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LA LECHE 💕

Historias de Paco Sanz

Hace unos años pasé unos días con mi sobrina que vive en Francia. Amamantaba a sus dos hijas. La mayor llevaba lo del destete con poco sentido deportivo. Nosotros dormíamos en el piso de arriba, y la niña se pasaba toda la noche medio llorando y pidiendo a voz en grito: “Teta, tetaa, tetaaaaa…” Cuando ya desesperado de no dormir intenté unirme a sus gritos, mi compañera de cama me sacudió un codazo, fuerte.

Tampoco le hizo gracia que le recordase la célebre conclusión de Las Uvas de la Ira, en la que una joven aterida y mal nutrida, que acababa encima de dar a luz a un bebé muerto, ofrece su pecho a un desconocido famélico… Así es como la novela indica, que los valores éticos de cuidado y ayuda al prójimo permanecen vivos, aún cuando el mundo muestre su peor cara.

La leche es que es la leche. Y es que hasta la naturaleza es machista. Si no le das al niño la teta al menos durante un año es que eres una mala madre, y además te saldrá tarado. Y lo de los hombres dando un biberón es antinatural. Así, que las diferencias laborales entre hombres y mujeres tienen una razón de ser de lo más natural… Mientras las mujeres tengan hijos, den el pecho a los hijos, y vean en ellos una parte esencial de su vida, los hijos seguirán siendo obstáculos deseados en la lucha profesional, y tentaciones para tomar decisiones contra la autonomía económica y la propia carrera.

Al reducir la lactancia empezamos a civilizarnos. En las sociedades de cazadores-recolectores la separación entre nacimientos era de cuatro a seis años; y estaba causada por el uso de la lactancia prolongada como contraceptivo, y porque no había otra cosa que dar al niño. Con la agricultura y ganadería, se podía poner en su boca leche de origen animal y papilla mucho antes… La diferencia de edad entre hermanos bajó entonces hasta los dos años o menos. Con esa diferencia de edad el hermano mayor es mucho menos autónomo, más celoso, y por consiguiente más violento. La misma madre, inaugura la violencia educativa para proteger al segundo.

Cuando todavía podíamos ver las estrellas -y no os cuento lo que me costó en su día encontrar el lugar y la ocasión para mostrar la Vía Láctea a mis nietos- los hombres veían leche hasta en en el cielo… A veces, cuando se me escapa un ¡Ay la leche! me da por levantar la mirada a mí también. Galaxia es simplemente otra forma de decir ‘Vía Láctea’. Vía Láctea era una expresión latina que significaba ‘camino de leche’. Galaxia es la versión griega. Viene del griego gala, gálaktos, que significa ‘leche’. Compara gálaktos con lactosa o lácteo, y te darás cuenta de que contienen la misma raíz. Convertimos nuestra galaxia en la “Vía Láctea”, preservando los restos de un antiguo cuento que contaba cómo a la diosa Hera, mientras estaba amamantando a su hijo Heracles, se le escaparon unas gotas de leche que se convirtieron en estrellas.

Siempre me he preguntado por qué a los hombres nos gustan tanto las tetas. Supongo que nos hacen sentirnos niños… Decía Santa Teresa que “el conocimiento propio jamás se ha de dejar,/ ni hay alma en este camino tan gigante que no haya menester/ muchas veces tornar a ser niño y mamar.”

Historias de Paco Sanz

LA “INFO” CANSA…

Historias de Paco Sanz

Lo “info” cansa. La infoxicación de la infodemia me tiene harto. La primera función de la información que siembran los media, y la razón última de la recolección que llevan a cabo en nosotros, es la de controlarnos. ¿Cómo se consigue una celda de Matrix en una celda de monje? Mediante la tecnología, claro. El papel de la disuasión nuclear durante la Guerra Fría, lo han retomado hoy las nano-bio-info-cogno tecnologías. Si Cogno puede saberlo, Nano puede construirlo, Bio puede mejorarlo, e Info controlarlo. La esperanza que sale del fondo de la caja de Pandora de la tecnología, es un verdadero monstruo.

Atreverse a no saber ¡Qué logro! Hoy estamos todos apestados por la infobasura que los expertos no se preocupan nunca en recoger. Los expertos, ésa gente que no necesita pensar porque “ya sabe”. Averiguan lo que queremos saber y nos lo ofrecen. Votamos por lo que queremos oír y nos lo dicen. Como dicen que ser demócrata es bueno, pensamos que no está mal que la verdad se decida por mayoría de votos… ¡Dios, qué olor a almacén!

A la barbarie del especialismo, hay que oponer hoy la audacia de los aficionados. Con ésto, la barbarie del amateurismo nos hará tontos dos veces. Opondremos fecundamente al no saber de qué va la cosa, el no saber que vaya de cosa alguna. Lo simple es falso y lo complejo inutilizable. Una de las mayores pasiones de los hombres es la pasión de no saber -reprimir o mistificar- lo obvio. Así, hay una especie de conspiración, entre personas que desean no saber y que quieren permanecer estúpidas, y entre expertos que les mentirán y harán profesión de idiotizarlos.

Los que me conocen saben que no quiero saber nada de sus secretos. Que si ellos no saben guardar un secreto yo tampoco. Así que mejor que no me los digan. En cuanto a los míos, si me dejan, no van a tener otro remedio que oírlos.

A veces lamentamos no saber ya lo que significa el temor religioso. ¡Si al menos pudiéramos hacer renacer en nosotros el estremecimiento ante lo desconocido, el pánico ante lo indescifrable! Para recuperarlo, lo mejor es estudiar la mecánica cuántica, la evertiana, o la de los universos paralelos en particular. Que el colapso de la función de onda, la decoherencia y la no localidad, sean con nosotros. Amén.

Cada década el número de conocimientos se multiplica, los individuos cada vez disponemos de mayor información. Sin embargo, si entendemos como ignorancia el no saber de las cosas que nos afectan, entonces cada vez somos más ignorantes. Mejor no saber tantas cosas, me repetían mis padres cuando se dieron cuenta de que me iba a quedar para siempre estudiando.

En los sucesos me porto virilmente, pero en su preparación con puerilidad. El horror de la caída me duele más que el golpe. Me gusta no saber exactamente lo que tengo para sentir menos mis pérdidas. Espero siempre lo peor, y procuro llevar lo peor con placidez y paciencia. Ante un peligro, no pienso en cómo escaparé sino en lo poco que me importa escapar; aunque si en él pereciese, ¿qué más daría?

La voluntad del no saber, entendida no como antítesis de la voluntad de saber, sino como su expresión más refinada… Vuelvo a la tierra cada vez que levanto los ojos, y te veo a ti, que “casi anónima sonríes/ y el sol dora tu cabello./ ¿Porqué, para ser feliz,/ hace falta no saberlo…?”

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ENVEJECER. MORIRSE.

Historias de Paco Sanz

No sabemos vivir mucho más tiempo que el de ir envejeciendo. Es más: el que no acierte a morir joven casi seguro acabará siendo un viejo. Para evitarlo, vive deprisa y muere joven. Sería bueno tomar de los griegos su juicio sobre la vejez: detestaban el envejecimiento más que la muerte, y preferían morir cuando cuando sentían que empezaban a volverse tan razonables y tan viejos, como para haber perdido toda esperanza y toda paciencia.

Les he repetido a mis viejos pacientes, que si quieres envejecer sano envejece temprano. Ahora que el viejo soy yo no lo tengo tan claro. Sigue sin gustarme hacerme el joven a cierta edad, pero lo de adelantar el envejecimiento para vivir más me parece poco deportivo… Creo que es más importante luchar contra el envejecimiento que contra la muerte. Un maltrecho y caduco soldado de la guardia de César, interpeló a éste en la calle pidiéndole licencia para hacerse matar. Y César, viendo el aspecto decrépito del hombre díjole con algo de zumba: “Pero ¿piensas estar vivo?”

”Envejecer, morir, eran tan sólo las dimensiones del teatro./ Pero ha pasado el tiempo/ y la verdad desagradable asoma:/ Envejecer, morir/ es el único argumento de la obra” dijo Jaime Gil de Biedma.

Cuando le invitaban a seguir escribiendo más poesía -con una inolvidable mirada al personal en la que pese a la fatiga, el odio al tópico y una nerviosa insolencia, trataba sin embargo de mantener el decoro- comentó más allá del bien y del mal: “Es que, sabes, para mí es ya como si hiciera los deberes del colegio”. Poco después se suicidaría… Seguramente pensaba como un poeta de otros tiempos, que “… aquella libertad esclarecida,/ que en donde supo hallar honrada muerte,/ no quiso tener más larga vida./ Y pródiga de l’alma, nación fuerte,/ contaba por afrenta de los años/ envejecer en brazos de la suerte”.

Los científicos que persiguen extender los límites de la vida humana se preguntan ¿a cuál de las dos estrategias debemos destinar los recursos científicos y económicos en investigación: a frenar el envejecimiento o a luchar contra las enfermedades? En otras palabras ¿fallecemos la mayoría de nosotros porque envejecemos o porque enfermamos? Desde un punto de vista convencional nadie se muere de viejo.
La convención que designa las causas médicas de la muerte, es, que la causa es aquello sobre lo cual podemos influir si nos fijamos como objetivo luchar contra la enfermedad o la muerte. La CIE (Clasificación Internacional de las Enfermedades) decidió suprimir la vejez de la lista de causas de defunción en 1948.

Un servidor siempre se ha quedado a punto de cumplir veintitrés años. Antes de hacerlo todavía me esforzaba. Era ya oficial del ejército, licenciado en medicina, y podía patronear legalmente un barco muy lejos de la costa. Sin habérmelo propuesto me doy cuenta de que en cierto modo siempre me he quedado a punto de cumplir veintitrés. Así de simple he sido, sigo siendo. Cuanto más simple sea el organismo, más difícil será aplicarle las definiciones de envejecimiento y de muerte. En el caso de priones y virus incluso es difícil decidir si viven o no.

Hace tiempo que cuando llego a una puerta al mismo tiempo que una jovencita, ella pretende que pase yo primero, incluso me da las gracias cuando la dejo pasar. Debería cambiar de aspecto. El hombre que quiera saber cómo ha cambiado cuando empieza a envejecer, puede consultar en los ojos de una mujer joven a quien se acerque y en el tono en que ella le hable: así aprenderá lo que teme saber… Dura escuela.

Como Valéry, no he retenido lo mejor ni lo peor de las cosas: queda lo que ha podido quedar. Esta aritmética me ahorra el asombro de envejecer. Deberíamos estar agradecidos a la lentitud del proceso de envejecimiento, gracias a la cual podemos olvidar que estamos terminando nuestro paseo por este mundo. “En un día soleado, han salido a dar un paseo… luego los alcanzaremos nosotros”. Escribe el poeta Rickert en las “Canciones para los niños muertos” inmortalizadas luego por Mahler.

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NO HABLES, NO LEAS, NO ESCRIBAS…

Historias de Paco Sanz

No hables, no leas, no escribas. “No hables, si puedes leer. No leas, si puedes escribir. No escribas, si puedes pensar” Hanna Arendt dejó escrito algo parecido. El problema es que sólo podemos pensar con las palabras que tenemos a mano, a consciencia. Y sin ponerse a hablar, leer o a escribir, cuesta encontrarlas. En general sólo se puede pensar, hablar o escribir, más, que con las palabras que les da por aparecer. Creo que sigo leyendo por eso.

Ya de niños jugamos con lo que tenemos a nuestra disposición. A lo largo de la revolución industrial los científicos, fueron los beneficiarios de la nueva tecnología mucho más que sus benefactores. Dedujeron sus teorías del comportamiento de los nuevos aparatos que iban teniendo a su disposición, más que inspirarlos. El trabajo de los científicos es realmente acompañar y explicar los hallazgos empíricos, de quienes juguetean con la tecnología y terminan por descubrir algo.

A veces creo que primero pensamos y luego hablamos. O que primero estuvo el cerebro y luego la mano. O que antes estuvo la inteligencia y luego la memoria; pero la verdad es que para cuando el primer escriba garabateó y pronunció las primeras letras, el cuerpo humano ya era capaz de actos de escritura y de lectura que pertenecían al futuro. Es decir, el cuerpo estaba en condiciones de almacenar, recordar y descifrar toda clase de sensaciones, incluidos los signos arbitrarios del lenguaje escrito que aún estaban por inventarse.

A base de estar leyendo tanto uno termina por escribir. A base de hablar tanto uno termina por no tener nada que decir. Parece que para poder escribir hay que empezar a callar. Eso de hablar sin nadie que te escuche, es más patético que escribir sin que nadie te lea; en cuanto a lo de pensar sin palabras, como buen escribidor, me cuesta un huevo. En el scriptorium debía realizarse la actividad en silencio: “Calla; el escriba no sufre junto a sí a nadie que hable. Nada tienes que hacer aquí, garrulo, hablador: vete fuera”.

A mi edad sigo leyendo más por costumbre que porque quiera aprender nada. O porque no tenga nadie a quién decir nada. Aunque creo que un motivo plausible para que los mayores sigamos leyendo, es la creencia de que no somos verdaderamente viejos hasta que no empezamos a sentir que ya no tenemos nada que aprender. De hecho, a los viejos, la disminución del volumen prefrontal que aparece junto a las dificultades de aprender y ejecutar nuevas tareas, y la larga duración de distracciones invalidantes, se debe más a la pérdida de sinapsis y reducción de espinas dendríticas, que a tener menos neuronas porque éstas ya se hayan muerto del todo.

Muchas veces me he preguntado porqué sigo leyendo. No he olvidado las palabras de Platón: “¡Esclavo, toma el libro y lee!”. Me doy cuenta de que puedo hacerlo de muchas maneras, a veces porque no tengo otra cosa que hacer, pero en general es porque lo prefiero a cualquier otra cosa. Nuestra actividad de lectura está dirigida por los objetivos que mediante ella pretendemos; no es lo mismo leer para ver si interesa seguir leyendo, que leer cuando buscamos una información muy determinada, o cuando necesitamos formarnos una idea global del contenido para transmitirlo a otra persona. No nos perturbará del mismo modo percibir lagunas en nuestra información en un caso, que en otro.

Dice Nietzsche que “sólo debemos leer libros que nos muerdan y nos arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como con un mazazo en el cráneo ¿a qué molestarse en leerlo? ¿para que nos haga felices, como dices tú…? ¡Cielo santo, seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hacen felices podríamos escribirlos nosotros mismos si no nos quedara otro remedio”. He llegado a pensar que, en general, escribo por eso. También dice que “Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros mismos”. También lo hago por eso.

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EL TACTO

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No pude sentir, así que intenté tocar… Vemos más, oímos más; olemos y gustamos más o menos como siempre; pero tocamos menos. De una persona demente se dice a veces que ya no toca. El diccionario dice que tocar es ejercitar el sentido del tacto. El tacto se llama así porque toca (tangere) y tacta (pertractere). Dos son las clases de tacto: una procede del exterior, como cuando nos hieren; otra tiene su origen en el interior mismo del cuerpo, es lo propioceptivo.

“Cuando el dulce Cazador/ me tiró y dejó herida,/ en los brazos del amor/ mi alma quedó rendida./ Y cobrando nueva vida/ de tal manera he trocado,/ que mi amado es para mí/ y yo soy para mi amado”. Santa Teresa escribía cosas como esa… Sentirse tocado por Dios hace que lo sintamos dentro.
Ahora que cada vez tocamos menos entre nosotros, entramos en contacto cada vez más con máquinas. Apenas quedan restos de intercambio recíproco de información, sino que son las máquinas las que cada vez más interactúan entre ellas, sirviéndose de nuestras mentes y cuerpos humanos, como una suerte de inconsciente háptico, cuya mediación hacia el mundo de las e-cosas, vendría servida por las manos (o, más exactamente, por la punta de los dedos) de cada usuario terminal.

El término “háptico” viene del verbo griego háptomai, que significa “entrar en contacto con”, “tocar”, “agarrar…” La simultaneidad del afectar y ser afectado. Tocar es ser tocado. Sentir es sentirse.   
En las relaciones humanas también tiene el tacto un sentido metafórico. Es algo así como la prudencia para proceder en un asunto delicado. Por ejemplo: hace falta mucho tacto para decir que no, sin herir. Es una especie de más allá de la buena educación. Si entras en un baño y ves una mujer desnuda bañándose, y cierras la puerta diciendo ¡Uy perdón Señora! eso es buena educación; si dices ¡Uy perdón Señor! eso, es tacto.

Las personas que tenemos la suerte de tratar con gente con mejor educación que la nuestra, tenemos que prodigar el tacto. Ellas me han enseñado que el ser bueno con aquél a quien no agradas, exige no sólo mucha bondad, sino también mucho tacto.

Creo que los animales pueden sentir, yo siento cuando les toco. Las máquinas no. Las máquinas solo saben de “cuanta” no de “qualia”. Las propiedades fenoménicas, sentimientos crudos tales como el olor de la menta o el tacto de la piel amada, son rasgos de la experiencia sensorial. También se les llama “qualia”. Todos los organismos sensibles experimentan algún tipo de “qualia”. En cuanto a las máquinas, no las poseen; ni siquiera los robots, ni los zombis si es que existen. Las cosas no sensibles sólo poseen y detectan propiedades físicas (o químicas, biológicas, o sociales…)Ahora que estamos más en contacto con máquinas que nunca, me doy cuenta de que en lo de tocar no ayudan gran cosa. Los potenciales de la tecnología con respecto al cuerpo humano, se desarrollan de acuerdo con los siguiente apartados: La visión teleobjetiva, el oído telefónico, el movimiento automático, el tacto telemanipulado, la inteligencia artificial, y la presencia virtual.
 
En amorosas situaciones, el tacto es vital; a ciertas personas las quisiera tocar, pero no puedo, son audiovisuales. Aun y así no paro de decirles cosas… Incluso, he llegado pensar que la palabra nace para el amor, y se hace necesaria cuando el tacto es insuficiente.

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RELOJES

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A mis primeros relojes de pulsera les daba cuerda, luego vinieron los automáticos que se cargaban con el movimiento, luego los que iban con pilas, incluso los hay que se cargan con la luz. Ahora llevo un reloj inteligente que no sólo da la hora sino que vibra en mi muñeca y me cuenta cosas de mi corazón, incluso del grado de oxigenación de mi sangre. Además, hace que no tenga que sacar el móvil del bolsillo un montón de veces. Si me lo quito para dormir, creo que no me entero de si he soñado poco o mucho esa noche.

Los primeros relojes mecánicos -en el siglo XIII- eran de una sola aguja, sólo tenían la manecilla de las horas. La manecilla de los minutos se añade en el siglo XVI, y la de los segundos -es significativo- en el XVIII, en paralelo con el desarrollo del capitalismo industrial. Desde que aparece la medición exacta del tiempo, las horas y los segundos medidos con precisión, se convierten en algo que se puede comprar y vender. El tiempo se convierte así en algo que puede ser mercantilizado, algo impensable en la anterior sociedad feudal. Así durante el medievo uno de los motivos por los que se prohibió la usura, fue el considerar que cargar con interés equivalía a vender tiempo, y se suponía que éste sólo pertenecía a Dios.

Un actor cinematográfico no actúa ante un público sino ante un aparato. De Nürmi se decía que no corría contra los demás sino contra un aparato. Un servidor no mira ya el reloj sino el cardiógrafo… En la radiografía de tórax de mi madre lo que mejor se veía era el marcapasos, un aparato diciendo dónde anda otro. Cuando ruedo en bici cada vez miro menos el paisaje, vigilo menos el tráfico, cada vez dejo que mi cabeza sueñe menos, estoy cada vez más pendiente de los kilómetros, de los segundos, del mapa por dónde se desplaza el puntero enlazando con satélites, de los latidos de mi corazón, de la velocidad máxima y media, y su relación con ellos… Verdaderamente lo de salir a dar una vuelta en bici dispuesto a estar tan pendiente de los aparatos, y hasta incluso a metérmelos por el culo, podría hacerlo hasta sin salir de casa.

“El tiempo que ibas contando/ por años, meses y días;/ por horas y por minutos,/ era el tiempo que perdías./ El tiempo que no se pierde/ es cuenta de otro contar:/ es una cuenta que se hace cuento de nunca acabar”. Las horas de la locura son medidas por el reloj, pero a las de la sabiduría ningún reloj puede medirlas. “El tiempo que estás perdiendo/ lo pierdes porque estás vivo./ Vivir es perder el tiempo./ Los que no pierden el tiempo,/ y es porque ya lo han perdido/ para siempre, son los muertos”.

El tiempo perdido, que introduce distancia entre cosas contiguas, y el tiempo recobrado, que al contrario instaura una contigüidad de las cosas distantes, funcionan de manera complementaria, siendo el olvido o el recuerdo quienes realizan del milagro. Pues la diferencia entre el tiempo perdido y el recobrado, no se encuentra aún ahí.

Vivimos sustancialmente con el piloto automático conectado, y recibimos los estímulos del mundo exterior como una fantasía actualizable minuto a minuto. En muchos estratos sociales domina la tendencia a una especie de consumismo de la vida. Vivimos para comprar vida y gastarla inmediatamente a golpes, de modo que los objetivos a largo plazo se aceptan con íntima reticencia.

“Durante mucho tiempo me acosté temprano”. Así empieza En Busca del Tiempo Perdido. Unas palabras sencillas que ocultan un incomparable panorama imaginario. “Faltan fuerzas a la alta fantasía;/ mas ya mi voluntad y mi deseo/ giraban como ruedas que impulsaba,/ aquél que mueve el sol y las estrellas.”. Así termina la Divina Comedia.

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EL VOTO Y LA VIOLENCIA

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¡A las urnas, ciudadanos, formad vuestras colas…! El “refrain” de la marsellesa dice: Aux armes, citoyens! Formez vos bataillons! Marchons, marchons! Qu’un sang impur… Abreuve nos sillons! ¡A las armas ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones! ¡Caminemos, caminemos! ¡Que la sangre impura… Riegue los surcos que vamos dejando!

En días de elecciones recuerdo sin querer a los revolucionarios de antaño. ¿Qué ocurriría si la humanidad, sin aquellos que en todas las épocas producen su liberación con la violencia, cae más profundamente en la barbarie? ¿Y si la violencia fuese necesaria? ¿Y si asimilamos nuestra “armonía” con la renuncia a la ayuda al prójimo? Esta pregunta anula la tranquilidad.

El voto electrónico no ha llegado todavía, pero lo de las encuestas no cesa. Se puede aumentar la probabilidad de que el público acuda a las urnas, con sólo preguntar si tiene intención de votar. Cuando las encuestas no funcionan me siento como en casa. Y es que buena parte de los españoles se atiene a las encuestas como a la vieja conseja, según la cual “al que quiera saber, mentiras con él”. Y es que ya se sabe: ”mal de muchos… epidemia”. Antes se acababa la frase diciendo “…consuelo de tontos”.

Votar es el penúltimo refugio de la impotencia política, el último es dar nuestra opinión a un encuestador. El votante que emite un voto malo, se asemeja al criminal, que se aproxima sigilosamente al lugar del delito. Se encuentra en el aprieto siguiente: lo ha invitado a tomar una decisión libre un poder, que no piensa atenerse a las reglas del juego. Es el mismo poder que le exige un juramento, mientras ése poder mismo, vive de perjurar.

Si los votos son de todos, ¿cómo es que no votamos para que las cosas sean de todos? Iure natural sunt omnia omnibus. La ley natural es que todo sea de todos. Iure divino omni sunt communia. El derecho divino es que todo sea común. Habebant omnia communia. Que mantengamos todo en común. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar, desde el momento en el que el voto pertenece a cualquiera, hasta el de que la propiedad pertenezca a cualquiera?

Como cuando antes nos venían con chorradas religiosas en nombre del orden y la seguridad, ahora, van y nos vienen con las democráticas. Lo arbitrado en aras de la seguridad, gesta amenazas inauditas a la libertad. Más derechos inútiles de voto, menos derechos personales decisivos. ¿Qué derechos personales decisivos? Los que empiezan con la autonomía del placer propio, y acaban, en la autonomía para resolver la manera y el momento de la propia muerte.

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FRATERNIDAD…

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Entre los nuestros, compañeros de partido, de pandilla, cualquier gesto escéptico, cualquier manifestación de duda en relación con la sabiduría de las prácticas comunitarias, conlleva un tufillo a la siniestra, corrupta y detestada “quinta columna”. A los ojos de la comunidad, los hermanos que no son lo suficientemente expresivos en sus sentimientos fraternales, que carecen de entusiasmo, demuestran indiferencia o se demoran en actuar, pasan a ser considerados el “enemigo público número uno”. Las batallas más sangrientas no se se inician ni se libran en las murallas externas, sino en el interior de la fortaleza comunitaria. La meta de la fraternidad, santifica el fratricidio como medio aceptado.

Pocos generales odian a sus contrincantes, pero se vuelven ulcerosos y sufren ataques de apoplejía por culpa de sus aliados. La Iglesia trata de convertir a los paganos pero quema a sus herejes. Parece ser una ley política que el odio, aumenta en proporción a la cantidad de convicciones e intereses compartidos con el odiado.

Nada fomenta tanto los sentimientos de extrañeza y hostilidad entre las personas como las diferencias menores. Me tienta abundar en esta idea, pues quizá de ese “narcisismo de las diferencias menores” podría proceder la hostilidad que, en todas las relaciones humanas, lucha contra los sentimientos fraternales y acaba por imponerse al mandamiento de amaros los unos a los otros.

El motto cristiano “todos los hombres son hermanos” puede entenderse también en el sentido, de que los que no acepten la fraternidad no son hombres. Es también bastante difícil que un verdadero revolucionario pueda matar a un hombre, si ha muerto es por que uno de ellos lo ha matado, es una bestia criminal, no un hombre. Del mismo modo que aquél gracioso aseguraba que su novia no llegaba nunca tarde a una cita, porque a partir del momento en que llegaba tarde ya no era su novia. O que no puedo temer a la muerte, porque en el momento en que estoy muerto ya no puedo temer nada. Ya no estaré allí.

En presencia de toda gran fraternización, es preciso preguntarse: pero el enemigo ¿dónde está? Tales inclusiones son al mismo tiempo exclusiones, exclusiones de un tercero, de un tercero al que se odia, pero del que no es posible prescindir.

Gorbachov les dijo a los estadounidenses y europeos cuando todavía se llevaban bien, que menuda jugada les estaba haciendo al dejarles sin enemigo. Acertaba.

La fraternidad es la más vieja forma de revuelta contra el padre, contra el poderoso. Sin ella, la revolución se cae como una mesa de tres patas al quitarle una. La fraternidad es la emoción que concilia la libertad con la igualdad. Ésa es la definición de fraternidad verdaderamente operativa. Los Estados Nacionales están cediendo su protagonismo a las asociaciones de ciudades y de empresas. Las diferencias de color, de raza, de religión, ceden su lugar a las de clase, de residencia.

La fraternidad se acaba, lo del hijo único es el destino para parar la demografía. La democracia participativa se ha ido al limbo de la historia, elegimos representantes por su atractivo, todos tienen programas muy parecidos, grupos muy poderosos apoyarán un candidato que tendrá exactamente las mismas cualidades y el mismo programa político que el candidato adversario. Fin de la ética. Se dice bien de una persona cuando se dice que es muy normal. Que hace lo que los medias dice que es bueno, lo que consigue atención, fama y dinero. Lo otro son excusas de perdedores.

Cuando criaba, mis hijos llamaban tíos a mis amigos. Los niños saben aún que todos los hombres son hermanos. En el himno a la alegría se habla de un tiempo en el que todos los hombres serán hermanos. Sin embargo no nos engañemos: Babilonios somos; no nos vuelva la tentación de levantar ninguna torre juntos ¡dejémonos ya de una vez por imposibles los unos a los otros, como buenos hermanos!

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JUGUEMOS…

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No hay pulsión a la repetición más allá del principio del placer. ¿Por qué volvemos a sacar el móvil y lo ponemos ante los ojos? ¿Por qué nos gusta tanto el fútbol? Porque nos gusta jugar. Somos más niños de lo que nos pensamos. No sólo con y contra otros, sino incluso con y contra contra nosotros mismos. A veces parece que desde los bichos hasta las máquinas, estuviéramos jugando todos.

Por ejemplo, hemos creado una máquina que juega tan bien al ajedrez que se aburre al enfrentarse con humanos. Tampoco le resulta interesante jugar con y contra programas diseñados por humanos. Ambos son débiles mentales. No puede aprender nada de ellos. En el fondo, la nueva máquina se siente intelectualmente sola, y únicamente mejora si juega contra ella misma.

Perdemos de vista la bondad de lo esencial, de lo que nos constituye, porque no podemos renunciar al placer de seguir jugando. La inteligencia es la preocupación eficaz por lo esencial. Pero, ¿para qué preocuparnos por lo esencial cuando gracias a los chips y las redes podemos interesarnos por todo? Por fin en el apartamento de la playa, ante el océano, podemos ponernos a jugar con el móvil.

Hace tiempo que hemos dejado de jugar a ganar. Conseguimos más placer, repetimos mejor, jugando por jugar. Un juego finito se juega para ganar, un juego infinito se juega por el placer de jugarlo. Las funciones son juegos finitos, los sistemas interactivos juegos infinitos. La computación interactiva resulta superior a la interacción simple. Trampa adelante. Jugar a partir de un momento dado a otro juego, y no darte cuenta de ello. Dejar que los demás sigan contando contigo como jugador.

Dios les dio a los gatitos el gusto por jugar, los ratones se encargaron de enseñarles el resto. Porque lo de jugar sirve incluso para aprender a vivir o para reproducirse. Las abejas al alimentarse de polen ayudan a las plantas a producir frutos. Pero las avispas “joden-juegan-aman” a las orquídeas sin comer nada de ellas ni producir frutos. Sólo se revuelcan, jugando, con el olor que las hembras que llegaron antes que ellas dejaron, sólo para jugar; y lo hacen para divertirse, no para alimentarse. Hay que amar como ama la avispa a la orquídea, más allá de la productividad. Si producen algo, es algo subjetivo, su goce; o algo útil en la medida en que es bello, la orquídea.

Hasta los jóvenes y no tan jóvenes científicos juegan. Casi como podría decirse que los antiguos físicos se dieron cuenta de pronto, que sabían muy pocas matemáticas para poder dominar la física, así puede decirse que los jóvenes se encuentran de pronto en la situación, en la que el entendimiento normal, sano, ya no alcanza. Todo se ha enredado tanto que, para dominarlo, haría falta un entendimiento excepcional. Pues ya no basta con poder jugar bien al juego, sino que siempre se plantea la pregunta: ¿hay que jugar a éste juego, o cuál es el juego correcto?

A los escribidores, si no nos gustara tanto jugar dejaríamos de hacerlo, porque a ver “¡Qué juego idiota sería ése de escribir cuando no hay nadie para leeros!”. “Cuando todo el mundo se ha largado, no hay nada más que hacer que jugar a juegos idiotas“. Lo esencial es volverse completamente inútil, diluirse en la corriente común, volver a ser pez y no jugar a los monstruos; el único provecho, me repito a mi mismo, que puedo sacar del acto de escribir, es ver desaparecer las cristaleras que me separan del mundo.

Es decir, jugamos a pensar más allá del acto de escribir, en el de dar a leer. Al igual que el actor no puede actuar a solas, en su dormitorio, porque sin público no actúa de verdad, sino que simplemente hace muecas de loco, tampoco el escritor puede escribir exclusivamente para la posteridad, porque necesita cierto eco, enseguida, de inmediato. Como aquel célebre escritor que tras decidir que solamente escribiría para la posteridad, se dio cuenta de que no tenía ganas de escribir. ¡Hacer como si no estuvieras solo en el mundo! ¡Qué gozada! A veces creo que saco el móvil del bolsillo sólo para comprobarlo.

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NO HACER NADA

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A los vagos lo del zazen nos va. Nadie lo practica con más convencimiento que nosotros. ¿Qué es lo más fácil de hacer? Nada. ¡Hagámoslo pues! Es la mejor definición que puedo proponer de lo del zazen, en todo caso la más corta: “¡No hacer nada, pero a fondo!” La primera regla es la inmovilidad estricta. ¿De pie? Demasiado incómodo. ¿Tumbados? Nos arriesgaríamos a dormirnos. Por lo tanto sentados. No hace falta encender artefacto alguno para que grandes sueños de acción me inmovilicen en un sillón.

A veces pienso que en nuestra sociedad líquida, si uno no puede disminuir la densidad del medio que le rodea, lo único que cabe es crecer. Repensar la escala. A pequeña escala la viscosidad es importante, el agua es como melaza. A mayor escala lo que cuenta es la inercia. Los físicos hablan del contraste entre un número de Reynolds alto o bajo. El caso es que en una criatura pequeña, un apéndice movible acabado en “setas” (pelos) se convierte en remo, en un órgano de propulsión. En una criatura mayor el mismo apéndice simplemente hace circular el agua mientras el animal se mantiene inmóvil y se convierte en un órgano para la filtración.

Pasar de defender el derecho a la pereza al de la inmovilidad. Extremar lo místico para acabar en la necesidad de Dios. Porque hay que permanecer inmóvil para unirse a lo que se desea, si a uno no se le acerca ni hay manera de acercarse. Uno ve a Dios así: no podemos acercarnos. La distancia es el alma de todo lo bello.

Para entrenarse en lo del zazen, en lo de estar sentado sin hacer nada, lo mejor es aprender a aburrirse como Dios manda. Hay que tomarse el aburrimiento con sentido deportivo. Entenderlo como un ejercicio de valor, de libertad. Aprender a dejar pasar las horas, de vez en cuando, sin sentirse mal frente al vacío. Éste no sería un aburrimiento en sentido etimológico (abhorrere, significa horrorizarse), sino un encuentro amistoso con uno mismo, o incluso compartido, durante el que se disfruta de la compañía de alguien sin hacer nada. Entre este aburrimiento tan grato y la acedia monacal hay, desde luego, un abismo.

Porque la segunda condición, para hacer del hacer nada una profesión, es no permitir que la tristeza entre en tu vida por esa puerta de atrás desde la que suele acometer, a los que no hacen nada en un mundo de ocupados compulsivos. Porque, a ver ¿Qué perseguimos cuando nos entregamos al acto, cuando hacemos alguna cosa? Sin duda aliviarnos de esa enfermedad, de ese incordio, que representa la conciencia. Algo, que para los ocupados es sólo una pequeña molestia que incordia de vez en cuando. En el trabajo el ser humano se olvida de sí mismo, lo cual, sin embargo, no produce en él una dulce ingenuidad, sino un estado próximo a la imbecilidad.

Más que ser felices, los seres humanos queremos estar ocupados. Todo el que nos procura ocupación es, por tanto, un bienhechor. ¡La huida del aburrimiento!. En Oriente la sabiduría se acomoda al aburrimiento, hazaña, que a los europeos les resulta tan difícil que sospechan que la sabiduría es imposible. Se acusaba antaño a Galba de vivir ociosamente, y él respondió que los hombres deben dar razones de sus actividades, no de su inactividad.

Esta tarde paseando cerca el muelle he visto mi “no hacer nada con mi vida” reflejado en los veleros amarrados. Esos bellos y grandes navíos, imperceptiblemente balanceados sobre aguas tranquilas, esos mástiles desocupados y nostálgicos, ¿no nos dicen en una lengua muda: cuándo partimos hacia la felicidad? Creo que como yo, se sienten perfectamente en el puerto. Sin tener hacer nada más que seguir flotando.

Todos los animales empezamos flotando. El embrión, es lo que distingue a animales y plantas de los otros tres reinos; la blástula, lo que distingue al animal de la planta. Un embrión vegetal es una masa sólida dentro del tejido materno; un embrión animal es una bola hueca de células que suele flotar en el agua. En fin, mientras estoy sentado permitiéndome no pensar en nada, noto en el ambiente de la tarde, que flota ese aroma de ausencia, que dice al alma luminosa: nunca, y al corazón: espera.

Historias de Paco Sanz

EN LAS ÚLTIMAS

Historias de Paco Sanz

Estoy llegando a las últimas. Me doy cuenta de como me muero por cómo me estoy quedando sin compañía. Recuerdo al viejo judío saliendo del campo de concentración, cuando le preguntaron cómo se sentía, decía que le sorprendía seguir vivo pues todos los que quería se habían muerto. O del viejo poeta español que dejó escrito eso de: “No me duele de mi muerte, porque yo morirme tenía, más me duele por mis hijos, que pierden mi compañía”.

Cuando acabé con mis ritos de iniciación, cuando por fin no tuve que depender de mis superiores en la universidad, la mili o el trabajo, me di cuenta de que había generado una especie de alergia a las jerarquías. No he sido maestro de nadie, y en general mala compañía para todo el mundo. Cuando le digo a mis hermanas de lo insociable que soy levantan las cejas, pues estoy siempre entre parientes y amigos, por no decir de mi matrimonio que es de una duración escandalosa.

Esta pandemia nos está matando porque cada vez somos menos compañía, nos necesitamos menos unos a otros. Eso consigue que acabemos siendo extraños para nosotros mismos incluso sin salir de casa, que nos sintamos otros. Otro, imaginándolo todo para hacerme compañía. En la misma oscuridad que tu criatura, o en otra. Rápido, imagina.

Ahora mismo, escribiendo en la tablet, me doy cuenta de que busco compañía al otro lado del cristal. Hago como si hubiera otro mundo al otro lado del espejo, del cristal. ¡Cristal, espejo nunca! reclama el buen amante. Como aquel poeta que escribió una vez ”¡Besame!, dices, te beso, y mientras te beso pienso en lo fríos que serán tus labios en el espejo”. Hago por seguir escribiendo para no estar tan solo. En fin, que cierta actividad mental es complementaria de la compañía.

Bien pensado estoy en compañía de otro ser vivo, que también está al otro lado de un cristal: Un pez. Da vueltas en su pecera, veo sus ojos al otro lado de su pantalla. Está en cierto modo navegando como yo, dando vueltas, como yo. Es el primero de los vertebrados, yo soy uno de los últimos. Cada dos días le doy de comer, cada cuatro le cambio el agua. Yo leo casi siempre. A veces escribo, a veces salgo a la calle. A él, el otro pez se le murió. Mi Santa sigue a mi lado.

Nietzsche llamaba a su dolor su perro. Le hacía compañía, le era fiel. Estos días veo pasear a mucha gente con su perro por el descampado, algunos incluso los llevan atados. En el gusto por estar así acompañados se ha reconocido siempre el alma del eremita. San Roque, el patrón de los apestados, es representado en pinturas y esculturas con su perro a su lado. Como es imaginario, en fotos no.

Al haber envejecido un poco más deprisa que de costumbre por la falta de compañía, nos hemos vuelto un poco más religiosos, un poco más solitarios. Los mejores cristianos primero renunciaron a las mujeres, después al mundo, y finalmente a la compañía de otros hombres, eran los hombres del eremos, del desierto. El desierto crece ¡ay de aquel que en sí albergue desiertos! Pues a volar.

Las condiciones del pájaro solitario son cinco. La primera es que se va a lo más alto; la segunda que no sufre compañía; la tercera que pone el pico al aire; la cuarta que no tiene determinado el color; la quinta que canta suavemente.

Historias de Paco Sanz.

PACIENTES DE LA PANDEMIA

Historias de Paco Sanz

Hay cosas que no cambian ni con la pandemia. Supongo que son nuestras cosas esenciales. ¿Qué es lo mejor que puedes vivir en la vida? Alegría, hermano. Y ¿cuál es el enemigo de siempre? La tristeza. Entristece ver como el enemigo avanza con la enfermedad, con la pobreza, con el rencor… con el desamor.

Decía Freud que el que no pierde la cabeza en ciertas circunstancias es que no tiene cabeza que perder. Me gusta creer que con el corazón pasa algo parecido, que no basta con querer no perderlo en ciertas circunstancias, se trata de recuperarlo cuanto antes. Un personaje de una novela de Sartre paseaba indignado por las calles de Nueva York, porque estaba llena de carteles que decían: “Not to grin is a sin”. Mientras, había guerra en España.

Ahora con la mascarilla las sonrisas falsas, ésas sólo con los labios, no se ven. Me dicen mis amigos, con los que todavía me hablo, que los pueblos parecen tristes. Les cuento que como paseante compulsivo que soy, me doy cuenta, de que cada vez buscan menos mis ojos los de la gente con la que me cruzo. Hasta qué punto proyecto nunca lo sé. Por decirlo en verso: “Esta tristeza del campo/ en que el alma se aposenta/ ¿es una tristeza suya/ o es una tristeza nuestra?/¿Son sus soledades tristes/ como las de las estrellas/ que nos parece a los ojos/ que están vivas y están muertas?”

Hay que recordar quienes somos, que somos mejores de lo que creemos, por pura coherencia. Ese es el frente al que hay que acudir, donde presentar batalla. Con palabras de Spinoza: “Experimentamos alegría cuando un cuerpo se encuentra con el nuestro y se compone con él, cuando una idea se encuentra con nuestra alma y se compone con ella, o, por el contrario tristeza, cuando un cuerpo o una idea amenazan nuestra propia coherencia”.

Ahora que no puedo abrazar a mis amigos, ni a mis hijos ni a mis nietos, ahora que todavía no me ha pasado lo que le pasó a Machado cuando perdió a su amada: “Nos quedamos solos mi corazón y el mar”, dar con ideas que compongan con mi alma es más necesario que nunca. La pandemia me lo pone especialmente difícil.

Joäo Gilberto no contrapone la tristeza a la alegría sino a la felicidad, son las suyas de esas palabras que, cuando las recuerdo, me pongo a cantar: lo canta así: “Tristeza não tem fim/ Felicidade, sim/ Tristeza não tem fim/ Felicidade, sim/ A felicidade é como a gota/ De orvalho numa pétala de flor/ Brilha tranquila, depois de leve, oscila/ E cai como uma lágrima de amor”.

¿Buscas la felicidad en las palabras? Combate la tristeza donde la encuentres, vuelve a Spinoza, me digo. Él llevaba tan lejos su lucha que hasta en la “esperanza” y en la “seguridad” encuentra ese poco de tristeza, que basta para hacer de ellas, sentimientos de esclavos. La verdadera ciudad, propone a los ciudadanos más amor a la libertad que esperanzas de recompensa o seguridad de los bienes; pues “a los esclavos y no a los hombres libres, es a quienes se promete seguridad o se recompensa por su buen comportamiento”.

Hasta entonces: Paciencia y barajar. Paciente es no el que huye del mal, sino el que no se deja arrastrar por su presencia a un desordenado estado de tristeza. La paciencia preserva al hombre del peligro de que su espíritu “sea quebrado por el abatimiento y pierda su grandeza”. Pacientes de esta pandemia, lo somos todos.

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Liz Taylor y Richard Burton

Historias de Richard Burton.

Una de las parejas más legendarias de Hollywood: Elizabeth Taylor y Richard Burton. Marco Antonio y Cleopatra.

Esta carta fue escrita y enviada por Richard Burton, a Elizabeth Taylor, a los ocho meses de haberse casado con su última mujer y una semana antes de morir a los 59 años. En ese último año no volverían a verse. La carta la encontró Liz Taylor en su casa de California, al regresar del entierro de Richard Burton en Suiza.

“Quiero saber cómo estás, odio mío… Mi cara y mi cruz, sombra y luz, mi paloma y mi cuervo. Por aquí nada nuevo: el lago opaco, la tapia de lluvia, la ventana ciega por la que brilla el ágata del recuerdo de tus ojos violeta. Repta el domingo por la tarde, bebo.

Déjame decirte que estoy triste como un perro viejo y que mi soledad es una casa enorme, vacía e inútil, como ésta. Mi gata amarilla maúlla. Ojalá fuera a tu sombra, a tu silueta de diosa antigua. También la gata te añora y araña el molde de tu ausencia. Parece que le has dejado tus ojos puestos para que no pueda olvidarte… Si pudieras contestarme que aún, no es demasiado tarde para el marinero borracho que desea volver a su muelle… Aprieto el corazón contra la ventana y mi pulso, y el reloj de la lluvia, repiten tu nombre y el mío. Eres como la lluvia y la memoria, clara y oscura, el arma y la herida, falsa y hermosa, ardiente y fría.

Me da por pensar que te has quedado, que el tiempo no ha pasado y que ésta no es la carta de un borracho sino un poema desbaratado. Siempre vuelve a mí ese tiempo que habitamos como huéspedes del éxito, con nuestra cama a la deriva por los remolinos del Tíber, con las caricias de los celos y los mordiscos del deseo, las seducciones del engaño y el beso de la culpa… No hay vida sin ti, eres el hueso y la vena, turbia y clara, el muro y la hiedra, la hierba que besará mi lápida: la vida y la nada. Ya no volverá el instante de tiniebla donde galopabas sobre la ola de mi orgasmo. Conmigo en tí sueño.

Ya termino como te digo, por aquí no hay nada nuevo, el lago opaco, los ladridos del viento, es domingo por la tarde. No, ya es de noche, y bebo.

Sigue lloviendo sobre esta casa nueva, ruinosa, que parece que no tiene techo, solo el suelo de tu ausencia. Llueve sobre mí y sobre estas palabras borrosas que te nombran mil veces. En el fondo nunca nos hemos separado. Y supongo que nunca lo haremos…”

💕

Richard Burton… Historias de Richard Burton.

MÁQUINAS Y MASCOTAS

Historias de Paco Sanz

Busco pasearme por lugares socialmente distanciados para poderlo hacer sin mascarilla. La mayoría de la gente con la que me cruzo llevan perros, estamos tan lejos de la civilización que hasta pueden dejarlos sueltos, y según por dónde, acaban dejando lo que sueltan porque no hace falta ir a recogerlo.

Pienso en los animales que han estado a mi cargo, en las mascotas de mis hijos, en los animales del laboratorio cuando en ellos trabajaba, en las corridas de toros, en los rebaños de corderos en las tierras altas, en las condiciones de las granjas, en el pez que está ahora al lado de la pantalla… y en los que me he comido. En el agapornis de mi hija, en el loro de mi cuñado, en los perros de cuando vivía en el campo, en el porche en el que dejaba restos de comida y en el que llegué a contar hasta diecisiete gatos.

Pero vínculos serios sólo los he establecido con un perro, un mastín de cincuenta kilos que vigilaba a mi hija pequeña, con un gato atigrado que estaba encima de la mesa mientras escribía y que a veces dormía la siesta conmigo, y sobre todo con un caballo no muy grande, con el que durante tres años estuve “saliendo”. Humo, Ahora, y Hombrecito. Me “conocían…” El primero se murió delante mío atragantado con un hueso, al segundo lo mató un perro, y a Hombrecito no me lo pude llevar cuando me fui a vivir a la gran ciudad.

He sentido la moto, el barco de vela, la bici, como extensiones de mi cuerpo, pero lo del caballo es una forma de prolongarse, de fundirse con un ser vivo de otra especie muy particular. Supongo que lo de poner tu vida en sus manos debe ayudar a eso. Y lo de moverse, bailar a la vez, también.

La convivencia, las relaciones con los animales cuando uno ya no puede vivir en el campo, son necesariamente perversas. El recoger la cacas de los perros por la calle lo recuerda. El no ser vegano, o al menos el no ser animalista en la ciudad, es algo que hago a contracorazón. Los especistas me cargan, no son tan nefastos como los racistas, los machistas o los fascistas, claro, pero no dejan de ser también bastante despiadados.

La credibilidad de los animalistas aumentaría, si se aplicaran con más determinación por lograr que se protejan y promocionen los derechos humanos, más que en de defender los de las bestias. Que la necesidad de hilar más fino en lo del cuidado de las bestias, fuera una especie de consecuencia de hacerlo con el cuidado de las personas. No al revés, es decir, en la necesidad de cuidar a los seres humanos con el cuidado que les debemos a las bestias.

La cuestión no es: ¿Pueden razonar? Ni tampoco: ¿Pueden hablar? Sino: ¿Pueden sentir el sufrimiento? Y quien dice sufrimiento dice también placer o bienestar, a fin de que el común denominador de las buenas bestias no tenga un aire tan triste.

Ahora, que el transhumanismo me apunta, ya no me pregunto si las máquinas serán o no más inteligentes que nosotros, pero creo que no podrán sufrir. Y es que no serán tan bestias. Al menos mientras nosotros no podamos alimentarnos de kilovatios, y ellas no puedan ingerir kilocalorías alimenticias para seguir funcionando o multiplicándose, no me dan ninguna pena. Algo de miedo, lo que harán con nosotros, sí, claro.

Historias de Paco Sanz.

EL FRÍO…

Historias de Paco Sanz

He pasado más miedo con el frío que con el calor. Cuando vivaqueaba, recuerdo haberme despertado porque un lado de la cara se me había quedado helada. También que cuando llega la fiebre, lo primero que sientes es frío. Del frío mejor guardarse. Uno de los consejos más viejos de la medicina dice que: “Conviene tomar baños calientes, dormir sobre algo blando, embriagarse una o dos veces, de cuando en cuando, y entregarse al coito cuando se presente la ocasión”. Decía Ramón, y tengo que darle la razón, que “cuando sentimos un pie frío y otro caliente, sospechamos que uno de los dos no es nuestro”.

Todavía ahora combatimos el frío intentado que, de vez en cuando, el calor nos llegue a los huesos. Recuerdo a Margarita, una vieja a la que su hijo había acabado convenciendo de que se fuera a vivir con él en un apartamento, con calefacción central y todo. A veces, cuando el invierno apretaba, se venía nuestra casa y nos pedía permiso para quedarse un rato junto al hogar. Después de estar un buen rato cerca del fuego se volvía a su casa. Nos decía que en su casa se estaba bien, pero que si se quedaba fría, por mucho que se acercara al radiador el frío no se le iba.

A veces pienso en ella cuando, al volver de uno de esos paseos idiotas a los que por mucho frío que haga en la calle a veces no puedo evitar entregarme, intento abrazar a mi señora. Me dice que por qué no intento antes estar un buen rato junto a un radiador. Para los viejos el calor corporal puede llegar a ser un tesoro.

Mira que lo sabía, pero cuando le di un beso en la frente a mi madre, poco después de que hubiera muerto, me quedé sorprendido de lo fría que estaba. Lo que está cerca del nacimiento es húmedo y caliente, y crece mucho, como lo que todavía está en la infancia. El individuo joven procede de una mezcla de elementos calientes y secos. El hombre, cuando ya no se desarrolla más es seco y frío, porque el calor que afluye ya no domina. Los viejos son fríos y mojados, porque el fuego se retira y el agua afluye.

En una habitación fría, cuando llega la noche, nos acercamos mejor unos a otros. Pues no sólo del invierno habla el frío, también de la noche. Cada uno, cuando llega el invierno, cuando llega la noche, se calienta con lo que puede. Unos con una compañera más joven que uno, otros con la libertad. Y es que “Como en la oscuridad de la noche invernal/ nuestros ojos buscan el alba/ como en los brazos del frío amargo/ el corazón ansía el sol/ así de ciega y atada/ nos reclama el alma entre sollozos/ sé nuestra luz, nuestro fuego, nuestro aliento/ ¡Libertad!”

Además, por la pandemia y el frío que está haciendo, mejor quedarse en casa. Esperando que si lo hacemos así, sean con nosotros más clementes los dioses. Como si fuéramos esquimales. Para los esquimales hay dos religiones: la de verano y la de invierno. Sus dioses no eran iguales. Los de invierno tenían que protegerlos dentro de los iglúes, y los de verano ayudarles en sus actividades de caza y pesca.

No hay que permitir que el frío, que la noche, que el invierno, se nos metan dentro. Decía Rimbaud “Temer mucho al invierno, porque es la estación del confort”. Cuando el entorno es demasiado confortable, ni la libertad, ni la proximidad de la compañía, son tan necesarias, tan preciosas como debieran ser.

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CARTAS DESDE UN BAR

Historias de Paco Sanz

Hace años que escribo cartas. Lo hacía antes de que llegaran los ordenadores y aun conservo cartas que escribieron mis padres y abuelos. Los charlatanes escribiendo somos menos aburridos; con no leer la carta no hay siquiera que contestarla. Hace tiempo mis hijos me pidieron que si quería, si tenía que escribir, que me limitara a hacerlo sobre cosas que me pasan, que sobre las cosas que pasan bastante se escribe ya, y que por supuesto que de lo que me pasa por la cabeza no hacía falta que dijera nada. Un sacrificio desde luego, porque no me pasa nada, y por la cabeza no paran de pasarme cosas.

En fin: “Antes me querías/ ahora no me quieres./ ¡Qué cosas más raras pasan en el mundo/ sin que uno se entere!” Me consuelo pensando que más que buenas cartas por escribir, tengo por delante buenos libros por leer. Una buena carta habla de quién la escribe, un buen libro del lector. El papel de los humanismos ha sido el de “domesticar” a los seres humanos mediante la lectura, haciendo que dominen sus instintos “bestiales”, pero creando unos privilegiados, que se escriben unos a otros extensas cartas bajo la forma de libros.

Cuando al escribir a mis hijos me enrollo como una persiana, recuerdo a veces las disculpas que pedía Unamuno a un amigo al que había enviado una extensa carta: “Si me he extendido tanto al escribirte, ha sido porque no he tenido tiempo”. Para escribir bien, supongo. Labore di porre, trabajo de pintor, que va añadiendo cosas. Labore di levare, escultor, que va quitando cosas. Leonardo sea con nosotros.

Antes para escribir cartas uno tenía que hacer buena letra, pensar en expresarse con claridad venía en segundo lugar. Hacerlo, era una especie de cortesía al cuadrado, al menos si uno cree que la cortesía del filósofo es expresarse con claridad, como Ortega dejó escrito no sé donde.

En Montecasino, Alberico escribió en el siglo XI el Breviario de Dictamine, en el que establece las cinco partes constitutivas de una carta, (salutatio, captatio benevolentiae, narratio, petitio y conclusio). La facilidad de escribir cartas tiene que haber traído al mundo -considerado desde un punto de vista exclusivamente teórico- una terrible perturbación de las almas.

¡A quién se le ocurrió que la gente pueda mantener relaciones por correspondencia! Uno puede pensar en una persona ausente, y puede tocar a una presente, todo lo demás supera las fuerzas humanas. Los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas en el camino, y esa abundante alimentación hace que los fantasmas se multipliquen en forma desmesurada.

San Francisco pensaba que eso de escribir cartas sin saber quien lo leería no estaba bien. Sólo escribía a sus amigos. Nietzsche, que aquel que conoce al lector ya nada hace por el lector. Deleuze, que escribir era cartografiar. Algunos escriben bien porque piensan que Dios les ve. Cuando escribo a mis hijos, pienso que sería peor si tuvieran que aguantarme.

Aquí estoy, como en un bar, enrollándome con desconocidos. Gertrude Stein sostenía que uno escribe para si mismo y para los desconocidos, una magnífica reflexión que yo extendería a un apotegma paralelo: uno lee para si mismo y para los desconocidos.

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HUMILDAD Y AÑO NUEVO

Historias de Paco Sanz

El año se ha acabado, y pocas veces se le ha puesto más fácil al Año Nuevo mejorar al anterior. Ya veremos, dijo el ciego. Mirando hacia atrás sin ira, pienso en la lección de humildad que este desastre nos ha propinado. Me he pasado la vida intentando ser más humilde en vano. Nietzsche pensaba que la primera cuestión de la filosofía es la llevarse bien con la propia soledad, yo creo que lo verdaderamente difícil es ser humilde. De cabeza y de corazón. Recuerdo a Pasolini, la cualidad que poseía en rara medida no era la humildad, sino algo mucho más difícil de encontrar: el amor a lo humilde, y diría, la competencia en humildad.

Antes, que no hacíamos tanto la pelota a los niños, eran los niños más humildes, y siempre creeré que hasta que los niños no vuelvan a la humildad, la vida estará horrorosamente trastocada. Pasarse la vida estudiando creo que ayuda. La humildad, que no abunda entre los doctos, aun es menos frecuente entre los ignorantes. En el dominio de la inteligencia, la virtud de la humildad no es otra cosa que prestar atención. No hay nada más cercano a la verdadera humildad que la inteligencia. Es imposible estar orgullosos de nuestra inteligencia, en el momento en que la ejercemos realmente.

Tampoco tiene que irnos siempre bien en todo ¿no…? Es un desconocimiento racionalista de la esencia del fluir de la vida personal, el pensar y exigir que ésta, haya de vibrar en todo momento con las mismas amplitudes anchas y armoniosas con que brota en los instantes agraciados. Tales exigencias, arrancan de una falta de humildad interna ante el misterio y el carácter de gracia inherente a toda vida.

En política, por ejemplo. La vida política no es un proyecto de mejora del mundo en donde se invierten las esperanzas trascendentales de un mundo sin fe. En cambio, se trata, de una tarea desesperadamente humilde de improvisación infinita, en donde todo bien se ve comprometido por los demás; se busca un equilibrio entre los males necesarios de la vida humana. Y la perspectiva omnipresente del desastre, es conjurada hasta el día siguiente.

¿En qué consiste esa cualidad de la humildad, siempre tan elusiva y tan añorada? Es la única cualidad, que si se pensara que se posee se perdería al instante. Me recuerda a las frases cachondeándose de la lógica. La más famosa es: “Miento”. Si efectivamente miento al decirlo, entonces digo la verdad, aunque no lo sepa. ¿Puedo afeitarme a mí mismo…? Últimamente me despierto pensando que la vejez añade, mientras quita. Humildad, por ejemplo.

Es buena contra la envidia y contra las mentiras, favorece la bondad de quitarse de en medio. Por decirlo en verso: “Aquí la envidia y la mentira/ me tuvieron encerrado./ Dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira/ de aqueste mundo malvado,/ y con pobre mesa y casa/ en el campo deleitoso,/ con sólo Dios se compasa,/ y a solas su vida pasa/ ni envidiado ni envidioso”. Aunque: “ En los extremos del hado/ no hay hombre tan desdichado/ que no tenga un envidioso/ ni hay hombre tan virtuoso/ que no tenga un envidiado.”

Considero que es un pecado contra la humildad el dar publicidad a lo que escribo. Pienso, que escribir es únicamente asumir la sacralidad que llena cada instante, es la humilde anotación, que tiene en el asombro su comienzo, el de un logos que alienta en todas partes. He disfrutado escribiendo, lo he hecho también leyendo lo que he escrito, ¿qué tercera cosa espero, como los necios?

La verdadera humildad es cuando puedes sorprenderte a ti mismo más que a los demás; el resto es timidez o buen marketing. La humildad no puede enseñarse por medio de la propaganda, pero la esclavitud sí… A ver si lo recuerdo.

Feliz Año Nuevo.

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FILIAS Y FOBIAS

Historias de Paco Sanz

El miedo al contacto tiene hasta nombre: hafefobia. Es tanto miedo a tocar como a ser tocado. Las fobias son la leche, son como la ansiedad, bicamerales las pobres. Pasa también con aporofobia, (del griego ἄπορος áporos ‘pobre’ y φόβος fóbos ‘miedo’ ) que es tanto el rechazo hacia la pobreza como hacia las personas pobres.

Recomendaba Talleyrand a los secretarios a los que daba clases, que desconfiaran de sus primeros movimientos porque eran generalmente generosos. Propios de un hombre primitivo. Era un tipo serio, según él: “Con las bayonetas se puede hacer de todo. Todo, menos una cosa: sentarse en ellas”.

Hoy, el antiguo proverbio sumerio que ha sido traducido como “Obra prontamente, haz feliz a tu Dios” tiene vigencia, sobre todo en el mercado. Pide que ignores al enemigo. Que no seas paranoico. Paranoia, viene de para y nous. Otra mente, describe tanto el estado alucinatorio de la esquizofrenia como el de la mística del hombre bicameral, que escucha voces, o se imagina enemigos.

Algunos pueblos de África Occidental cuentan que, antes de llegar al mundo, cada uno establecemos contacto con un doble celestial que prescribe qué haremos con nuestra vida: cuánto viviremos, con quién nos casaremos, cuántos hijos tendremos, etc. “Entonces, justo antes de que nazcas, te conducen al Árbol del Olvido, al que abrazas y a partir de ese momento pierdes todo recuerdo consciente de tu contrato”. Sin embargo, si no cumples todas tus obligaciones contractuales, “enfermarás y requerirás la ayuda de un adivino, que empleará toda su habilidad para contactar con tu doble celestial, y descubrir qué artículos de tu contrato estás incumpliendo”.

No está mal eso de creerse varios para enfrentarse a las fobias. La poesía también ayuda. “Me bañé, afeité, vestí; me miré en el espejo./ “Vamos”, le dije a mi agarofobia, y salimos/ juntos a dar un paseo por el parque”. El otro lado de las fobias son las filias. Los que disfrutamos de la comida y de la música lo sabemos. El conflicto entre la necesidad de resistirse y la necesidad de adaptarse, es un modelo que se repite a todas las escalas, desde la cocina, con la necesidad de conciliar la neofobia y la neofilia, hasta la música, con la de armonizar la repetición y la diferencia.

Sucede algo parecido con los viajes. Se puede viajar por filotopía, por amor a un lugar. Pero también por topofobia, es decir viajar contra un espacio, partir impelidos por la imperiosa necesidad de no estar en un lugar. Tanto fobias como filias tienen un efecto rebote que vendedores y políticos usan sin manías.

Por ejemplo, la invención de la Islamofobia ha sido ha sido hábil pues ha acabado convirtiendo al Islam en un objeto intocable bajo pena de racismo. Alimentados desde hace medio siglo en el respeto a la diferencia, se nos invita a no evaluar una religión extranjera con criterios occidentales. El relativismo cultural, nos manda ver lo que llamamos nuestros valores, como simples prejuicios, creencias de una tribu particular que se llama Occidente. Pasa también con la xenofobia. La xenofobia no es una actitud exclusiva de las culturas invasoras, se da también en las invadidas, en las culturas de los vencidos. La sensación de que los propios dioses han muerto conduce a veces a perseguir a los propios abuelos.

El Gran Inquisidor de la España cristiana del siglo XVI oculta sus orígenes judíos, y se vuelve con odio contra aquellos de los suyos que han conservado sus raíces. El que ha tenido que aprender catalán de mayor, es el que más insiste en que sólo se hable en catalán.

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¿Me habré vuelto virtual?

Historias de Paco Sanz

¡Anda que si les quiero porque no están conmigo! ¿Me habré vuelto virtual? A menudo para que descubramos que estamos enamorados, incluso quizá para que nos enamoremos, es necesaria la separación. El amor entendido como carencia. Amamos con especial intensidad al perseguir algo inaccesible, lo que no poseemos; amamos de un modo particular cuando lo hacemos sólo en potencia, al darnos cuenta de que “no está conmigo…” Moriremos solos. Es preciso, pues, hacer como si estuviéramos solos. Reposar en la soledad de su compañía; y así, su ausencia duele, y es más difícil descansar.

La gente deprimida tiende a actuar con más calma bajo la presencia de la amenaza o la catástrofe, es como si ya supieran que cosas así iban a suceder. La estrategia del melancólico: la única manera que tiene de relacionarse con las cosas que no ha tenido nunca, que nunca tendrá, es tratar a las cosas que aún tiene como si ya las hubiera perdido. “Si no sabes si la quieres piérdela…” La necesidad como carencia, o la necesidad como proyecto. “La miseria consiste no en la carencia de las cosas sino en la necesidad de las mismas”.

El manipulador saca partido de este hecho: en efecto, no es la gran variedad de cosas lo que deslumbra. Es posible desasosegar mucho más al ser humano y meterle más miedo, si se le da a entender lo que puede desperdiciar o perder si no colabora haciendo ésto o aquéllo. La potenciación de las necesidades fuertes, está en la base de las maniobras de manipulación de las necesidades. Los individuos que han desaprendido a reconocer sus propias necesidades y a reclamar sus propios derechos, se convierten en presas de la megamáquina que define, en lugar de ellos, sus carencias y sus reivindicaciones. “No tengo ganas de saber lo que me falta, sino de conseguir lo que quiero…” La voluntad de poder no hay que entenderla como querer el poder, sino como el poder querer.

La voluntad creadora y donadora, “la virtud que hace regalos”, que se encuentra en el propio hecho de desear su objetivo: lo que quiero, lo necesitaré siempre. Se concentra en la necesidad, como proyecto de satisfacción, no como final de una carencia.

Mucho me temo que lo que queda en mí de amor a Dios, al Azar que me constituye, a la totalidad que me engloba, provenga de aquellos malos religiosos en mi educación. Dios es amor, o Theós agape estin.

Historias de Paco Sanz

MI HISTORIA CON PACO SANZ

Sabes que has encontrado algo gordo, importante, solo echando un primer vistazo a sus párrafos. Nunca has visto nada igual: tan radical y tan directo, tan corto ni tan bien escrito. Ni tan filosófico… Cada uno de sus relatos, textos o disertaciones -no sé cómo llamarlos- son un viaje por la Historia o por la medicina; un recorrido poético; una búsqueda de ciencia envuelta en filosofía; nada más, y nada menos.

Recuerdo que fue gracias a uno de mis berrinches en feisbuc al ser censurado descaradamente, cuando le encontré… Os explico. Buscaba otra red social que no me hiciera trampas y encontré una llamada MeWe. Esta aplicación hace gala de que no interfiere para nada en la viralidad de tus publicaciones. Tanto tienes, tanto vales. Cuanto mejor y más contenido creas y publicas, y cuantos más contactos tengas y respondan, más éxito tiene lo que publicas. Así de simple debería ser… Y lo típico: que si hazte un perfil y pon tu foto, que si ponte a buscar gente por ahí con la que conectar porque para eso es una red social… eeen fin, más o menos como el rollo del feisbuc.

Es solo fruto de una curiosidad, de una coincidencia temporal, pero creo que empecé a leerle diría que precisamente la primera noche que comenzó nuestro confinamiento; allá en aquel infame marzo. No tenía ni idea de quién era, ni siquiera de si era o no alguien; de si no fuera a ser acaso un bot de inteligencia artificial, de ésos que juegan a dar por culo por ahí confundiéndonos… Pero por la hondura y por los detalles de cómo escribe deduje que no, que era un humano. Creo que es un catalán oriundo de Sort, aunque se ve que ya no vive allí.

Leerle todos los días, diría que es como lo que se siente cuando llegas agotado, sucio, tarde a tu casa, y lo primero que haces es ducharte con un buen jabón y abundante agua caliente… Empiezo a leerle, y experimento una especie de alivio, de placer beatífico, en esa forma digamos que de limpiarme al restregarme con sus palabras. El aseo personal es algo muy importante dado cómo está el mundo, y lo de que lavarse es algo imprescindible y muy placentero no me lo negaréis.

Pues el mero hecho de leerle, es, como que eliminara la roña que se me pega al cuerpo; como que me limpiara a fondo agujeros y recovecos. Leerle es aclarar con dialéctica y retórica, ciertos espacios nuestros, espirituales o no sé si intelectuales, que lo cotidiano nos anega con la mierda de la prisa.

Leyéndole sé, que seguramente es un octogenario, de ésos que lejos de creerse relegados saben que están de sobra en plenas facultades… Se ríe del mundo, y piensa y escribe de él de una manera, que se nota que lleva muchísimo tiempo pensando y riéndose… Uno de tantos superdotados anónimos que seguro hay por ahí, rodeándonos, pero que entre tanto ruido mediático nos pasan desapercibidos. Sin darnos ni cuenta.

Tiene Paco Sanz un perfil en MeWe, en el que no se puede interactuar en modo alguno con él salvo comentando sus publicaciones. Otra cosa es que te conteste, ya que hace gala de su cierta mala educación a ese respecto: se ve que no le gusta meterse en berenjenales… La única vez que me ha contestado fue cuando le pedí permiso para compartir en mi blog algunos de sus artículos. Su respuesta fue lacónica, afirmativa pero como a la defensiva; como cuando crees que estás hablándole a una máquina o a algo que te pueda hacer trampas… Es chocante, pero le pasó igual que a mí: que desconfió.

Un genio de las historias en un folio.

Un Maestro.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

SE HAN MASCULINIZADO

Historias de Paco Sanz

Me gustan las personas, las feministas no tanto, qué le vamos a hacer. La incorporación de las mujeres al mundo del empleo y del sueldo (porque trabajar en lo que hay que trabajar, cuidando, eso siempre lo han hecho) ha sido un desastre. La medicina y la sanidad es lo que más ha mejorado por su incorporación al mercado laboral. En otras cosas se ha cumplido la vieja amenaza: más que conseguir introducir la inteligencia y la delicadeza femenina en el entorno laboral, ellas se han masculinizado. Y la educación de los niños y el cuidado de los viejos, “personalizados”, en casa, se ha vuelto imposible.

Mi generación ha sido testigo de todo el proceso. Mis hijos pudieron ir “tarde” al colegio porque su madre pudo dedicarse a criarlos, e incluso a traer algo de dinero a casa trabajando fuera, porque sus padres vivieron esos días de crianza con nosotros. Morirían en un entorno doméstico. También habían criado a sus hijos con abuelos en casa. Sin embargo, mis padres, ni admitieron a los suyos en casa ni vivieron con nosotros más que en vacaciones. Murieron en residencias.

En la ciudad donde he ejercido la medicina durante más de cuarenta años, asistíamos a mucha gente de los pueblos cercanos. Los más mayores habían sido pacientes de mi padre, incluso alguno de mi abuelo. Cuando les decía que mi padre había perdido la cabeza, que mi madre ya no podía con él ni a pesar de tener ayuda en casa, y que habíamos decidido que estaría mejor en una residencia después de muchas dudas sobre todo por parte de la familia que vivía en otras ciudades, me decían que habíamos hecho bien… Sin embargo venían a la consulta con sus hijos, me hacían ir a su casa para visitarles, y estaban peor que mi padre pero los aguantaban en casa, incluso los que tenían más dinero que nosotros. Cuando veía a las nueras pensaba en la sopa de amapolas, y en el dejar dormir al abuelo de las matronas romanas, cuando la eutanasia, la buena muerte, se cocinaba en casa.

Mi madre sin embargo, maternalizó las relaciones con sus hijos hasta el final. No quiso venir a vivir con nosotros para no darnos la lata, cuando le llegó la hora de los pañales y la silla de ruedas, ingresó en una residencia “pues tenía dinero para pagársela” Y yo no podía dejar de ir a verla casi cada día. Porque con la mala conciencia sí me quedé. La cuestión era para ella: que nosotros estuviéramos bien. En comparación con otros padres, cuya longevidad y dependencia caen como una losa sobre los hijos ya mayores, ella nos lo puso muy fácil.

Marx acababa sus obras con un DESAM: Dixit et salvavi animam meam. En mi caso cada vez que doy por acabado algo de lo que escribo debiera poner RQTQS: recuerda que tienes que suicidarte, como hacía una escritora cuyo nombre prefiero no recordar, y que efectivamente acabó suicidándose. Digo esto por ver si así, si llego a tener que optar entre ser un deber penoso para mis hijos o hacerme cuidar por extraños, conserve la suficiente voluntad y memoria como para acabar conmigo.

La verdad es que las personas que les ha tocado hacer de mujer últimamente lo han hecho muy mal. Somos demasiados porque ellas lo han permitido. Lisístrata, la de Aristófanes, propuso una especie de huelga sexual: no acostarse con los hombres que fueran a la guerra. Se ha quedado como personaje de una comedia. Además, seguimos creciendo y multiplicándonos como animales. Porque nos encantan los niños.

Las instituciones imperantes siguen creyendo, en la primacía y la eficacia del crecimiento económico como indicador clave del bienestar del sistema, incluso a la luz de unos recursos en continua disminución. No sería necesario, según este dogma, aceptar la realidad de que un crecimiento económico en continua expansión, es en realidad un absurdo en un sistema finito: algo ridículo, y que pronto acabará, incluso aunque los activistas no hagan nada para oponerse a él.

Historias de Paco Sanz

EL SUEÑO

Historias de Paco Sanz

Dormir bien es como cagar bien, claves para envejecer bien. La primera queja que reportan los geriatras: el estreñimiento; la segunda, el insomnio. De que se nos vaya la cabeza suelen quejarse los demás. Mi filósofo de cabecera dice que es difícil dormir bien, que para ello hay que estar bien despierto todo el día. El gaucho lo tiene más claro: “Cada vez que considero/ que me tengo que morir/ tiendo mi capa en el suelo/ y me “jarto” de dormir”.

Cuando era niño iba a la iglesia, de joven fui al mar. De niño dormía bien, pero tuve que hacerme a la mar para poder entender lo de rezar. De mayor leí: “Quien no sabe rezar debe ir al mar/ y quien no sabe dormir a la iglesia debe ir”. En mi caso fue exactamente así. No me he atrevido a decirle nunca a un paciente que rece para dormir, la religión y la medicina deben guardar las apariencias, y mi alegre travesura no da para tanto. Aunque bien recuerdo una oración de Unamuno: “Méteme, Padre Eterno, en tu pecho,/ misterioso hogar,/ dormiré allí, pues vengo deshecho,/ del duro bregar”.

En los sin techo puede observarse como la necesidad de espacio para dormir se acerca al mínimo; una caja de cartón sobre la cabeza puede valer para señalar la demanda de espacio del durmiente. Del más famoso de los sin techo se ha transmitido ese dicho: “Los zorros tienen cuevas y los pájaros del cielo tienen nidos: pero el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. ¿Qué significa esto? Quien es sostenido por una hiperinmunidad esférica (et non sum solus, quia pater mecum est) no estoy solo porque mi Padre está conmigo; no exige un lecho propio, pero sí un cobertor paradisíaco.

Para conciliar el sueño a veces hay que tomar pastillas, más veces de lo que quisiéramos confesar, los efectos secundarios de las pastillas para dormir son menores que los de no dormir, eso no se lo puedo contar a los que duermen bien, aunque es algo que no cuesta mucho venderle a los insomnes. Un insomne es alguien que toma somníferos. Que depende de ellos para dormir.

También ayuda a dormir bien el olvidar bien. O al menos el tener esperanzas. Una vez leí de un experimento, en el que los participantes que completaron una lista de quehaceres pendientes antes de acostarse, conciliaban el sueño, de media, 16 minutos después de apagar la luz. En cambio los que se quedaron pensando en el pasado, necesitaron de promedio, 25 minutos para dormirse. Cuanto más específica y extensa era la lista de actividades por efectuar, antes cerraban los ojos los voluntarios.

La más temprana experiencia humana es la carencia. Carencia de oxígeno, que ciertamente activa el mecanismo respiratorio, pero no sin un sentimiento de asfixia. La segunda sumirse en el olvido: dormir por vez primera, como todas las venideras, es “regresión al estadío de mágica omnipotencia alucinatoria en el cuerpo de la madre”. Dormir es sucedáneo de prenatalidad. Cada uno se defiende, con sus sueños de “nacer” a un mundo de deseos imposibles de cumplir: se defiende de despertar. Dígase lo que se diga, el instante más feliz de las personas felices es el de dormirse, y el más infeliz de las personas desgraciadas, el de despertarse.

El sueño es como un segundo apartamento que tuviéramos, y al que fuéramos a dormir, abandonando el nuestro. En una poesía que Juan Ramón dedicaba al agua soñada, recuerdo mi dormir cuando navegaba: “El dormir es como un puente/ que va del hoy a mañana./ Por debajo, como un sueño,/ pasa el agua”.

Por volver al de la cabeza de pólvora, al poder anfetamínico de su retórica:”¿Qué hacer para estimularse cuando uno está disgustado y fatigado de si? Uno recomienda la tabla de juego, el otro el cristianismo, un tercero la electricidad. Pero lo mejor querido melancólico, sigue siendo: dormir mucho, en sentido propio y en sentido figurado. ¡Así se reencontrará la mañana! El punto de apoyo en el arte de vivir consiste en intercalar en el buen momento el sueño bajo todas sus formas”.

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La costumbre de mi abuelo…

Historias de Paco Sanz

“Señor, me sedujiste, y yo me dejé seducir”. Eso se repite el cartujo en el recogimiento de su celda. Está a veces encantado, y a veces espantado por eso. A mí me pasa también con ella; ella, a veces ella, esa persona, y a veces la vida entera. A ella no me une sólo el amor, sino el espanto, será por eso que la quiero tanto.

Por seguir con la costumbre de mi abuelo, y su manía de hacer pareados, o de hablar siempre de un modo poético, proverbial: El “Ser” que puede ser comprendido, es lenguaje. El lenguaje que se ha quedado sin “Ser” se convierte en charlatanería. Hace falta mucho silencio para que la frase se haga proverbial. Para que llegue a su “altura”.

Recordaré siempre a un niño que una vez, le dijo a su abuelo cuando yo estaba hablando con él: “Abuelo, este señor habla como si estuviera leyendo un libro”. Y su manera de decirlo. Ya me gustaría a mí escribir como si estuviera hablando con ése niño, que por todo lo vivido, nunca he dejado de ser. Pero lo que hago es escribir como si estuviera prestando por fin atención a la música, como si estuviera andando, un poco como el que sale a darse una vuelta, para despejarse.

Pienso que la buena escritura, la buena música, invitan a levantarse, a ponerse en marcha, a ponerse a bailar. Se escribe con la mano, pero se da testimonio de lo bien que se lee con el pie. Leyendo o escuchando música hay que darse cuenta de que el pie levanta la oreja. Los dedos del pie se levantan no sólo para andar sino para leer, para escuchar.

En uno de los paseos que me di este verano, vi a un viejo leyendo un libro en un banco del parque. Lo hacía sin gafas, por deformación profesional pensé, a ése ya le han operado de cataratas, y bachiller que es uno me fijé en el título del libro: “Ética”. No me costó mucho identificarlo porque es un libro de esos que adornan mi biblioteca y de los que nunca he conseguido deshacerme. Una persona leyendo a Spinoza, en el parque, con mascarilla y todo, ¡qué nivel!

Un motivo plausible para que los mayores sigamos leyendo, es la creencia de que no somos verdaderamente viejos hasta que no empezamos a sentir que ya no tenemos nada que aprender. De hecho, la disminución del volumen prefrontal que aparece junto a las dificultades de aprender y ejecutar nuevas tareas a los viejos, sobre todo con retardos de larga duración y con distracciones invalidantes durante ellos, se debe más a la pérdida de sinapsis y reducción de espinas dendríticas, que a tener menos número neuronas porque se hayan muerto.

La filosofía o la poesía no se estudian, se leen. Lo del estudio tiene un tono muy solemne. Estoy estudiando a Dante suena a mucho más, que estoy leyendo a Dante; en realidad es mucho menos. Nuestra actividad de lectura está dirigida por los objetivos que mediante ella pretendemos; no es lo mismo leer para ver si interesa seguir leyendo, que leer cuando buscamos una información muy determinada, o cuando necesitamos formarnos una idea global del contenido, para transmitirlo a otra persona. No nos perturbará del mismo modo percibir lagunas en nuestra información, en un caso que en otro.

Nos seduce, nos espanta, el Señor o ella, mi vida, del mismo modo. La amo.

Historias de Paco Sanz

ESPAÑOLES IMBÉCILES

Que se dejan insultar…

Para una parte considerable de españoles -imbéciles- parece que no hay ninguna diferencia, entre el mecanismo mental que los impulsa a votar sí o sí siempre a su partido político de toa la vida, y el que los impulsa a ser un forofo irredento de su equipo de fútbol manque pierda… Piensan con y como el culo… En vez de votar con la cabeza y el bolsillo, votan con los cojones y el corazón; y claro, así nos va a todos.

¿Cómo es posible que tipejos siniestros y vacuos como Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, hayan accedido ni más ni menos que al gobierno del Reino de España, cuando se ciscan en público y en privado tanto en la mismísima España -de la que han estado mamando- como en su Monarquía, en su Constitución, en su Himno, en su Bandera, en su Historia, en sus Muertos, en su Gente…?

Cuando mis hijas me preguntan que qué coño pasa en nuestro país, que porqué nuestros políticos tienen la cara taaan dura, me quedo sin palabras… Esta poca vergüenza no se la explica nadie, si no fuera porque pareciera que a aquellos españoles imbéciles se la suda todo…

Y no sé porqué tengo la sensación de tener, en la parte que me toque, alguna culpa de cómo está nuestro país; por no haberlo hecho lo suficientemente bien; por no haber hecho lo bastante…

A mi generación nos regalaron una recién estrenada y por ello defectuosa democracia, y en cierta forma sabiéndolo, no la hemos perfeccionado corrigiendo sus fallas sino que las hemos utilizado, pareciera que para hacernos trampas y quebrarnos al solitario… Tanto hemos utilizado la Constitución y las leyes de forma torticera y prostituta, que hemos llegado a ver normal el que muchos se las salten a la torera, y la quiebren, para salirse con la suya.

Y así, tenemos ahora amorrados al gobierno a una gentuza, que odia a los españoles hasta tal punto, que en su día usaron el terrorismo sin piedad para conseguir sus fines y encima, ahora, lejos de renegar de aquella no tan lejana barbarie asesina, la exhiben en nuestra cara en el Congreso de los Diputados como si de un mérito democrático en nombre de Franco se tratara, cuando lo que odiaban y mataban eran, siempre, y simplemente, españoles…

– Me cago en todos sus muertos.

Otros, que no se cansan de traicionarnos saliendo cansinos cada dos por tres al balcón de la Generalidad, a proclamar la republiqueta ésa que no tienen los huevos ni el apoyo suficientes para ganar por la fuerza y con una revolución en las calles, que es como se consiguen esas cosas: luchando con cojones, con sangre y víctimas, en las calles… Como a ellos les gustaría.

Cobardes unos y otros; pero igual si no más cobardes nosotros que lo hemos consentido…

El caso es que yo soy español y no me importa todo una mierda… Y no soy seguramente un tipo ejemplar, pero lo que nunca he sido, ni por mi educación se me ocurriría nunca ser, es tan infame y tan ladrón, así de sinvergüenza y malnacido, como así lo son y se comportan, muchos de los que hemos permitido que accedan a ciertos puestos de relevancia política e institucional.

Y claro, ésto no lo entiende nadie, nadie… Ni Dios.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

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MONSTRUOS

Historias de Paco Sanz

Leo en una revista de ecología política lo malos que son los de la extrema derecha en ecología, ecofascistas les llaman. Veo un documental sobre lo cándidos que son los activistas en estas cosas. Buenistas les vienen a llamar. La derecha acusa a la izquierda en ecología de falta de cálculo, la izquierda a la derecha de mala voluntad.

La gente que no cuenta no cuenta. Unos por demasiado gusto por los cuentos y otros por demasiado gusto por las cuentas, la verdad es que los de ciencias y los de letras tienen que estar a la greña incluso en biología. Hasta con la gestión, con las palabras y los números de la pandemia, siguen jugando “sucio”.

Para producir un vatio eléctrico se necesitan tres térmicos. Para producir una caloría de alimento son necesarias diez en combustibles fósiles. Cada día como, cada día cargo mis dispositivos. Estoy empezando a mirar los enchufes de mi casa con ojos golositos. Nuestros descendientes algo cyborgs ya cargan cada noche baterías de patinetes, bicis y coches. Supongo que pronto se cargarán ellos durante la noche. Que habrá, un día que se podrá hacer algo parecido a la comida directamente de la electricidad.

Con la energía “limpia”, “renovable”, que viene del sol, me pasa como con el pecado de Adán y Eva. ¿Quién tentó a Adán?: Eva. ¿Quién tentó a Eva?: la serpiente. ¿Quién tentó a la serpiente?: No blafemes, por favor. ¿De donde sale la electricidad que mueve los coches eléctricos?: Del sol, de la lluvia, del viento, gracias a las placas solares, las centrales hidroeléctricas y los molinos. ¿Y la energía necesaria para construirlos?: Calla, no seas aguafiestas.

Seguro que encima me vendrás con el cuento que a veces no hace viento, no llueve y encima es de noche.

La verdad es que desde el punto de vista biológico somos un desastre. Un animal del tamaño del hombre necesita de dos a tres mil kilocalorías al día. Pero usamos alrededor de cuarenta mil, el equivalente a un animal de cinco a siete toneladas. Y encima si viene el covid y tenemos que parar un poco nos deprimimos.

De los conceptos marxistas, el más aplicable a la economía ecológica es el del fetichismo de la mercancía o, en nuestro vocabulario, la ficción de la capacidad de medirlo todo: o sea, el hecho de que no podemos comparar kilogramos de carbón con horas de trabajo humano en las mismas unidades, aunque a primera vista, una medida en dinero o una medida energética los haga conmensurables.

El uso de los combustibles fósiles supuso un salto exponencial en la disposición de energía. Se estima que un barril de petróleo (159 litros) contiene una energía equivalente a 25.000 horas de trabajo humano. La energía que ellos proporcionaron en 1995 equivalía a la de 280.000 millones de trabajadores, lo cual suponía 55 esclavos por persona. No es de extrañar que las guerras del siglo XX hayan sido motivadas en gran medida por el control del petróleo, y que las perdieran aquellos países que no pudieron asegurarse un flujo suficiente del mismo, como fue el caso de Alemania en las dos guerras mundiales y de Japón en la segunda.

En los últimos cincuenta años nuestra demanda de energía ha sido mayor que toda la energía consumida durante la historia humana precedente. Con toda seguridad la historia de la vida en nuestro planeta nunca había hospedado a parejas criaturas. Hay motivos para preguntarse si, por ser plenamente conscientes de ello, no nos hemos convertido en una generación de monstruos.

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BANDAZOS…

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Hubo una vez, que tuvimos que enterarnos de que éramos una especie de primos del mono. Del Manual de Civismo para Jovencitas recuerdo un consejo: Si te dicen que el hombre se distingue del mono porque no tiene cola, no remuevas diciendo que sí tiene una.

El hecho de que un hombre se entienda a sí mismo, bien como imagen de Dios o bien como la de un mono que ha tenido éxito, establecerá una clara diferencia en su comportamiento con relación a los hechos reales. También en ambos casos oirá muy distintos tipos de mandatos dentro de sí mismo.

Para que los niños no se comporten como animales, vamos a no decirles que lo son, que descienden de ellos. Es el argumentum ad consecuentiam, falacia muy querida por los antievolucionistas, que hacen como si una cosa fuera verdadera o falsa, según nos gusten o no sus consecuencias. Como exclamó una dama de la alta sociedad, al escuchar las noticias sobre sus menos que nobles orígenes: “Esperemos que no sean ciertos. Pero si lo son, esperemos que no se haga público”.

Veo que la gente descendemos de una larga secuencia de ancestros humanos y animales, en una serie interminable de acontecimientos fortuitos, encuentros accidentales, rapiñas brutales, escapatorias afortunadas, esfuerzos sostenidos, supervivencias a la guerra y la enfermedad. Se necesitó una concatenación intrincada e improbable de acontecimientos para llegar a cada uno de nosotros, una inmensa historia que otorga a cada persona la sacralidad de un sequoya milenario, o a cada niño la exquisitez de un secreto.

Nuestro sistema de vida se ha estropeado, es hora de dejar hacer a la evolución su trabajo. Una vez que la selección natural ha solventado un problema, suele quedarse en esa solución siguiendo la máxima: “Si no está estropeado no lo arregles”. Dicho de otro modo, en ausencia de una presión selectiva para cambiar, los sistemas no se renuevan y ostentan muchas huellas de su pasado evolutivo. Puede, que un proceso se lleve a cabo de una cierta manera simplemente porque primero evolucionó de esa manera, no porque ésa sea en absoluto la mejor y más eficaz.

Tengo miedo de que se nos hinche un lado de la cabeza, debido a que el éxito evolutivo de los hombres rápidos, acabe conduciendo a una hipofunción del pensamiento lento; con la consiguiente hipertrofia de estructuras nerviosas, probablemente del hemisferio derecho, idóneas para reforzar el pensamiento rápido.

Y en la medida que vaya tratándose, más de sintonizar que de hacer encajar; que las cuestiones clave, sean cuestiones más de buen gusto que de buenas razones, tengo miedo también de que acabemos, yendo así, siendo cada vez menos humanos, más mala gente.

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Fracasan, fracasan de nuevo…

“…todo aquel que tenga que explicar su fracaso ha fracasado…”

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Adaptarse, hacerlo cuanto antes: a lo de no poder echar a estos tíos que lo están haciendo fatal. Fracasan, fracasan de nuevo, fracasan peor. Se explican, se explican de nuevo, se explican peor. Galbraith dijo una vez que debería haber, en todas las cuestiones económicas y políticas, una regla según la cual todo aquel que tenga que explicar su fracaso ha fracasado… Debemos ser amables con aquellos que hayan tenido una pobre actuación. Pero no debemos llevar nuestra benevolencia hasta el extremo de mantenerles en sus cargos.

Siempre he encontrado curiosas las críticas de la gente con mentalidad práctica, con respecto a las comunidades utópicas y los experimentos comunistas, basándose en que a menudo fracasan y desaparecen muy rápidamente. No estoy seguro de que lo peor que pueda decirse de una institución humana, sea que posee la flexibilidad orgánica que le permitirá descomponerse tras haber fracasado, dejando ahí terreno libre para un nuevo crecimiento.

Existe una posibilidad más funesta: puede negarse a morir cuando ha sobrevivido a su fase de inutilidad, puede seguir funcionando y realizando su tarea obsoleta, imponiéndose a la gente para la que ya carece de valor, agotando su lealtad y energía. Creo que ésta es la situación con que nos encontramos en las organizaciones demasiado desarrolladas de la sociedad industrial informacional. Ponen en peligro a la persona y al planeta, pero no por ello se extinguirán y dejarán el paso libre… No son biodegradables.

Son filósofos. Estamos por fin gobernados por filósofos como quería Platón. La filosofía es cosa de perdedores, ayuda a serlo. Tomarse las cosas con filosofía es adaptación pura y dura. Pépin distingue entre los fracasos que nos vuelven más combativos, los que nos hacen más sabios, y los que nos devuelven la disponibilidad para hacer otra cosa nueva. Nuestra clase política, combativa sí es.

He visto a demasiadas buenas personas, a gente especialmente brillante apartarse de la política, hasta yo me he apartado sin serlo. “Desde que tengo uso de razón asisto al indefectible fracaso de nuestros mejores hombres, rendidos por tener que emplear sus facultades arcangélicas contra boxeadores cotidianos”. Ortega lo dijo así. Otros lo sentimos así, pero lo decimos de cualquier manera.

Personalmente “en la guerra que sostengo, siendo mi ser contra mí, pues como yo mismo me combato, defiéndame Dios de mí…” Con otras palabras: en mi guerra contra el mundo defiendo al mundo. Los que estamos acostumbrados a carreras contra nosotros mismos estamos acostumbrados a fracasar.

Asistimos al fracaso del antigénico. La vía exitosa de defensa contra algún antígeno, nos lleva a pretender la misma para otro diferente, aunque los anticuerpos que se generan ya no sirvan contra el nuevo enemigo.

Es como ese viejo dicho militar de que los generales, especialmente los vencedores: “combaten como en la última guerra que libraron…” Parece como si el sistema inmunitario confiara más en reforzar las viejas defensas que en organizar otras nuevas, sobre todo si la antigua estrategia pareció funcionar razonablemente bien, con gran rapidez, y contra un enemigo tan parecido…

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LA CAJA DE HERRAMIENTAS

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No quiero saber cómo funciona mi móvil. Es una caja negra, es magia. Entiendo por cajanegrismo al punto de vista según el cual, la conversión de cajas negras en cajas translúcidas mediante el relleno de las primeras con “mecanismos definidos”, no es necesario ni deseable. ¿No entiendo lo que no puedo crear? Hemos dejado atrás eso de Feynman. ¡La comprensión, está tan pasada de moda, es tan de otra época! ¿Quién quiere comprensión, cuando todos podemos ser los beneficiarios de artefactos que nos ahorran todo ese arduo trabajo? Se puede saber más, de lo que se puede demostrar.

El éxito limitado en el intento de establecer relaciones directas entre fenómenos observables, es el que nos lleva advertir que la diversidad del universo actual, debe ser superior a la diversidad que nos revelan nuestros sentidos. Desde un punto de vista lógico, el cajanegrismo es semejante al holismo y al Gestalismo, en cuanto estas escuelas igualmente desean detener el análisis, esto es, limitar la razón. Aceptar la magia.

Tener que aceptar la magia de cosas que no entiendes en nombre de la mejora de la capacidad predictiva, es algo contra lo que los investigadores siempre han luchado. Einstein diría que Dios no juega a los dados con el Universo, y los que dicen que entienden la mecánica cuántica, es que no la han entendido. Feynman lo dijo. Hay personas que nos pasamos la vida intentando comprender.

Von Neuman, recordaba Feynman, me dio una idea interesante: que no tienes que responsabilizarte del mundo en el que estás. De modo que, como consecuencia de su consejo, he desarrollado un sentimiento muy fuerte de irresponsabilidad social. Eso ha hecho que yo sea un hombre feliz desde entonces.

Al conjunto de métodos de aprendizaje automático, que permiten a un humano saber cómo y porqué se ha vuelto un valor concreto, se les denomina métodos de caja blanca, y en gran medida coinciden con los métodos simbólicos. Por otra parte, al conjunto de métodos que no permiten interpretar fácilmente los motivos que han llevado a la máquina a arrojar un resultado determinado, se les denomina métodos de caja negra. Usualmente los métodos de caja negra muestran una mejor capacidad predictiva, mientras que los métodos de caja blanca ofrecen una mejor capacidad explicativa.

Me paso la vida intentando blanquear cajas. Intentando comprender libros. Para Proust un libro debe ser como unas gafas, si te las pones y ves mejor, ¡adelante!, ¡úsalas! Si no: ¡busca otras! No es algo a comprender sino a utilizar. Foucault decía que debía usarse como una caja de herramientas, Nietzsche pensaba en un hacha… que quiebre el hielo que cubre nuestro mar.

Ahora que llega la pobreza, más que blanquear cajas o conformarse con su negrura habría que mejorar nuestras herramientas. La proletarización entre los obreros, no está consumada más que con la destrucción de toda capacidad autónoma de producir su subsistencia. En tanto que el obrero posea una caja de herramientas que le permita atender sus propias necesidades; en tanto que disponga de un pequeño jardín en que cultivar legumbres o cuidar gallinas, su proletarización le parecerá accidental y remediable, ya que convencido por la experiencia de una autonomía posible: debe ser posible salir de ella, establecerse por su cuenta un día, comprar con sus ahorros una pequeña granja, bricolear para atender a sus necesidades una vez jubilado. En resumen, que si van mal las cosas sólo es por mala suerte… Como tiene su propio subsuelo, puede aceptarla, o no.

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ESTAR PENSANDO…

Historias de Paco Sanz

Mi hijo ha compartido conmigo la tara de la precocidad. No sólo cuando se tarda en saber, en comprender, puede uno convertirse en un “retrasado”, también haciéndolo antes de hora. Tuvo la suerte de tener una maestra que le puso en su sitio a tiempo. A mí no me pasó lo mismo, de haber sido puesto tanto como ejemplo por los maristas en clase, no me he recuperado nunca.

Su maestra, con la que compartí el gusto por ciertos libros y a la que ayudé cuanto pude en los “conciábulos y conventículos” con los padres de alumnos, me dijo que una vez encontró a mi hijo solo en el patio “encantado”, es decir con cara de no estar haciendo nada. Se acercó y le dijo “ Hola, ¿qué estás haciendo?”. El niño la miró de arriba abajo y contestó: “No me moleste, señorita, no ve que estoy pensando”. La pobre mujer se retiró de lo más cortada. En Oriente se considera una impertinencia interrumpir a alguien cuando está en contacto con su ángel bueno, y ella era un poco budista, como yo.

Hoy día eso de pensar por pensar ha ido a menos. No me extraña, y es que el pensar no conduce a un saber como las ciencias. El pensar no produce ninguna sabiduría aprovechable para la vida. El pensar no descifra enigmas del mundo. El pensar no infunde inmediatamente fuerzas para la acción.

Y es que no estamos para eso, con tanta necesidad por tener algo que hacer, no hay quien piense. Si el pensar actualiza la diferencia dentro de nuestra identidad dada en la conciencia, y ello produce la conciencia como subproducto; entonces el juzgar -el subproducto del efecto liberador del pensar- realiza el pensamiento, lo hace manifiesto en el mundo de las apariencias, donde nunca estoy solo y siempre demasiado ocupado para pensar… La manifestación del viento del pensar no es el conocimiento; es la capacidad para distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo.

Supongo que el niño estaba encantado porque todavía podía pensar sin palabras. Lo que es todo un lujo, todo un nivel. Luego las necesitamos -a las palabras- tanto para pensar que no sólo dejamos de poder hacerlo sin ellas, sino que a veces, da la sensación de que sólo podemos pensar con las palabras que tenemos en la mente. Más tarde cuando nos da por escribir esto se acentúa, no sabes lo que piensas hasta no darte cuenta de lo que estás escribiendo. Y es que la pluma es al pensar lo que el bastón al caminar. El caminar más ligero se realiza sin bastón, el pensar más perfecto sin pluma. Pero cuando uno empieza a hacerse viejo usa de buena gana tanto el bastón como la pluma. Y los imbéciles (palabra que deriva de in-baculus: uno que lleva un bastón por compañía) ya no saben salir a pasear sin bastón o a pensar sin pluma o teclado. La imbecilidad no es mala, lo malo es ejercerla.

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LA MÚSICA ESTÁ CAMBIANDO

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Las cosas están cambiando, y ante los cambios si no has podido anticiparte toca adaptarte. Nos adaptamos perfeccionando las madrigueras, las defensas, la ayuda mutua, o cambiando de lugar, de entorno. Pero mejor anticiparse, claro. Y para anticiparse en las cosas de la vida hay que recordar que está es ondulante, que la cronobiología es determinante. Por ejemplo: Tengo la regla.

Hay ritmos circadianos, alrededor del día; mareales, de 14 días; lunares, de 28; anuales de 365; y hasta septanos, de siete años. Las plantas siguen a veces ritmos de luz a luz, de 24 horas, y también de luz a oscuridad, de 10 horas. En cronobiología se usa el término reloj de arena para designar aquellos procesos rítmicos, que no son autosotenidos, y que requieren un acontecimiento periódico que dispara cada ciclo.

En nuestro cuerpo ondulan muchas cosas como la glucemia o la tensión arterial, es bueno que lo hagan. En el organismo sano, el intervalo entre latidos cardíacos es caótico, fluctúa pero no responde a ningún patrón periódico. Unos días antes de una muerte cardíaca súbita el ritmo cardíaco es sospechosamente regular, y trece horas antes del infarto es prácticamente constante.

Eso de adivinar el fluir natural y luego seguirlo, es muy fácil de decir y muy difícil de hacer, porque a veces el que puedes seguir mejor no es el natural. Cuando les fue provisionalmente concedido el derecho del trabajador a seguir su “ritmo natural” llegaron rápidamente a la conclusión de que “nuestro ritmo natural es el de no trabajar” al menos en las condiciones técnicas y sociales existentes.

También es sabido que es más fácil cambiar el tiempo de vigilia a base de retrasar la hora de irse a dormir, que madrugando. Por eso en las fábricas en las que se rotan turnos, se toleran mucho peor los que lo hacen hacia atrás, de noche-tarde-mañana, que los que lo hacen hacia adelante, mañana-tarde-noche. Y cuando nos cambian la hora protestamos más, llevamos peor la que nos hace madrugar, que la que nos deja estar un rato más en la cama por la mañana que de costumbre.

Los mecanismos de acción de las feromonas y la cronobiología son dos de los sentidos que nos quedan por investigar. Y los misteriosos caminos de la simpatía, o la coincidencia de la gente que ha estado en contacto con nosotros, son los otros dos. Pero para misterios, ondas y ritmos, nada como la música recuerda la vida.

En música el ritmo se refiere a la fragmentación temporal de una melodía, la cual se compone, a su vez, de una serie de sonidos y silencios. Se basa en la repetición regular del compás. No todos los compases son iguales. El típico compás 3/4 del vals vienés consiste en una serie de un pulso acentuado y dos sin acentuar. Este patrón conforma la métrica de una pieza musical. Mientras el ritmo y la métrica configuran la sucesión temporal de los sonidos, la armonía corresponde a su combinación simultánea.

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Y las bibliotecas, ¿volverán?

Historias de Paco Sanz

En la casa que va a ser de mi nieto hay veinte o treinta mil libros. Mi consuegro y yo hemos heredado libros de nuestros mayores, nuestros amigos nos los han dado, otros los hemos comprado. En el casoplón del pueblo, antigua mansión de algún noble, han ido quedándose los libros. He ramoneado en bibliotecas y librerías desde niño. En una ciudad nueva mientras los demás van de tiendas y museos yo me pierdo en ellas. Sigo haciéndolo en la casa que va a ser de mi nieto, me maravillan. Como Borges, siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca. Decía Ramón que cuando sacamos unos libros de la estantería, los otros se atraviesan en su hueco como para no volverlos a dejar entrar.

Cuando a mi primo el loco de la montaña le dije que nadie iba a leerlos, que me sabía mal tirarlos pero que estaban empezando a ocupar demasiado sitio, a acumular demasiado polvo, incluso en la gran casa que nadie vive; me dijo que no se me ocurriera tirarlos, que volverá a hacer frío en invierno, que si se queman despacio arden bien, dan calor, que hay otras formas más caras de devolver el carbono a la atmósfera. Me he acordado de Farenheit 451. Ahora no hace falta quemarlos, basta dejarlos en sus estanterías para que mueran solos. Cada vez hay menos gente que lee libros… viejos. La curiosidad sigue otros caminos. Y como dice la primera frase del libro ese: “It was a pleasure to burn”.

Pedir a los niños que dejen la tableta es como pedir a la gente que vive sola que no vea tanta televisión, es inútil. Si encontraran algo mejor que hacer lo harían. Además, las virtudes de la lectura están sobrevaloradas. Cuando los godos devastaron Grecia, uno de ellos salvó las bibliotecas de ser quemadas diciendo que convenía dejarlas a los enemigos, como cosa idónea para apartarlos de los ejercicios militares y entregarlos a ocupaciones sedentarias y ociosas. Mega biblion, mega kakón.

Creo que en los libros veo a las personas que los escribieron, tradujeron, editaron, compraron, regalaron, almacenaron, e incluso a los que los leyeron. A veces recuerdo al que era cuando leí alguno de ellos. Siempre me han gustado los cuentos de los abuelitos, tirarles de la lengua a los que vivieron cuando yo era niño. Siempre he pensado que cuando un anciano muere, aunque sea en una remota aldea de la selva, es como si ardiera una biblioteca entera. Los mayores eran las bibliotecas de las sociedades sin libros. Cuidar a los ancianos podría ser una cuestión de vida o muerte, similar al cuidado que un marino debe tener por sus cartas náuticas.

Incluso cuando los androides replicantes se mueren, desaparecen como lágrimas en la lluvia, pasa algo parecido: “I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near Tanhauser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die”.

En los monasterios, y estoy viviendo la pandemia ahora en lo que fue uno de ellos, al lado de la biblioteca había otro recinto más íntimo aun: el scriptolorium. El nombre procede del pequeño espacio en el que en la Edad Media los cistercienses copiaban los códices. Era un scriptorium de menores dimensiones: un simple rincón donde escribir, de paredes desnudas, y con sólo una mesa, una silla y un atril. Los copistas, muchas veces tenían que memorizar el texto antes de escribirlo.

Las bicicletas han vuelto a las ciudades, y las bibliotecas, ¿volverán?

Historias de Paco Sanz

¿PARA QUÉ PREDICAS…?

Historias de Paco Sanz

Dice Woody Allen en su autobiografía que lo que ha hecho más a gusto en el mundo ha sido escribir. Simpatizo con él porque seguro que piensa con alegría en que además le han pagado por ello… Simpatizo también con aquel rabino que no es que dejara de leer sino incluso de escribir, al comprender que no lo estaba haciendo sólo para su Creador. O con los que saben que el predicar no conduce a nada: “¿Por qué continúas predicando, si sabes que no puedes cambiar a los malvados?” le preguntaron a un rabino. “Para no cambiar yo”, fue la respuesta.

Oigo el canto de Federico al “agua que no desemboca, que no desemboca”. Y me encanta la separación entre la teoría y la práctica en todos los terrenos, del mismo modo que la separación entre la realidad y la verdad. Recuerdo las palabras de aquel chico que tras escuchar un bello cuento que le había narrado un viejo, preguntó: “¿Pero es cierto? ¿Ocurrió de verdad?” A lo que el viejo respondió: “No ocurrió realmente, pero es verdad”.

Los escritores, los investigadores, los artistas no están creando nada… Los creativos abundan, los padecemos, me tienen harto. Mi hija vino una vez muy contenta de la escuela porque para no decirle lo mal que había hecho no sé qué, le dijeron que era muy creativa. Un servidor que a veces se pone en plan “jodón” incluso con la gente que más quiere, le dijo a su madre, pero procurando que la niña lo oyera, que hay dos tipos de alumnos: los inteligentes y los creativos…

Desde hace no sé cuantos años no he parado de escribir para nada, miento diciendo que es porque me gusta; me gusta, pero es que además no puedo evitarlo… He caído bajo el hechizo de “maya”. Con el paso de los siglos, la palabra “maya” -uno de los términos más importantes de la filosofía hindú- cambió de significado. De representar el poder creativo de brahmán, pasó a significar, el estado psicológico de todo aquel que se halla bajo el influjo de la magia de la obra. Si confundimos las formas materiales de la obra con la realidad objetiva, sin percibir la unidad de brahmán subyacente en todas ellas, estamos bajo el hechizo de maya.

Las cosas bellas, las cosas buenas, no se crean, se descubren. Con las leyes pasa algo semejante. Al no ser las leyes otra cosa que la expresión de las relaciones que existen entre los hombres, y al estar determinadas por su naturaleza, la relación de una nueva ley es sólo una declaración nueva de aquello que existía previamente. La ley no es pues la disposición del legislador, éste no es su creador espontáneo. El legislador es para el orden social lo que el físico es para la naturaleza. Newton no pudo más que observar, y no declarar, las leyes que reconocía o creía reconocer. No se imaginaba sin duda que él fuese el creador de estas leyes.

Supongo que como acabo leyendo lo que escribo me tomo por mi discípulo, aunque incluso pensarme como mero receptor, me fastidia bastante. Con razón observó Nietzsche que la función más importante de un sistema filosófico es convencer a su propio autor. Se puede probar el acierto de esa observación preguntando a los autores considerados, cuándo, y con qué frecuencia, repiten sus principios fundamentales.

Le pregunto al esclavo: ¿Qué es entonces lo tuyo? El uso de las representaciones imaginativas. Quiero pensar además que eso es lo que poseo como algo inviolable: Nadie puede impedirme, nadie puede forzarme a usar mi imaginación sino como quiero.

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LEALTAD FIDELIDAD

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La Unión Europea, el Estado de las Autonomías, la ONU, la OMS… los estados federales, ¿por qué fracasan?, porque falta lealtad. Para que las relaciones entre gobiernos y administraciones funcionen adecuadamente se precisa de ese lubricante que los alemanes denominan “lealtad federal”, una actitud por la que todas las partes se esfuerzan en facilitar el ejercicio de las competencias ajenas, y procuran resolver las controversias de un modo amistoso y ágil.

Ahora se nota más. La gran mayoría de mis relaciones se han basado en ella. Cuando, llegados los malos tiempos mis amigos me han fallado o he fallado a mis amigos lo he llevado muy mal. Ha sido para mí más de una vez una sorpresa, ver quienes son verdaderamente capaces de mantener la palabra. No han sido siempre los que consideraba buenas personas, con buenas palabras y modos se ha vendido siempre mala mercancía.

La nuestra es una sociedad de contratos, en la que incluso para vivir juntos hay que firmar uno; está claro lo poco que se confía en la lealtad, incluso a nivel personal. Cuando les he dicho a mis amigos psiquiatras, que a las personas fieles a nuestra pareja nos da la sensación de que tendríamos que hacérnoslo mirar, no se lo han tomado en absoluto a broma. Tratan con demasiados adictos, a las drogas, a las malas costumbres… como para no tomarse eso de ser fiel a tu pareja como una posible adición más…

Confundimos el machismo con la virilidad porque lo de la lealtad, lo de la fidelidad no se lleva. La virilidad, es decir la pasión de la unión y la lealtad, se convirtió en machismo, acabemos con él… En efecto, es posible ablandar a los hombres, pero hacerles “cuidar” es otra cosa, y el proyecto tiene que fracasar inevitablemente.

En culturas anteriores a las nuestras, distantes de las nuestras, pero de hombres más sensatos, la lealtad no se la tomaban a broma. Por ejemplo en Japón, el chu significaba lealtad incondicional a la cabeza de la jerarquía social, ya se llamara ésta emperador o shogun, ya fuera de origen divino o terrenal; el chu era el primer mandamiento de la ética japonesa; el ko, la lealtad que se debe a los padres y antepasados, era el segundo, todas las demás normas de conducta venían después.

Para Confucio la lealtad era la virtud clave: lealtad a Dios, al Estado, a la propia familia y a los verdaderos significados de las palabras que uno utiliza. Primeros pasos en la formación hasta la Edad de la razón. La formación profesional y como ciudadano. El trabajo social y el cuidado de la familia. Y el leer y el escribir.

Para saber de nosotros no está mal preguntarse por cuáles son nuestras identificaciones, cuáles son nuestras lealtades, cuál nuestra comunidad, ante quiénes nos sentimos responsables. No me gustan las élites, me gusta la gente. Las élites son cosmopolitas, la gente local. Cuanto mayor es el nivel educativo y de renta de las personas más condicionada es su lealtad.

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LAS ESPERANZAS…

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Sólo los muy valientes o los muy tontos pueden vivir sin esperanzas. Ahora más que tener esperanzas estamos a la espera de que esta pesadilla pase. Esperamos poder por fin salir, volver a ver a los nuestros, que no nos coja el virus ni la pobreza, que inventen algo… Antes esperábamos cosas mucho más vagas: que les siguiera yendo bien a los chicos, suerte para envejecer como Dios manda, que gane mi equipo, mejorar como personas…

¿Estamos a la espera o tenemos esperanzas? Esa es la cuestión. No es lo mismo esperar que tener esperanzas. La esperanza está de lado del futuro, la espera está arropada en el instante. Uno tiene esperanza, uno confía en que pase esto o aquello, quizás no de inmediato, pero muy pronto. Cuando uno espera, en cambio, uno permanece en un estado de continua presencia, espera que algo que sucede en aquel momento pase, aunque quizás no pase nunca.

La falta de porvenir explica los deseos de transformación más extremos. Bourdieu insiste en las ilusiones apocalípticas, a la manera de Marx, que nunca creyó poder colocar esperanzas revolucionarias en el “proletariado con harapos”. Hay que salir de la falsa alternativa entre el “todo es posible” milenarista y el “nada es posible” experimentado dolorosamente por los más pobres. Ni la pérdida radical del mundo, ni la expectativa de su fin constituyen premisas creíbles para la acción política.

Los subproletarios, los hombres sin porvenir están abandonados a la suerte y a vanas esperanzas de una transformación milagrosa del mundo. Los pobres no disponen de un capital simbólico que los inscriba duraderamente en la sociedad. Esta intranquilidad permanente explica las ambiciones soñadas o las esperanzas milenaristas de los más desfavorecidos. Si los juegos de azar son tan corrientes entre ellos es porque reintroducen expectativas finalizadas en caos de la vida sin empleo. Hasta el final de la partida por lo menos el tiempo recobra un orden tranquilizador que la pobreza extrema le quita en todas las demás dimensiones de la existencia social.

Me gusta mucho la historia porque estoy siempre modificando mi pasado. Si resulta que las cosas de mi vida no fueron como me parecía mis esperanzas mejoran. “Esto hiciste, dice la memoria. No hice eso, contesta el orgullo inexorable. Finalmente la memoria cede”. Los que quieren que su pasado sea diferente del pasado deben estudiar el pasado. El primer paso para librarse de los males de hoy, para encaminarse hacia un futuro mejor es hacerse cuanto antes con otro pasado. Porque el pasado que permite este presente de mierda es necesariamente un falso pasado. Si no ¿cómo podríamos agradecer, recordar o tener esperanzas?

La reforma del pasado que acometen todas nuestras actividades internas se conjuga con la confianza en un incierto futuro. Por anodina que pueda parecer la vida de un adulto en comparación con los grandes proyectos que trazara en su infancia y adolescencia, la firme esperanza en que un golpe del destino le vaya a convertir en el héroe o semidiós que una vez soñara no lo abandonará del todo en ningún momento; las primeras esperanzas constituyen la últimas decepciones.

Como ni soy muy valiente ni muy tonto alimento cada día mis esperanzas, me ayuda a dormir mejor. Como los poetas: “Huyo del mal que me enoja/ buscando el bien que me falta./ Más que las penas que tengo/ me duelen mis esperanzas… Mientras que se sienta que se ríe el alma/ sin que los labios rían;/ mientras se llore, sin que el llanto acuda/ a nublar la pupila;/ mientras el corazón y la cabeza/ batallando prosigan,/ mientras haya esperanzas y recuerdos,/ ¡habrá poesía!”

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FALTA DE OLFATO

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El distanciamiento social, miseria que va a seguir al confinamiento doméstico, y que va a durar mucho más que lo de tener que quedarse en casa, va a hacer más difícil no sólo tocarnos, sino incluso olernos. Dicen que uno de los síntomas de que te has contagiado de la enfermedad esa que nos confina y distancia es la anosmia, que pierdes el olfato.

Los que se mueren de ella se mueren ahogados. Nos tapamos los ojos y dejamos de ver, nos tapamos las orejas y dejamos de oír, pero si dejamos de dejar que entre aire para dejar de oler, nos morimos. Etimológicamente hablando, el aliento no es neutral y transparente: es aire de cocina; vivimos en constante hervor a fuego lento. Hay un horno en nuestras células, cuando respiramos pasamos el mundo a través de nuestros cuerpos, lo cocinamos ligeramente y volvemos a soltarlo, levemente alterado por habernos conocido. Algunos ahora además sueltan aire envenenado, como si quisieran devolver el golpe.

Estos días he visto llenarse de hojas los árboles del parque que está delante de mi casa. No he podido esta primavera ser testigo de su llegada como cada año. Me he acordado de aquello que pedía Ramón: “Debería haber unos gemelos de oler para percibir el perfume de los jardines lejanos”. Lo que uno no puede oler tendrá que mirarlo de cerca. “What a man cannot smell out, a man may spy into” si no puedes sacar el olor, puedes fisgar dentro. Pues bien, hoy ni eso.

De momento no hay manera de dar a oler, de conseguir saber a qué huelen las personas, las cosas que están al otro lado de la pantalla. Una de mis nueras ha jugado a fabricar perfumes con sus hijos. Los niños nos los enseñaban. El más pequeño en un momento dado lo acercó a la pantalla para que lo oliéramos. ¡Pobres de nosotros! Me consuelo pensando que no tener que oler según a quién no está tan mal.

Mi abuela, que era cocinera profesional, de esas que son capaces de pillar los mil y un ingredientes de un guiso, perdió el olfato. Nunca recuperó la alegría y la mala leche que la caracterizaban. Un poco como si al desterrarla de la cocina la hubieran dejado sin aliento. Me acordé del sentimiento del mundo de la pantera de Rilke, que da vueltas en su jaula sin olfatear mundo alguno tras los barrotes, se corresponde con el diseño del mundo del depresivo, que no alcanza siquiera a lo más próximo.

Que no nos falte la poesía. Decía Federico que la poesía tiene un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Con ellos se puede nutrir ese gramo de locura que todos llevamos dentro y sin el cual es imprudente vivir, para ponerse el odioso monóculo de la pedantería libresca que lleva prescindir de ella. Para los mexicanos es el aliento de los dioses. La poesía y su milagro, la creación de un ámbito, igual que un perfume.

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Ángeles. Leyendas.

Historias de Paco Sanz

Hay un viejo relato malgache que cuenta que al principio el hombre fue creado por dos dioses. El dios de la tierra lo hizo de madera o arcilla, el dios del cielo le dio la vida. Pero los creadores discutieron entre si, y por tanto cada uno volvió a llevarse lo suyo. Por esta razón mueren los hombres, lo que implica que la vida regresa al cielo, mientras el cuerpo vuelve a la tierra. Ahora con tanto quemar a los muertos parece que quisiéramos que también ellos, quiero decir sus cuerpos, subieran al cielo.

Ahora que tantos están necesitados de cuidados viene a cuento una vieja historia, que dice que al ángel bueno de los hombres se le ha llamado Cura, siguiendo una vieja fábula griega. Dicen que una vez llegó Cura a un río y vio terrones de arcilla. Cavilando cogió uno de ellos y empezó a modelarlo. Mientras empieza a darle vueltas a qué ha hecho se acerca Júpiter, que casualmente pasaba por allí. Cura le pide que infunda espíritu al modelado trozo de arcilla. Júpiter se lo concede con gusto. Pero al querer Cura poner su nombre a su obra, Júpiter se lo prohibió diciendo que debería darle el suyo. Mientras Cura y Júpiter litigaban sobre el nombre se levantó la tierra Gaia y pidió que se le pusiera a la obra su nombre, puesto era ella quien había dado parte para la misma de un trozo de su cuerpo. Los litigantes escogieron para juez a Saturno.

Y Saturno les dio la siguiente sentencia evidentemente justa: Tú, Júpiter, por haber puesto el espíritu lo recibirás a su muerte; tú Gaia, por haber ofrecido tu cuerpo, recibirás su cuerpo. Pero por haber sido Cura quien primero dio forma a este ser, que lo posea mientras viva. Y en cuanto al litigio por su nombre, que se llame “homo” puesto que está hecho de humus, tierra fértil. Cura prima fixit, Cura teneat, quamdiu vixit. Cura lo hizo, que lo tenga Cura a su cuidado. El “ser en el mundo” tiene la acuñación ontológica de “cuidado”. Nuestro ángel bueno, Cura, nos tiene a su cuidado.

Para Benjamin los ángeles eran creados por casualidad, entendía lo “efímero” como la verdadera actualidad. Una vieja leyenda talmúdica dice que los ángeles son creados (cantidades ingentes de ángeles nuevos a cada instante) para, una vez que han entonado su himno a Dios, terminar y disolverse ya en la nada. Lo efímero entendido como la actualidad que se conformaría en la presencia de Dios, que por ello sería verdadera. Ángelus novus.

Aunque haya muchas clases de seres seráficos, para hablar con propiedad, deberíamos distinguir entre: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potencias, Principados, Arcángeles y Ángeles. Estos últimos son los encargados de los asuntos humanos. Una manera más profana de aventurarse por los órdenes angélicos llevaría a distinguir los ángeles de las preguntas y los de los finales. Así podríamos hablar de Incentívere, Escónditur y Revelatio, los ángeles del enigma; Nullius, Anonadatis, Noseris y Terminatio, los de la muerte.

Pregunta el poeta: ¿Quién, si yo gritase me oiría desde los órdenes angélicos? Y suponiendo que un ángel me cogiese de repente contra su corazón: ¿me desharía por su más fuerte existencia? Porque lo bello no es más que el comienzo de lo terrible, ese grado que todavía soportamos; y lo admiramos tanto porque como al desgaire desdeña aniquilarnos… Todo ángel es terrible.

Al final: “Como las rejas de una cárcel mi cama tenía/ los barrotes de hierro./ Trompetas finales sonaban en la noche/ sin luz y sin sueño./ Los ángeles blancos partían y venían volando /los ángeles negros”.

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El ovni…

A mi amigo Carmelo Martínez…

Apurábamos Carmelo y yo aquella larga noche de farra y playa todavía charrando y bromeando, bebiéndonos a chupitos lo que restaba de la botella de whisky, y haciendo como que pescábamos frente a mi casa… Lucíamos ambos ya, sendos bonitos pedales dadas las horas que eran y todo el whisky que había sido… Nos divertíamos, enredando de aquí para allá con lo de la pesca y nuestra propia joda…

Las cañas de pescar esperaban, sin suerte, clavadas en la franja de arena mojada… Nosotros también esperábamos, pero sentados playa arriba en unas banquetas, junto a una mesa plegable y a una linterna apagada…

Aquella noche, teníamos ante nosotros el inmenso fanal de la luna llena y la estela de su reflejo en el mar, justo frente a nosotros; evolviéndonos e irradiándolo todo con un difuminio de esplendor plateado… Enorme; más cercana de la cuenta parecía aquella luna; como si se pudiese lanzar contra ella una piedra y alcanzarla.

Y recuerdo que yo en aquel preciso momento, jugueteaba enterrando mis pies, abrigándolos con la tibieza del calor residual que la arena seca aún guardaba, tras todo el día siendo abrasada por el sol… Y entonces, pasó.

– ¡Ostias mira…!

Levanté la cabeza, justo, para asistir solo al desaparecer de una silueta de algo volando en completo silencio sobre nuestras cabezas; en dirección norte y a poco más de cien metros de altura… Carmelo lo vio un instante antes. Yo, tuve apenas un segundo para poder observar aquel objeto, del que solo podría asegurar que era metálico o de algún otro material bruñido, oscuro, y de forma lanceolada… Y puedo asegurarlo, porque pude distinguir aquellos reflejos lunares en su casco, que perfilaron sin duda alguna aquel objeto a mis ojos.

Lo vimos a la vez; sí, lo vimos; vaya si lo vimos… Extrañados y boquiabiertos, transcurrieron dos o tres segundos hasta que reaccionamos cruzando el pasmo de nuestras miradas… ¿Qué coño había sido eso?

¿Un ovni…? ¿Un avión nocturno? ¿Un pájaro? No nos lo podíamos creer, pero poco a poco y a fuerza de bromear y hablar de lo visto, fuimos olvidando el hecho mientras acabábamos con la botella de whisky y seguíamos con nuestra joda.

Al día siguiente, entre las brumas del sopor mañanero y de la resaca del whisky, recién levantados y con un café con leche en la mano, nos vino a la memoria el extraño suceso de la noche anterior.

– ¡Ostias…! ¿Te acuerdas…?

Volvimos a cruzar lo todavía perplejo de nuestras miradas, y le propuse que dibujásemos en un papel cada uno lo que vio, no fuese a ser que el whisky o nuestros sentidos nos hubiesen jugado una extraña pasada.

Y entonces, volvió a suceder.

Algo inexplicable.

…🤔

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras…..

¡Ay papá, ay papá…!

Era la mía, la única habitación con dos camas de nuestra casa, y hacía tiempo que ambos dormían en ella; juntos, pero en camas separadas. Habían renunciado a su alcoba de matrimonio porque se ve, que cuando tienes ya ochenta y muchísimos años, tus huesos agradecen la comodidad de un lecho para ti solo. Pero a la vez, seguro que hay momentos en los que esos mismos huesos tuyos, echan de menos la compañía y el calor del cuerpo que toda la vida caldeó tus carnes… Y se ve que por eso, mi padre cambió de catre aquella madrugada de enero; quizás, porque le despertó el frío y la ausencia.

Y seguramente empujaría a mi madre un poquito para que le hiciera sitio en medio, de la calidez de su cama de cuerpo y medio. Y hasta es posible que sin saberlo ellos, tal vez hicieran por última vez el amor, como solo lo saben hacer los viejos que llevan más de sesenta años juntos: palpándose, calentándose y cobijándose, y quién sabe si besándose con…

¿Momentos, convertidos en esencias de amor…? La vida es en esencia, solo un momento compuesto por miríadas de otros momentos. Y como todo lo esencial sucede, y sucede solo en un momento, siempre hay un momento para todo… Parece un perogrullo o un galimatías, pero no.

¡Ven, que tu padre está muy mal…!

Seis minutos tardé, quizá ocho o diez, o doce. Seguro que cuando llegué, el éter de su último hálito todavía no se habría diluido del todo en el aire de ésa mi habitación infantil, porque me pareció como respirar aquél su último expirar, oler su último olor, seguir su último rastro… Creí también percibir, diría que algo así como vibraciones; sutiles restos emocionales de la confusión y del miedo que debió sentir, ante lo inexorable de la urgencia mortal de ese sopor que lo arrastró… Me pareció también detectar un leve rastro como de ondas asustadas, cual huellas de su ánimo justo antes, del momento postrero en el que asustado, se dejaría caer en los brazos del abrazo inesperado y oscuro del óbito.

Adiós Papá.

Y empecé a llorar como no recordaba que podía hacerlo. Y me abandoné de lleno a ese llanto infantil y desbocado, como si sirviese de algo.

Mientras, mi hermana ¡ay papá, ay papá…! Sentada a su lado en la cama acariciaba, incrédula y llorosa, nerviosa y en shock, aquellos dedos ya inanes. A la vez también se esforzaba, inútil, por sostener erguida la languidez de su mano ya muerta. Parecía mi hermana como esperar, una respuesta táctil y viva en aquellos dedos al intentar agarrar con la vida de los suyos, los cinco de él todavía tibios… Tal, y como hacen los enamorados al unir sus manos entrelazando los dedos al caminar juntos.

Fue inútil. ¡Pero qué bonito Nena…!

Y también en sólo un momento llegaron, y se lo llevaron. Entraron en mi casa por las puertas de la cancela abiertas como nunca, de par en par; cargados con una enorme y fría plancha metálica a modo de camilla, y dos bolsas: una blanca y una negra. La blanca era un sudario moderno de algodón, suave y con cremallera; la negra era una simple bolsa de transporte de lona basta, con asas, y también con cremallera… El peor momento para mí, fue, el tener que profanar su lecho mortuorio y lo hermoso del gesto durmiente de su postura, para meterlo como si un fardo pelele en aquellas bolsas.

Y justo antes de que se cerrasen por completo aquellas cremalleras, hice un gesto para que pararan, y lento, me acerqué al máximo a su rostro y lo besé, asomándome al abismo frío de contemplar su muerte… Medio minuto estuve en silencio observando muy de cerca y por último, los surcos de ese semblante de mi padre sin gesto ni mueca alguna. Y creo que como mi hermana ¡ay papá, ay papá…! yo también parece que esperé aún sabiendo que en vano, rescatar algún signo de aquella vida que lo insuflaba hacía quince o veinte minutos.

Peeero… todo pasa en un momento.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

💞

LA RADIO Y LA ETA

Hace no sé cuánto fue el día de la radio… En un programa de gran audiencia pedían la participación de gente contando sus historias de radio…

Yo he crecido y vivo, oyendo la radio… Además de que por siempre me ha recordado a mi padre, porque siempre he pensado que cambiar con frecuencia el dial de la radio era y es, el mejor medio, el más inmediato y fiable de proveerme de información veraz, actual y fresca… Pero os confieso que sobre todo me gusta la radio porque si os fijáis, es una especie de sucedáneo para magantos a los que nos gustaba la lectura…

Escuchar con atención y en vivo a gente inteligente hablar de cosas interesantes, es algo parecido a leerles… Además, la gente puede mentir en una rueda de prensa o en una comparecencia ante los medios, pero no, en una entrevista radiofónica ante un periodista que como tal se precie… La radio es en verdad, y sucede en ese preciso momento; es en directo; y precisamente por eso la gente se cuida más de quedar en directo, como cagancho en Almagro…

Yo, he vivido siempre en mi pueblo o cerca de él, gracias a Dios. Pero no siempre vivíamos tan lejos de donde explotaban aquellas bombas infames… Y recuerdo que despertaba de pequeño, muchas veces, percibiendo el luto en el ánimo de mis padres y sin entender nada… ¿Otro día más? ¿Hoy también? Otro día igual… Ellos procuraban no encender la televisión para que no lo viésemos. Pero la radio siempre encendida era, y decía, la verdad. No sé cuántos muertos más en otro atentado de la puta eta ésa… Todavía me acuerdo de el de Alicante, en un hotel justo frente a la playa de El Postiguet, en la boca misma del puerto deportivo, en pleno centro de la ciudad… Hijosdeperra.

Pero a diferencia de hoy, como en aquella época todos éramos españoles menos aquellos asesinos, los atentados nos dolían como si hubieran reventado la bomba en tu mismo pueblo, justo en tu calle… Así nos dolía; y dolía siempre…

Compatriotas asesinados con vileza por meros terroristas, en unos tiempos aquellos de profundo y auténtico deseo colectivo de paz en el alma de la inmensa mayoría de los españoles… Y ellos, hijosdeputa, matándonos como a perros, no por ser franquistas sino solo por ser españoles… Lo recuerdo bien.

Y hoy, de aquella infamia parece que ya no se acuerda nadie. Por eso, iros a la mierda hoy…

Os quiero lectores, lo sabéis 💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

LA AMISTAD

Historias de Paco Sanz

La risa no es un mal inicio de una amistad y es, por supuesto, su mejor final. Echo de menos a mis amigos, el poder ser amigo de alguien como en el érase una vez de mis años mozos. Qué misterio la amistad. El código fuente de la amistad es la ignorancia tácita sobre la razón última de su misma existencia. ¿Cómo pude ser tan amigo de mi amigo? ”Porque era él; porque era yo”. Decía Montaigne de su gran amigo. Que le tomaba por el que creía ser.

Durante mucho tiempo se ha creído imposible la amistad del hombre con la mujer, parecía que la amistad fuera una invención de los hombres para dominar su antiguo miedo a la mujer, la relación amistosa parece entonces un medio de neutralizar la magia femenina, efecto del poder de la mujer sobre la vida y su connivencia con la naturaleza, entonces se entendía la manía de someter a la mujer como la manera de dominar el carácter peligroso que se atribuía a su impureza fundamental y a su fuerza misteriosa.

¡Que buena amiga sigue siendo para mí mi compañera! Cuando vuelvo a verla por la mañana se enciende la luz. Nietzsche nos dijo que cuando los hombres se hayan convertido en esplendores y sistemas autónomos, estarán especialmente solos. Entonces buscarán un amigo, alguien al que poder dar su felicidad, su voluntad de poder será la de poder amar. El mejor amigo tendrá probablemente la mejor esposa, puesto que un buen matrimonio se funda en el talento de la amistad. Y entre todas la amistades ninguna se proyecta tanto hacia adelante y se tiene que proyectar tanto hacia arriba como el matrimonio.

Él no se casó. Lo que tengo de “casado” no me gusta. Se aprueba el matrimonio, primero porque no se conoce todavía, segundo porque uno está acostumbrado, y en tercer lugar porque uno lo ha concluido, es decir, en casi todos los casos. Sin embargo con todo eso no hay nada probado sobre la bondad del matrimonio. Prefiero la amistad. Puede hallarse incluso en él. Parece menos raro pasar de la antipatía al amor que a la amistad. Por muy delicado que se sea en amor, se perdonan más faltas que en amistad.

Cuando todavía hablaba con mis amigos, hablábamos de lo que pensábamos que sería bueno para todos. Era como compartir el vino o el tabaco en la reunión junto al fuego. Nos unía nuestra común preocupación por el bien y nuestra discrepancia acerca de eso demostraba lo que nos necesitábamos el uno al otro para comprenderlo. Según Platón la amistad es el único bien común. “Las sillas de recia anea./ El vino de mano en mano./ La amistad como beberse/ la tarde de un solo trago”. ¡Ay, la copa transparente de la amistad!

Supongo que para seguir pudiendo ser amigo hay que poder seguir siendo niño. Lo fácil que es quererles me lo recuerda. Y recuerdo también a Fourier, el de los falanasterios, ahora que soy viejo. Era un especialista en pasiones, para él había cinco pasiones sensuales: Vista, oído, olfato, gusto y tacto. Cuatro afectivas: Amistad, ambición, amor y familismo. Tres distributivas: Cabalista, mariposeante y componedora. (Osea la de la intriga y el contar, la de andar cambiándolo todo, y la de componer para armonizar con varias) Cabaliste, papillonne y composite.

Pensaba que los niños se sienten atraídos por la amistad, los jóvenes por el amor, los hombres maduros por la ambición y los viejos por el familismo. En la medida en que los viejos tuvieran más poder que los demás impondrían el familismo a todo el mundo.

Autor: Paco Sanz

El mejor poema del mundo

MELANCOLÍA DE DESAPARECER



Y pensar,
que después de que yo muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul,
la primavera,
indiferente a mi mansión postrera, encarnará en la seda de las rosas.

Y pensar que,
desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados por la luz del sol poniente,
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata,
cuando aún cantaba Dios bajo mi frente.

Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja,
que he de marchar yo solo hacia el abismo,
y que la luna brillará lo mismo,
y ya no la veré yo, desde mi caja.Agustí de Foxa

Tocarse… Paco Sanz

Necesito otro nivel de compañía, porque el ver y oír no bastan, es necesario tocar y oler para sentirse verdaderamente acompañado. Para entrar y salir realmente. Cuando entro en una habitación me doy cuenta que olisqueo, cuando vuelvo a ver a un amigo hago por tocarlo. Buen olfato y mucho tacto son cosas que se pierden si no se cultivan. Al otro lado de las pantallas ni se huele ni hay quién toque nada, al menos de momento. Sé que ella sigue en la cama, que si voy me acogerá bien, que esta tarde iré a buscar mis nietos, que les daré la mano para llevarles hasta el coche… eso alivia mi contraria suerte.

Al escribir eso me ha venido a la mente el bucanero ciego de Borges, también él “Sabía que en remotas playas de oro/ Era suyo un recóndito tesoro/ Y esto aliviaba su contraria suerte”. ¡Qué gusto acercarse tanto como para poder oler y tocar!, al menos a los que queremos. ¡Qué curioso que se diga de los que están perdiendo la chaveta que “no tocan”, que de los que hacen música se diga que la “tocan”!

Y según cómo, ¡qué descanso la distancia! Para Nietzsche “La suprema elevación de la humanidad es el sentimiento de que no le es lícito tocar todo; de que hay vivencias sagradas ante las cuales tiene que quitarse los zapatos y mantener alejada su sucia mano. Por el contrario en los denominados hombres cultos, en los creyentes de las “ideas modernas” acaso ninguna cosa produzca tanta náusea como su falta de pudor, la cómoda insolencia de ojo y mano con la que tocan, lamen y palpan todo”.

Y es que la nuestra es la sociedad del espectáculo. El espectador quiere tocar todo lo que ve. Eso no permite acercarse a lo que es, en lo visto y lo oído no es donde se encuentra el centro del ser. Hay que aprestar el ojo para ver, que aplicar el oído para oír, como si lo más tocable allí estuviera. Las reglas de la gramática, el mensaje de la ley, la palabra del testigo, el eco del Big-Bang, el sistema de la filosofía, el lenguaje, la consciencia… incluso el más allá no es concebible más que como una vasta armonía. Somos mártires por lo que no queremos decir y condenados por lo que hemos dicho.

Hace tiempo que las relaciones “humanas” no incluyen ya para casi nada lo de oler y tocar. Creo que las cosas empezaron a desmadrarse con la invención de la correspondencia, hubo un tiempo en el que se perfumaban las cartas y ahora con lo de las redes sociales no hay quien perfume nada. Lo de escribir cartas ha traído al mundo una terrible perturbación de las almas. ¡A quién se le ocurrió que la gente puede mantener relaciones por correspondencia! Uno puede pensar en una persona ausente y puede tocar a una presente, todo lo demás supera las fuerzas humanas. Los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas en el camino. y esa abundante alimentación hace que los fantasmas se multipliquen en forma desmesurada.

A los hombres de mi familia nos ha dado por salir a darnos un paseo más que los de otras familias que conozco. Supongo que es porque hay en nosotros más genes de cazadores que en las de los demás, que por eso siempre andamos olisqueándolo todo. Es como si pensáramos que salga de donde salga, en ninguna parte puede oler tan penetrantemente mal como en casa de cada uno. Y salimos a darnos una vuelta… porque necesitamos aire.

Autor: Paco Sanz

Peces de pecera.

Historias de Paco Sanz

Tengo dos peces en una pecera, me han dicho que si quiero que vivan mucho en ella les tengo que dar de comer muy poco y que de vez en cuando hay que cambiarles el agua. Lo estoy haciendo, y de momento no se han muerto. Pues bien, como demasiado y no cambio de costumbres. ¿Qué tengo contra mí? “El camello es el animal que vive más tiempo sin beber, beba usted y no sea camello”, decía en una taberna de las de cuando yo era niño. No soy un pez en una pecera, digo yo.

¿Es buena una vida puramente defensiva en que no se está sino avizorando todos los recovecos por donde puede venir la muerte, calafateando todas las rendijas por donde puede escapársenos y escurrírsenos? ¿Va a ser la organización del planeta como un inmenso hospital y una inmensa clínica? ¿Por qué ha de triunfar la moral de una vida larga sobre la moral de una vida corta? Somos demasiados, hay que luchar contra el cambio climático.

Decía Wilde que su buen gusto era la única excusa que siempre había dado por llevar tan mala vida. Puede que no se trate de una vida corta o larga sino de una buena o mala vida. Pero lo primero se puede medir, lo segundo se puede discutir. Y una cosa es una cuenta y otra un cuento.

Para poder vivir una vida larga en años creemos que mejor estar sano. Aunque la salud sea un estado que no promete nada bueno. Pero estar sano no es fácil. Para ello hay que diferenciar entre sanos a secas: Sano a salvo de las enfermedades y del sistema sanitario. Sanos preocupados: Por haberse creído la propaganda sanitaria. Sanos estigmatizados: Por haberle caído encima a uno el estigma de algún factor de riesgo fuera de la normalidad. Sanos medicados: que están tomando medicación innecesariamente…

También entre los enfermos hay al menos dos clases: los reales y los imaginarios. Los reales: de enfermedades que matan o no, de enfermedades que hacen llevar mala vida o no. Los imaginarios: de enfermedades anatómicas, derivadas de medicamentos, derivadas de pruebas de laboratorio, de mala praxis médica continuada y psiquiátricas… lo menos.

Me sigo dando de comer más de lo que debiera porque sin querérmelo confesar estoy hasta los hipotálamos de esta pecera. Sólo me queda decir como la mística: “Ven muerte tan escondida/ que no te sienta conmigo,/ porque el gozo de contigo/ no me vuelva a dar la vida”. En fin, por la boca muere el pez.

El pez fue el primer vertebrado, antes de que hubiera tetrápodo alguno había peces. Están como yo en este momento, no al otro lado del espejo como Alicia, sino al otro lado del cristal, me recuerdan que lo esencial es volverse completamente inútil, diluirse en la corriente común, volver a ser pez y no jugar a los monstruos; el único provecho, me repito a mi mismo, que puedo sacar del acto de escribir es ver desaparecer las cristaleras que me separan del mundo.

En un cuento de Borges a la gente del otro lado de los cristales una vez les dio por invadir la tierra. Su fuerza era grande, pero después de sangrientas batallas, las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Rechazó a los invasores, los aprisionó en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todas las acciones de los hombres. Los primeros que despertarán serán los peces. Romperán las barreras de vidrio y esta vez no serán vencidos. Junto a las criaturas de los espejos combatirán las criaturas del agua.

Historias de Paco Sanz

El papel va a menos. Paco Sanz

El papel va a menos. Además deprisa. Al cabo de unos meses después de instalarle la impresora a mi cuñada para que pudiera sacarse los billetes de tren desde casa, ya era posible hacerlo con el móvil. La primera vez que se fue de viaje usándolo todavía llevaba el billete impreso por si las moscas.


   La chica de la ventanilla del banco me dice que si hace la transferencia ella tengo que pagar una comisión, desde el cajero no hace falta. ¿Miles de cajeros operativos? Miles de personas al paro. Usando la inteligencia de los teléfonos estamos haciendo innecesarios incluso a los cajeros. Pago con el reloj, la persona con la que comparto la cuenta también. Pasado mañana seremos por fin de esos que con la cara pagan. No sólo el papel de los libros va a menos, va a menos incluso el papel moneda.

  Todavía llamamos el escribir a mano el hacerlo sobre el papel, las máquinas de escribir también están desapareciendo, se imprime lo de la pantalla. En mi tableta escribo con un lápiz, quiero decir un smart pencil de no sé qué generación, cuando imprimo eso me pondría ha llorar, pienso entonces que quisiera “Morir cuando la luz triste retira/ sus aúreas redes de la onda verde,/ y ser como ese sol que lento expira/ algo muy luminoso que se pierde”. Como al sacar lo que acabo de escribir de un libro de poesías y de mis recuerdos y ponerlo en esta pantalla, por la que vuelvo a pasear mecánicamente la mirada para ver si lo he hecho bien.

  Qué papelón lo de que el papel vaya a menos. Espero que a nuestro nuestro papel en nuestra propia historia no le pase lo mismo. Mi hermana acaba de montarse uno de esos retretes que hacen innecesario incluso el papel… higiénico. Bueno también todas las páginas que he escrito a mano han sido como ese papel, y como yo mismo, cosas de un sólo uso. ¡Ay! “Estos días azules y este sol de la infancia”. (Eso ponía en un papel arrugado que encontraron en el viejo gabán de Antonio Machado cuando recogían sus cosas para enterrarle).

  Sigo dejando papeles por en medio en mi estudio. Es un anacronismo; creo que los papeles y el polvo inherente al paso del tiempo en el que no pasa nada van juntos. Me ha pasado más de una vez que al entrar en el estudio de alguien que soy y encontrar sus libros y papeles revueltos por todos los lados, digo sin vacilar: “¡Qué desorden! Debo poner orden en este lío”. Sin embargo, en otras ocasiones, entro en una habitación que se parece a la otra; pero después de echar una mirada por toda ella, decido que debo dejarla exactamente como está, reconociendo que en este caso incluso el polvo está en su sitio.

  Al principio el papel fue llamado bagdatikos, que significa “de Bagdad”, porque fue a través de esta ciudad como llegó a Occidente. El arte de fabricación de papel alcanzó España en el siglo XII y después, a intervalos de cien años, Italia, Alemania e Inglaterra. No obstante, siglos después de que el papel fuera ampliamente accesible en Europa la vitela y el pergamino siguieron prefiriéndose para los documentos que tenían que perdurar.

  Kafka, que quiso al morir que se quemaran todos sus papeles dijo una vez que “Las cadenas de la humanidad torturada están hechas de papel de oficina”. Mis hijos me han visto inclinado siempre sobre mis papeles. Les gustó aquello que le dijo un noble a un escritor: ¡Qué, señor poeta!, garapateó, garapateó y garapateó! ¿No?

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Soy muy muy macho…

MACHO

1. m. Animal del sexo masculino
2. m. En las plantas con individuos masculinos y femeninos, el que produce el polen para fecundar a otra planta de su especie.

Solo hay que mirar la naturaleza para darnos cuenta del perogrullo, de que hay machos y hembras en la casi completa mayoría de especies pluricelulares que pueblan este planeta… Algo significará digo yo, este dimorfismo al cincuenta por ciento.

El machista león macho, es verdad que folla demasiado rápido y que raramente come si no cazan las hembras… Pero por otro lado, la golfa de la mantis religiosa, devorará tras la cópula al macho como éste se descuide. Cosas de la naturaleza. Pero en ambos casos, son precisamente las hembras las que deciden. Son las leonas las que eligen a ese macho tan fiero y chulo; y son la receptividad y las feromonas de la mantis hembra, las que se dejan hacer por ese pobre macho como se descuide… Unas hembras le dan de comer a su macho porque quieren, y otras, quieren comerse incluso al macho… ¡Qué cosas…!

Fijémonos también, y porqué no, en el ejemplar ejemplo del albatros hembra; que de joven y tras una danza ritual hermosísima, se aparea con un vínculo irrompible y para siempre con el mismo macho; con su macho. Y ya le pueden venir que ella esperará sine díe y año tras año; por siempre citada con él de vuelta al mismo nido. Y aunque un día su ausencia le confirme que su aquél ha muerto, jamás conocerá otro macho… Vagará volando por siempre sola y hasta renunciará a su condición de madre, ya que no concibe serlo sin su macho.

Por otro lado, en el caso opuesto está el bonobo, ese cachondo primate que parece que veranea en Madagascar y que todo lo resuelve follando… ¿Que tiene miedo? folla con lo primero que pilla. ¿Que tiene hambre y no hay comida? se entretiene follando. ¿Que le ha tocado los huevos al macho alfa y se ha llevado un par collejas? para desfogar la impotencia, se folla lo primero que encuentra. Ellas con ellos, y ellos también con ellos; orgía constante… Las hembras, listas ellas, para no estar eternamente preñadas, solucionan ese guirigay porno con un solo y breve período fértil al año; el resto, lo hacen sólo por gusto. ¡Qué pillinas…!

¿Y el pavo real…? ¿Habrá algo más bello pero más tonto que un pavo real…? Tanta pluma ellos tanta pluma; y ella tan fea… De tan bonitos parece como que hubieran renunciado a su masculinidad; y sí, son hermosos y delicados, pero inservibles si no es para chillar o perpetuar la especie. ¿O son ellas las inservibles ya que son tan feas…?

No sé.

……….

Hoy, todo el mundo tiene el derecho de reivindicar algo, o así debiera ser. El feminismo o los españoles, el elegetebeismo, el comunismo y el ecologismo; los pensionistas, el veganismo y los animalistas; hasta los terraplanistas, los testigos de Jehová e incluso el islamismo, pueden manifestar públicamente sus ideas, como no podría ni debería ser de otra manera en una democracia… Y yo, me manifiesto y reivindico profundamente macho.

Qué voy a decir si me gustan las mujeres más que el sexo o el dinero; más que el tocino de cielo o los coches buenos. Más, que cualquier viaje de aventura, porque no hay ni aventura ni viaje mayor que caminar al compás de mi hembra al lado. No me entiendo si no es rendido ante mi mujer; adorándola…Y qué casualidad, tengo solo dos hijas, también hembras ellas.

Pero sí, he de reconocer que como macho soy algo bruto, tengo pelos en el cuerpo, y meo contra la pared.

En mi antigua, querida y se ve que patriarcal familia, siempre han gobernado las mujeres desde que yo recuerdo. Siempre… Mis añoradas y queridas abuelas, gobernaban sus importantísimos ámbitos domésticos con una indiscutible y total autoridad, diligencia y mano firme, a la vez que criaban, mimaban y educaban cuatro hijos cada una… También mi venerada madre siempre ha gobernado su casa como un brigada; educándonos con amor, disciplina, respeto, y mérito… Y solo tengo una hermana mayor, queridísima. Toda mi vida criado bajo faldones de mujer… ¡Qué gusto!

Y por último sí, he de confesar que sí; que a mí, ahora y sin duda también me gobierna una mujer; amadísima.

Como veis, soy muy muy macho.

No dejes que te confundan. 💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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Lector, léeme y dime.

Cuando escribo, lector, en forma ninguna puedo, imaginar cómo crecerán las semillas que anhelo plantar con mis escritos, en los fértiles bancales de las imaginaciones que me leen… Sé lo que quiero escribir; pero lo que no puedo saber con precisión, es qué es lo que entederás en tu íntimo al leerme; ni cuál, es el efecto que te causará mi forma de contar; ni cómo, es la imagen mental que se te creará, al leerme…

No puedo saber si te emociona el motivo que me empujó a escribir; ni si sientes acaso el asco, la excitación o el miedo míos; ni si tal vez nos enternece lo mismo… No sé nada de lo que pasa en ti tras leerme… No sé si te quedas igual, si te indignas, si lloras, o qué o cuál coño te recuerda lo que me lees…

Y como yo escribo gratis, me debo por entero a la dignidad de lo que escribo; y como tu opinión para saber eso es imprescindible; me encantaría que de alguna forma y de vez en cuando, me hicieses saber cuánto, o cuán poco, te gusta lo que me lees…

Y qué sepas que te quiero… Gracias lector.

💞

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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redes sociales

Nos da la sensación de que ahí, al menos, somos alguien en la pantalla; de que tenemos eso que llamamos seguidores; y de que quién sabe si quizás, también tenemos algún que otro amigo.

Algo tan bonito, como la idea de una red social en la que pudieras ver solo lo que te saliera del capullo o de la seta, vienen a jodértela un puñado de inversores e ingenieros informáticos para lo que se llama monetizar la idea… Hacerla negocio vamos.

Espero haber respetado el lenguaje inclusivo éste de ahora.

No nos engañemos; ésto del feisbuc, tuiter, istagrán y tal, se ha convertido en algo así como una especie de vertederos de tiempo, de tiempo muerto… Un desperdicio de tiempo humano; tiempo embobado de pantalla en pantalla, y por ello, mandado casi por entero a la mierda. Un tiempo-basura, del que algunos se aprovechan escarbando en busca de nuestros datos.

¡Qué cosas los datos!

Qué te gusta; qué haces con tu tiempo; dónde vas y a qué hora vuelves; cuántas pulsaciones tienes en este momento; si se te pone o no dura. Y por supuesto tu dinero, todo… Recuerda que hoy tener metálico en el bolsillo, es cosa solo de delincuentes. Hemos consentido ya no que nos lo controlen, sino hasta que nos lo prohíban… La posesión libre de dineros en metálico legal, siempre ha sido uno de los más simples ejercicios de nuestro derecho a la propiedad privada; pero claro, eso era cuando vivíamos en libertad.

Hemos convertido el móvil, y sobre todo las redes sociales, en un refugio egocéntrico donde camuflar cosas. Es hoy el teléfono un escondite, un parapeto tras el que nos refugiamos y aparentamos inmunes, frente esta rotunda soledad tecnológica que nuestros tiempos propician; como disimulándola.

Por ejemplo: ese tiempo en el que entras en la sala de espera de la consulta de tu dentista, y refugias la mirada amable que le debes a los que esperan como tú, escondiéndola tras la atención a tu istagrán. No mirándoles… Es la excusa perfecta para no atender a nadie, para aislarte. Les dices apenas buenos días, pero te la sudan.

O como cuando estás algo cohibido en esa entrevista de trabajo con otros seis candidatos, sentados en silencio, esperando en la misma estancia. Y para hacer frente al incómodo silencio abres tu feisbuc, sin otro motivo que el de eludir en lo posible la interacción con ellos. Así, escondes o disimulas tus ganas competitivas de que ojalá se esfumaran… Pero también escondes tras la pantalla tu nerviosismo, tu timidez, y la ansiedad.

Otro ejemplo: terminas de cenar en casa un día cualquiera con tu pareja; y como no te hace caso porque está absorta en el sofá chateando por guasap con la hija menor de su anterior matrimonio, te plantas el móvil delante tuyo para matar ese tiempo muerto, viendo en el feisbuc qué coño pasa por ahí… Y lo que pasa es una hora y media, o dos… Y cada uno a lo suyo.

Paradójico; mucho medio de comunicación tecnológica y multimedia, pero poca comunicación humana, medianamente auténtica.

Por otro lado, las redes sociales éstas, se han convertido en una forma más de dominación social, de control del pensamiento; una manera más, de las muchas que tenemos, de dejar que nos metan el dedo por el culo con los algoritmos ésos, a cambio de que nos dejen hocicar en el barro de vidas de otros.

Y nos entretenemos embobados con la pantalla dándole hacia abajo al dedito nuestro, sin darnos cuenta de que formamos parte -estamos dentro- de una especie de gran valla publicitaria de egos… Un enorme escaparate planetario y falsario; una ventana gigantesca y estrafalaria, dentro de la que creemos que se nos ve y oye, pero en la que somos mero público para que solo algunos se hagan ver y oír.

He encontrado lo que parece ser un remanso, para los que ya estamos cansados de tener esa sensación de censura, control y reprimenda; para los que tenemos la certeza de que manipulan, escarban y retuercen nuestra información e intimidad cada vez que entramos en el feisbuc; o para los que nos la trae al pairo la vida y naderías de famosos sin mérito, políticos lerdos, empresarios negros, deportistas mercenarios, o frikis de todo pelaje y condición.

Parece ser que es otro portal, otra red social que no sé yo si se convertirá también en vertedero, pero que de momento no te clavan todavía ni publicidad, ni esos algoritmos de mierda para que te conformes, te informes, y finalmente te intoxiques, sin saberlo, solo con las cosas que Gran Hermano sabe que te convienen.

Y no nos engañemos, repito, porque en último término siempre somos nosotros los que encendemos o apagamos el jodido aparatito; ya sea el teléfono, la televisión, el ordenador; o si fuera preciso hasta la bombilla, la lavadora, la radio o el frigorífico… Yo recuerdo cuando se vivía igual de intensamente sin ninguno de esos aparatos. A la sola luz de una vela en las noches.

Que no nos la metan doblada…🤔

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

El hambre…

Para cada dos, un puñado de aproximadamente ciento cincuenta gramos de harina diarios; y tres kilos de sal y uno de manteca de cerdo, fue lo único que nos dieron ese primer día… Eso, era todo lo que tendríamos para comer en los siguientes veinticinco o treinta días; no sabíamos.

Nos habían vaciado las fuerzas haciéndonos caminar unos setenta kilómetros casi sin comer. Y una vez que exhaustos llegamos al punto, nos vaciaron también las mochilas de cualquier cosa que se pudiera por supuesto comer, beber, masticar o fumar. Nos lo quitaron todo: encendedores, cosas de aseo, tijeras, bolsas de plástico, navajas, brújula, y hasta la munición. Nos dejaron sólo el peso muerto de las armas inservibles, las botas, la ropa de abrigo, y el machete como única herramienta, defensa, o arma. Yo solo pude colar un librito de papel de fumar y algo de hachís, escondidos en mis calzones; entre los huevos y el culo.

Constantemente escabulléndonos, escondidos, superviviendo en refugios camuflados en el bosque construidos con nuestras propias manos… Frío. Teníamos terminantemente prohibido contactar con civiles en forma alguna, fabricarnos otras armas, y matar para comer cualquier animal más grande que un conejo.

El primer día, para hacer pan con aquellos ciento cincuenta gramos de harina tuvimos que utilizar orina para fermentar la masa. Podríamos haber hecho pan ácimo, pero los cabrones no nos lo dijeron. Y claro, como militares hicimos lo que se nos ordenó, y tal y como se nos había ordenado: meando en la masa del pan… Bueno, solo utilizamos un poco al amasarlo por vez primera. Los días siguientes, utilizábamos un pequeño pellizco de aquel mejunje, que guardábamos como masa madre para fermentar nuestro siguiente pan de cada día… Y funcionó, porque que a la tercera o cuarta jornada, ya nos zampábamos entre los dos un bollo de pan decente.

El resto de lo que comíamos consistía sobre todo en helechos; con suerte unas borrajas o unos dientes de león, y alguna que otra seta que te encontrabas en las salidas de recolecta que hacíamos por turnos. Aquellos helechos, que nos advirtieron tóxicos consumidos en exceso pero que constituían nuestro único placebo para el hambre, tenían al menos fibra vegetal digerible, y una vez hervidos en agua y sal, no había otra cosa en cantidad suficiente con la que saciar y engañar nuestros estómagos huecos y al punto de la atrofia.

Diecisiete días, y sin comer nada decente.

Poníamos trampas, lazos, cebos de pesca. Esperábamos siempre un conejo o algo con carne, pero solo capturábamos alguna rata, pájaro, pececillo, rana o bicho así… Más hambre.

Yo estaba potabilizando agua de deshielo del riachuelo cercano, hirviéndola en una lata grande y añadiéndole un pellizco de tierra para aportarle sales minerales; la dejábamos enfriar; se posaban los restos de tierra, y ya estaba lista para que no te entrara una cagalera.

Recuerdo, el ver venir a mi binomio desde lejos, al contraluz del último sol de la tarde, y con algo parecido a una bufanda fina colgándole del cuello… Al ir acercándose caminando, y permitirme el velo del contraluz definir la visión nítida de su figura, me di cuenta de que era una culebra de gorda como un brazo de niño y de más de metro y medio de larga, lo que colgaba de su cuello. Estaba decapitada; aún goteaba sangre, y bamboleaba lánguida acompañando el ritmo del paso cansino -agotado por la inanición- de mi binomio… Recuerdo bien que no sentí nada parecido al asco, repulsión o reticencia alguna ante la idea de llevarme aquel ofidio muerto a la boca; es más, comérmelo fue lo primero en que pensé. Lo que no sabía, y sí me preocupaba, era cómo comérmelo… Cosas del hambre.

Mi binomio, en cuanto llegó y descansó lo justo para coger el resuello, extendió sobre un poncho en el suelo aquella bicha todo lo larga que era, y con pericia y su cuchillo, la rajó entera solo un poquito con la intención de arrancarle del tirón, la totalidad de aquella piel que se desprendió como una funda con cremallera… Miramos con gula hambrienta aquel trozo de carne cruda, con el aspecto de un largo cuello de pavo sin piel… Mi binomio, sin parpadear y casi babeando, terminó de rajar de alto en bajo un poco más el reptil, para extraer esta vez una especie de columna vertebral como cartilaginosa, y alguna que otra tripa y víscera rara. Así, nos quedó un cilindro de más de un metro de carne pareciera que de ave, sin hueso alguno, rosada, fresca, limpia.

¡Qué hambre…!

En el silencio de aquella noche, al freír los trozos de carne sólo con sal en la manteca de cerdo, poco a poco, se fueron acercando cual zombis famélicos algunos de nuestros compañeros; en silencio. El sonido del crepitar y el olor del ofidio friéndose, los habían atraído cual hambrientos ratoncitos de Hammelín al calor de nuestro fuego… Al final, tocamos a casi nada de tanto repartir. ¿Pero cómo íbamos a dejar sin cenar a los camaradas que iban viniendo?

Diecisiete días, y sin comer nada decente.

Os aseguro que sufrir hambre cruda; padecer hambre de verdad; ésa que no puedes saciar en forma alguna, te cambia, vaya si te cambia… Tu vacío, y la mala ostia, te quitan el sueño profundo; te vuelves más susceptible y sutil; más salvaje y más protector de lo tuyo y de los tuyos; se te afilan los sentidos y los instintos, al mismo ritmo que se te debilita el cuerpo. El hambre te va matando, sí, pero precisamente por eso se te afilan esos sentidos e instintos, para proporcionarte las armas con las que combatirla.

Terminamos el banquete aquella noche charlando y distrutando hasta las tantas, de unos porritos de manzanilla seca y silvestre, mezclada con el hachís que pude escamotear en aquel registro inicial.

El hambre, no es mala.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

…..

Nos vamos a la mierda…

Acabo de ver por televisión que, gracias a Dios, ya te pueden regalar un cepillo de dientes que se sincroniza por blutuz con tu smartphone, para, sin necesidad ninguna de conexión güifi y mediante un complejo algoritmo, indicarte si la presión que aplicas sobre la dentina de tu dentadura es, o no, excesiva para que afecte, o no, a la totalidad de toda tu estructura dental y personal… Y todo ello claro está, para evitar que te quedes gilipollas calentándote la cabeza…

No sé, cómo hemos podido estar bastante más de cincuenta mil años, sin semejante y tan importante artefacto tecnológico dental…

…eeen fin, nos vamos a la mierda.

🤣

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

Silvino, y el pescado roquero

Estoy escribiendo desde la sala de espera de la consulta de mi dentista. Como bien sabréis, no me gustan nada los dentistas, y voy a viajar y a evadirme recordando y escribiendo acerca de la cena de la otra noche…

……….

Entré en ese restaurante casi, como entro en mi propia casa… Era su cumpleaños, y con el comedor casi vacío y a nuestra merced elegimos, sentarnos en una mesa como arrinconada y coqueta en una de las esquinas… Yo, buscaba un entrecot de vaca que como siempre, magnífico, más que cumplió con la recomendación de mi amigo el dueño… Manuela, fiel a sus costumbres eligió pescado; un sublime pargo al horno… Una vez hecha la comanda, encarantoñados ella y yo, esperamos las entradas, que fueron aterrizando poco a poco y a tiempo sobre el blanco de nuestro mantel…

La ensaladilla de bogavante no podía estar más ni mejor provista; sincera, jugosa; sabrosísima es poco superlativo para su acierto… Después, casi lloramos, al echarnos a la boca unas alcachofas confitadas y salteadas con esmero, acompañadas de un foie a la plancha fresco y sin par…

Pero fueron unas croquetas… Me supieron en verdad a aquel pescado roquero: a rata y araña, a gallina y ñora…

Unas sencillas croquetas de pescado, pequeñas, humildes y que nos resultaron del todo escasas dado su éxito, fueron las que más sorprendieron a mis papilas, y me llevaron a uno de esos viajes de ida o de vuelta, que uno espera hacer cuando va a un buen restaurante… Y yo, cada vez que voy a éste, viajo… En este caso, fue un viaje de vuelta.

Volví directo a mis recuerdos veraniegos frente al mar, cuando de críos, bien temprano, ayudábamos a los pescadores a varar sus enormes chalupas de madera, arrastrándolas playa arriba hasta dejarlas fuera del alcance de las olas… Y como pago en especie a nuestra ayuda, aquellos exhaustos pescadores nos regalaban parte, de la morralla humilde que nadie compraba: gatos, arañas, ratas y gallinas; rayas, pequeños cangrejos, caracolas y alguna que otra almeja huérfana… La otra parte, se la guardaban para ellos…

Pues con aquel rechazo para pobres, armaban entre mi abuela y mi madre un caldero, al borde justo del mar, difícil de describir… Aceite de oliva y ñora frita lo justo para el majado; ajo, tomate y pimentón; caldo, sal y tiempo; arroz, azafrán, y saber hacer…

Todo aquello en unas croquetas…

Pues si quieres viajar, ya sabes, no se puede fallar donde Silvino y Encarna…

Es una marca de la casa.

……….

También viajé hacia atrás en el tiempo, al acordarme de cuando nos llevaban de marcha… Ellos eran los mayores: Silvino y el Patolas; el Yoni y el Moreno; Luis el de Baqueta, Miguel Ángel Cárceles, el Teodoro, el Pichas… Y nosotros éramos los pipiolos, acabándonos la edad del pavo: el Silvinico, Iván Cárceles, Rincón, Paco el Gordo, Santi Soto, yo…

Con ellos, estábamos seguros porque eran buenos chicos y estaban bien amueblados… Éramos todos algo golfos, eso sí, pero también estábamos educados como ya no se educa hoy… Era, como ir con unos primos mayores que tú… Solo corríamos, los riesgos propios de la juventud desbocada…

Pero de todo ésto que os cuento, hace ya muuuchos años…

Me toca entrar ya… Os dejo.

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Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

💕

¿Qué, dialogando…?

“Es difícil conseguir que alguien entienda algo, cuando su salario depende de que no lo entienda…”

Vergüenza tendría que daros, hijosdeputa…

Toda esta mierda progresista; toda esta filfa ideológica, roja e independentista, ha sido creada, apoyada y amplificada, por una legión de ratas políticas y pseudoperiodísticas, al frente de boletines oficiales, televisiones, y medios de intoxicación de intención oscura; muy oscura…

Unos medios de comunicación y unos políticos, rateros, rastreros, corruptos, rendidos y genuflexos ante el sueldo que los compra… Televisiones sanguijuela y políticos vampiro, dopados ambos, con inyecciones constantes de sangre roja oscura, sucia de dineros negros… Dineros siempre robados, hurtados con guante blanco al bien común del resto de los españoles…

Una pléyade canalla de opinadores mercenarios, tanto nacionales como autonómicos, que han convertido los diferentes canales informativos, en sediciosos púlpitos multimedia desde los que sólo, se escupe veneno ideológico en el erial periodístico y moral, en el albañal, en el que pretenden convertir la realidad, la actualidad, la Historia y la cultura, de éste nuestro país, España…

¿Estamos locos o qué…? ¿Tontos acaso?

Qué vergüenza colectiva…

Y yo me pregunto: ¿esto pasaría también en cualquier otro país, que como tal se estime…?

Iros a la mierda.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

🤔

Lágrimas

Le duele, aunque ya siente ese alivio que experimenta cuando al llorar recordándote, ni siquiera enjuga sus lágrimas. Rendida, las deja deslizarse lentas por sus mejillas; que se empapen con esa multitud de rastros salados y lenitivos; hasta la barbilla; punto final, desde donde parece que se esfuman saltando al vacío.

Y cede en su lucha contra ese amargor doloroso subiéndole por la garganta; se lo traga, fluye, y deja fluir sus lágrimas. Ese momento solitario y beatífico en el que por fin, abandona su orgullo, y se abandona ella entera al desahogo del puro llanto desbocado… Llanto ya sin muecas; solo lágrimas agrias, sinceras de emoción veraz; lágrimas libres al fin y al cabo.

Tiene la sensación de que siempre tendréis, algo pendiente.

Ha llegado de tu mano a sus momentos más hermosos, y sabes que eres sin duda el amor de su vida. Y también sabes, que vivirla a partir de ahora sin tu presencia cerca, será como lamentar para siempre una gran pérdida; como convivir sine die con el eterno y sordo dolor de una amputación… Así, herida, podrá pasar el tiempo, sí, pero seguirá doliéndole la cicatriz que le quedó, de ese pedazo que creía suyo, de aquél tu trozo cercenado y ausente.

Piénsalo.

💞

Antonio Rodríguez Miravete… Juntaletras.

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El amor y un condón…

El amor, debería ser como la sensación de estar unidos por una largísima goma elástica… Atados, con algo así como con un condón gigante y muy usado… De tal forma, que cuanto más estirases para alejarte libremente de tu amor; con más fuerza ese condón, esa goma enorme, tirase de ti inevitablemente de vuelta hacia aquél…

💞 🤣

Antonio Rodríguez Miravete… Juntaletras.

curas, raros, y maricones…

Es muy difícil y sé que sin cobrar, no hago del todo bien escribiendo en bruto sobre temas tan escabrosos, políticamente no ya incorrectos sino cuasi prohibidos, y que entran en conflicto incluso, con algunas de mis propias convicciones. Espero que curas, maricones, raros y otros, tengan el cuajo necesario para terminar de leerme sin juzgarme, ya que yo sí intento tenerlo -el cuajo- en la precisión y en el cuidado al escribir. Tanto es el cuidado que cuando leáis “cura”, y para respetar este lenguaje inclusivo de mierda, digáis: “y monja…”

……….

El Dios, que mis padres con bondadoso ahínco pero con poco éxito pretendieron inculcarme, fue el cristiano; y éste amaba a todos sus hijos por igual y sin hacer distinción alguna. Ninguna.

Y recuerdo que por pura bondad, fue la beatífica fe de mi madre la que probó durante algún tiempo a ver si yo me animaba, llevándome tooodos los domingos de visita a ver a mi primo al seminario de Orihuela.

De nada sirvieron aquellas cándidas jornadas catecumenales, o los fervorosos ejercicios espirituales en el colegio Estella Maris; tampoco los obligatorios y cansinos rosarios de los miércoles; ni su tierna insistencia materna. Y es que yo -su gozo en un pozo- ni era ferviente ni maricón; era raro éso sí. Sensible e introvertido, cabezón, y confieso que algo viciosillo. Ya entonces había empezado a fumar, y a otras cosas.

Desde siempre, casi todos aquéllos de familias pudientes, y otros muchos de familias solo acomodadas, terminaban consintiendo el ser curas; y si eran muy pobres, monjes. Así, tomar los hábitos era una forma digamos que de búsqueda de escondite o de amparo, o de simple futuro. En aquellas sociedades pacatas, puritanas y atrasadas, muchos maricones que podían, se refugiaban bajo la sotana y el presunto celibato, pero para que no los clavaran -pobres de ellos- por el culo en una estaca por sodomitas. Es duro pero era prácticamente así. Y eran la sotana y los cachivaches eclesiásticos, símbolos escondites, tras los que sin duda a veces se camuflaban ciertas inclinaciones.

Para ser maricón, al igual que para ser cura, necesariamente tienes que poseer algo raro y especial. Y tienes que esconder cosas. Eso de los curas de consagrarse a Dios y renunciar a los placeres del mundo, o a todo lo contrario en el caso de los maricones, debe de ser duro, muy duro… Sólo se concebía el cura, bien para consagrarse al amor de una verdadera vocación y a una fe, bien para disimular unos malditos instintos bujarrones; o para enclaustrar otras enfermizas rarezas, también instintivas. Siempre había sido lo normal y la usanza; era un hecho incontrovertible: curas, raros, y maricones.

Hace años, no había muchas veces nadie mejor que un cura para escucharte, acogerte, y entender tus rarezas... Deseos, piedad, compasión y onanismo; vicios veniales y secretos íntimos; pero seguro también que mucho y verdadero amor. El cura, al igual que el maricón, siempre se ha hecho muchas pajas; pero no tiene porque haber nada malo en un sexo cohibido, íntimo, ocultado. Amor, simplemente amor; tanto en el cura como en el maricón.

A mí, he de confesar que en el fondo, ambas me parecen tiernas rarezas muy similares: unos dicen enamorarse de sus semejantes, y los otros dicen enamorarse de Dios. ¿Hay alguna diferencia…? ¿Dónde meten la polla, dónde ponen su empeño…?

Ser maricón te convertía antes, y ser cura te convierte ahora, en víctima por un amor secreto, denostado, incomprendido.

Por ello, no acierto a entender el porqué se llevan hoy tan mal, los maricones y los curas si siempre han ido de la mano y dormido juntos. Y tampoco entiendo el porqué la sociedad hoy, es tan indulgente con los maricones, y sin embargo, le tiene tanta tirria revanchista a los curas candorosos. Los vicios y virtudes de ambos colectivos siempre han sido muy parecidos: amores ocultos y secretos de confesión; mucha paja, y sensibilidad especial ante la belleza y la bondad; y una enorme capacidad para entregar amor.

Deberían ser los maricones ahora que no son perseguidos, quienes se apiadaran compasivos de la gente a la que se persigue por una fe justa, sea cual sea el tipo amor que la inspira. A lo mejor, los maricones siempre han estado más cerca de Dios.

Y si los maricones actuales escarbaran en el clero -que no en la Iglesia- encontrarían seguro hermosísimas historias teresianas de amor maricón, con las que ilustrar su dignidad y su lucha a lo largo de la Historia.

Siempre ha habido curas, maricones, y raros. Y ninguna de las tres condiciones tienen porqué ser malas per sé. Solo son meras formas de amor.

Pero hoy en día, parece ser que la Fe, el culo y el cerebro, no se llevan bien…

eeen fin…

Antonio Rodríguez Miravete… Juntaletras.

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Pastor-Ferreras

Seguramente soy, ya lo sé, machista y patriarcal, además de facha, misógino, homófobo, retrógrado y carcamal. Un verdadero ogro… Peeero, la culpa la tuvo Franco, y yo digo lo que me da la gana…

Es mujer, la Pastor, de piernas imposibles.. ¡Cóoomo las cruza ante las cámaras y tu mirada…!

Y es imposible -entre comillas- que esas piernas puedan encontrar acomodo entre las hechuras de un tipo, al que la presión de la barriga, no le permite cruzar las suyas siquiera sentado en un confortable sillón; y ante los planos abiertos de las cámaras de su Sexta...

Un tipo que parece su padre, y que seguramente no se la ve al mear, a no ser que meta pa’dentro esa barriga o se incline de lado, rodeándola, para poder mirársela…

“Mucha maceta, para tan poca flor…”

En fin… Poderoso caballero Don Dinero.

Estoy escuchando a Ferreras y a Pastor; y estoy pensando que ellos y su relación, en sí mismo son una mentira más… Una gran mentira cornuda, televisiva y roja. Son La Sexta y todo Atresmedia, sin duda, un cúmulo de productos ideológicos, no periodísticos… No son un servicio público. No son un cuarto poder… Son algo, que está pensado para que consumamos por hartazgo… Ideología hasta en la sopa para que la sociedad se la embaule tramposamente…

Ideología…

Y esta pareja de gañanes morales, y su Sexta, son una vía trilera para comunicar mentiras, para sembrar sequía mental, sedición, y quiebra moral… Peeero, para comunicar, al fin y al cabo…

Ferreras y Pastor… Eva, Perón. Pablo Iglesias y la casi trillizos… La Viejita y Errejón. Franco y Doña Carmen… Rivera y Arrimadas. Begoña y Pedro… Y ahora Pedro y Pablo…

Es, como si para ser político tuvieras que mostrar tus calzoncillos recién quitados…

¿Ésto que coño es, Peronismo, hipocresía…?

¿Estamos tontos… o qué?

Este vídeo no lo verás por ahí… Pincha aquí 👁️

Antonio Rodríguez Miravete
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NO TE CREAS NADA

Lejos de mí está, te lo juro lector, el pretender expresar aquí verdades o certezas. Aunque sí es mi deseo, el conseguir acercarme si quiera a describir con palabras esos sutiles y secretos filamentos, que forman la trama y la urdimbre donde se tejen nuestras emociones. Porque son éstas en verdad, de lo que os quiero hablar en mis relatos… Pero hay dos cosas, que procuro nunca hacer al escribir: una es contaros verdades, realidades; y la otra es mentir.

Solo pretendo, lector, que te quedes conmigo cuatro, cinco o seis minutos. Que me permitas tocarte con letras y si es posible, que vibres o se te erize el vello cuando junto esas letras. Y si no, que al menos te sirva para algo el leer mi intento de expresar; de escribir.

……….

Tras tomar aquella decisión juntos, encanados a llorar, decidimos que iríamos también juntos a la clínica con tal de solucionarlo de una vez. Una decisión muy muy difícil. Recuerdo que cada vez que si quiera pensábamos en ello, rompíamos a llorar de puta culpa y de vergüenza… Éramos tan jóvenes, tan ignorantes.

Y no, no dijimos nada; a nadie.

Entramos creo que temblando, cruzando unas puertas automáticas translúcidas; de esas de apertura lenta y sensación aséptica, típicas de clínicas privadas y caras. Una impoluta enfermera, al vernos titubear agarrados de la mano nos atendió solícita, se ve, que pretendiendo calmarnos con una de esas fingidas y frías sonrisas de buzón abierto de par en par. Una sonrisa como automática, maquinal, corporativa… Comprobó, lo primero, la tarjeta de crédito al rellenar la ficha con nuestros datos.

Como en todas las salas de espera de este tipo de clínicas caras, olía a un exceso de ambientador de notas sofisticadas y como pretenciosas; se ve que para disimular ese otro tufo, mezcla de miasmas, secreciones y ansiedades, propio de toda clínica ya fuere de ricos o de pobres… Antros éstos, que desinfectan y adormecen el olvido y la culpa, y en los que por igual te operaban para abortar, que para implantarte una polla artificial o enderezarte la nariz; siempre y cuando claro, la tarjeta estuviera a la altura.

Nos llamaron a la vez, y nos despedimos con un beso fuerte. Él a la habitación 16 y yo a la 14. Y llegó el momento de que abriésemos las piernas.

Casi tres horas después, nos volvimos a encontrar, temblando, de nuevo en aquella sala de espera de lujo. Ambos lucíamos un rictus espantado, y un evidente y extraño bulto doloroso en la entrepierna.

……….

Lo que sí confieso que hago, lector, es darme algo así como una especie de capricho… Quiero contar algo; y tengo un hecho real que lo ilustra. 0Pero sobre todo lo que tengo es la potestad de poder cambiar cualquier relato a mi antojo, siempre y cuando claro, sea fiel a la historia y a éso que te quiero contar. Ansío hablar de pequeñas verdades en las que creo, y es cierto que disfruto al contarlas; jugando a mezclar la verdad y la mentira, la realidad y lo imaginario, el presente y lo pasado; hablando de risas entre lágrimas, o al contrario.

………..

Menos mal que la tarjeta de papá no tenía límite de disposición, porque en aquella casquería de lujo, nos clavaron tres mil quinientos pavos por un par de cortes en los bajos… Su fimosis curó en unos cuantos días; pero costó semanas que el corte en mi vulva cicatrizara, y dejara expedita ya de una vez la estrechez de mi coño. Vulvitis adhesiva congénita, me dijeron.

Menos mal que ya podríamos follar sin que nos doliera. Lo que sí nos dolió, y mucho, fueron los tres mil quinientos sesenta y cinco pavos que nos estafaron. Porque en aquella clínica, nos tangaron con nuestra propia prisa.

……….

Adolescentes, queriendo colmar y aplacar sus urgencias carnales… Un oscuro negocio de matarifes frustrados.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras

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pedazos rotos

Hoy lo he mandado todo a la mierda; y después de treinta y tres días me he saltado, por fin, esta rutina cutre en la que casi he caído. Malas costumbres; desidia y cerveza, autocompasión y escondite, soledad y pan de molde. Pequeñas perezas y vicios veniales tras los que me he refugiado, escondiéndome todo este tiempo.

Tiempo sin salir de casa; solo para trabajar. Oyendo cómo, el soliloquio eterno del mar diluye hasta que engulle, a su alrededor todo sonido, música o pensamiento; toda palabra, vibración o intención. Buscando, el silencio que se esconde tras ese ruido náutico. Atento, para anular cualquier interferencia. Abstraido y por completo concentrado, solo, en aquello que produce ese ruido inmenso del mar… Dejándome inundar por semejante bramido marino, omnímodo, e incansable.

Ese sonido como mágico, líquido y hasta maternal, parece lavar penas y curar heridas… Meditar envuelto en este mantra marino quizá, obre un milagro curativo, echando algún tipo de sal pura y beatífica justo, en los escozores de la conciencia, en las llagas de las soledades y silencios, y en las heridas abiertas de la pérdida.

Como bálsamo de Fierabrás sonoro, aplaca revanchas y calma iras, propicia olvidos necesarios, y es posible que también, consiga el alivio y hasta el perdón de algunos pecados.

Esta mañana, sin más, me he arrancado a correr durante casi media hora; y claro, como no podía ser de otra manera casi tiro la hiel por la boca dado el penoso estado de mi forma física. Pero una vez repuesto de la asfixia y recuperado el resuello, hasta me he atrevido a darme un rapidísimo chapuzón helado y vivificante en el mar. Luego de ducharme y afeitarme, he ido a un restaurante chino que conozco a comer algo decente despues de éste más de un mes: rollito de primavera, y un pato laqueado al estilo Peking sublime.

¿Difícil de superar, eh…?

Ahora, ya solo me falta ordenar algunas pequeñas cosas; detalles no menores, como poner orden al caos horario en el que estoy vegetando; terminar de aprender a poner la lavadora sin que ésta eche a correr cuando centrifuge; decidirme de una vez a hacer la cama como dios manda; también he de ponerme a limpiar y ordenar la casa, antes, de que venga alguien de improviso y crea que principio un síndrome de Diógenes; tampoco se me puede olvidar durante más tiempo el regar las plantas, pobrecillas; y también, tengo pendiente el aprender a planchar.

Y sobre todo, y desde ahora mismo, me propongo abandonar este inútil abandono tan abandonado, en el que tan olvidado me tengo.

Hora es de clausurar éste, mi refugio, donde he podido lamerme con recato las heridas de la decepción, reflexionar, y recomponer algunos, no todos, de mis pedazos rotos y esparcidos por ahí.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

David Lynch…

Sé, que hago mal viendo Mulholland Drive de David Lynch en estos momentos de depresión, ruptura y escondite… Es una película críptica, retorcida, deprimente y cabrona… Pero me gusta el cine y me he dicho ¡vamos…!

Y acabo de ver, ésa segunda interpretación que Naomi Watts hace, del papel en el casting que la atormenta; en la película… Cuando se deja tocar el culo en la prueba… Ésto, es cine; dentro del cine, desde dentro…

Relato; algo que decir que no sea enseñar escotes en traje de superheroína… Que no sea hacer explotar todo lo que se te ocurra, con tal, que al espectador le suban las pulsaciones del susto y salte en la butaca.

Un monumento cinematográfico de dos horas y media; un recorrido en una catedral de los sentidos; un compendio de inteligencia cuentacuentos… Ni un solo efecto especial; casi, ninguna trampa al espectador: relato puro, pura estrategia narrativa. Un mundo latiendo a veinticuatro fotogramas por segundo…

La escena lesbiana cuando le pregunta si lo había hecho antes; y la otra responde: no sé… Una caja fuerte tan pequeña, en la que claro, no se puede guardar nada realmente valioso… Y cuando aquélla se muere, llorando en playback…

David Lynch tiene como mínimo dos cualidades como director de cine… Una es la de no cerrar, nunca, sus películas… Y la segunda es que, precisamente por ello, sería imposible hacer nada parecido a una segunda parte, un remake, o una de ésas impostadas precuelas que la gente se saca de por ahí… De absolutamente ninguna de sus películas… Porque son cine abierto, cine chorreando; abierto de piernas, abierto en canal… Un verdadero Maestro.

En el cine, el viaje cinematográfico, es más importante que llegar al final de la película…

Antonio Rodríguez Miravete

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¿Cómo se hacen los niños?

Todavía recuerdo aquella mañana de domingo, en la que se ve que me desperté algo más temprano de la cuenta; y como siempre hacía, fui a retozar un rato en la cama de mis padres. Tendría yo siete u ocho años… Al ir acercándome al dormitorio, sin duda, noté algo raro. La puerta estaba entornada al máximo; y tanta oscuridad en la habitación se debía, a que también las persianas estaban casi completamente cerradas. Me paré, indeciso y furtivo ante el umbral de la puerta. En completo silencio la empujé, poco a poco, lo justo para colarme. Y la vista se me fue acomodando a la oscuridad.

Nada se percató de mí, y no sé porqué me agaché y volví a entornar la puerta.

¡Qué extraño! En vez de encontrarme dos personas durmiendo bajo las sábanas, como sería de esperar, apenas distinguí entre la penumbra una especie de bulto semoviente, blanquecino; algo grande e informe. Algo, envuelto bajo los pliegues de la inmensa sábana de aquella cama. Y como que palpitaba el bulto ése; pero con impulsos lentos, diríase acompasados y muy sigilosos. Se movía aquello en una especie de caótico y suave vaivén; un subibaja repetitivo; piiim pam, piiim pam… Y sólo se oían lo que me parecieron como cuchicheos guturales, o gruñidos suspirados, o reprimidos; y una especie de bisbiseos ininteligibles.

No, no lo tenía claro… Viendo lo visto y muy extrañado, no me atreví a interrumpir aquello. Así que, con un silencio ofídico y volviendo lentamente sobre mis pasos, regresé a mi cama pensativo y atribulado.

Dejé transcurrir la mañana hasta que los oí removerse; y noté, que lo hicieron tarde y de muy buen humor… Desayunábamos ya a eso las diez de la mañana, cuando me preguntaron extrañados el porqué, de no haber ido esa mañana a jugar con ellos en su cama.

– Me había quedadooo, durmiendo.

El recuerdo de lo acontecido, no me dejaba parar de mirar constantemente a mi padre. Estuve toda la mañana creyendo detectar algo extraño entre sus gestos, o quizá en sus facciones; le observaba con detalle, sin que él se apercibiese. Me parecía verlo como más chulo y hasta más guapo; diferente… Creo, que hasta noté un extraño brillo que parecía aureolar su figura. No sé, serían cosas mías.

Y mi madre, si te fijabas, también lucía enigmática, distinta, contenta.

¿Cómo se hacen los niños…?

Si habéis tenido hijos sabéis, que cuando llega el momento, es ésta una pregunta que a no ser que llevéis mucho cuidado, te enreda en un nudo dialéctico y didáctico del cual es difícil salir airoso ante a tu crianza… Que si París y el amor; que si el papá y la mamá porque duermen juntos; que si aquellos monos del zoo; que si el huevo y el pollito; que si las chicas porque los chicos; o que si la manida cigüeña… Un problema.

Pues imaginaos a los niños en mi infancia… Hace cuarenta años cuando preguntabas por asuntos de cintura para abajo, todo eran silencios; sapos y culebras. Es decir, o no te decían nada; o como mucho, te contaban alguna filfa para salir del paso y que te callaras. Sí, pero no. Y como fueses descarado, incluso te llevabas un buen cuesco o un pellizco, dependiendo si le preguntabas a papá o a mamá.

Estábamos solos, ante un tupido velo de puritanismo cándido. Te enfrentabas a un páramo sexual, ignoto. Las chicas con las chicas; los chicos con los chicos; aquéllas, eran siempre un completo misterio… Descapullar era un verbo imposible; y si tú mismo te la tocabas mucho, se te reblandecían las rodillas y los nudillos; y te salían, unos granos en la cara de una pus muy sospechosa. Casi todo era pecado, malo, o estaba prohibido.

Pero a diferencia de hoy, había tanta libertad entonces, que nos saltábamos todas aquellas normas y prohibiciones veniales con suma facilidad… O bien haciéndonos a hurtadillas con las páginas más picantes del Interviú. O bien colándonos, escondidos en los retretes del cine, para después ver una película X. O mezclándonos con los mayores para ver si nos enterábamos ya de una vez, de qué coño era aquello de hacerse pajas, lo de comerse un torrao, o lo de darse un magreo.

No sabíamos nada. Y no había Internet. Subíamos sin miedo a los árboles a robar fruta; jugábamos juegos sin juguetes; salíamos en bicicleta sin cuidado, sin límites ni permiso; y aprendíamos, a estudiar con libros de verdad, o también a fumar tabaco negro sin toser… Aprendíamos.

Yo ya tendría mis doce o trece años; una tarde de verano en aquella pinada. Éramos amigos de ésos temporales; desconocidos conocidos en un par de meses de vacaciones: un madrileño, vasco, murciano, y hasta un alemán… Competíamos, en una de esas típicas exhibiciones de pichas inexpertas, propias de adolescentes salidos… Que si yo la más grande, que si la tuya la más dura, o que si la de aquél la más gorda.

– ¿Y qué se hace con ésto…?

– ¿Y los niños qué, no eran cuestión de amor…?

– ¡Pero qué amor ni qué amooor…!

– Picha en breva.

Sé, que quedé como un tontaina; pero aquella tarde, aunque me lo explicaron riéndose sentí, que en ese preciso momento me convertía en un hombre.

Y luego, muuucho más tarde, me convertí en padre.

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

La desconfianza y el amor

Y fue condenado eternamente por los dioses, a subir rodando una y otra vez la misma enorme roca, hasta lo alto del pico de la misma colina; pero sólo, para sufrir el castigo de ver caer esa piedra una vez tras otra, rodando, cuesta abajo…

El mito de Sísifo, describe así la paradoja de someternos constantemente a los mismos esfuerzos inútiles. De nuestro celo compulsivo, inconsciente y subconsciente, de cometer siempre los mismos errores repitiendo nuestros miedos… De engañarnos creyéndonos salvados, seguros y guarnecidos de todo peligro, en esas trincheras cavadas con nuestros temores y costumbres; parapetados tras nuestras propias estupideces, creencias, y vicios adquiridos… Una, y otra vez. Todo, pese a que sin duda conocemos lo sutil y evanescence de esta vida: se va, en un momento…

Y perdemos el tiempo… pendientes, solo de nosotros mismos…

Siempre he creído que la confianza, al igual que el verdadero amor bien entendido, es un sentimiento endógeno… Ambos, al ser dones a entregar, tienen que ser engendrados primero en nosotros; han de nacer en nuestro interior, en ese lugar difuso a medio camino entre nuestro corazón y nuestra psique… Y desde ahí, tienen que fluir y ser otorgados sinceramente y sin condiciones al otro; si es que en verdad lo amamos…

Y si no es así; si solo esperamos que sea el otro el que se gane esa confianza o conquiste ese amor, esperaremos en vano… Pero precisamente, porque al esperar nos crearemos expectativas; nos formaremos una idea onanista y estereotipada, de éso que esperamos y de cómo deseamos que suceda… Y la otra persona, ciertamente nos defraudará siempre; pero porque seguro tendrá conceptos diferentes a los nuestros al respecto, de los matices en la expresión del sentimiento amoroso, o de cómo se demuestra o se gana uno la auténtica confianza del otro…

Cuando tenemos hijos, tenemos la obligación de confiar en ellos por amor… Confiar, en que surtan efecto nuestros consejos y la educación que les hemos dado; que hagan su trabajo, tanto lo mucho que los queremos como el tiempo necesario para que maduren… Del mismo modo hemos de obrar con el amor y la confianza en nuestra pareja. De lo contrario, tristemente, nos habremos acostumbrado a entender el amor, o la confianza, sólo como nos gusta; justo como nosotros esperamos que sea… Nos perderemos así otras formas de amor o de confianza; formas que quizá al principio no entendamos, pero que podrían apasionarnos y hacernos gozar, solo, si nos entregásemos…

Y si tu amor quiere cobrarse, porque es celoso, exigente o avaro; o si tu confianza duda constantemente de cada paso que ignoras en el otro; sin remisión ambos sentimientos, tan hermosos, se convertirán en algo así como en un patrimonio; en una cuenta a llevar; en una simple propiedad que como tal, tendremos que defender frente al robo o la traición. Y esos sentimientos tornarán en dominio en vez de amor, o en control en vez de confianza… Y se convertirán por ello, esclavizándonos, en meras sensaciones u objetos de posesión; perdiendo la hermosa cualidad vivificante que ambos sentimientos tienen, para hacernos la vida todavía más libre, más feliz y más fácil, junto al otro…

💕❤️

Antonio Rodríguez Miravete

Nuestro niño interior…

Ahora tenemos Internet, Instagram y Facebook, y WhatsApp.

Menos mal.

A nuestras órdenes siempre están los secadores de pelo, el mando a distancia del aire acondicionado, o los dos botoncitos de los elevalunas eléctricos… Para hacernos la vida aún más ociosa e inane, disponemos de alivios como la moda, la inteligencia artificial, o una multitud de fármacos multiusos que hasta nos la ponen dura… Y una de las cosas, creo yo, más inquietantes: coches, que dentro de poco van, ni más ni menos que a conducirnos.

Os acordáis del anuncio aquél de BMW: ¿Te gusta conducir…? Un BMV con las ventanillas abiertas y la carretera fluyendo frente ti… Tu mano abierta, fuera del coche, abanicada libremente por el placer de conducir a contraviento de la velocidad. La otra de tus manos agarraba el volante; conducías tú.

Pues hasta eso nos quieren quitar. Porque es el coche, al igual que lo fue el caballo, una de las grandes conquistas humanas: la de la libertad de movimientos a nuestro albur… Y no dudéis de que es éso justo, después del dinero en metálico, lo segundo que nos quieren arrebatar: el libre albedrío.

O bicicletas y transporte público barato, o coches para pobres. Cochecitos capados, obedientes, que tengan como mucho tres o cuatrocientos kilómetros de autonomía, y que chiven a cada paso, cualquiera de los que tú des… Que siempre sepa George Orwell por dónde vas, y cuándo y porqué usas tu tarjeta de crédito.

Tooonto.

George Orwell ha empezado a tener razón mucho más aprisa, de lo que cualquiera hubiéramos podido imaginar.

Dejamos una especie de rastro, como de baba rastrera, a cada paso digital que damos en Internet. Nuestros datos, son muestra y carnaza para oscuros sabuesos; perros de olfatos prestos a interpretar nuestra realidad presente, y a decidir, lo mejor para todos y cada uno de nosotros. Y así, alguien siempre nos usa… Usan constantemente nuestro horario y nuestros gustos, para invadir con impunidad, hasta la intimidad de esos minutos en los que vas a cagar tranquilo en casa, y te llevas el móvil. O hasta cuando estás yendo al trabajo en el autobús, y repasas en el jodido aparatito tus menesteres varios.

Tooonto.

Hemos creado una sociedad mullida de tantas perezas, que la gente se ha creido que puede salvar el mundo y comprar barato.

Soplar y sorber a la vez… Ansiamos bóbamente, gustar a todo el mundo y volver a recuperar aquél nuestro niño interior. La niñez -lo infantil- es un estadío que está mariconamente sobrevalorado. Los niños al igual que las flores, son muy monos; pero dan fruto sólo, cuando dejan de serlo… Pretendemos recuperar una felicidad mañaca y cutre, como turistas que repiten todos, las mismas aventuras ya sin riesgos, y en sitios ya trillados.

Yo en cambio, querría olvidar toda esta nadería vital que nos domestica, y recuperar mi animal salvaje interior… Ansiaría volver a lo de carnívoro y lo de nómada; lo de animal prístino que aún quede en mí. Regresar a mi ser homínido perdido y primigenio, omnívoro y depredador. Sentir de nuevo dentro de mí a aquel bruto lleno de pelos y miedo; bestia dejada al albedrío del frío, del torbellino, y de la completa intemperie de esta puta naturaleza nuestra.

Con lo que ahora sé, quiero dejar de ser insensible ante este presente de mierda, esta estupidez y esta ñoñería flagrantes. Es más, quiero que se me revuelvan las tripas y vomitar de vergüenza ajena, frente a tanta hipocresía. Quiero atacar para defenderme si me atacan. No quiero permanecer impasible ante este suicidio vital en el que nos estamos embutiendo lentamente. Una trituradora moral, una confusión, en la que olvidamos nuestro deber de ser humanos; de ser gente amigable, receptiva, ignorante, y por ello curiosa.

Quiero luchar todos los días para ganar mi comida mientras me sea posible y duren mis fuerzas. Continuar porfiando para follar, mientras esa pulsión animal así me empuje. Y proteger hasta la muerte mi cueva y a los míos… Me gustaría que se me volviesen a afilar los colmillos para volver a devorar carne cruda si fuera preciso, arrancándola a estirones de los huesos de mis presas.

Quiero matarme en una curva cualquiera, o en el intento de colmar cualquier pequeña cumbre… Peleando, malfollando, o persiguiendo un sueño ¿qué más da…?

Y cuando no sea así, piedras sobre mí.

Antonio Rodríguez Miravete

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¿y el amor…?

¿Y si os amo con locura…?

Soy, pese a ser vuestro padre, quizás una mala influencia para Vos; eso podría admitirlo… Pero ha de saber Vuesa Merced que los malos ejemplos son, para el correr de esta vida, tan importantes si no, más que los buenos…

Por eso, escuchadme con atención:

No necesito saber siempre dónde estáis, porque no sois objeto de mi propiedad; aunque sabed que sí, lo sois de mis anhelos… Solo necesitaría saber cómo vais, cómo os conducís… Cuál, es vuestra actitud frente a lo que os acontece en la vida…

Ahora, que asisto al despertar de vuestra madurez, tenéis que perdonarme el que quiera entrometerme; pero, sabe más el que os habla por padre viejo que por padre sabio… Señoritas sois; no lo olvidéis nunca…

Es, sin duda cierto, que nos alejamos… Y por ello, solo anhelo el que nunca os distancieis del todo de vuestro pasado; de quién sois… Que no reneguéis de la madera de la que estáis hechas; porque, si logramos mantener encendida la llama de nuestro amor, esa madera os mantendrá siempre cálidas, envueltas y abrigadas, al calor del fuego de vuestro íntimo pasado… Y no habrá ni frío ni distancia que nos separe; nunca…

Y siempre, siempre, podréis volver…

Pero dudad, dudad de cada cosa que yo afirme hoy, porque ya os tengo dicho que no soy el mejor espejo donde miraros Vos…

¿Debemos fiar, al amor la vida…?

A Paula y a Rosa; y a Nati, y a Inma…

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.