cómo está el mundo, y lo de que lavarse es algo imprescindible y muy placentero no me lo negaréis.

Pues el mero hecho de leerle, es, como que eliminara la roña que se me pega al cuerpo; como que me limpiara a fondo agujeros y recovecos. Leerle es aclarar con dialéctica y retórica, ciertos espacios nuestros, espirituales o no sé si intelectuales, que lo cotidiano nos anega con la mierda de la prisa.

Leyéndole sé, que seguramente es un octogenario, de ésos que lejos de creerse relegados saben que están de sobra en plenas facultades… Se ríe del mundo, y piensa y escribe de él de una manera, que se nota que lleva muchísimo tiempo pensando y riéndose… Uno de tantos superdotados anónimos que seguro hay por ahí, rodeándonos, pero que entre tanto ruido mediático nos pasan desapercibidos. Sin darnos ni cuenta.

Tiene Paco Sanz un perfil en MeWe, en el que no se puede interactuar en modo alguno con él salvo comentando sus publicaciones. Otra cosa es que te conteste, ya que hace gala de su cierta mala educación a ese respecto: se ve que no le gusta meterse en berenjenales… La única vez que me ha contestado fue cuando le pedí permiso para compartir en mi blog algunos de sus artículos. Su respuesta fue lacónica, afirmativa pero como a la defensiva; como cuando crees que estás hablándole a una máquina o a algo que te pueda hacer trampas… Es chocante, pero le pasó igual que a mí: que desconfió.

Un genio de las historias en un folio.

Un Maestro.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

EL ALCOHOL

Historias de Paco Sanz

Millones de años atrás, termitas y hormigas empezaron a la vez a colocarse con productos fermentados por levaduras y a socializarse y pastorear. También muy atrás en la historia de los primates, la alcohol deshidrogenasa cambió, e hizo posible que el alcohol no matara a los que se bebían la miel que había fermentado. Los hombres saltamos de cazadores-recolectores a agricultores-ganaderos, casi al mismo tiempo que empezamos a gustar más de la miel fementada que de la miel sin más. El aguamiel, es seguramente la primera bebida alcohólica.

Tiene más calorías que la miel, y se puede metabolizar hasta llegar al ATP. El alcohol se convierte en acetaldehido por la acción de la alcohol deshidrogenasa. El acetaldehido deviene en acetato. En las personas sensibles al alcohol, la velocidad de catálisis del acetaldehido sólo funciona con concentraciones muy altas del mismo, por lo que la ingesta de alcohol les afecta más. Además también hay diferencias de la alcohol deshidrogenasa inherentes al sexo. Con el alcohol, cuanto mayor la concentración más rápida la absorción. Y cuanta más grasa, más se retarda su eliminación.

Me he hartado de decirles a pacientes y amigos que el alcohol es malo a cualquier dosis. Que eso de que un poco de vino en las comidas es bueno para la salud es un cuento, chino iba a decir. Pues como lo del virus, no sé si es chino o no, pero menudo cuento. Lo de que la gente joven prefiera beber para socializar, me lleva a pensar en los monos rebuscando miel fermentada en los huecos de los árboles. “En la embriaguez del éxtasis nos encaramamos en el carruaje de los vientos” según dice el Rig-Veda.

No puedo predicar con el ejemplo, claro. Pero por eso no puedo hablar tan mal de lo de alterar la conciencia metiéndonos venenos en el cuerpo. Cuando empezaban a a hacer soplar a los conductores, mis hijos me regalaron un alcoholímetro. Cuando la reunión de amigos en la bodega se había acabado, medíamos el alcohol en sangre de los que parecía que podían conducir para llegar al pueblo de al lado, y el que tenía menos, conducía. La broma de que había que estar francamente bebido para dejar conducir a según quién, normalmente a alguna señora con más sentido común que los demás no solía hacerle ninguna gracia.

El imperio que el alcohol ejerce sobre la humanidad, se debe a que puede estimular facultades generalmente trituradas por los fríos hechos y las críticas descarnadas. La sobriedad reduce, discrimina y dice no; la embriaguez expande, une y dice sí. Del mismo modo que el café estimula la racionalidad y el individualismo, el alcohol estimula las virtudes proletarias de colectividad y solidaridad.

El alcoholismo tampoco tiene maldita la gracia, como no la tiene el nacionalismo. El nacionalismo se nutre de esos seres cultos, sensibles pero elaboradamente tontos, que tienen presbicia intelectual y no ven jamás lo obvio, sólo lo remoto y traído por los pelos. Carecen de sentido común. La identidad nacionalista es para la mente como el alcohol barato: primero te emborracha, luego te ciega, y al final te mata.

Historias de Paco Sanz

LA PÉRGOLA. LA VOCACIÓN.

OXALIS

“Mamá mira, mira que flores tan bonitas…” ¡Qué graciosa…!

Casi todos damos por hecho aquello de que hay carreras vocacionales, como la medicina, las matemáticas, la música o el sacerdocio. Pero si nos fijamos bien, en realidad, lo que hay son personas con vocación, o con vocaciones, o sin ellas… Por ello, sin médico no hay medicina, sin plantear el problema no surge el número, sin músico no hay melodía, o sin fe no hay Dios.

Y mira si es así, que ya desde bien pequeña mi hermana volvía tooodos los días del colegio, portando el tesoro a sus ojos de uno de aquellos primorosos ramilletes, que ella sola, iba componiéndose con las distintas floretas que se iba encontrando por ahí, por las calles. En aquellas calles, cada uno de los árboles plantados en los alcorques, se adornaba o con arbustos ornamentales o con plantones de flores; haciéndolas lucir de bonitas -las calles- de una forma que ya quisiéramos hoy.

En aquellos años, el simple primor de las mujeres era lo que las empujaba a plantar flores frente a sus casas: margaritas o cornetas, don pedros o geranios; algunas hasta se atrevían con las rosas. Otras, cultivaban hierbabuena, hierbaluisa o arbustos de laurel, alhábegas, galanes de noche o jazmines… Pasear por mi pueblo, engalanado de esas flores y por esas fragancias, tan humildes pero tan evocadoras, era una experiencia tan deliciosa, que incluso mi memoria olfativa puede recordarla hoy si cierro los ojos y vago rememorando aquellas calles.

Y claro, yo creo que ella heredó ese instinto digamos que materno-estético-vegetal, que la empujaba, con primor, a disfrutar contemplando todas y cada una de las plantas con las que se tropezaba, cual si de verdaderas maravillas únicas se trataran… Aprendía, por puro gusto, sus nombres latinos o cosas como qué tipo de abonos necesitaban; se interesaba por su época de floración, por sus zonas de cultivo, por la duración y el grado de la belleza de sus flores, por la clasificación de sus fragancias…

Y no te digo nada, cuando descubrió casi sin darse cuenta eso del arte floral, o sea, su propia forma, de expresar con detalle la profundidad de algunos sentimientos, para los que casi siempre y si os fijáis, usamos flores… Para las declaraciones de amor o para pedir perdón; para premios, recuerdos, honores; en los nacimientos y en los entierros; en las alegrías y en las melancolías.

Hoy, se ve que todo el mundo sabe lo que es una pérgola, pero recuerdo, la cara que le puse a mi hermana cuando me dijo que ése iba a ser el nombre de su floristería: “¿Nena, qué coño es una pérgola…?”

Y resulta que, encima, te casaste con el jardinero fiel… Dale un abrazo.

Te quiero Nena.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Santi, la Vespa, y la lotería…

Nunca, me ha tocado nada a la lotería ni en ningún otro juego de azar, nunca; salvo, el gran premio de tener la suerte de que uno de mis más grandes amigos, es un queridísimo primo segundo mío, que fíjate tú por dónde también es el lotero de mi pueblo… Bueno, confieso, que cuando tenía no sé si doce o trece años, sí que me tocó en una rifa del colegio un álbum completo de cromos: “El más, y el menos…”

Festero como él solo, sí. Pero era el más elegante, responsable y cumplidor, de todos aquellos cafres que formábamos mi grupo de amigos de juventud: ésos, que nunca dejarán de serlo… Se había comprado una moto: una Vespa 200. Y se le ocurrió, para estrenarla, que hiciésemos los ciento veinte kilómetros hasta la Sierra de Aitana, y que participásemos en mi primera concentración de motos.

¡Venga, vamos, arranca…!

Los primeros cincuenta kilómetros sin problemas; pero fue entrar en la ciudad de Alicante, y negociar una de aquellas rotondas nuevas que estaban proliferado por todas las carreteras, cuando, con la Vespa algo escorada a babor va y me dice: ¡Ostiaaas, agárrate Primo…! Y Pam… Una mancha de aceite en nuestro carril, hizo que pagáramos cara la novatada de entrar algo más fuerte de la cuenta en la rotonda, y termináramos nosotros y la moto arrastrando por el suelo. ¡Coooño…!

Nos sacudimos el polvo y evaluamos daños, comprobando, que solo se había partido por la mitad la maneta del embrague y lijado un poco la parte izquierda de la moto. ¡Naaada…! Su diagnóstico fue que podíamos proseguir sin problemas, porque, aunque fuese con dos dedos sólo de su mano izquierda, podría apretar esa maneta rota y cambiar de marcha sin problemas durante el resto del viaje.

¡Venga, vamos, arranca…!

Sesenta kilómetros después, y ya de noche y helados de frío, comenzamos a subir aquellas cuestas llenas de curvas que se empinaban y se cerraban cada vez más. Tercera marcha, segunda; arreón; tercera, y vuelta a la segunda marcha para entrar en la curva siguiente; y otra vez, y otra… Nosotros dos y el equipaje aupados por aquella bendita y heroica Vespa. Llegó un momento que para negociar aquellas curvas y cuestas, y debido a que los dos dedos y la muñeca de mi primo ya no daban más de sí, tenía que bajarme en marcha para que así pudiéramos seguir subiendo, casi escalando, avanzando, y que no se nos calase la moto.

¡Venga, vamos, arranca…!

No sé ni cuánto tiempo tardamos en plantarnos tan trabajosamente en lo alto de aquella Sierra de Aitana. Noche cerrada era ya… Y claro, veníamos con tantas ganas de fiesta, que del tirón nos metimos en el chiringuito que tenían montado los moteros. Y tantas ganas de divertirnos traíamos, que, en vez de cenar dado que era tan tarde, empezamos con lo de las bebidas bárbaras, con los porritos, y con el rollo y el cachondeo con los moteros… Ya cenaríamos mañana.

¡Vaya nochecita que pasamos allí riéndonos helados de frío…! ¡Qué juerga nos pegamos prácticamente solos…! ¡Qué pedal más chocante pillamos…! El caso, es que ya de madrugada, andamos no más de veinte pasos desde la puerta del chiringuito hasta encontrar un pino, bajo el que dormir metidos en nuestros sacos la mona tan bonita que lucíamos…

Y os lo juro, que nos pareció que transcurrió solo un instante, cuando al fin nos despertó el escándalo de las motos, el olor a Castrol, y el rumor del ir y venir de la gente pasando casi por encima de nosotros debido al trasiego del chiringuito… Desperezándonos, comprobamos que eran más de la una del mediodía y que la gente lo que estaba era yéndose… Todo, había terminado.

Jajajajaja… ¡Venga, vamos, arranca…!

Él, no sé si se acordará pero yo sí. Siempre, fue mi primo un ejemplo de sinceridad en el trato y de cómo ser un caballero. Y por eso, recuerdo cuando no se estilaba eso de regalar a los clientes en Navidad, pero él, con veinte añitos poco más o menos, se empeñó en convencer a su padre Don Mariano con la innovadora idea de regalar vino en esas fechas. Y su padre le hizo caso, sí, pero compró unas botellas para regalar, digamos que no muy… Menudo berrinche cogió mi primo al ver la birria de vino que estaban regalando. Sería el año 88 o 89, más o menos.

Y aparte de por otras muchísimas cosas, para mí, mi primo, es el mejor lotero del mundo porque pese a que llevo más de diez o doce años sin comprarle absolutamente nada, todos los años me toca. Todos los años me regala una botella de vino mejor… Seguramente nunca me tocará la lotería porque no compro casi. Pero no encontraría a nadie, nunca, con más gracia a quién comprársela ni con más ganas de hacer el bien a los demás, que a mí primo.

Así que, suerte…

Te quiero Santi.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

AYER SE MURIÓ MI AMIGO

Historias de Paco Sanz

Ayer se murió mi amigo. Hace mucho que no nos veíamos, pero sabíamos el uno del otro. Se acercaba a los ochenta. El yuyu le dio en el coche. Volviendo de trabajar. Le dio tiempo a pararse, bajarse y morirse en la calle. Sin haber dejado nunca de luchar, con las botas puestas, como se moría la gente en la películas del Oeste que veíamos de jóvenes. Siempre había contado con ello. Lo de de morte subita liberanos Deo siempre nos pareció una majadería.

Suscribíamos mejor aquello de que el que ama el peligro perece en él. Dicho de otra manera: “Los que tomen la espada perecerán por la espada… y los que no la tomen por enfermedades malolientes”. De joven había destacado en lucha grecoromana, y en la Universidad “sacamos” las marías tirando a pistola. Tener un amigo más valiente que uno anima mucho. Me enseñó a dar la cara. Era un artista en evitar las confrontaciones que podían acabar siendo violentas en unos entornos en que eran muy posibles.

En muchas cosas me recordaba a Mishima. Mishima vivía de manera que jamás, pudiera encontrarse en el brete de tener que defenderse echando mano a la espada… ¿Hay alguien que desee después de todo siempre el triunfo? Solamente aquellos seres de probada estupidez, aquellos seres mezquinos… Este sabio a pesar de su ejemplaridad jamás asumiría liderazgo alguno. Estos sabios no persiguen cambiar el mundo, sino que cambian los mundos, tal como urgía San Francisco de Asís a sus discípulos.

Entiendo la admiración de Federico por Ignacio Sánchez Mejías, el torero. Recuerdo a este respecto unos versos de otro poeta: “La mano del piadoso nos quita siempre honor;/ mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador./ Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;/ escudo, espada y maza llevar bajo la frente;/ porque el valor honrado de todas armas viste:/ no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste”.

Es algo como lo de antigua nobleza. Que el mucho andar a caballo a unos hace caballeros y a otros caballerizos. Por decirlo de otra manera: “El noble sigue siendo noble aunque sea un pésimo espadachín, mientras que el mejor espadachín no se convertirá por ello en noble”.

Hay algo en la manera de moverse de los que saben defenderse, que recuerda a la manera de andar de un corredor. Los maestros de esgrima dicen a menudo: “Demasiada fuerza” porque la esgrima es una suerte de cortesía. Cualquier cosa mínimamente brutal y arrebatada es descortés: los signos son suficientes; la amenaza es suficiente… una taza de té sostenida en la mano civiliza a un hombre. El maestro de esgrima juzgaba a un tirador por la manera de remover la cucharilla en la taza de café, sin hacer un movimiento de más.

¡Ay! “Los caminos del recuerdo/ se pierden detrás de mí/ y no puedo recorrerlos./ No puedo volver a verlos,/ ni a soñarlos, ni sentir/ su lejanía de tiempo./ ¡Ay!, lo pasado se ha muerto/ en mi corazón, dejándome/ sin memoria el pensamiento.

Historias de Paco Sanz

SE HAN MASCULINIZADO

Historias de Paco Sanz

Me gustan las personas, las feministas no tanto, qué le vamos a hacer. La incorporación de las mujeres al mundo del empleo y del sueldo (porque trabajar en lo que hay que trabajar, cuidando, eso siempre lo han hecho) ha sido un desastre. La medicina y la sanidad es lo que más ha mejorado por su incorporación al mercado laboral. En otras cosas se ha cumplido la vieja amenaza: más que conseguir introducir la inteligencia y la delicadeza femenina en el entorno laboral, ellas se han masculinizado. Y la educación de los niños y el cuidado de los viejos, “personalizados”, en casa, se ha vuelto imposible.

Mi generación ha sido testigo de todo el proceso. Mis hijos pudieron ir “tarde” al colegio porque su madre pudo dedicarse a criarlos, e incluso a traer algo de dinero a casa trabajando fuera, porque sus padres vivieron esos días de crianza con nosotros. Morirían en un entorno doméstico. También habían criado a sus hijos con abuelos en casa. Sin embargo, mis padres, ni admitieron a los suyos en casa ni vivieron con nosotros más que en vacaciones. Murieron en residencias.

En la ciudad donde he ejercido la medicina durante más de cuarenta años, asistíamos a mucha gente de los pueblos cercanos. Los más mayores habían sido pacientes de mi padre, incluso alguno de mi abuelo. Cuando les decía que mi padre había perdido la cabeza, que mi madre ya no podía con él ni a pesar de tener ayuda en casa, y que habíamos decidido que estaría mejor en una residencia después de muchas dudas sobre todo por parte de la familia que vivía en otras ciudades, me decían que habíamos hecho bien… Sin embargo venían a la consulta con sus hijos, me hacían ir a su casa para visitarles, y estaban peor que mi padre pero los aguantaban en casa, incluso los que tenían más dinero que nosotros. Cuando veía a las nueras pensaba en la sopa de amapolas, y en el dejar dormir al abuelo de las matronas romanas, cuando la eutanasia, la buena muerte, se cocinaba en casa.

Mi madre sin embargo, maternalizó las relaciones con sus hijos hasta el final. No quiso venir a vivir con nosotros para no darnos la lata, cuando le llegó la hora de los pañales y la silla de ruedas, ingresó en una residencia “pues tenía dinero para pagársela” Y yo no podía dejar de ir a verla casi cada día. Porque con la mala conciencia sí me quedé. La cuestión era para ella: que nosotros estuviéramos bien. En comparación con otros padres, cuya longevidad y dependencia caen como una losa sobre los hijos ya mayores, ella nos lo puso muy fácil.

Marx acababa sus obras con un DESAM: Dixit et salvavi animam meam. En mi caso cada vez que doy por acabado algo de lo que escribo debiera poner RQTQS: recuerda que tienes que suicidarte, como hacía una escritora cuyo nombre prefiero no recordar, y que efectivamente acabó suicidándose. Digo esto por ver si así, si llego a tener que optar entre ser un deber penoso para mis hijos o hacerme cuidar por extraños, conserve la suficiente voluntad y memoria como para acabar conmigo.

La verdad es que las personas que les ha tocado hacer de mujer últimamente lo han hecho muy mal. Somos demasiados porque ellas lo han permitido. Lisístrata, la de Aristófanes, propuso una especie de huelga sexual: no acostarse con los hombres que fueran a la guerra. Se ha quedado como personaje de una comedia. Además, seguimos creciendo y multiplicándonos como animales. Porque nos encantan los niños.

Las instituciones imperantes siguen creyendo, en la primacía y la eficacia del crecimiento económico como indicador clave del bienestar del sistema, incluso a la luz de unos recursos en continua disminución. No sería necesario, según este dogma, aceptar la realidad de que un crecimiento económico en continua expansión, es en realidad un absurdo en un sistema finito: algo ridículo, y que pronto acabará, incluso aunque los activistas no hagan nada para oponerse a él.

Historias de Paco Sanz

BESTIAS

Empezó a anochecer y buscábamos desesperados un lugar seguro donde protegernos de aquellos bichos. El estado de la rodilla y sobre todo del tobillo de mi compañero, no nos permitirían regresar a tiempo al campamento, y sabíamos, que era de locos quedarnos por ahí a la intemperie y completamente expuestos. Toda la tarde llevábamos cagados de miedo en medio de esos páramos, huyendo y esquivando como fuese el peligro, de cualquier tipo de contacto con aquellas bestias, oscuras, grandes, y tan agresivas… Nos habíamos equivocado de ruta de vuelta, y lo teníamos francamente muy mal porque en aquel secarral, solo habían olivos, matorrales y encinas. No había cueva, refugio, cobertizo o abrigo alguno, donde poder pasar una noche a salvo de los ataques de esas alimañas.

Pese a que solo nos quedaban seis u ocho kilómetros, era imposible completarlos sin que nos los cruzásemos; y eso, y a oscuras, resultaría mortal. Con el último arrebol de la tarde llegamos, menos mal, junto a un olivo enorme al que me encaramé encontrando por suerte, y a una altura suficiente como para mantenernos a salvo, dos fuertes ramas casi paralelas sobre las que podríamos acoplarnos de alguna manera, y apañarnos, para pasar esa noche como fuese.

Habíamos sido previsores y llevábamos una mochila cada uno: él con la comida, sacos y abrigos, y yo con el botiquín y los aperos de montaña. Pude aprovechar aquellas últimas luces anochecidas, para inmovilizar y vendar el tobillo de mi compañero. Luego, no sin mucho dolor, logró subir y acomodarse penosamente en aquellas ramas, apoyando el cuerpo contra el tronco principal hasta quedar en una posición razonablemente cómoda, como para pasar las horas que nos esperaban bien agarrado, o atado si hiciera falta, a la ramas de más arriba… Una vez aupadas también las mochilas subí yo; y no sé si fue debido al canguelo, pero me pareció que justo en ese momento nos invadió, engulléndonos por completo, la oscuridad espesa de aquella noche zahína sin luna.

Y fue al encender estúpidamente la linterna mientras nos abrigábamos, cuando empezó todo. Como bobos habíamos delatado nuestra posición, y comenzamos a oírlos acercarse, despacio. Completamente a oscuras sentíamos sus resuellos, el golpe de sus pisadas, pesadas, acercándose, cercándonos… Y empezaron aquellas tremendas embestidas contra el tronco de nuestro refugio. Cada cierto tiempo, como si pareciese que se turnaran, se acercaba uno de ellos para arremeter contra el árbol y nuestro ánimo, una y otra vez… Oyéndolos durante horas bufar al recular para volvernos a embestir.

Y así estuvieron durante casi cuatro horas, hasta que seguramente se ve que decidieron sin más, que mañana más, que ya estaba bien… Y cejaron en su empeño, yéndose también sin más.

¿Alguna vez habéis dormido como los monos, o como los pájaros, sobre una rama…? Jajaja nosotros sí; maldormimos, pero sí… Recuerdo que, una vez asegurado al tronco con una cuerda por debajo de mis sobacos, y totalmente vencido por el cansancio y el sopor del sueño, más de una vez me desperté alarmado y al punto de caerme, abrazándome con instinto no sé si de pájaro o de mono, a una de aquellas ramas.

Y como hubiera sido insensato bajar antes de que amaneciese, lo más chocante del caso es, que volvía a dormirme como un lirón careto cada vez que me despertaba; como intentando aprovechar el sueñecito de aquellas tres horas, y aunque estuviéramos arriba de un árbol.

¡Cómo somos los dormilones…!

¡Vaya nochecita la que nos dieron aquellos putos toros bravos…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

PALABRA PENSAMIENTO

Ningún escritor puede plasmar en palabras, ni absolutamente toda la profundidad de sus pensamientos ni por completo todos los recovecos de sus sentimientos. Ninguno, por genial que sea. Es imposible.

Se puede pensar y sentir, tanto agarrando el volante de un camión como atando las cordoneras de unos zapatos; también escalando una montaña, rezando afligido, o follando apasionadamente. Toda tu vida puede pasar por tu mente en un instante al experimentar una grave experiencia vital: justo antes de chocar con violencia en aquel accidente con tu coche, en aquellos momentos antes de saltar por vez primera en paracaídas, o cuando te enteras de la muerte de tu padre.

Mi Maestro Paco Sanz siempre lo dice: que los humanos creemos que pensamos y sentimos mediante palabras; que pensamiento y sentimiento son en esencia vocabulario. Pero él afirma que no es así, que no es tan fácil; que los pensamientos y sentimientos no se componen, no están hechos de palabras. Que para ser en verdad pensamientos, éstos necesitan tomar otra forma diferente, mucho más sutil aún que la del simple verbo… Que el pensamiento, para expresarse de verdad, precisa otros soportes digamos que más holísticos, más complejos y subconscientes, más universales y comprensibles, más, que la sencilla palabra articulada o escrita en cualquier idioma.

Uno de los ejemplos más palmarios que demuestran esta teoría, es que muchas veces, sabiendo nuestro pensamiento perfectamente lo que quiere decir, nos quedamos sin palabras… Otro de los argumentos a favor de esta idea es el hecho comprobado, de que nuestros ancestros homínidos, pese a que carecían de un lenguaje estructurado eran de sobra capaces de pensar con hondura, de transmitir con precisión sus habilidades, y de compartir con los suyos tanto los matices de sus sentimientos como los detalles de sus pensamientos. Y todo ello, casi, sin lenguaje.

En este mundo, en el que un inquietante por elevadísimo número de gente, sobrevive toda su vida con poco más o menos ochocientas palabras en su vocabulario, no se pueden pedir milagros. De quién es la culpa es otra historia. Y claro, nadie puede dar lo que no tiene, ni enseñar a otros aquéllo que ignora.

El caso es que por todo ésto, y como siempre he tenido la sensación y el temor de no estar siendo del todo un buen padre, me reconcilia conmigo mismo el hecho de, al menos, haber influido de forma determinante para que mi hija empiece a leer a Juan Manuel de Prada… Ha comenzado leyendo mi regalo de cumpleaños: “Cartas del sobrino a su diablo”.

Según me dice “está flipando” con un diccionario en la mano ¡Cómo me alegro….!

Tiene diecinueve años recién cumplidos, y claro, Juan Manuel de Prada muy bien podría parecerle un carca cincuentón, un beato caducado, un escritor barroco, trasnochado, que no habla como se debería hablar hoy de sexos y violencias moñas. Pero el caso es que escribe con tal dureza que es como si, dándole igual, vomitara sobre el mantel blanco de una mesa de lujo llena de comensales ricos y borrachos. Ahí queda eso: si hemos bebido éste es el resultado. ¡Es-cán-da-lo…! como decía Raphael.

No sé qué cosas ni cuántas, voy a poder legar a mis hijas; pero el que se interesasen por la lectura, por la literatura, y así, por conocer a sus prójimos en profundidad, sería una de esas cosas que sí me gustaría dejarles, inculcarles; y que luego recordaran de mí…

“Tal vez el mal, después de todo, no tenga la última palabra…”

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

MI SOCIO

No siempre puedes decir que le has cambiado los pañales a uno de tus colegas. Es extraño, lo reconozco. Pero por eso le conozco tan bien, y encima lo quiero casi como a un hijo; pero insisto, casi: no es mi hijo, aunque quizá sí el mejor si no uno de mis mejores amigos. Una especie de socio especial.

— Eres un cascarrabias, siempre me estás riñendo.
— Muy bien, a partir de ahora me vas a dar igual del todo, completamente igual; no me importarás nada, como si fueras un crío cualquiera de los muchos que me cruzo cuando voy por ahí, por la calle…
— Vaaale, ríñeme.

El socio, es una figura que se ha ido perdiendo pero que yo reivindico. Ya no confiamos lo suficiente los unos en los otros para tal grado de relación; para, como dice el castizo “jugarte los cuartos” con él o por él. ¡Ay la confianza…! Como mucho, tenemos buenos amigos, pero con los que llevamos el cuidado de no jugarnos nada verdaderamente importante, y que podamos perder además de a ellos mismos; o conocidos sin más, tal vez colegas de infancias, de ciertos gustos o profesiones; pero ya, casi nadie tiene un socio… Yo, sí.

Como sus padres estaban separados casi desde antes de que él naciese, recuerdo con qué ternura me preguntó ya con cuatro o cinco añitos, que qué era yo de él… Si algo así como un tío suyo, tal vez como una especie de padre postizo, o quizás un abuelo extra; no lo tenía claro el pobre. “Nada de eso, yo soy tu socio…” Se lo dije tal y como me salió. Y ahí se quedó la cosa. Yo, salí del brete dialéctico de explicarle al crío, que amo a su abuela y vivo con ella pero no soy su abuelo; que lo he criado y le riño a diario pero no soy su padre; y que lo quiero muchísimo pero que él no es nada mío. Él, era ni más ni menos que mi socio.

Me deshago de cariño cada vez que recuerdo la inocente expresión en su carita, al hacer como que entendía aquéllo que yo le intentaba decir con lo de socio… Luego, me abrazó con mucha fuerza…

Qué bonito, qué gracioso y qué entrañable. ¡Quiero a ese chico…!

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

DESDE EL OSTRACISMO…

¿Realmente nos comportamos como seres humanos en las redes sociales, o como simples muros en los que rebotan porque nos la sudan, las cosas que pasan ante nosotros? Así, sin más, deslizamos hacia arriba nuestro dedito índice… ¿Es culpa nuestra, de nuestro nivel cultural, moral, o lo es de ésas mismas redes sociales…? ¿Éramos así ya antes: así de fríos y de lejanos…?

Entonces, a la solidaridad se la llamaba piedad, a la ayuda compasión, y a la necesidad socorro… España, sola, y en unos tiempos en los que no había ni democracia ni autonomías ni subvenciones ni bancos; en los que de tan pobres no habían ya no lujos sino siquiera caprichos; y en los que sólo había un político que encima decía aquello de “haga como yo, y no se meta en política…”

Tiempos durísimos, en los que a la desigualdad se la llamaba pobreza; simplemente pobreza… Aquella pobreza desoladora que campaba a sus anchas; pobreza vital, mental, terrible, total.

Pero por otro lado, cuentan mis padres y contaban mis abuelos, que en sus tiempos de niñez, o de postguerra y de verdaderas necesidades -finales de los pasados años cuarenta- ningún vecino que se lo podía permitir consentía, que se pasase hambre ni necesidades cerca de él -en su red social diríamos hoy

Nunca, esperaban ayuda externa ni por supuesto subvención alguna, ni a que vinieran del ayuntamiento o de tal o cual ONG, para apiadarse y ocuparse de sus prójimos; se apiadaban y ocupaban ellos mismos; solos… Todos, tenían a algún paisano menesteroso al que dar de comer, de vestir, o al que dar trabajo; gente, con hijos a los que ayudar o bien pagando sus estudios, o procurándoles cobijo e incluso buscándoles futuro…

Y sí, vale. Las redes sociales han venido para quedarse. ¡Vaaale…!

Los seres humanos siempre hemos buscado, hemos pretendido, o hemos intercambiado algo; nos ha pasado desde siempre… Pero ahora, con tanta inteligencia artificial rondándonos, tanta publicidad agresiva, tanto algoritmo tramposo y tanto bot espía, la verdad es que ya no sé, si considerar como humano a todo aquello que interacciona, usa o comenta, controla, censura o infecta, el feisbuc éste, y por ende casi todas las demás redes dizque sociales…

Y yo, como soy perro viejo y ya en el 2008 estaba en el rollito éste del feisbuc, recuerdo, cuando no era así ni mucho menos. Nos han tangado… Nos están dando gato por liebre encerrándonos, en un corralito ideológico en vez de disponer de una verdadera red social libre. Sufrimos una censura descarada, en vez de disfrutar de una verdadera forma de comunicación. No sé porqué, nos estamos conformando con una dictadura de pensamiento y por ello de palabra y obra, en vez de luchar por conservar una democracia libre de opinión y expresión…

Cómo el hámster, que histérico al no concebirse fuera de su jaula, cree que quizá es libre porque corre moviendo la rueda de la noria… Y lo que no sabe el pobre hámster es, que lo único que hace en realidad, es servir sólo de entretenimiento a los dueños de la jaula.

Ahora, que me liberado yéndome de feisbuc, y he comprobado que muchos de vosotros todavía me buscáis y me leéis; he de daros la gracias y de confesaros que para mí, cada uno de vosotros sois un verdadero lujo…

Las estadísticas de mi blog dicen, que si bien por negarme a pasar por el aro censor del feisbuc he perdido a más de la mitad de mis lectores; también es un hecho que sois todavía muchos, los que sin pasar por ese aro, parece que seguís queriendo más…

Estando en feisbuc, cada día, me leíais más o menos unos doscientos de vosotros… Y parece ser que ahora desde éste mi ostracismo voluntario, todavía me buscáis todos los días, compartís mis escritos, y me leéis, unos ochenta o noventa. Más o menos, unos veinticinco mil al año…

Lo que yo digo: sois todo un premio.

Gracias, gracias, gracias…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

La costumbre de mi abuelo…

Historias de Paco Sanz

“Señor, me sedujiste, y yo me dejé seducir”. Eso se repite el cartujo en el recogimiento de su celda. Está a veces encantado, y a veces espantado por eso. A mí me pasa también con ella; ella, a veces ella, esa persona, y a veces la vida entera. A ella no me une sólo el amor, sino el espanto, será por eso que la quiero tanto.

Por seguir con la costumbre de mi abuelo, y su manía de hacer pareados, o de hablar siempre de un modo poético, proverbial: El “Ser” que puede ser comprendido, es lenguaje. El lenguaje que se ha quedado sin “Ser” se convierte en charlatanería. Hace falta mucho silencio para que la frase se haga proverbial. Para que llegue a su “altura”.

Recordaré siempre a un niño que una vez, le dijo a su abuelo cuando yo estaba hablando con él: “Abuelo, este señor habla como si estuviera leyendo un libro”. Y su manera de decirlo. Ya me gustaría a mí escribir como si estuviera hablando con ése niño, que por todo lo vivido, nunca he dejado de ser. Pero lo que hago es escribir como si estuviera prestando por fin atención a la música, como si estuviera andando, un poco como el que sale a darse una vuelta, para despejarse.

Pienso que la buena escritura, la buena música, invitan a levantarse, a ponerse en marcha, a ponerse a bailar. Se escribe con la mano, pero se da testimonio de lo bien que se lee con el pie. Leyendo o escuchando música hay que darse cuenta de que el pie levanta la oreja. Los dedos del pie se levantan no sólo para andar sino para leer, para escuchar.

En uno de los paseos que me di este verano, vi a un viejo leyendo un libro en un banco del parque. Lo hacía sin gafas, por deformación profesional pensé, a ése ya le han operado de cataratas, y bachiller que es uno me fijé en el título del libro: “Ética”. No me costó mucho identificarlo porque es un libro de esos que adornan mi biblioteca y de los que nunca he conseguido deshacerme. Una persona leyendo a Spinoza, en el parque, con mascarilla y todo, ¡qué nivel!

Un motivo plausible para que los mayores sigamos leyendo, es la creencia de que no somos verdaderamente viejos hasta que no empezamos a sentir que ya no tenemos nada que aprender. De hecho, la disminución del volumen prefrontal que aparece junto a las dificultades de aprender y ejecutar nuevas tareas a los viejos, sobre todo con retardos de larga duración y con distracciones invalidantes durante ellos, se debe más a la pérdida de sinapsis y reducción de espinas dendríticas, que a tener menos número neuronas porque se hayan muerto.

La filosofía o la poesía no se estudian, se leen. Lo del estudio tiene un tono muy solemne. Estoy estudiando a Dante suena a mucho más, que estoy leyendo a Dante; en realidad es mucho menos. Nuestra actividad de lectura está dirigida por los objetivos que mediante ella pretendemos; no es lo mismo leer para ver si interesa seguir leyendo, que leer cuando buscamos una información muy determinada, o cuando necesitamos formarnos una idea global del contenido, para transmitirlo a otra persona. No nos perturbará del mismo modo percibir lagunas en nuestra información, en un caso que en otro.

Nos seduce, nos espanta, el Señor o ella, mi vida, del mismo modo. La amo.

Historias de Paco Sanz

¡Qué tiempos éstos…!

La primera potencia mundial dicen que son, y lo son sin duda; todavía lo son…

En 1977 ellos solitos lanzaron la Voyager 1 que hace ya bastante tiempo -en 2012- traspasó los 19.000 millones de kilómetros que delimitan la heliopausa: los inicios del espacio exterior, fuera de cualquier influencia gravitatoria o lumínica de nuestro Sol… Fueron capaces ellos solitos, de poner un disco de oro puro grabado con información humana esencial, en una nave espacial-especial, que ya viaja rumbo a otros mundos ajenos a los de nuestra Mater stella

Mira, que ahora envían también unas sondas espaciales de tecnología fabulosa, a Júpiter, a los anillos de Saturno, y hasta a Caronte y otras lunas de vete tú a saber dónde… Por no hablar de esos ingenios mecánicos polifacéticos, que hollando suelos extraterrestres, tanto asombro y tanta ciencia están descubriendo justo en el patio de atrás de nuestra casa la Tierra: Marte…

¡Qué cosas…!

Serían capaces de oír si quisieran, hasta la mínima huella sísmica de la caída de una maceta en el otro extremo del mundo. Pueden detectar cualquier pequeño asteroide, y medir con precisión relojera su orbita a no sé cuántos cientos de millones de kilómetros de distancia…

Pudieron, hace cuarenta años, localizar y recoger a salvo a unos tipos caídos en medio de la inmensidad del mar, a los que antes habían enviado de excursión científica a la Luna gracias a llevar una bomba en el culo, y metidos en una nave espacial-especial diseñada para tal propósito…

Ahora mismito están preparando en la Luna parece que bases habitables, y preparando los portes: posibles nuevos viajes rentables a la Luna… Han encontrado algo de agua y por ello algo de posible energía utilizable, dicen… Y también dicen, que quieren promover el turismo dizque lunar, y aprovechar de paso ciertos recursos minerales y tal…

Pues coño, yo creo, que por todo lo anteriormente expuesto no debería serles tan complicado, el contar, en el siglo XXI, los poco más de ciento y pico millones de votos ciudadanos que vota la primera potencia mundial… ¿No?

¿Más de doscientos años votando, y ahora resulta que no se aclaran con un ábaco en las manos; que no saben contar…? Yo no me lo creo. Y sí, ya sé que todo esto ha pasado antes. Sí, pero no así: con estas herramientas nunca…

Que no nos engañen: “Si ves las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar…” Y más aún, si es el vecino que lleva la pistola y tiene el dinero…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.