LOS MAYORES Y LOS BANCOS

De bancos solo hay dos clases: sitios que sirven para sentarse o asentar algo, y sitios donde hay mucho de algo. ¿No…? Hoy, ésto de la relación de los bancos y los mayores es que es la ostia; los han dejado de pie en la puta calle pulsando teclas en un cajero sin saber los pobres qué hacer. En mi época las personas mayores daban la seguridad jurídica, y no digamos nada de la económica o de la moral.

Recuerdo cuando entrabas en las oficinas y salía a recibirte el director porque percibía negocio. Ahora los bancos perciben problemas. Y en connivencia con los políticos se han hecho tan tan grandes, que claro, ahora en verdad que se la sudamos literalmente… Y como además son dueños y señores del manejo de nuestras nóminas y dineros, se han convertido por ello en una especie de Gran Hermano omnisciente, que sólo sirve para recordarnos, y una y otra vez, que somos el mero número de una cuenta totalmente prescindible.

Supongo que muchos de vosotros conocéis ese dicho, que dice, que un banco es el sitio ése, donde parece que te regalan un paraguas cuando hace sol y te lo niegan o incluso te quitan el tuyo cuando llueve.

Acababan de reformar las oficinas de la Caja de Ahorros y El Monte de Piedad de Monserrate-Orihuela; y hace de ésto no tantos años… Aparte de con la novedad de la modernísima puerta de apertura automática, y también como gran innovación, empezaron a embobar a los clientes entregándoles aquellas libretas de ahorros tan chulas forradas de piel azul y con el anagrama del banco grabado a fuego… El señor cajero, anotaba en ella con la solemnidad de su puño y letra cada asiento contable de la cuenta. Sencillo. ¿No…? Años más tarde empezaron con lo de las tarjetas, y ahora están con el rollo éste de internet. Nada nuevo bajo el sol.

Todavía entonces había gente que ni muerta dejaba su dinero por ahí, a no ser que fuera guardado bajo el colchón, o escondido en cualquier otro sitio donde pudiera vigilarlo y bien de cerca.

Y la anécdota fue la del vecino aquél, ya muy mayor el hombre, que llegó, y se plantó en la caja ni más ni menos que con bastante más de millón y medio de pesetas en billetes, metidos de cualquier manera en una bolsa de tela cerrada con un nudo; una pequeña fortuna en aquella época… Y así como desconfiado y mirando a diestra y siniestra, hizo el ingreso pareciera que a hurtadillas. Alerta, e incluso diríase que a regañadientes, le entregó los billetes al cajero y se quedó mirando fijamente a sus manos… Aquél, tras contar con parsimonia el parné, anotó el asiento de la cantidad en la cuenta con una caligrafía impecable, y le entregó algo ceremonioso la libreta con el saldo debidamente actualizado: debe y haber.

El anciano se iba alejando en dirección a la salida, y leía la libreta con la dificultad y la humildad de sus pocas letras, cuando con un gesto algo alarmado paró en seco, y girándose, llamó al cajero a lo que éste corrió a atenderle solícito:

— ¿Qué ocurre caballero…?

— Hazme el favor nene, y mira a ver ésto anda… Y al entregarle la libreta se le notó algo contrariado, porque empezaban a hinchársele las venas del cuello se ve que por el berrinche que estaba empezando a tomar.

— ¿Cómo puede ser que hace un momento yo te haya dado los billetes en la mano, y en este papel diga ahora que debehaber no sé qué coño…?

— ¿Cómo que debehaber debehaber ni qué ostias..? ¡Tien’que estar…! ¡Mis billetes tien’que estar…! ¡Y punto…! ¡Llama a tu jefe…!

😂🤣 ¡Qué cosas las del dinero…! 🤔

…eeen fin.

Gracias por leerme 🙏

Antonio Rodríguez Miravete. Juntaletras.

1 comentario en “LOS MAYORES Y LOS BANCOS

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.